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El libro de la Tercera Generación — capítulo 61

*No soy un romántico empedernido. Sí, he escrito cartas que ocupaban dos pergaminos enteros, hacía canciones en la que solo se hablaba de amor y pasaba más de una hora eligiendo cuidadosamente una rosa que regalar. Pero no soy un romántico empedernido.**No entiendo por qué las personas se ven tan convencidas de que lo era. Tal vez escribía poesía sobre los ojos de Zafiro y no podía dejar de sonreír como un idiota cuando la miraba. Quizá le entregaba mi chaqueta cuando tenía frío y en clases solo hacía dibujos de ella. Pero definitivamente no era un romántico empedernido.*Yo soy un bromista nato. Con Daniel hemos hecho las mejores bromas de Hogwarts y atraigo la atención de un gran número de mujeres, por mi físico, claro, no porque sea un dulce y tierno muchacho. Vaya tontería lo de La Realeza, eso de que ocultaba mi lado romántico bajo mi actitud de chico malo. ¡Pero yo no tenía fachada de chico malo, yo soy un chico malo!Sí, me gustaban los ojos grises de Zafiro, que podían definirse como "eléctricos", aquellos que al ser posados en mí causaban con una electricidad corriera por mis venas. Y su cabello, oh, su precioso cabello negro, largo y ondulado, donde mis dedos disfrutaban perderse, mientras la besaba con la misma delicadeza con la que se trata a una muñeca de porcelana. Aunque mis dedos también adoraban la piel de sus mejillas, tan suaves y rosadas cuando la alagada, que acariciaba con todo el amor que sentía por ella...¡Qué no! ¡No soy un romántico empedernido!

Cuando Draco Nott llegó al Gran Comedor, muchos se dieron cuenta que lo habían visto en Las Tres Escobas, atendiendo y sirviendo bebidas. Es más, el grupo de Gryffindor y de Slytherin, al igual que Hannah Abbott, lo reconocieron como el chico que les había traído las cervezas de mantequilla y las tartas de melaza y calabaza a su mesa. Eso explicaba por qué les había resultado tan familiar, él era la mejor copia entre Daphne y Theodore. Había heredado el cabello negro y la piel bronceada de su padres, mientras que poseía los ojos verdes y la sonrisa de su madre. Era lindo, no tanto como James Potter o Scorpius Malfoy, pero lo suficiente para hacer que un gran grupo de chicas le enviaran miraditas para nada inocentes y que alguna silbará. Sin embargo, Draco N. no hizo el menor caso, sino que colocó sus manos en los bolsillos de sus vaqueros y se acercó a la mesa de Slytherin. —Madre, nada ha cambiado, tan bella en tu adolescencia como en tu adultez —le dijo él, tomando la mano de Daphne para darle un beso. —Tan caballeroso como tu padre —dijo Blaise con una sonrisa. —Claro, con la única diferencia que no tartamudeo al hablarle a la chica que me gusta —dijo, guiñándole un ojo a su padrino. Su padre se sonrojó terriblemente. Draco N. puso una sonrisa inocente y pasó el brazo por los hombros de su padre—. Venga, papi, ya debes dar el primer paso. Mamá está esperando que lo hagas. Deja de lado tu timidez y tus nervios, y si no lo haces por ti, hazlo por mí, porque sería un error no traer a este bello ser al mundo —dijo con seriedad. Sus amigos comenzaron a reír y a ellos se le sumaron Blaise, Draco, Colton, Pansy y Astoria, que reían de las mejillas rojas de Theo mientras que Daphne intentaba sin éxito alguno controlar una sonrisa. —Yo puedo darte algunos consejos —agregó Draco N. —Tardaste seis años en que Zafiro saliera contigo —apuntó James, riendo. —Y tú siete en que Rose tuviera una cita contigo —atacó Draco N., con una sonrisa. —Ooohhh —exclamaron los Merodeadores junto a los otros de la Tercera Generación, Sirius, Remus y los gemelos Weasley. —Por lo menos Rose y yo comenzamos a salir antes —dijo James. —Por lo menos fui el primer novio de Zafiro —añadió Draco N. Los dos chicos se quedaron mirando en silencio por unos segundos, tanto que sus padres temieron que se comenzarán a pelear al estilo muggle, pero finalmente Draco N. y James dejaron escapar risas junto a sus amigos, demostrando que la discusión que habían tenido al parecer ya era habitual. Los alumnos de Gryffindor y de Slytherin seguían sin comprender bien las amistades del futuro. Sin embargo, Draco N. recién paraba de reír cuando Terry Boot se acercó a la mesa de Slytherin y se sentó a su lado, mirándolo con una expresión seria y asesina. Parecía no importarle que los padres y tíos del chico lo estuvieran viendo con advertencia, diciendo en silencio que ni se ate vieran a hacerle algo a Draco Nott. —Muy bien, jovencito —comenzó, lo que causó una sonrisa en Draco N., él le llevaba un año ahora al padre de Zafiro. Borró la sonrisa cuando el Ravenclaw lo miró más amenazador—. Dime cuáles son tus intenciones con mi hija.

