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El libro de la Tercera Generación — capítulo 57

*Había una fotografía sobre la mesita de noche en mi cuarto de mi casa. Al me la dio como regalo de cumpleaños, con las mejillas sonrojadas y una tímida sonrisa en los labios. Fue una semana antes de entrar a Hogwarts, cuando él todavía era solamente Albus. En la foto mágica estábamos nosotros dos, sonriendo a la cámara, y luego se unos segundos, Albus me dio un rápido beso en la mejilla, haciéndome sonrojar. La había puesto en mi habitación para mirarla todos los días.**La rompí cuando terminé con Severus.**No hay día que no me arrepienta de haberlo hecho. No es solo por ya no ser su novia, sino que tampoco me siento como su amiga. Parecemos simples extraños con recuerdos en común, apenas si nos saludamos en los pasillos y ni siquiera podemos estar en la misma habitación que el otro. Me lastima más haber arruinado nuestra amistad que nuestra relación.**Extraño a Severus. Lo extraño tanto como lo amo. Quiero volver con él, pero sé que Severus ya me olvidó. Tal vez incluso nunca se enamoró de mí como decía, no me quería tanto como yo. Terminamos hace más de dos meses y él ya se ha acostado con muchas chicas, incluida una de mis compañeras de habitación, la cual no tuvo problema en decirme de qué forma lo hicieron.*Cada día me digo a mi misma de que nunca me amó.

Como James y Frank habían ido al pasado aunque ya hubieran ido, Alice demandó que Roxanne fuera con ella y Rose y Scorpius, seguramente dándose cuenta de la razón, aceptaron sin dudar; Severus, en cambio, no prestó mucha atención por estar observando las piernas de Julies. Apenas recibió el "sí" de dos de los tres miembros del Trío de Plata, Alice tomó del brazo a Roxanne e hizo el hechizo para desaparecerse. Al no correr, ambas tuvieron un pequeño dolor de cabeza y tardaron bastante en desaparecer, algo malo si se tomaba en cuenta que ella debía presenciar como Emily Julies prácticamente le ofrecía a Severus tener relaciones y éste parecía no estar molesto ante la propuesta. Alice pudo confirmar sus sospechas anteriores de que ellos lo habían hecho. Fue un gran alivio para ella cuando desapareció junto a Roxanne. Alice era consciente de que había sido su culpa, que no podía reprocharle nada a Severus por estar con otras chicas, ella había provocado todo al terminar su relación, pero seguía sintiéndose lastimada y traicionada. Si Severus de verdad la había amado como decía, ¿por qué tardó tan poco en superar lo suyo e irse tras cualquier otra? Tal vez Kaya tuviera razón y fuera por el sexo. Ellos habían estado juntos por cinco meses, en los cuales el mayor contacto físico fue cuando Severus apretó sus pechos sobre la ropa y por menos de cinco segundos. Esos meses, sumados con los dos meses que tardó en conquistarla, daban siete meses sin sexo para él. Y por eso Severus andaba tras cualquier cosa con falda. Alice sintió las lágrimas en los ojos mientras sus pies tocaban el piso del Gran Comedor. Roxanne le apretó la mano, sonriéndole comprensiva. Alice le devolvió la sonrisa como pudo y, aprovechando que nadie había reparado todavía en ellas, se limpió las lágrimas que amenazaban con salir. —¡Miren quien volvió! —exclamó Roxanne, tras asegurarse que su amiga estaba bien, y caminó hasta donde estaba sus primos y Frank. Alice le sonrió tímidamente a las personas de la Segunda Generación y caminó con aires vacilantes hacia los chicos, acomodándose el cabello rubio detrás de la oreja. Sus mejillas adquirieron un tono carmesí al sentir todas las miraras en ella. —¡Merlín, se parece tanto a Hannah! —murmuró Ernie, mirando atento a su ahijada, quien al oírlo, se sonrojó más. —Pero tiene la timidez de Neville —comentó Ron. —¿Pueden no hablar de mí como