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El libro de la Tercera Generación — capítulo 62
No voy *a negarlo. Amaba a Mike. El fue el primer chico del que me enamoré, estuvimos dos años juntos y por eso me cuestioné tanto en terminar nuestra relación. Frank me gustaba, sí, y la única razón por la que empecé a fijarme en él fue porque había comenzado a tener problemas con Mike, algo normal después de tanto tiempo junto.**Primero fueron discusiones pequeñas, porque nos habíamos olvidado una fecha importante o porque no salíamos tanto como antes. Luego, él me reprochaba por pasar tanto tiempo con James, Fred y Frank, mientras yo me enojaba porque, tras ascender como capitán del equipo de Ravenclaw, había ganado un grupo de fans. Desde llegamos a un punto en que ya no podíamos vernos sin pelear.*No quería que James y Fred se metieran, aún seguía queriendo a Mike y sabía que ellos lo lastimarían, por lo qué únicamente le conté mis problemas a Frank. Él me escuchó, me aconsejó y me consoló. Si el me gustaba, para ese momento ya comenzaba a enamorarme de él.
Dominique hablaba entretenida con Annabeth, mañana en el 2022 sería 14 de febrero, Día de San Valentín, y mientras Dominique tendría una cita con Frank, Annabeth y Fred II habían decidido hacer un "acto de solidaridad" y pasar el día con las personas que no tenían pareja. La pelirroja miraba su reloj a cada rato, si mañana en su cita estaba con ojeras, mataría al Trío de Plata. Afortunadamente, solo faltaban diez minutos para marcharse a casa. A la vez que respondían las preguntas apresuradas de los de la Segunda Generación, los viajeros en el tiempo intentaban despertar a Lorcan, Alice y Nathan para marcharse. Dominique se levantó de su asiento a petición de Dumbledore, quien quería desaparecer la mesa y las sillas. Ella se acercó a Frank y lo abrazó por detrás. —Imagino que la cita comienza a la tarde, ¿verdad? —le dijo ella al oído—. Porque, amor, dudo que me levanté temprano. —No te preocupes, Nique, será cuando ambos estemos bien despiertos —le aseguró. —Frank, ¿vienes conmigo a las Mazmorras de Slytherin? —le susurró, dejando un beso en su cuello. Las mejillas de Frank se volvieron rojas. —Dominique, tu padre está aquí y me está mirando mal —respondió éste, observando con preocupación a Bill Weasley, que miraba la escena con el ceño fruncido. Sin embargo, se inclinó hacia Dominique y le dijo en voz baja:—. Pero sí, dormiré contigo esta noche. Dominique sonrió y le dio un corto beso en la mejilla antes de soltarlo, ya que parecía que en cualquier momento su padre se levantaría e iría a matar a Frank, pese que antes había dicho que se alegraba de que ambos estuvieran juntos. Una exclamación los hizo girar ambos la cabeza, para ver como Lorcan estaba tirado en el piso, totalmente confundido y medio adormilado. James y Draco se echaron a reír. —Lo siento —le dijeron. —Los odio —espetó Lorcan, parándose mientras se sobaba la cabeza—. ¿Ya nos vamos? —En diez minutos —contestó Frank, acercándose a los chicos con Dominique—. Pero aún no sabemos cómo regresar, el Trío de Plata todavía no nos dijo que teníamos que hacer para regresar a nuestro tiempo. —Igualmente deberíamos comenzar a despedirnos —dijo Alice, quien se estaba arreglando la cola de caballo que anteriormente se había hecho. Dominique y el resto asintieron y se acercaron a sus familiares. Ella sonrió y corrió hasta donde su padre y madre estaban para abrazarlos.
*La relación con mi madre no es la mejor. Sinceramente, me llevo mejor con mi padre. Es de entender, mi madre es francesa y se sabe lo que dicen de ellos, son elegantes, educados y delicados. Yo claramente no soy así, lo único que saqué fue una octava parte de Veela de ella. Mi madre siempre se llevó mejor con Victoire, algo que causaba mis celos hasta que mi hermana me reveló que sentía envidia de la relación que tenía con mi padre. Louis, por otro lado, se lleva bien con ambos.**Durante mi cuarto año, cuando las bromas, los problemas y el alcohol aumentó, las cosas se pusieron peor con mi madre. Con los chicos ya éramos revoltosos de por sí, pero al entrar a la edad adolescente fuimos más traviesos, por lo que McGonagall enviaba al menos cinco cartas de mi terrible conducta a mis padres. Durante las vacaciones de Navidad, hablamos, o más bien discutimos, dijimos cosas que no debimos decir, cosas que nunca olvidaremos.**Sin embargo, aunque ambas lloramos aquel día y pasamos mucho tiempo sin hablarnos, en veranos volvimos a conversar, y ésta vez sí a conversar. Hay veces en la que me deprimo al recordar lo que ella me dijo y sé que hay momentos en que mi madre piensa en las palabras que le grité, pero creo, que de una forma u otra, fue bueno haber dicho todas esas cosas, nos hizo reflexionar y poder entendernos mejor.*No digo que nuestra relación ahora es perfecta, seguimos teniendo nuestros problemas, pero al menos mejoró de que como estaba antes. Ahora sí puedo considerarla mi madre, como ella puede considerarme su hija.
