← El libro de la Tercera Generación · de
El libro de la Tercera Generación — capítulo 72
El alcohol se acabó a las tres de la mañana. La mitad de los invitados se fueron, dándole felicidades arrastradas y abrazos efusivo a Severus, quien sonreía tontamente y asentía como si su vida dependiera de ello. El resto se acomodó en la Sala de los Menesteres, algunos sentados y varios acostados en el suelo, en un intento de que la borracheras se fuera. Severus estaba apoyado contra la pared, con un balde de agua entre sus piernas. Él aspiró con fuerza y bruscamente hundió su cabeza en el agua, se echó para atrás al segundo. Su cabeza comenzó a despejarse. Y ahí fue cuando pudo ver mejor al resto. De sus primos, Hugo y Louis no estaban, el primero no había bebido nada más que cerveza de mantequilla y el segundo le bastó con tres vasos de cerveza; Hugo se fue a la una de la mañana y Louis a las dos. Los amigos de su primo pequeño tampoco estaban, ni los compañeros de habitación de Severus. También se habían ido las amigas de Rose y Dominique. Deasy y Tom se habían ido a medianoche, cuando una Kaya, con el alcohol en las venas, los había llamado 'Hijo de puta' y 'zorra'. Los pequeños como Dakota Macmillan y Percy Wood se fueron a las once, antes de que todo el mundo comenzará a beber con desenfreno. En cuanto a los que quedaban, Lucy e Ian parecían ser los únicas que no se encontraban en un estado de ebriedad. Es más, conversaban sobre una prueba de Runas Antiguas que tendrían en una semana. Oh, sí, y Alice también, aunque Severus procuró no verla, pero le fue imposible: ella estaba sentada sobre unos almohadones con Ginger y Kaya, ambas medios borrachas, que habían pedido a la Sala de los Menesteres. Todos lo demás parecían completamente ebrios. Severus con esfuerzo pidió más baldes de agua a la Sala de los Menesteres y usando las varitas, envió los baldes a las personas que parecían a punto de desmayase. Se escucharon gritos y exclamaciones cuando el agua impactó contra sus caras, pero al menos ahora sí todo el mundo parecía consiente. Rose y Scorpius fueron unos de los últimas en dejar de maldecirlo. —Estoy aburrido —protestó Severus. —Ya no es tu cumpleaños —se quejó Rose—, ya no molestes. —¡Qué malos amigos! —No griten, joder —murmuró Fred, frotándose las sienes. Severus suspiró y se rascó la cabeza, mirando con aburrimiento hacia a todos. Con la mente despejada, ahora sus amigos se encontraban más despiertos, hablaban entre ellos y parecían estar esperando estar completamente sobrios antes de irse hacia sus dormitorios. Una parte de ellos, incluyéndolo, debían bajar siete pisos para ir a las Mazmorras de Slytherin o para llegar al pasillo que daba a las Cocinas y a la Sala Común de Hufflepuff. Nadie quería romperse el cuello por caer en las escaleras a causa de la ebriedad. Fue Daniel el que dio una idea. Mientras intentaban ponerse sobrios, él sugirió que podían jugar a algo como verdad y reto. La última vez que Severus jugó a ese juego era cuando era un niño y con sus primos, dejaron de hacerlo cuando James afirmó que era una estupidez. También, las preguntas y los retos que hacían eran muy infantiles: "¿Es verdad que tienes piojos?"o"Te reto a decirle a mi madre que la amas". —¿Verdad o reto? —preguntó Severus, alzando la ceja. —O solo la parte de la verdad —murmuró Daniel con los ojos cerrados. Estaba acostado en el suelo, con la cabeza apoyada en las piernas de su novia Erica—. Pero verdades humillantes e incómodas. Y para que todo el mundo diga la verdad, ahí que tomar Veritaserum. Severus estuvo a punto de negarse y pedir otra idea. Aunque cuando recapacitó las palabras de Daniel, le gustó lo que escuchó, y los demás también parecían interesados en jugar. Una parte de Severus dijo que mañana habría