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El libro de la Tercera Generación — capítulo 71
En la Sala de los Menesteres se escuchaba los nuevos sencillos de Angels and Demons, la banda de Joanna Finnigan, y viejas canciones de Las Brujas de Macbeth, desde los equipos de música que quién sabía trajo. Al lado de éstos, dos mesas unidas contenían botellas de alcohol, como whiskey de fuego o hidromiel, también cerveza de mantequillas para los más jóvenes, vasos de plásticos rojos y varios platos con comida chatarra. También había un gran baúl donde se iban depositando los regalos, el cual ya se estaba desbordando; alguien debería ir a hacer un encantamiento de extensión. Los exclusivos invitados bailaban al son de la música, aunque algunos se encontraban apartado hablando entre ellos. Severus Potter sonreía mientras caminaba por la habitación, al pedido de sus amigos, la Sala de los Menesteres había adoptado el tamaño del Gran Comedor, porque aunque fueran menos de cincuenta personas, querían espacio suficiente para que todos estuvieran cómodos. Lo único que Severus lamentaba de aquella fiesta era que Ted, Victoire y Molly no habían podido asistir, al ya estar graduados de Hogwarts. Pero tenía el resto de sus primos con él. Vio a Fred y James bromear con Frank y Lorcan, a Dominique bailando con alegría junto a Rose, Lucy sacando fotos a los invitados con su cámara mágica, Louis hablando en un rincón, de seguro a Drake, Hugo y Lily junto a los gemelos Rosier; Roxanne no estaba, pero le había mandando un mensaje diciendo que no tardaba en llegar. También estaban sus amigos, sus compañeros de habitación, Simon Jordan, Elías y Mark Avery, y otros chicos geniales que había conocido, como Draco Nott y Annabeth Zabini, viejos amigos de la infancia, como Deasy Thomas. En resumen, los más importantes en la vida de Severus se encontraban ahí. Él estaba apoyado en la pared, solo contemplando y siendo feliz al hacerlo. Hasta hace unos momentos, Scorpius había estado a su lado, pero se había ido a buscar a Lily para bailar un poco. Severus miraba a sus amigos y se preguntaba si las cosas seguirían siendo las mismas cuando los de la Segunda Generación terminaran con el libro. Había veces, como aquella, en las que se arrepentía de haberlo hecho: ¿Y si las cosas salían mal y en vez de hacer más bien, hacían más mal? ¿Y si las cosas cambiaban y al final no podían vencer a Lord Voldemort? ¿Y si lo hacían, pero él y algunos más no nacerían? Había tantas posibilidades que el final perfecto que querían no fuera a pasar. Pero las cosas ya estaban hechas y solo quedaba rezar (a Merlín, Dios, Alá, Buda y los dioses griegos) que todo resultará bien y que hubiera el menor dolor posible, porque era claro que habría dolor. No se podrían cambiar las cosas sin dolor. Severus no quería pensar en eso, no quería entristecerse en ese momento, no en su cumpleaños. Así que se bajó todo la cerveza muggle que había en su vaso rojo y se acercó a la improvisada pista de baile para bailar con Rose y Dominique. Las dos pelirrojas le sonrieron y lo tomaron de la mano mientras meneaban las caderas y sacudían los brazos. Severus rió y bailó con ellas. —¡¿Te diviertes?! —le gritó Rose, para que su voz se escuchara por sobre el ruido de la música. —¡Sí! ¡Esto está de fábula! —contestó animado. Dominique estaba hablando sobre que sus amigos fueron los responsable de traer el alcohol mágico como el muggle cuando Severus perdió el sentido de la conversación. En ese momento, Daniel Rosier e Ian Dursley eran los responsables de vigilar la entrada, se tornaban con los demás casa diez minutos para vigilar la puerta para que nadie que no fuera invitado entrará; Scorpius y Rose se asegurarían de pedirle a la Sala de los Menesteres que sellará la puerta una vez que todos los invitados estuvieran dentro. Tres personas entraban a la habitación, luego de que Ian y Daniel revisarán que estaban invitadas. A la primera