si no estuviera acá? —rogó Alice, sentándose entre Roxanne y Dominique—. Gracias. —Ella, Lucy, Alexa y Deasy son las más tiernas de la Tercera Generación —comentó James, cuando todo el mundo suspiró al ver a la hija de Neville. —¿Lucy? ¿Nuestra prima, quien literalmente nos mandó a volar cuando rompimos su cámara? —preguntó Fred II, entrando al Gran Comedor con Annabeth, ambos tomados de la mano. Blaise y Angelina fruncieron el ceño. —¿Y Alexa, la misma que le lanza un Mocomúrcielago a cualquier chica que mire a Hugo? —cuestionó Dominique, alzando una ceja. Ginny rió, ese era su maleficio favorito.  —¿Y Deasy, que...? —comenzó Frank, pero se quedó callado, con expresión pensativa—. ¿Deasy hizo algo malo? —No, no, ella si es tierna, como Alice. —¡Por favor! —pidió la susodicha, mirando suplicante a sus amigos. Neville y Hannah compartieron una sonrisa de ternura y el primero no pudo evitar pensar que sus hijos tenían diferentes personalidades. Alice simplemente se sonrojó más si era posible y tomó un vaso de agua de la mesa que Dumbledore había hecho aparecer con comida y bebidas para comer y beber mientras leían. Sus amigos le sonrieron divertidos y en seguida el silencio cayó en el Gran Comedor, ya que todos los que leían el libro de la Tercera Generación miraban atentamente a Alice, esperando que ella comenzará a hablar sobre su rompimiento con Severus. La Hufflepuff tragó saliva, lamentando ser elegida para ir a 1996. Roxanne, sintiendo compasión por su amiga, le tomó la mano para apretarla. Viendo que Alice no pensaba a hablar, Ginny Weasley, en el futuro Potter, carraspeó. —¿Así que quieres ser profesora de Herbología? —La pregunta descolocó a todos, incluyendo a Alice, pero realmente agradeció eso. Le sonrió enormemente a su exsuegra y ella se la devolvió. —Cuando era niña, papá me llevaba todo el tiempo a Hogwarts, con la condición de que me quedará en el Invernadero con él —explicó, mirando alegremente a Neville, quien le sonrió con cariño—. Cuando le dije a papá que quería seguir su carrera, se emocionó tanto que estuvo un mes diciéndole a todos sus alumnos que iba a ser profesora, en vez de estar enseñándoles sobre plantas. Ahora fue el turrno de Neville de sonrojarse mientras todos reían. Sabiendo que después de que se tranquilizaran, ni siquiera Ginny iba a poder salvarla sobre las preguntas relacionadas con su ruptura con Severus, por eso aprovechando que todos estaban distraídos, Alice le susurró a Roxanne que iba a dar una vuelta y salió del Gran Comedor. 

*Había estado enamorada de Severus desde tercero y, a mi juicio, era muy obvio, mas él nunca dio señales de haberse enterado, por lo que pensé que bien era idiota para no darse cuenta o bien lo sabía y no me decía nada para herir mis sentimientos. Un año más tarde, él me dijo que amaba desde que éramos niños, pero que nunca supo como decirlo.**Me sigo preguntando si estaba diciendo la verdad o si estaba diciendo lo que yo quería oír.**Detesto pensar que todo lo nuestro pudo haber sido mentira, o al menos de su parte, porque me lastima y entre más lo pienso, más lo siento verdadero. Era demasiado bueno para ser verdad. Y todavía lo sigo amando, como ya no se ama en mi tiempo.**A veces me gustaría dejar mi timidez y cobardía atrás, para ir tras Severus y decirle que nunca he dejado de amarlo y que quiero volver a ser su novia. Pero no era demasiado valiente para hacerlo. ¿Y qué me aseguraba que iba a conseguir lo que quería? Severus parecía feliz sin mí, pasándose de cama en cama y tonteando con cada chica. Él ya no me amaba, si es que alguna vez lo hizo.