consecuencias, pero el aburrimiento era mayor que el lado razonable, así que aceptó jugar. —¿Y dónde sacaremos Veritaserum a las... —Annabeth miró su reloj de muñeca— tres y media de la mañana? —De mi habitación —murmuró Rose con la voz amortiguada. Estaba boca abajo y James había puesto su chaqueta de cuero sobre ella para que nadie le mirara el trasero, que, al estar ella media ebria, ignoraba que la falda se le había subido un poco—. Tengo una reserva en mi baúl. Se acordó que Ginger y Lucy irían a buscarla, ya que la primera dormía con Rose y la segunda estaba sobria para guiarla por los pasillos y evitar que se cayera. Severus con esfuerzo de paró como todos los demás lo hicieron, así podían pedir cómodos almohadones para sentarse mientras jugaban. Ian, que era el único en la habitación que no veía doble, contó cuántos eran. Estaban los primos Weasley-Potter: Severus, Rose, James, Fred, Dominique, Lily, Lucy y Roxanne. El tercer intrigante del Trío de Plata, Scorpius, y el otro Merodeador, Frank, y su hermana Alice, las amigas de ella, Ginger y Kaya. Las trillizas Boot y sus novios: Draco, Max y Lorcan, el hermano de éste último, Lysander. Y por último, Daniel, Annabeth y Erica. Y, claro, él, Ian. Eran veinticuatro personas. Para cuando el Trío de Plata terminó de pedir a la Sala de los Menesteres, Lucy y Ginger estaban de vuelta, con la poción del Veritaserum. Aparte de las bebidas alcohólicas, James y Fred habían traído jugo de calabaza, para los más pequeños como Dakota y Percy, y quedaba mucho. Esmeralda fue la que de encargó en mezclar el jugo de calabaza con el Veritaserum, mientras Rubí le alcanzaba los vasos rojos para servir el líquido, luego ellas y Zafiro repartieron los vasos entre los chicos. —Hasta el fondo —anunció Lorcan. Severus sonrió y tomó el jugo de calabaza completo, sintiéndose aliviado de tomar algo suave después de horas de estar bebiendo whiskey de fuego, cerveza, tequila y demás. Después, todo el mundo se sentó sobre los almohadones, que los habían puesto para que formarán un circo, excepto por Frank, que buscó una botella vacía. —Bien —dijo, sentándose entre Dominique y Fred. Puso la botella en el medio del círculo—. ¿Quién empieza? Rose se frotó los ojos soñolienta y miró a todos, que se mostraban ansiosos y divertidos cuando Frank hizo girar la botella de vidrio. Todo el mundo, incluida ella, aguantaron la respiración mientras la botella daba vueltas, poco a poco disminuyendo la velocidad, la persona que fuera apuntada por el pico tendría que contestar una pregunta de quien fuera seleccionado por el culo de la botella. —Daniel —murmuró Scorpius, con la vista fija en la botella—, todos los problemas que surjan por esto será por tu culpa. —Me hago responsable de lo que ocurra —contestó él, sonriendo burlón. Sin saber bien por qué, tal vez a causa del alcohol, Rose rió, siendo seguida por una buena parte de sus amigos. Quizá también la risa fue provocada por los nervios. Habían tomado Veritaserum, responderían con la verdad y solamente con la verdad. Rose sonrió con diversión mientras la botella iba deteniéndose. El pico señaló a Annabeth. El culo de la botella señaló a Lorcan. —Que comience el juego —anunció Fred, mirando hacia sus dos mejores amigos. —Bien, Zabini —dijo Lorcan, haciendo sonar los nudillos. Las comisuras de los labios de la chica se elevaron—. Te has acostado con muchos chicos, pero, ya sabes, en los libros esas cosas terminan saliéndose de control... —Al grano, Scamander —lo apuró Ian. —¿Alguna vez has sentido una especie de cariño que no tuviera que ver con la amistad con alguien que te hayas acostado? —preguntó finalmente. —¡Esto se puso bueno! —exclamó Draco, dándole un golpe al piso. A Rose se le escapó otra risita y miró a Annabeth. La morena había dejado de