que vio fue a Ginger Macmillan, una amiga de la infancia de Severus. La chica era guapa, él suponía que si no fuera como una prima para él, a causa de haber criado juntos, seguramente la hubiera perseguido para acostarse con ella. Luego vio a Kaya Finnigan, que si bien sus padres eran amigos de los suyos, tampoco eran tan cercanos y desde el verano habían empezado a relacionarse; los rumores decían que su novio, Tom Corner, le había terminado; Severus había visto al Ravenclaw cerca de la mesa de las comidas con Deasy. Si los dos armaban escándalo, mandaría a Rose a sacarlos de ahí. Entonces vio a Alice Longbottom. Alice no era guapa. Tampoco era una belleza. Era bonita, adorable, y eso hoy en día no significaba nada. Incluso aunque fuera rubia y de ojos azules, no tenía muchos pretendientes, por no decir ninguno, sería más hermosa si se dejará el cabello suelto y no siempre en un moño ajustado, o si usará algo más que el pomposo uniforme de Hogwarts. Severus la conocía desde bebés y podía contar con los dedos en la que vio usando algo más que unos jeans viejos y una remera que le quedaba holgada. Pero en ese momento era diferente. Merlín, que ni siquiera en el Baile de Navidad se esmeró en lucir hermosa; intuía que su manera de estar hoy era por influencia de Ginger. Tenía el cabello suelto y en bucles, cayendo con delicadeza sobre su espalda, y su cabello rubio ceniza parecía ahora de un magnífico color dorado. De lejos, podía notar sus ojos azules, a causa del alineador que se había puesto y de la sombra violeta que usaba. Por Merlín, incluso sus labios estaban pintados de rojo pasión. Severus normalmente elegía a las chicas que usaban ese labial. Pero lo que en verdad le sacó el aliento fue ver lo que llevaba puesto. Alice no era poseedora de buenas curvas e incluso sus pechos eran de tamaño promedio, ni muy pequeño, ni muy grandes, normales. Pero aquel vestido violeta se le pegaba al cuerpo como una segunda piel, haciendo que sus curvas se notarán y que sus pechos se vieran más enormes. Y por el amor a Dios, usaba medias de red y unas botas con tacón. Alice se veía hermosa. Demonios Alice estaba condenadamente sexy. —Se ve hermosa, ¿no lo crees? —le preguntó Rose a Severus en el oído. Severus hizo una mueca de disgusto. Alice se veía muy bien, pero a él no le gustaba. Para nada. —Sigamos bailando —contestó seco. La única razón por la que Frank no fue a regañar a su hermana por usar semejantes cosa, era porque Dominique se acercó a él antes de que pudiera mandar a Alice a ponerse algo más simple. Su novia apareció de la nada, lo abrazó y juntó sus labios con los suyos, Frank pudo sentir el alcohol mientras se besaban. Antes de que comenzará la fiesta, por las ocho de la noche, mientras ayudaban a hacer los últimos retoques de la fiesta, James y Fred habían llegado con dos botellas de whiskey de fuego y ellos, Frank, Dominique, Rose y Scorpius habían bebido mientras organizaban todo. Frank estaba seguro que si no fuera por la buena resistencia que tenían, por la práctica que poseían, hubieran caído borrachas media hora de que la fiesta haya empezado. —¿Y si vamos a un lugar más privado? —murmuró Dominique. —Creo que ya has tomado suficiente —decidió Frank divertido. La sostuvo entre sus brazos mientras la llevaba hacia la mesa para servirle un vaso de agua fría. —Rubí dice que Esmeralda termina de maquillarse y vienen para acá —decía Lorcan cuando ellos se acercaron. —¿Y tú a quién busca? —preguntaba James a Fred, que no paraba de mirar hacia todos lados. —Es Selina —respondió. Ante todas las miraras confundidas, él se encogió de hombros—. Ya me harta que siga enfadada conmigo cuando no hice nada, aunque, claro, debo discúlpame para que me perdone. —Tal vez sí la follas te perdone —comentó Dominique, tirando de los cabellos de Frank. James y Lorcan rieron, mientras su primo volteaba los ojos. —Ella me matará si le toco algún pelo —bufó Fred. Selina Jordan