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El libro de la Tercera Generación — capítulo 58
Se dice por ahí que siempre hay un gemelo bueno y otro malo. En el caso de mi hermana y yo, es depende de quien lo diga. Cada dos personas que encontramos que dicen que yo soy el "gemelo malvado", aparecen tres más que afirman que la mala es mi hermana. Una vez papá nos preguntó, en broma, quién de los dos era el gemelo malvado."Depende de mí", había contestado Alexa. Mi padre se había confundido y había pedido una explicación, mientras Daniel se reía porque ya sabía lo que iba a decir yo."Si tiene la regla, le toca ser la malvada; los demás días, yo tengo el título"*. Papá por poco dejaba caer su taza de café.*Yo diría que ambos somos algo malvados, claro que yo sé ocultarlo, Alexa no tiene cuidado con eso e igual siempre se sale con la ayuda. La verdad es que, como dice Hugo, somos ángeles cuando la situación lo requiere y normalmente la requiere para no meternos en problema, y somos seres malignos sin corazón cuando se meten con nosotros, lo que ocurre a menudo porque ninguno sabe cerrar la boca. El resto del tiempo, lo utilizamos para pensar la mejor manera de salirnos de un apuro e inventar una nueva venganza para todo aquel que nos moleste.
Cuando Nathan aterrizó en el Gran Comedor, con las manos en los bolsillos traseros y una sonrisa de pura inocencia, todo el mundo se giró hacia Colton Rosier, quien miraba la versión de él pero unos cinco años más joven. El niño tenía el cabello negro azulado y los ojos azules claros, la nariz pequeña, los labios rosas y la expresión de inocentes como la del Slytherin. Nathan se parecía tanto a Colton como Severus se parecía a Harry. —¡Hola, todo el mundo! —exclamó con alegría, abriendo los brazos. —¿Eres el bueno o el malo? —preguntó Annabeth de inmediato. —Eh, creo que el bueno —contestó pensativo, dándose golpesitos en la nariz, que causaron ternura a todas las chicas. Nathan recordó lo que ocurrió esa mañana, todo lo que pasó con respecto a la Gran Apuesta, y sonrió, definitivamente aquel día Alexa era la gemela mala mientras él el bueno. Sonriendo con infantil alegría, se acercó a sus padres y amigos de éstos; Colton seguía tan aturdido como lo había estado cuando habían leído sobre su hijo. —Vaya, soy igual a ti —dijo, como quien habla sobre el clima—. Claro, yo soy más hermoso. Pansy chilló y pellizcó las mejillas de su hijo, quien comenzó a quejarse. Para su desgracia, Daphne también se unió a los pellizcos. Colton recién salió de su shock cuando Nathan comenzó a pedir ayuda, con una sonrisa, lo libró de su madre y tía, dejando a todo el Gran Comedor riendo. —¿A qué se refería Annabeth con que si eres bueno o malo? —le preguntó Blaise a Nathan, mientras él se frotaba las adoloridas mejillas rojas. —Pues como se dice que siempre hay un gemelo malvado y otro bueno, con Alexa decidimos turnarnos —dijo tranquilamente. James empezó a reír con fuerza. —Con la tremenda paliza que le metió a las chicas de Slytherin, queda claro que ella es hoy la mala. —¿Le pegó a alguien? —preguntó Pansy abriendo los ojos. —Como que Alexa salió más a sus abuelos —explicó Nathan. Alastor Moody arrugó el ceño—. Y ella no le fusta usar magia, o al menos la varita, prefiere pelear al estilo muggle o controlando la magia mentalmente. Del techo del Gran Comedor apareció una pequeña nota, la cual cayó sobre la cabeza de Sirius y éste carraspeó para llamar la atención de todos y así leer lo que decía."Se supone que yo la que tiene que decir esas cosas, no tú, Nathaniel.AlexaPOSDATA: Yo no pegue a nadie, ni tampoco tiré a nadie en el Lago Negro." Hubo algunas risitas, por la