sonreír y le daba a Lorcan una mirara asesina, tanta era la intensidad que él con "disimulo" se escondió detrás de Rubí, haciendo que varios rieran. Annabeth echó para atrás su cabello negro y se cruzó de brazos. —Sí; no estuve enamorada, pero apunto de estarlo. ¡Aunque eso fue hace dos años! —agregó cuando todo el mundo la miró con la boca abierta. —Me has dejado sorprendido —dijo Daniel incrédulo—. Creía que seguías a flor de pie El amor no servía para nada. —Tú no hables —espetó Annabeth—, estoy enojada conmigo. —Y no será la única en esta noche —se burló James, mientras la Ravenclaw hacía girar la botella. Mientras todos reían y Daniel bufaba, la botella giró con tal velocidad que deberían pasar unos cuantos segundos antes de que se detuviera. Rose suspiró y apoyó la cabeza sobre el hombro de Scorpius, a quien tenía en la derecha; a la izquierda se encontraba Severus. Una vez que todo terminará y aprovechando que era domingo, dormiría hasta el medio día o tal vez más, incluso por ahí solo se levantaría para buscar algo para comer antes de volver a su habitación a dormir. Después de todo, Scorpius ya la había obligado a hacer todos sus deberes pendientes, a ella y a Severus. Cuando Rose salió de sus pensamientos, observó que la botella iba perdiendo fuerzas, los demás estaban exclamado para que no los tocará a ellos, porque Annabeth se veía con ganas de hacer pasar alguien más vergüenza. —Oh, maldición —murmuró Max. Annabeth le dio una sonrisa maliciosa, digna de una serpiente. A ella le hubiera ido muy bien en Slytherin. —Nunca te he hecho nada —dijo el rubio rápidamente. —Lo sé, así que seré compresiva —dijo ella—. Si fueras gay, ¿quién te atraería de acá? Esmeralda fue la primera en reír, mientras los muchachas que se encontraban en la Sala de los Menesteres se giraron hacia Max y lo miraron inmensamente. Era claro que, aunque la mayoría tuviera novias, querían saber si él los elegiría, después de todo solo querían elevar su ego. —¡Eso no fue muy compresivo! —protestó Max. Annabeth se encogió de hombros. —Es obvio que me exigirá a mí —dijo James con seriedad. Rose rió—. Solo mírenme, soy un adonis. —Tú no tienes ojos azules como yo —atacó Fred. —Yo tengo ojos azules y cabello rubio, supérenme —agregó Frank. —Cabello rubio y ojos grises, ¿qué mejor partido? —dijo Lorcan. —Concuerdo, pero yo soy más guapo —siguió Scorpius. —Yo no quiero participar en esto —declaró Lysander. Las chicas reían sin parar ante la discusión que los chicos tenían. Max se veía como si quisiera estar en otro lugar y Annabeth parecía complacida. Esmeralda, que quería saber más que nadie la respuesta de su novio, gritó para que todos se callaran y le dio un golpe a Max en la espalda para que hablará. —Si fuera gay... —comenzó vacilante—. Si lo fuera, creo que me sentiría atraído por... Daniel. —¡¿Qué?! —exclamó él, quien no había participado en la discusión. Rose rompió a reír con todos los demás, mientras Erica se encargaba de molestar a su novio con lo dicho por el joven y sonrojado Wood. Recién comenzaban el juego y se lo estaban pasando de lo más bien. Rose sonrió y miró como Max hacía girar la botella. El juego era fantástico. James se lo estaba pasando en grande. Estar rodeado de sus primos y amigos eran increíble, sobre todo cuando estaban algo tomados y jugaban a contestar preguntas humillantes y vergonzosas con la verdad. Ya iban dos turnos y todo el mundo se partía de risa, aunque a James no le cayó bien el que Max no lo hubiera elegido como su tipo. Miró ansiosamente la botella, rogando a Dumbledore que el pico de la botella no lo apuntará a él, y miró como giraba y giraba, creando la buena tensión entre sus amigos. Max era bueno, pero imaginaba que también intentaría dejar a alguien en ridículo como lo habían hecho con