estaba en la lista de invitados, pero Frank no la había visto y dudaba que fuera a venir. Fred volvió a encogerse de hombros y entonces se marchó a donde Annabeth estaba, bailando de un modo sensual que había hecho que algunos chicos se le quedarán viendo con la boca abierta. Fred se acercó y la tomó de la cintura por detrás, Annabeth sonrió mientras continuaba moviendo las caderas. James se tomó la cerveza que había estado bebiendo y se marchó a buscar a Rose. Lorcan siguió escribiendo, seguramente a Rubí, y Frank se encargó de servirle un vaso de agua fría. —No quiero agua —protestó Dominique. —Pues vas beberla para que se te baje el alcohol, no vas a estar borracha una después que haya empezado la fiesta —la regañó suavemente. Le pasó el vaso rojo, Dominique frunció el ceño, pero aun así bebido todo el líquido. Lorca rió y se despidió de ellos, alegando que su novia y las hermanas de ella estaban a punto de llegar. Frank lo vio dirigirse hacia Max, el novio de Esmeralda, y volvió su atenciones a Dominique, que sacudía la cabeza al ritmo de la música. De improvisto, lo acercó a ella y bailó a su lado, frotándose contra él. Frank intentó que pare, ya que todos los primos sobreprotectores de ella se encontraban en la misma habitación y le pagarían si veían como bailaban. —Están ocupados —rió Dominique. No estaba equivocada. Severus bailaba junto a Scorpius y Lily, cerca de ellos estaban Rose y James, Fred seguía con Annabeth y Louis conversaba por celular con seguramente Drake. Nadie parecía prestarle atención. Frank se encogió de hombros y colocó sus manos en la cintura de su novia, atrayéndola a él. Frank se preguntó si sería muy desconsiderado de su parte irse de la fiesta con Dominique a la habitación de los chicos de séptimo de Gryffindor ahora que estaba desierta, ahora que todos sus compañeros se encontraban en la Sala de los Menesteres festejando el cumpleaños de Severus. Dominique parecía pensar lo mismo que él, ya que se separó de él, mas sujetándolo de la mano y lo guio hacia la salida. —Se darán cuenta... —Volveremos en una hora —contestó Dominique, restándole importancia. Giró la cabeza y lo miró de arriba a abajo—. O tal vez dos. Frank sonrió divertido y pensó que tardarían más de eso en regresar a la fiesta, pero dudaba que alguien notará su ausencia: todo el mundo parecía divirtiéndose con la música, sus parejas y amigos. Además, tampoco era que el cumpleaños acabará a medianoche, seguramente se quedarían hasta que el alcohol se acabara, y James y Fred se habían encargado de traer más de tres cajas de cada bebida para que eso durará. —Recuerden la protección —bromeó Draco, apoyado en la pared junto a su novia, cuando los dos salieron por la puerta. —¡Draco! —escucharon el regaño de Zafiro, que seguramente se había sonrojado. Frank y Dominique rieron y se apresuraron a ir a la Torre de Gryffindor. Roxanne amaba besar a Lysander. Le gustaba acariciar sus labios con los suyos y hundir su lengua en su boca de improvisto. Le encantaba la forma tierna y cálida que él tenía para besarla. La mayor parte de su relación se la pasaban besándose, en la boca, en la mejilla, en las manos. Se besaban y se besaban. Y aquello ya le cansaba a Roxanne. No era que se aburría de los besos de su novio, sino que esperaba que hicieran algo más mientras se besaban. Eran besos inocentes y castos de parte de él, cada vez que Roxanne hacía amago de quitarse la remera, Lysander la detenía y hacían otra cosa. En los casi dos años juntos -lo cumplirían en mayo-, Lysander jamás la había tocado por debajo de la ropa, ni siquiera para acariciar su cintura. Roxanne a veces se preguntaba si esperaba tener sexo luego del casamiento. Ella no podía decir que no era virgen porque sería mentira. Lo más lejos que llegó fue quedarse en ropa interior con uno de los amigos de su hermano, cuando se había pasado de tragos; la cosa seguramente hubiera llegado a más si no fuera porque Scorpius