posdata de la pequeña Rosier y por escuchar el verdadero nombre de Nathan, quien frunció el ceño molesto. Poco después, el gemelo se levantó para ir hasta donde los Merodeadores II, Annabeth y Roxanne estaban sentados, en la mesa que Dumbledore había hecho aparecer para ellas. —¿Y Alice? —preguntó al sentarse entre Roxanne y Annabeth. Ambas se escogieron de hombros. —¿Así que quieres ser profesora de Cuidado de Criaturas Mágicas? —le preguntó Hagrid. Nathan asintió solemnemente. —¡Así es! Adoro mucho a los animales, primero pensé en trabajar en el Departamento de Regulación y Control de Animales Mágicos, pero la verdad que no quería trabajar en el Ministerio, así que mejor decidí estudiar para ser profesora de Cuidado de Criaturas Mágicas —informó. Hagrid parecía emocionado. Harry, Ron y Hermione se miraron fijamente, las clases de Hagrid no eran las mejores y en realidad seguían yendo a Cuidado de Criaturas Mágicas por él; cada uno pensaba que el próximo año lo dejarían. Aunque, suponían, en el futuro él habrá mejorado como profesor y las clases dejarían de ser tan aburridas y peligrosas. Nathan le regaló una sonrisa a Hagrid y sus padres lo miraron orgullosos, felices antes la idea de tener a un hijo como profesor de Hogwarts; esperaban que Daniel y Alexa tuvieran también grandes planes en sus vidas. Hagrid incluso estaba derramando lágrimas de felicidad.
*Me empezaron a gustar las criaturas mágicas cuando le quité a Jace el libro Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos de Newton Scamander. Creo que ese fue el primer libro que leí sin dormirme. Mi capítulo favorito fue el de Demiguise, la cual es mi criatura favorita.**Por supuesto cuando le pedí a mis padres que me comprarán uno, me dijeron que no. ¡Pero cuando Alexa quiso un gato, con gusto se lo compraron!**Se sabe quién es el gemelo predilecto.**Aun así conseguir temporalmente un Demiguise cuando tenía doce años, gracias a Rose. A ella también le gustan las criaturas mágicas y vaya a saber uno cómo, siempre conseguir la criatura que quiere. Me dio un Demiguise a escondidas cuando tomábamos el Expreso Hogwarts para regresar a casa. Tuve un Demiguise por tres semanas y fue sensacional, hasta que mis padres se dieron cuenta y lo llevaron al Lejano Oriente, su lugar de origen.*Me pregunto cómo estará Damien. Debo ir a visitarlo.
El problema de ser el más joven en viajar en el tiempo era que las chicas estaban tras tuyo, y no por el deseo de querer acostarse contigo, sino porque tenían ganas de pellizcarte las mejillas y sacudirte el cabello. Y Nathan estuvo en bastante fiestas de su madre como para seguir soportando eso. Fred, James y Frank, quienes ya no aguantaban ser el centro de atención de las chicas (a pesar de que los dos últimos tenían novias), se acercaron al joven Rosier y lo sacaron de ahí, maldiciendo en voz baja a Merlín por hacerlo tan bello y a las chicas que le dejaron las mejillas rojas y el cabello despeinado. Todas ellas hicieron puchero al no tenerlo a su lado. —Mi ternura, este mi don, mi maldición —dijo Nathan, dramáticamente. —Oh, cállate, William —le dijo Annabeth riendo. Nathan le sacó la lengua y se fue a sentar a su lado. —Me siento traicionado por ustedes —les dijo Fred a las chicas—, ¡creí que me amaban! Y resulta que me engañan con el chico que quiere casarse con Demiguise. Nathan frunció el ceño, lo que ocasionó una serie de suspiros de ternura de parte de las mujeres del Gran Comedor. Fred protestó hasta que su madre lo mandó a sentar. —Nathan, contesta esta pregunta, por favor —pidió Hermione suplicante—. ¿Cómo es Hugo? Colton y Ernie prestaron atención. —Una mezcla de demonio y de ángel, más