*Me gustaría tanto olvidarlo como él ya me olvidó. El Sombrero Seleccionador se lo había dicho: no poseía suficiente valentía para pertenecer a Gryffindor. Y Alice sabía que ni siquiera podía llamarse a si misma valiente. La Casa de los Leones nunca fue una de las posibles casas a la que ella iba a ir. Sinceramente, no le importaba contestar las preguntas de la Segunda Generación, después de todo eran personas que en su tiempo ya eran adultas, pero todos sus amigos si iban a escuchar las respuestas, incluyendo a Severus. Seguramente, todos ellos presenciaron como abandonaba el Gran Comedor como una cobarde. Alice se frotó los ojos, limpiándose las lágrimas, odiaba sentirse patética y absurda, sobre todo llorar por algo que tuviera que ver con un hombre, pero no podía evitarlo. Sus pensamientos siempre volvían a Severus como el asesino al lugar del crimen. Apretó los labios y aceleró el paso, aunque no sabía bien a donde estaba yendo. Ella no era como otra chica, no usaría sus "tácticas de mujer" para darle celos a Severus al salir con otros chicos y hacer que él se arrepintiera. A Alice le había costado muchísimo poder coquetear con Severus sin balbucear como para intentar llamar la atención de otro. Y además dudaba que funcionará, las únicas veces que Severus parecía prestarle atención era luego de haberse besado a una chica cualquiera. Alice bufó, sintiéndose molesta. Rose le había asegurado que Severus hacía eso para olvidarla, y tal vez fuera cierto, pero sinceramente le dolía y solo le mostraba su lado cruel e inmaduro. Él ya no parecía el chico del que se había enamorado.  —No lo entiende y todavía no puedo explicarlo. Alice se quedó quieta. No podía estar confundida, esa era la voz de Severus Potter. —Y si no lo va a decir, ¿por qué me ha citado aquí? —Y ese era Albus Dumbledore. Alice intentó recordar si había visto al director en el Gran Comedor, pero ahora que lo pensaba, él no había estado ahí. —Porque sé que se enteró que hay en el anillo —dijo Severus—. Y sé que quiere buscarlo. ¿Acaso no ha escuchado a Scorpius sobre lo que dijo, sobre su muerte? —No lo entiendes —dijo Dumbledore, y a Alice le partió el corazón escucharlo tan triste—. Quiero a mi familia de vuelta. —Y lo entiendo. Yo no conocí a mis abuelos o a tío Fred, tampoco a Sirius y a Remus; sé que es querer a tu familia a tu lado. Pero, Dumbledore, esta no es la forma —Severus suspiró—. Yo conozco la historia, si va a buscar la Piedra, lo único que conseguirá será una maldición que lo matará con el tiempo y Ariadna no volverá. Si quiere a su familia, como usted dice, haga las pases con su hermano. Usted murió sin siquiera reconciliarse con él. Hágalo ahora. Cambie las cosas. Es lo que estamos haciendo.  —Está bien —Dumbledore sonaba derrotado, pero a la vez emocionado y nervioso. —Todo se resolverá, lo prometo. Y —agregó poco tiempo después— estoy seguro que fuiste tú la que me dijo que escuchar conversaciones privadas estaba mal, Alice. La aludida saltó en su lugar, sonrojándose terriblemente por ser descubierta. Muerta de vergüenza, ella dobló el pasillo, mirando con timidez y nerviosismo a los dos magos. Ninguno de los dos parecía molesto, sino divertidos. Aquello fue peor, Alice se sonrojó tanto que se podía comparar con el cabello de los Weasley.  —Yo... Solo estaba... Lo siento —dijo muy bajito, bajando la cabeza. —Vuelva al Gran Comedor, Dumbledore —dijo Severus. Alice, pese que no había levantando la vista, sentía su mirara en ella—. Un par de días más y todo se aclarará. Vaya preparándose para el momento en el que Sirius Black y Remus Lupin se enteren que Harry debe morir. Dumbledore asintió y, tras sonreír con picardía hacia ambos, desapareció por el pasillo. Fue entonces cuando Alice sintió la mano de Severus cerrarse alrededor de su brazo y jalarla hacia adelante.  —¡Hey! —Tenemos que hablar —Fue todo lo que dijo antes de empujarla a un salón vacío y cerrar la puerta después de haber entrado.