había entrado en la habitación de la Madriguera en ese momento, buscando a Severus, y al ver la escena se había encargado de echar al tipo y llevarla con su hermano; Scorpius prácticamente era de la familia y trataba a todas las primas de Severus como si fueran las suyas. Pero Roxanne pensaba que si con alguien perdería la virginidad, sería con Lysander. Tenía dieciséis años, pero ya sabía que era Lysander con el que quería casarse y formar una familia. Después de todo, su tía Ginny había empezado a salir con tío Harry a la misma edad que ella tenía ahora y se encontraban felizmente casados con tres hijos. ¿Qué no decía que a ella y Lysander les ocurriría lo mismo? Lo amaba tanto que si Lysander quería esperar hasta la noche de bodas para dejar de ser virgen, esperaría con él. Pero Lysander no había dicho al respecto y Roxanne guardaba la mínima posibilidad de que quisiera hacerlo ahora. Específicamente en ese momento. —Lys —gimió, cuando la lengua de Lysander acarició la suya. Roxanne sabía que debían estar dirigiéndose hacia el cumpleaños de Severus, pero estaba demasiado entretenida para hacerlo. Los labios de Lysander eran como una droga para ella: solo quería más y más. Entonces decidió que ya estaba cansada de hacer solo eso. Se separó de él y lo empujó sobre la cama de Lysander. Vio la mirara aturdida de su novio, antes de quitarse la remera ceñida que traía y mostrar su corpiño de encaje azul. Lysander abrió la boca, sorprendido e incrédulo, y el rubor inundó sus mejillas. Aun así, cuando Roxanne se inclinó para volver a besarlo, él la tomó de los brazos y la dejó con cuidado a su lado en la cama. Le pasó la remera sin decir nada. —¿Es que no quieres? —le preguntó desilusionada—. ¿No me deseas? Lysander se sentó y juntó sus manos. Roxanne imaginó que si fuera más pequeño y sus piernas no tocaban el suelo, las hubiera balanceado como un niño. —En realidad, no —contestó con simpleza. Ahí estaba otra cosa que no le gustaba de Lysander: era muy sincero y directo. Pero no lo hacía con mala intención, contestaba las preguntas que le hacían con la verdad, y no era que intentaba ofender a nadie, solo hacía lo que creía correcto. Era insensible en ese sentido, en decir lo que pensaba sin tomar en cuenta que podría lastimar a alguien. Y había lastimado a Roxanne. Sí, hasta hacía unos diez minutos le había dicho que la amaba y lo había dicho en serio, pero no la deseaba y eso dolía. ¿Es que no era lo suficientemente atractiva para él? ¿Tenía el cabello demasiado corto, la piel muy morena o no tenía suficiente curvas? Lysander le había dicho que la principal razón por la que se había interesado en ella era porque era inteligente, que no se había puesto a pensar en su físico, sino en cómo pensaba. En ese momento le pareció algo lindo, ahora se preguntaba si era porque le parecía fea. El amor era importante, pero el deseo igual, aunque no tuvieran sexo, el otro debía desear a su pareja y Roxanne lo hacía, deseaba a Lysander incluso de salir con él. Y él no la deseaba en absoluto. —Bien —espetó, mostrándose enojada porque no quería que la viera triste—. Entiendo que te sientas atraído sexualmente a un ghoul o un erumpent, así por qué no vas a invitar a alguno a salir, ¿eh? Se colocó la remera y se largó de la habitación, cerrando la puerta de un portazo detrás de él. Aún no era tarde para llegar a la fiesta de Severus e intuía que debía haber bebidas alcohólicas, Roxanne estaba dispuesta a tomar hasta acabar borracha y borrar de su mente aquella horrible noche. Bufó mientras llegaba a la Sala Común. —¿Rox? —Ella levantó la cabeza para mirar como Dominique y Frank estaban tirados sobre el sillón, seguramente donde antes habían estado besándose con frenesí. Cuando su prima se sentó, sin molestarse en arreglar su vestido (se le veía el sostén que llevaba), la miró con el ceño fruncido—. Roxxie, ¿qué pasa?, ¿por qué lloras? Ella había estado a punto de negarse cuando elevó