del primero que del segundo, aunque si lo comparamos con mi querida hermanita, él es un pan de Dios —contestó sinceramente. Hermione sonrió aliviada, mientras Pansy hacía una mueca. —¿Quieres decirme que Alexa es mala? —Pues si le damos chocolate se calma —respondió Annabeth—. Y, claro, si alejamos a las chicas de Hugo —agregó en voz baja. —¡A lo importante! —exclamó Draco, haciendo que todos lo miraran—. Mi querido ahijado, ¿quién te gusta? Toda la Tercera Generación parece gustar de alguien. Nathan abrió la boca y se sonrojó violentamente, lo que ocasionó risas de parte de sus amigos, sobre todo de parte de Annabeth, y que Pansy frunciera el ceño enojada, para el gusto de Seamus. Nathan balbuceó un largo rato hasta que consiguió hablar sin trabarse con la lengua. —No... No me gusta n-nadie —murmuró tan bajo que una mitad del Gran Comedor no consiguió escucharla —¡Dilo! —exclamaron Colton y Draco. Las mejillas de Nathan se encontraban más rojas que cuando las chicas se las pellizcaron. Vaciló un momento y decidió decirlo, después de todo, la chica de la que gustaba, no se iba a enterar porque ni siquiera estaba entre las personas elegidas para aparecer en el libro de la Tercera Generación. Ni siquiera pertenecía a Hogwarts. O al mundo mágico. —Se trata de la prima de Emily —dijo algo apenado. Todo el mundo lo miró confundido, hasta que Cho lo señaló emocionada. —¡Te estás refiriendo a mi sobrina! —exclamó ella—. ¿Cómo dijo Emily que se llamaba el hermano de Dylan, mi esposo? —se preguntó Cho—. Empezaba con "N"... —Noel —le recordó Marietta. —Si. ¿Imagino que te gusta la hija de Noel? —inquirió la Ravenclaw, con una sonrisa pícara. Con timidez y vergüenza, Nathan asintió. Pansy hizo otra mueca, pero sonrió finalmente al ver el sonrojo de su hija. Si ella terminaba siendo amiga del Trío de Oro y casándose con un chico que no era Draco, ¿qué iba a poder decir sobre que su hijo gustará de una muggle? —Emily intenta ayudarme —informó—, pero es difícil cuando ella, Layla, se lleva mal con Emily, que es mi mejor amiga. Cho apretó los labios al enterarse de eso, realmente esperaba que su hija cambiará un poco su actitud en el futuro. No lo iba a admitir delante de la chica Weasley, pero ella en serio shippeaba a Severus con Alice y no con Emily. Nathan le sonrió incomodo a sus padres, quienes lo miraron divertidos, y realmente agradeció cuando Alice entró al Gran Comedor -bastante desanimada, hay que agregar- para que no le hicieran ninguna pregunta sobre Layla Julies.
*Según Alexa, lo que siento por Layla es solo algo pasajero y para nada verdadero, que simplemente no me puede gustar una chica que veo muy poco, con la que no tengo nada en común y recién conozco. Me resulta muy hipócrita que ella diga eso cuando asegura que se ha enamorado de Hugo desde la primera vez que lo vio.**Layla no sabe que su propia prima es una bruja, ella cree que Emily va a un internado en Escocia y, por lo mal que se lleva con ella, nunca se ha molestado en indagar más el tema. Layla cree que yo solo soy otro estudiante más del internado al que asiste su prima. Varias veces he pensando como le haré, si consigo salir con ella, para revelarle que soy un mago sin romper el Estatuto Internacional del Secreto Mágico.*Sé que Alexa y mi madre no ven con buenos ojos que me guste una muggle, ya que ambas son algo puristas, pese a que, tras la Segunda Guerra Mágica, los magos puristas dejaron de existir y el mundo mágico dio cambio drástico, empezando por tener variantes de cosas muggles, como el WiFi-Mágico. Aun así, sé que tanto mi gemela como mi madre me apoyarán en la decisión que tomé, incluyendo a estar con una muggle.