Zafiro fue la primera en portarse bien conmigo. Cuando comencé mi primer año en Hogwarts, solo tenía a Daniel como amigo, pues nos habíamos criado juntos. Y debo decir que tardé bastante tiempo en conseguir otro amigo más. Habían pasado dieciocho años de la Segunda Guerra Mágica, pero todo el mundo seguía recordando que mi abuelo había sido Mortífago. En cuanto a mis padres, papá nunca se había interesado en esas cosas y mi madre, si bien era algo purista, se mantenía al margen de los bandos. Pero todo el mundo recordaba que el padre del mío había sido Mortífago.**Ya llevaba tres meses en Hogwarts cuando un grupo de chicos de quinto de Gryffindor se les dio por insultarme. Sí, aquel año las cosas habían estado bastante tensas, pero el siguiente, cuando Scorpius se hizo amigo de Rose y Severus, las cosas cambiaron, gracias a Merlín. Sin embargo, en ese momento estaba todo mal. No recuerdo bien lo que dijeron, algo que alguien de mi familia había matado a un pariente de uno de los chicos, o algo así; siempre era la misma historia, la mayoría inventada: habían acusado incluso a mi madre de asesina a la tía de una Ravenclaw, cuando ella nunca había hecho tal cosa. La cuestión era que estos chicos se estaban preparando para pegarme -sí, eran tan maduros que querían golpearle a un niños cuatro años menor a ellos- y fue cuando Zafiro apareció.*Era una niña de primero como yo, con el cabello oscuro y los ojos grises. No daba miedo, mucho menos con las dos trenzas que se había hecho. Aun así, fue la única que no se fue con la vista gacha o que se quedó para burlarse. Vino decidida hacia el grupo de los chicos malotes y le dio un sermón digno de McGonagall. Si me dejaron ir, supongo que fue porque se aburrieron de escucharla. "Tienes suerte que tu novia te haya ayudado", se burló uno antes de irse. Yo me había girado hacia ella, quien tras su momento de valentía, parecía nerviosa y hasta tímida."Creo que te amo", le dije en broma.*Dos años después dejó de ser una broma.

Algo tenía que quedar en claro. Draco N. podía ser de Gryffindor, la Casa de los Valientes, pero aun así se había encogido ligeramente ante la mirara de Terry Boot. Oye, que estaba bien que no tuviera problema en decirle las cosas más románticas y cursi a Zafiro, a decirle lo que quería y sentía por ella, pero de Zafiro estaba enamorado, mientras que temía del señor Boot. Además, no le gustaba mostrar su parte dulce frente a otras personas que no fueran su novia. Él debía seguir siendo el chico malo para todos. Gracias a Merlín, su futura suegra, Lisa Turpin, se llevó a Terry de la oreja, regañándolo por intimidar al muchacho. Varias personas le agradecieron, Draco N. entre ellos. Ya habían escuchado una declaración de amor de parte de Jackson Wood como para escuchar otra. La gran mayoría ya se estaba aburriendo de los momentos romántico, Sirius y los gemelos Weasley pedían recuerdos graciosos. Draco N. suspiró relajado. —En teoría no fue culpa nuestra —dijo Dominique lentamente, elevando las manos—. Nosotros no sabíamos que los chicos de cuarto de Slytherin compartían el mismo shampoo, la broma únicamente era para el imbécil de Avery. —Claro, porque eso los libra de todo —dijo Snape sarcásticamente. —¡Lo ven! Sev nos entiende —dijo Fred II, causando risas en el Gran Comedor y que el profesor de Pociones frunciera el ceño ante el apodo. —¿Y tú, ahijado? ¿Cómo eres? —le preguntó Pansy a Draco N. —Me gustan las bromas, pero no soy el centro de mi vida —admitió, encogiéndose de hombros. Los Merodeadores II lo miraron indignados—. Eso