Lo que más me motivó a terminar con Severus fue la revista La Realeza. Cuando leí ese artículo, sobre las diez mejores parejas de Hogwarts, y vi lo que ponían sobre mí y él, no pude evitar pensar que todas las cosas que me pasaban eran por estar con un Potter: ser maltratada verbalmente por las chicas y parecer un premio que ganas por lo chicos."¿Ellos podrán obtener su*"y vivieron felices para siempre"*como una historia cliché?"*Esa pregunta me había rondado por la cabeza desde entonces, haciéndome sentir cada día más miserable. La revista tenía razón, éramos solo otra pareja cliché más, pero yo temía que no pudiéramos terminar como los protagonistas de las historias cliché: juntos y felices, sin ningún problema por de parte.**Y la idea de vivir felices para siempre me asustaba también. Todo lo que tuviera que ver con Severus me asustaba.**Así que decidí terminar con él para dejar de preocuparme si sufriría en el futuro.*Claro que aquello solo hizo que sufriera en estos instantes.

Alice se giró enfadada hacia Severus. Si él quería hablar, pudo habérselo dicho, ¡no empujarla a la fuerza a un salón vacío! Y el Slytherin incluso tenía el descaro de estar molesto.  —¿Es verdad? —preguntó Severus, acercándose a ella. Alice notó que toda la diversión que había tenido por descubrirla espiando había desaparecido.  —¿Verdad el qué? —preguntó como respuesta, cruzándose de brazos. —¡No te hagas la desentendida! —exclamó Severus. Alice lo miró más enojada que antes—. ¡Saliste con Niall Avery! Alice abrió la boca, entre confundida, sorprendida y enojada. Severus se cruzó de brazos, esperando una respuesta.  —Primero, yo nunca he salido con Niall, apenas si lo conozco —gruñó ella, acercándose peligrosamente a Severus, alzando la voz. Él se relajó al oír la afirmación, aunque se puso nervioso al ver la furia en los ojos de Alice—. Segundo, ¡tú menos que nadie puede reprocharme por salir con alguien! ¡Maldito hipócrita! —¿No saliste con Niall? —¡No, idiota! —le espetó enfurecida. Le señaló con un dedo de forma acusadora—. ¿Cómo te atreves a venir a reprocharme por algo que ni siquiera sucedió, cuando tú ya te has acostado con media escuela, apenas dos meses de haber terminado? —Severus bajó la cabeza y murmuró algo tan bajo que Alice no lo escuchó—. ¿Disculpa, completo inútil? Severus murmuró algo nuevamente. Alice rodó los ojos. —No te oigo.  —¡Que no me he acostado con nadie! —gritó, lo suficientemente alto para que hasta en el Gran Comedor lo escucharán. Alice frunció el ceño, entre confundida y molesta—. Lo he intentado, pero no pude, ¿vale? —Él se dio vuelta y pateó la mesa, Alice saltó, pero seguía mirando de forma inexplicable a Severus—. Intentaba olvidarte, no pensar en ti y qué diablos fue lo que hice para que decidieras dejarme. ¡No lo entiendo! ¡Hice todo por ti! ¡Demonios, incluso había hablado con Scorpius para cederle el puesto de capitán y poder pasar más tiempo contigo! Severus volvió a darle otra patada a la mesa. Alice se abrazó a si misma y se alejó hacia el extremo de la habitación, Severus se fue hacia el otro extremo. Se apoyó en la pared y se deslizó hasta sentarse. —Nunca había amado a nadie y a la primera chica que le demuestro lo que siento, me deja sin razón alguna —gruñó enfadado. Alice bajó la vista y jugó con un hilo suelto de su suéter—. Le di vueltas al tema millones de veces, Merlín, incluso utilice un Pensadero para ver bien los recuerdos y fijarme si me había equivocado en algo. Pero no hice nada, absolutamente nada para que me terminarás —Severus la miró. Alice vio que había lágrimas en sus ojos, aunque no estaba segura si eran a causa de la furia o la tristeza—. ¿Qué hice mal para que me dejarás? Alice abrió la boca, pero lo único que salió de ahí fueron balbuceos. —Olvídalo —dijo Severus, derrotado.  Antes de que Alice pudiera hacer algo, Severus se levantó y salió de la habitación, dejándola con un horrible sabor amargo en la garganta y presa de la culpa.