Bill por poco rompió todos los huesos de su hija al abrazarla. Después de todo, la vería dentro de diez años. Él estaba encantado, había conocido a sus dos hijas, Victoire y Dominique, y esperaba que su único hijo, Louis, fue uno de los ocho elegidos la siguiente vez. Bill la soltó para que abrazará a su madre. —¿Cómo soy como madre? —preguntó ilusionada Fleur. Dominique vaciló su sonrisa y se sentó a su lado en la mesa de Gryffindor. —Eres una buena madre con Victoire, excelente. Ustedes se juntan a menudo para ir a comprar ropa para las fiestas a la que asisten y desde hace unas semanas empezaron a buscar ropa para el bebé, Vic ya está de seis meses —le contó, sin mirarla. —¿Y contigo? —preguntó Fleur con el ceño levemente fruncido. Dominique se relamió el labio inferior y retorció el anillo en forma de estrella que tenía, un regalo de tío Charlie cuando cumplió diez años. Fleur, quien recordaba el capítulo de su hija, se dio cuenta que estaba nerviosa por jugar así con el anillo. —¿Qué pasa, hija? —Nos estamos llevando mejor ahora —dijo sinceramente. Fleur la miró confundida y Dominique suspiró—. Antes no nos llevábamos muy bien, que digamos. Éramos diferentes. Tú querías una princesa, pero yo soy una Merodeadora, así que no encajábamos. Pasábamos gran parte del tiempo discutiendo, pero las cosas se arreglaron hace unos pocos años —añadió rápidamente, al ver la tristeza en los ojos de su madre. Dominique tomó su mano—. No fue toda tu culpa, yo tampoco ponía de mi parte. Tú te llevabas mejor con Victoire, mientras que papá y yo teníamos una excelente relación. —Yo siempre soñé con ser una buena madre —murmuró. Bill la abrazó con cariño. —¡Y lo eres! Solo no nos entendíamos, ahora estamos mejor, mamá. Te lo prometo —aseguró. Fleur le dedicó una pequeña sonrisa—. Solo un consejo para el futuro: no permitas que cocine. —Ya lo anoto —respondió ella divertida. Dominique le sonrió y se levantó para acercarse a grupo, quienes ya se habían despedido de sus padres. Annabeth, Draco y Nathan seguían hablando con sus padres, Alice charlaba con tía Ginny, Jackson jugaba en su celular y Lorcan continuaba leyendo su libro de Perry Jackson. Dominique observó la hora en el celular de su primo Fred II. Eran las 23:58. Y el Trío de Plata no había dicho qué debían hacer para volver a su tiempo. —¿Crees que sucedió algo? —preguntó James con el ceño fruncido. —¿Pasaremos la noche acá? —cuestionó Frank. —Más vale que no, mañana es San Valentín —se quejó Dominique. Ella sacó su celular del bolsillo y marcó el número de su prima, se lo llevó a la oreja, esperando que contestará mientras escuchaba el timbre sonar. —¡Hola! —contestó su prima con voz alegre. —Rose, ¿cómo vamos a...? —¡Es broma, caíste! —se escuchó la voz de su prima, pero Dominique se dio cuenta que era su buzón de voz—. Si no te contesté es porque estoy leyendo un libro o simplemente porque estoy durmiendo. Llama más tarde, ¿sí? ¡Adiós! —Rose no contesta —informó. —Albus tampoco —añadió James, dejando su celular en el bolsillo de su campera. Dominique bufó y buscó entre sus contactos el número de Scorpius Malfoy, el tercer integrante del Trío de Plata, y llamó. Mientras susurraba un "Vamos, vamos, contesta", se preguntó el porqué nadie en su presente parecía darse cuenta que no tenían ni menor idea de cómo volver a casa. Afortunadamente, Scorpius contestó al tercer timbrazo. —¿Dominique? —preguntó Scorpius—. ¿Qué pasa? —¿Qué pasa? —repitió, frunciendo el ceño—. ¡Scorpius, no tenemos idea de cómo regresar a 2022! ¡Y me preguntas qué pasa! Hubo un largo silencio en la otra línea antes de que Scorpius contestará. —Lo siento, se nos pasó. Apunten a su corazón con la varita: "Reversus in domum suam" —les dijo, y luego lo repitió tres veces más hasta que finalmente Dominique pudo escribirlo bien en un pergamino que Frank le alcanzó. —¿Cómo es que se les pasó? —preguntó, con un poco de indignación en la voz. —Dominique —dijo él, suspirando—, Molly entró en proceso de parto.