sí, cuando las hago, son las mejores. —Como la vez que rociaste a Pierre King con el perfume que huele a carne para que los Thestrales lo persiguieran —rió Nathan. —¿Qué hiciste qué? —preguntó su madre. —En mi defensa, ese cabrón no entendió cuando le dije que dejará a Zafiro en paz —dijo seriamente—. Yo debía cuidar lo que me pertenecía. —Draco es Gryffindor y todo lo que quieran, pero cuando un chico insiste en molestar a Zafiro, sale su Slytherin interior —reveló Annabeth. —¿Qué puede decir? Ni por nada en el mundo me arriesgaría a poder a Zafiro Boot —dijo Draco N., encogiéndose de hombros, como si lo dicho fuera algo tan real como el cielo azul o las nubes blancas que no era necesario explicación porque ya todos sabían que era verdadero. Terry frunció ligeramente el ceño, pero debía admitir que le gustaba la manera en la que Draco Nott hablaba de su hija de Zafiro. Él había ganado su permiso para salir con una de sus trillizas. En cuanto a los novios de Rubí y Esmeralda... De Max Wood no sabía absolutamente nada, más que cosas superficiales que no le servían para decidir si era bueno para su hija, y en cuanto a Lorcan, algo le agradaba, se veía como un chico inteligente y culto. Terry suspiró, esperaba que su yo del futuro tuviera una idea más clara de sus yernos y pudiera ver si eran perfectos para las Piedras preciosas. Por otro lado, Draco N. se fue a sentar con sus amigos, al lado de Nathan, quien inmediatamente apoyó su cabeza en el hombro de su amigo. Antes de ir a 1996, había ido al entrenamiento de Quidditch de su Casa y se encontraba exhausto. Por suerte, faltaba menos de una hora para marcharse a casa. —Así que quieres trabajar con los dragones como yo —le dijo Charlie a Draco N. Theodore y Daphne rodaron los ojos. —Así es —afirmó el chico de cabello negro—. La verdad es que Hagrid fue el primero en pasarme el amor a los dragones —reveló, haciendo que sus padres miraran mal al semi-gigante, quien sonreía abiertamente—. Cuando yo comencé Hogwarts, las cosas no eran como hoy: las personas nos molestaban a mí, Daniel, Rocio, Annabeth y Blaise por nuestras familias; Jace se salvó porque era amigo de Ted Lupin —comenzó a explicar, haciendo que varios se miraran avergonzados, suponiendo que sus hijos eran quienes los molestaban, y que los Slytherins lo miraran compasivos—. Las cosas recién se arreglaron el siguiente año, cuando Scorpius llegó a Hogwarts y se hizo amigo de Rose y Severus. Theodore, Daphne, Colton, Pansy y Blaise le dieron una pequeña sonrisa a Harry, Ginny, Ron y Hermione, quienes se la devolvieron gustosos. —Pero en ese momento, la gente molestaba. Una vez unos chicos me estaban persiguiendo y salí corriendo a los jardines, donde me topé con Hagrid, que me ayudó con esos idiotas —dijo Draco N., regalándole una sonrisa al profesor, él le sonrió de vuelta—. Él me llevó a su cabaña y me preparó té mientras me servía unas galletas; hay que arreglar que años atrás había recibido libros de cocina de parte de Harry Potter —agregó, causando risas en todos y un sonrojo en Hagrid—. Hablamos, yo me puse mal y para distraerme, conversamos de su tema favorito: los dragones. Iba a visitarlo cada vez que podía y siempre hablábamos de los mismo. Fue cuestión de tiempo antes de que decidiera trabajar con dragones. —Bueno, gracias Hagrid por cuidar de nuestro niño —le dijo Daphne—, pero no te perdonaré si él se lastima en su futuro trabajo. —Ay, mamá, ya hablamos de esto. ¡Incluso hablaste con el señor Weasley! —agregó, señalando a Charlie—. Dos años más y me mudaré a Rusia. —Ay, por Merlín.