su mano y se tocó el rostro. Lo encontró mojado. —Nada, yo... —¡Roxanne! —exclamó Lysander, en lo alto de las escaleras. La Ravenclaw bufó y salió de la Torre de Gryffindor, con dirección hacia la Sala de los Menesteres. Desgraciadamente, ni siquiera había llegado a doblar el pasillo cuando Lysander la tomó del mano y la hizo voltearse; Lysander no hacía deporte, pero después de estar tanto tiempo en viaje y recorriendo diferentes lugares, podía correr más rápido que cualquiera. Roxanne miró a cualquier parte excepto a él. —No quiero hablar contigo. —Entonces solo déjame hablar —Lysander sonaba triste y Roxanne odiaba que sonará así, haría que se le fuera el enfado—. No me dejaste terminar. No te deseo, Roxanne, sí, pero no es por ti, es por mí. —¿No soy lo suficientemente bella para ti? —resopló Roxanne. —Cariño —Lysander suspiró—, soy asexual. Alexandria reía de un chiste que Nathan contó, mientras sostenía un vaso de cerveza de mantequilla y con la otra sujetaba la mano de Hugo. Lo suyo iba en serio -la semana anterior cumplieron cinco meses juntos-, pero no se había anunciado correctamente. Sus familias lo sabían, claramente, y todos los que estaban en la fiesta también lo sabían, porque eran personas cercanas. Pero la situación le estaba cansando a Alexandria. Hugo había cumplido catorce años hacía dos semanas y ya estaba entrando a la pubertad, a la edad límite para que las chicas de cualquier curso se fijarán en él. Hugo era hermoso, con su cabello castaño cobre y sus ojos azules eléctrico, tenía un buen cuerpo, a causa de los todos los entrenamientos muggles como mágicos que tenía, era inteligente y tenía esa actitud de chico malo que a todas les gustaba. Alexandria no tenía duda de que él la amaba, pero cuánto odiaba que cualquiera viniera a decirle algo. Así de celosa y posesiva era: se enojaba totalmente si Hugo se ponía a conversar con alguna chica. Gracias a Merlín, Hugo no estaba interesado en relacionarse con nadie y siempre iba con ella, Nathan y Lily, por lo que Alexa no solía molestarse. Hugo sabía cómo era ella, así que lo último que hacía era provocar algo que la hiciera enfadar. Y aun así había estúpidas chicas que lo perseguían. Una compañera de Alex, Sara Avery, quien ignoraba que ellos dos estaban juntos, aunque sabía que ella lo amaba, dijo en voz alta en la habitación que Hugo la quería y la había invitado a salir, curiosamente el mismo día que Alexa había pasado todo la tarde con él. Incluso cuando sabía que era una falsa y Avery lo había dijo para molestarla, ella le empujó al Lago Negro cuando la encontró sola por ahí. Para la suerte de la chica, el Calamar Gigante no se encontraba cerca, algo que molestó a Alexandria. Por supuesto, Avery intentó decirle a los profesoras lo que hizo, pero como Alexandria poseía esa belleza angelical y una tierna sonrisa la declararon inocente, sobre todo al saber que ella no le caía bien a Avery. Alexandria estaba cansada de que las chicas intentarán buscar a su novio, aunque sin éxito alguno, eso debía cambiar. Así que, cuando Nathan se marchó para buscar comida, Alexa se giró hacia Hugo y dibujó una sonrisa dulce en su rostro, esa que usaba para que todo el mundo hiciera lo que ella quería. —¿Me amas? —preguntó con suavidad, pasando sus brazos alrededor de su cuello. —Te amo —confirmó Hugo. Él elevó la mano para acercarle la mejilla—. Te amo más que a nada. —¿Y harías cualquiera cosa por mí, verdad? —¿Qué quieres que haga? —le preguntó él, mirándola con atención. Alex sonrió maravillada. —Mañana, dile a todos que estamos juntos —pidió, acariciando su nariz con la de él. —Creí que querías mantenerlo en secreto, para que nadie moleste —murmuró Hugo, no para excusarse, sino para saber por qué en ese momento quería hacer pública su relación. —Pero ya no, quiero que le digas a todos que estamos juntos. Que me amas. Hugo colocó dos dedos debajo de su mentón y le elevó el rosto para besarla. Alexa sonrió