él. Finalmente, la botella paró. —Entonces, Lucy-lu —dijo Max, nombrado el apodo que le habían puesto a la pelirroja de niña. Ésta rodó los ojos—, no tienes novio, pero alguien debe gustarte. ¿Quién es? —Oh, sí, contesta —pidió Severus—. Así podríamos pegar a alguien. James asintió de acuerdo. Aunque el crush de Lucy ni siquiera sintiera nada por ella, él, su hermano y primos tenían todo el derecho de ir a golpear a ese idiota por hacer que su prima sienta algo por él. Era cuestión de proteger a Lucy, tío Perry se los agradecería. Pero Lucy rió. —Siento decepcionarlos, chicos, pero no, no me gusta nadie —confesó, encogiéndose de hombros. —Ahora —señaló Ian—. Tal vez pudo gustarte alguien antes. Lucy frunció el ceño y le dio una mala mirara a Ian, lo que confirmó lo que él dijo. Pero como no era el turno de ninguno de ellos para preguntarle algo de nuevo, tuvieron que resignarme a esperar que alguno de los primos Weasley-Potter les tocará hacerle una pregunta a Lucy. James dijo que incluso aunque su prima no sintiera nada por su antiguo enamoramiento, era su deber como primo golpear al imbécil. —Pregunta desperdiciada —suspiró Ginger. —Aquí voy —anunció Lucy, haciendo girar la botella. James se inclinó por sobre su hermano menor para poder hablarle a su novia, quien se agachó para escuchar lo que quería decirle. James deseó que no lo hiciera, el vestido que llevaba, aunque era ceñido, permitía ver su escote si ella se agachada y lo último que él quería era que una erección apareciera en sus pantalones con todo el mundo en la habitación. Intentó hacer caso omiso a los pechos de Rose, aunque le resultaba difícil. —¿Te vienes conmigo luego a mi habitación? —le susurró, aunque era claro que Severus y Scorpius escucharon, porque bufaron. —Me muero de sueño, Jimmy —respondió ella, con una sonrisa de disculpas. —Era para dormir juntos, no sé qué cosas pervertidas creerías que haríamos —contestó James, haciendo a Rose reír. Ella le sonrió y asintió. James volvió a sentarse. Cuando lo hizo, la botella volvía girar lentamente. Lucy sonrió victoriosa cuando la botella se detuvo frente a Rose, que hizo una mueca mientras se erguía en su almohadón. Tal vez Lucy fuera la más tranquila de la familia, pero no por eso dejaba de ser una Weasley, por lo que Rose no podría considerarse salva con lo que fuera que ella le preguntará. —¡Querida prima! —exclamó Lucy con deleite. —Solo acaba con esto —dijo Rose, haciendo rodar los ojos. James sonrió y miró atentamente a sus dos primas. —Todos acá saben que perdiste tu virginidad con James... —¿Lo hicieron? —exclamó Rubí, inclinándose sobre su asiento—. ¿Fue duro? ¿Brusco? ¡Pido detalles! —¡Yo no! —gritó Severus—. Gracias, Boot, eh, me has dejado un trauma. La Sala de los Menesteres se llenó de carcajada mientras Rubí le decía a Rose que más tarde quería saber los detalles de su vida social. Se acordó que más adelante todas las chicas tendrían una piyamada para hablar sobre chicos. —¿Puedo ir? —preguntó Draco. —No me interrumpan —protestó Lucy. Se giró hacia Rose—. Vale, perdiste la virginidad con James, pero eso no dice que no hiciste nada sexual con alguien. ¿Con quién fue que llegaste más lejos, aparte de tu novio? —Adoro este juego —murmuró Lorcan. Rose abrió la boca con indignación mientras se removía incómoda. James entendía ahora por qué el Sombrero Seleccionador estuvo a punto de mandar a Lucy a Slytherin y miró atentamente a su novia, esperando su respuesta. —Bueno —musitó Rose, mirando al techo—, unas semanas antes de salir con Zeke, me emborraché en la fiesta de cumpleaños de Draco y como que acabé en su habitación con Scorpius. —¡¿Qué?! —exclamó James. —¡Doble qué! —gritó Lily. —¡Triple qué! —dijo Draco, que parecía ser el más enojado—. ¡¿Tuvieron sexo en mi cama?! —Oh, por