*Hagrid fue un gran consuelo para mí durante las primeras semanas en Hogwarts, pero Zafiro fue lo mejor que me pasó. Pertenecíamos a la misma casa, pero nunca había reparado en ella, sino que me concentraba en por qué Daniel había ido a Slytherin y yo no, en por qué mi único amigo estaba separado de mí. Al menos Zafiro se hizo amiga mía o hubiera continuado sintiéndome solo en la Torre de Gryffindor.**Ella me presentó a sus hermanas, Rubí y Esmeralda Boot, la primera de Hufflepuff y la otra de Slytherin; Daniel parecía llevarse bien con ella mucho antes. Esmeralda luego nos presentó a Ian Dursley, el sobrino de Harry Potter. Al principio, tanto Daniel como yo estuvimos recelosos de él, pero Ian no parecía saber nada de la Segunda Guerra Mágica mas que su tío había matado al "tipo malo". Me cayó muy bien y hoy en día es mi mejor amigo junto a Daniel.**El siguiente año, gracias a ña amistad forjada entre mi primo, Rose y Severus, Ian me presentó a su primo, James. Yo había oído hablar de él, cómo no, un chico de segundo bromista y problemático, el primogénito de Harry Potter. Pero nos hicimos amigos rápido, era bueno saber que él parecía darse cuenta que nosotros no teníamos la culpa de lo que hicieron nuestros padres hace veinte años.*Era una alegría que las cosas cambiaran tanto en el mundo mágico. Gracias al Trío de Plata, Hogwarts está en paz.

Nathan no fue el único en quedarse dormido, Alice Longbottom y Lorcan Scamander lo siguieron de cerca. Draco N. igualmente ya comenzaba a sentirse cansado y agradecía infinitamente que en su presente mañana sería fin de semana; no se veía con fuerzas para asistir a clases si así fuera e imaginaba que no sería el único. Tal vez McGonagall, Longbottom y Macmillan supondrían porque cuarenta y cinco alumnos no fueron a clases, pero los otros profesores comenzarían a sospechar, empezado por creer que fue por una fiesta. James, Fred II, Dominique y Frank estaban hablando con Sirius y Frank, intercambiando historias de las dos generaciones de Merodeadores. Annabeth discutía con su padre por sus numerosos amantes que tenía, mientras Daphne y Pansy se turnaban para arreglar sus cabello negro. Jackson hablaba con Oliver y Katie sobre el Quidditch. Nathan, Alice y Lorcan tenían la cabeza apoyada en la mesa en una postura incómoda. Seguramente mañana tendría dolor de cuello. Una manta apareció de la nada y cubrió a Alice, Draco N. no tenía que ser listo para saber que aquello era cortesía de Severus Potter. —Bien, hombre, cuenta cómo comenzaron a salir tus padres —pidió su tocayo, quien le pasaba el brazo por los hombros a Astoria, la cual se apoyaba en él, media dormida. Theodore frunció el ceño y Colton sonrió divertido. —Pues papá ha estado enamorado de mamá desde primero... —Exageras —indicó Theodore. —Bueno, bueno —dijo Draco N., elevando las manos—. Pero debes admitir que te parecía linda. Papá se enamoró definitivamente de mamá en tercero, o en cuarto, pero no sucedió nada hasta después de la guerra —explicó—. El castillo, como saben, quedó destruido y ustedes, al estar arrepentidos por no luchar en la guerra —los Slytherins se removieron incómodos en sus asientos—, se ofrecieron a ayudar a repararlo. Papá había pasado horas en los jardines, quitando a hierba quemada y arreglando los Invernaderos, muchas horas bajo el sol, por lo que sentía mucho calor y decidió quitarse la remera. »Mamá ayudaba con tía Astoria a arreglar la biblioteca, pero a la hora del té bajó al Gran Comedor junto a todos los que ayudaban —continuó—. Cuando llegó y notó que papá no estaba, fue a buscarlo y lo encontró cargando madera, con el torso desnudo y sudando. En mi opinión no tiene nada de atractivo, pero a las mujeres parecen encontrar sexy ver a los chicos así —dijo, encogiéndose de hombros. Theodore tenía las mejillas rojas mientras Draco y Colton reían—. Mamá se quedó con la imagen de la cabeza y una semana después le pidió una cita. —Claro, porque si espera de Theo morirá sin antes hacerlo —lo interrumpió Blaise, quien había estado escuchando. Theodore le dirigió una fea mirara. —Dos o tres citas después, tartamudeando, balbuceando y bajo una amenaza de mi padrino, papá le pidió a mamá que fuera su novia. Se casaron un año después —finalizó Draco N. —¿Y eso es todo? ¿No puedes ser más específico? —pidió Daphne. —Lo siento, madre, tal vez haya heredado el romanticismo de papá, pero únicamente frente a Zafiro muestre ese lado. —Zafiro, ¿eh? Dime cómo es ella —dijo Astoria. Draco N. sonrió embobado y prosiguió a contarle una y mil razones por la cual Zafiro Boot era la chica perfecta para él.