mientras le respondía, a ninguno de los le gustaba mostrar su afecto en público (excepto delante de Nathan, porque era gracioso hacerlo rabiar), pero había veces como aquella en la que a ella le gustaba estar besándose y abrazándose con él, incluso si cientos de ojos pudieran verlos. —Está bien —dijo Hugo cuando se separaron—. Mañana lo diremos. —Y me llevaras a mi restaurante favorito de Hogsmeade —agregó Alexa. —Y te llevaré a tu restaurante favorito —confirmó Hugo, dándole una sonrisa. —¿Lo ves? Por eso te amo. Alexandria estaba a punto de basarlo nuevamente cuando escucharon un carraspeo. Ella sonrió divertida mientras se alejaban para ver a su hermano, que llegaba comiendo una papas fritas. Aún con las manos saladas y migas en los labios, se las arregló para mostrarse intimidante y enojado. —Suficientes besos por el día —sentenció. —Necesitas una novia —declaró Hugo. —Ya no me agradas como cuñado —dijo Nathan. Alexa rió, ya que su gemelo hacía ese comentario tres veces por semana y al rato estaba charlando animadamente con Hugo. Como ahora—. ¿No es genial que Shatter siga en San Mungo? —Nuestra suplente es mucho mejor que ella en Transformaciones —dijo Alexa—. Es más paciente y no parece bolsas viejas andantes. —No deberían reírse de su accidente —los regañó Hugo, cuando los gemelos Rosier rieron. —A ti tampoco te agradaba. —Pero tampoco deseaba que se rompiera la pierna. Alexa se encogió de hombros y se balanceó al ritmo de la música, mientras su novio y hermano hablaban de otro tema: Quidditch. En un mes y medio tenían que jugar contra el equipo de Hufflepuff y solo tenían que ganar con 250 puntos para que Slytherin ganará la Copa de Quidditch. Por supuesto, si Gryffindor le ganaba a Ravenclaw con 350 puntos se llevaría la copa. Severus había insistido que él debía atrapar la snitch en el último momento, cuando ya tuvieran cien puntos a su favor y si podían, conseguir más, así no pasaría nada aunque Gryffindor ganará. —Me han aburrido —le dijo Alex a sus amigos, antes de marcharse hacia donde Lily estaba. Se había tomado un descanso, Alex vio a Scorpius charlar con Severus y Rose—. ¿Y esa cara? Lily lucía nerviosa, lo cual era raro de ver. —Es que... creo que Scorpius quiere acostarse conmigo —contestó rápidamente, tanto que también por la música, Alexandria tardó un momento en darse cuenta lo que le dijo. —¿Y? —preguntó sin entender. —Que soy virgen y Scorpius ha estado con varias —bufó, frotándose los brazos—. No sé cómo hacerlo. —Creí que lo habías hecho con Lorcan —repuso Alexa sinceramente. —A punto, pero no. Con Scorpius es diferente, realmente lo amo —dijo Lily nerviosamente. Alexa se encogió de hombros, sin saber qué decir. Ella había sido criada como lo había sido su madre: para ser una buena esposa para su futuro marido. Y entre esas cosas estaba permanecer virgen hasta después del matrimonio, incluso aunque sabía que sería Hugo con quien se casaría, aunque tuvieran trece años, no iba a hacerlo hasta su luna de miel. Sus padres y hermanos la matarían si se enteraran que había perdido algo tan preciado antes de comprometerse incluso. Pero Lily no seguía las antiguas tradiciones de los sangres pura, ella podría tener sexo antes del casamiento. Alexandria entendía sus razones para sentirse nerviosa, así que no dijo nada. —¿Ahora? —preguntó ella. —Más bien, ha dejado caer una indirecta que lo haríamos en nuestro aniversario —explicó. —Bueno, si quieres, hazlo. Si no, dile y seguro entenderá —contestó simplemente Alexandria. Lily asintió con seriedad y se acercó a la mesa para buscar un vaso y servirlo con whiskey de fuego; aseguraba que necesitaba algo más fuerte que una cerveza de mantequilla. Alexandria tuvo que contener la risa cuando su amiga hizo una mueca rara cuando el alcohol quemó su gargantas. Aun así, Lily parecía más relajada cuando terminó su trago. —¡Ven, vamos a bailar! Scorpius no podía escuchar lo que oía. Alice Longbottom había