*Bueno, aquello sí fue una sorpresa.**Molly tenía ocho meses de embarazo, el medimago había dicho que su hijo nacería (aproximadamente) el 20 de marzo. Faltaba más de un mes para que eso sucediera, no se suponía que el bebé nacería tan pronto. Ruego a Merlín que el bebé se encuentre en perfecto estado.**Antes de colgar, Scorpius me pidió que no dijera nada a nuestros padres y sus amigos, por lo que junté a todos, con la excusa de que ya sabía como regresar a casa, y mientras les decía el hechizo, les dije que el bebé Zabini-Weasley estaba en camino. Freddy tuvo que poner su mano en la boca de Annabeth para evitar que ésta chillará de emoción. Atraería la atención.*Lo siguiente pasó tan rápido que apenas me di cuenta. Nos despedimos con la mano de todos, apuntamos a nuestros corazones, dijimos el hechizo con apuro; entonces sentí un tirón en el estómago, la misma sensación de cuando utilizó la Aparición, y una leve jaqueca en la cabeza. Sin embargo, eso lo valió, porque con los chicos nos encontrábamos de nuevo en 2022.
En la Casa de los Gritos, que se había convertido en el lugar oficial donde los chicos tenían las reuniones sobre el libro, estaban el resto de los primos Weasley-Potter, Teddy, Derek, Oliver y Blaise. Todos ellos con aspecto ansioso y nervioso. Severus prácticamente les gritó a todos que debían volver donde estaban antes y así poner a funcionar el tiempo, para que pudieran ir al San Mungo, donde Jace y Molly ya se habían adelantado para ir. Por lo que, los estudiantes fueron a Hogwarts mientras que los mayores se Aparecieron en el San Mungo. Dominique moría por seguir a su hermana mayor y los otros al hospital, pero primero debían pedir permiso a McGonagall, la cual no estaba enterada de nada. Al parecer, Molly había roto bolsa una media hora atrás, cuando el tiempo estaba detenido. Mientras que el Trío de Plata se ocupaba de volver el tiempo a la normalidad, Dominique acompañó a una nerviosa Lucy y una emocionada Annabeth al despacho de la directora. A unos metros del lugar, Dominique supo, sin saber muy bien cómo, que el tiempo había sido restaurado. Menos mal, así Molly podía ser atendida correctamente. —¡McGonagall! ¡McGonagall! —gritaban Lucy y Annabeth. Dominique se dijo que no importaba que el despacho estuviera en el primer piso, por los Gritos tanto la Torre de Gryffindor como la de Ravenclaw debieron haber despertado—. ¡McGonagall! ¡McGonagall! —¡Pero qué es éste escándalo! —exclamó Minerva McGonagall, saliendo en bata de la habitación, con los ojos abiertos como un búho—. Señoritas Weasley, señorita Zabini, espero que tengan una buena explicaciones para este comportamiento. —¡Mi hermana va a dar a luz! —chilló Lucy, dejando muda a McGonagall—. ¡Ella me avisó por... eh... por un espejo doble, profesora! ¡Tenemos que ir a verla! McGonagall pestañó repetidas veces, seguramente intentando que su cerebro medio dormido procesará las palabras dichas por Lucy Weasley. Finalmente, les permitió el pase a las tres al despacho, sacó su varita e hizo un patronus. —Para: James Potter, Fred Weasley, Louis Weasley, Roxanne Weasley, Rose Weasley, Albus Potter, Hugo Weasley, Lily Potter y Blaise Zabini II —dijo—. Mensaje: Deben venir inmediatamente a mi despacho, ha sucedido algo de vital importancia. Ella movió la varita y el patronus, un gato, atravesó la puerta, en busca de las personas que obviamente ya lo sabían pero que debían aparentar que no tenían idea de nada. —¿Sus padres saben? —preguntó McGonagall, mirando a Lucy y Annabeth. —No sabemos, seguro alguien ya les habrá dicho —dijo Annabeth con una brillante sonrisa, mirando con impaciencia la chimenea. Dominique bostezó y se recostó en su asiento. Lo único que tenía claro en ese instante era que mañana, en su cita con Frank, estaría con las ojeras y una cara de zombies monumental.