Por mucho que le preguntarán a Alice que ocurrió, ella no respondió por qué estaba con los ojos llorosos y entristecida; Nathan vagamente recordó que Severus había viajado en el tiempo antes que él para hablar con Dumbledore, se preguntaban si habían chocado y habían hablado. Nathan esperaba que eso de pasar por una dolorosa ruptura no le ocurriera a él. —Si se hace otra fiesta, ¿nos invitan? —preguntó George emocionado. —Veremos que podemos hacer —dijo James, divertido. —¿Cuántas pegsonas nos faltan leeg? —preguntó curiosa Fleur. —Quince exactamente —respondió Annabeth. Alguien levantó la mano para hacer otra pregunta, pero Nathan le adelantó a hablar. —Tengo hambre, creo que he pasado mucho tiempo con Hugo —dijo, haciendo reír a todo el Gran Comedor. Al ver que Sirius y los hermanos Weasley querían comer como Nathan, Dumbledore sonrió e hizo aparecer platos de comida para cada uno, quienes de inmediato comentaron a comer; el hecho de ver a parte de la Tercera Generación les hizo olvidarse de su apetito. Nathan sonrió alegremente y tomó sus cubiertos para poder comer la rica comida que había en su plato de oro. El Gran Comedor guardó silencio mientras disfrutaba del almuerzo, todos tenían mucha hambre porque ni siquiera habían desayunado por estar muy centrados en el tema de de los Merodeadores II, Fredabeth y la separación de Alice y Severus. Nathan se había ido a sentar a la mesa de Slytherin, en medio de sus padres y comía con la cabeza apoyada en el hombro de Pansy, quien parecía encantada de tener a su hijo cerca; esperaba con ansias que Alexa y Daniel también llegarán a 1996. Se tardó alrededor de treinta minutos el que todos se llenarán para seguir con la entrevista a Nathan, Annabeth, Alice, Fred, Dominique, James y Frank. Los siete volvieron a la mesa para ellos y se sentaron en ella, sonriendo animados a los de la Segunda Generación, invitándolos a preguntar. —¿Por qué cuando pedimos pizza no nos la traen? —preguntó Sirius, algo molesto. —Porque la pizza sale cara —dijo Fred, encogiéndose de hombros—. Si no dan dinero, podemos comprarsela. —Aunque de seguro nos robaremos unas cuantas para nosotros —dijo Nathan. Casi de inmediato, la mayoría del Gran Comedor empezaron a vaciar sus bolsillos y pasarle su dinero mágico a los de la Tercera Generación, quienes guardaron todo en bolsas que hicieron aparecer, mientras les prometían que mañana tendrían como desayuno pizzas de diferentes gustos. Los hermanos Weasley y Sirius parecían ser los más encantados con respecto a eso. —¿Qué ocurrirá una vez terminemos de leer el libro? —preguntó Kingsley. Moody, Remus, Tonks y Sirius prestaron atención. —Sinceramente, no lo sabemos —respondió Dominique—. El Trío de Plata se encarga de eso y, como les gusta saber más que los demás, no nos dijeron nada. —Lo único que nos dijeron fue que escribieramos en el libro y que nos preocupemos por nada más que evitar que alguien que no esta involucrado en esto se entere —informó Frank. —Imagino que, cuando terminen de leer el libro, ellos vendrán y explicarán los siguiente pasos —finalizó Roxanne. Los de la Segunda Generación no parecían satisfechos ante la respuesta, sobre todo lo que fueron o eran Aurores, pero se resignaron a esperar que Rose, Scorpius y Severus se aparecieran ante ellos en 1996. Nathan acomodó su cabeza en el hombro de Annabeth, sintiéndose exhausto, Severus había aumentado las horas de las prácticas de Quidditch para tener asegurada la Copa para Slytherin, y a pesar de que Nathan quería aquello, rogaba para que el Potter del medio bajará las horas del entrenamiento. El chico se estaba por quedar dormido cuando se escuchó un ruido sordo y al abrir los ojos, sobresaltado, distinguió una figura en el piso. Pansy Parkinson y Daphne Greengrass se pusieron a chillar al reconocer a Jackson Wood.