aparecido con un vestido ajustado y con medias de red y Severus no parecía interesado en absoluto. Rose creía que era a causa del alcohol, aunque Scorpius pensó que si su amigo estuviera borracho, iría a besar a su ex sin importar qué. Pero Severus ya llevaba bailando con cuanta chica se le ponía en frente y no le dedicaba ni una sola mirara a Alice. Eso sí, la pequeña Longbottom lo miraba cada vez que podía, aunque bajaba la cabeza cuando Severus se acercaba a otra chica. —¿Estará resentido? —le preguntó Rose por sobre el ruido de la música. —Ya ha pasado como tres meses. Debió olvidarlo, ¿no? —contestó Scorpius, aunque no estaba seguro. Después de todo, era la primera vez que su amigo se enamoraba. —Tal vez deberíamos amenazarlo —sugirió Rose—, decirle que si no baila con Alice, no le hablaremos por un mes. O algo así. —No creo que acepte. Y se enojará con nosotros. Rose se encogió de hombros. Los dos estaban parados en medio de la improvisada pista de baile, observando como Severus bailaba con una compañera de Rose, ella le estaba susurrando algo al oído y Severus se reía. De reojo Scorpius notó como Alice también los miraba, pero que corrió la cara cuando Ginger la llamó. Al menos su amigo ya no parecía odiar a todo el mundo, como había sucedido las primeras semanas que Alice cortó con él. Esos días si lo había soportado fue solo porque era su mejor amigo, si fuera otro, le hubiera dado una gran bofetada en toda la cara. Ahora solo actuaba con indiferencia cuando se hablaba de Alice. Rose suspiró y se dirigió hacia donde James se encontraba, para volver a bailar con él. Scorpius buscó a Lily con la mirara y la halló divirtiéndose con Alexa. Él decidió caminar hacia su amigo cuando la música paró y lo alejó de la chica con la que estaba cuando ésta intentó besarlo. Severus se despidió con la mano de ella mientras se alejaban, aunque luego se giró con el ceño fruncido hacia Scorpius. —¿Qué sucede? —protestó. —No me gusta como cuñada —dijo Scorpius seriamente—. Empezando por el hecho de que es castaña, habíamos acordado que tu primer hijo, mi ahijado que conste, sería rubio. —No comiences —respondió Severus molesto. —Cierto, no era el cabello rubio, nacería con tu cabello negro, pero con los ojos azules. Ya nos habíamos hecho una idea de cómo sería —siguió Scorpius, sin importarle que su amigo comenzará enfadarse. —¿Es que tú y Rose no pueden aceptar que ya no la quiero? —Si la música no hubiera estado tan alta, seguramente todos hubieran escuchado su grito—. Además, fue ella la que me terminó, no yo. —Soy tu mejor amigo, Severus —dijo Scorpius con amabilidad—. Tu hermano. Te conozco como la palma de la mano, como tú a mí. Si viviéramos en el mundo de los Cazadores de Sombras, seríamos Parabatai... Perdona, mucho tiempo con Rose —se excusó Scorpius, cuando Severus lo miró confundido y divertido—. Como tú sabías que me pasaba algo, yo también sé que te ocurre algo. No has dejado de amar a Alice y dudo que lo hagas. —Ella no me quiere —murmuró Severus, sin seguir negándolo. —Lo hace, pero como tú, idiota, parece pensar lo mismo: que eres tú él que no la quiere. Severus y Scorpius se apoyaron sobre la pared, buscando con la mirara a Alice Longbottom. Ella estaba con Ginger Macmillan y Kaya Finnigan, las tres bailando juntos; las dos últimas bailaban como profesionales, con las caderas moviéndose y los brazos por sobre la cabeza, mientras que Alice intentaba seguirla, aunque sus movimientos eran rígidos. No, definitivamente no era el tipo de Severus. Y aun así él estaba completamente enamorado de ella. —Necesito un trago de tequila —anunció Severus. Aunque luego lo pensó mejor y agregó—: O tal vez toda la botella. Scorpius lo siguió, suspirando. Bueno, si Severus pensaba emborracharse para olvidarse por un momento de Alice, Scorpius, como su mejor amigo, lo acompañaría para vigilar que no se mandará ninguna macana. ¿Para qué estaban los amigos, en cualquier caso?