el amor a Merlín —suspiró Scorpius, mientras Severus reía. James pensó que tal vez el juego no era tan fantástico como pensaba al principio. Draco estaba muy indignado. ¡El cabrón de su primo había tenido sexo en su cama! ¿Qué le importaba que fuera con Rose Weasley? ¡A él le importaba que de habían acostado en su cama! ¡Su cama, por Merlín! Apenas amaneciera le enviaría una carta a su madre para pedirle que quemará sus sábanas... y almohadas y el mismo colchón, si era posible. Incluso consideraba la idea de mudarse de habitación. A ver si a Scorpius le divertía que fuera a su casa y tuviera sexo en la habitación con Zafiro. Oh, sexo con Zafiro. Draco le encantaría tener sexo con ella donde fuera, en la habitación de su primo o en cualquier lado. Desde hace tres semanas que no mantenían relaciones sexuales y Draco se estaba hartado de seguir en abstinencia, esperaba que... ¡No, no te distraigas!Lo que importaba ahora era que Scorpius había tenido sexo en su cama y debía pagar por ello. Aunque, se dijo al ver a su alrededor, parecía que no tendría que hacer nada, ya que James Potter se encontraba dispuesto a matar a Scorpius."Sí, James, hazlo. Mata a ese imbécil que ensució mi cama". —¿Puedes tranquilizarte? —le espetó Rose a James—. ¡Vamos, Potter, bien sabes que grite de dolor cuando entraste en mí! —Te hubieras ahorrado eso, Rose —protestó Fred. James si bien se había relajado, seguía dándole a Scorpius miraras asesinas. El pequeño Slytherin se escondían tanto de él como de Lily (que también le daba miraras de muerte) detrás de Severus, que parecía muy divertido con la situación y nada sorprendido, lo que hizo entender a Draco que ya lo sabía. —Mira, estábamos pasados de copas, terminamos en la habitación de Draco —empezó a explicar Rose. El menor de los Nott bufó— y nos besamos un poco y, sí, tal vez nos tocamos... —No ayudas —murmuró Scorpius tembloroso. —... pero no nos acostamos —continuó Rose como si no lo hubiera escuchado—. Por Merlín, que fue un año antes de que Scorp saliera con Lily y yo contigo, James. Por el bien de todos, sobre todo el de Scorpius, continuaron con el juego. Draco lo lamentó, había esperado que alguno de los hermanos Potter le diera un puñetazos a Scorpius, pero nadie lo hizo, aunque si las miraras matasen... A Draco no le importaba que su primo y su mejor amiga no lo hubieran hecho en su cama, pero sí habían tenido un momento de pasión sobre ella, lo que le seguía molestado. Rose hizo girar la botella y Draco se preguntó cuántas personas más se enojarían antes de acabar el juego y darle una patada a Daniel por provocar todo esto. La botella se detuvo frente a Lysander. —Vale, Lys —dijo Rose, dándose golpecitos en el mentón, de forma pensativa—, ¿qué puedo preguntarte?... Veamos, ¿cuántas veces te acostaste con Roxanne? Fred resopló y murmuró que si estaba enojada con James, no tenía por qué molestarse con él. Aunque, en realidad, era Roxanne la que parecía enojada y le lanzó una mala mirara a su prima. Draco pensó que era porque no quería que su hermano mayor goleará a su novio. Si Draco estuviera en el lugar de Lysander, seguramente temblaría y balbucearía, temiendo por su vida. Pero el gemelo Scamander parecía tranquilo. El chico sí que era raro. —Cero veces —contestó Lysander relajado. Bien, eso le hizo olvidar a Draco que Scorpius había profanado su cama. —¿Cuánto dura los efectos del Veritaserum? —le preguntó Kaya a Severus. —Deberías durar más tiempo. Por lo menos, cinco horas más. Hemos tomado mucho más de lo que es necesario —contestó, sin dejar de ver con incredulidad a Lysander. Roxanne rodó los ojos cuando Fred se puso de pie y le dio un fuerte abrazo a Lysander. Draco recordó que su padre le había dicho que el Veritaserum no era muy fiable porque quien supiera Oclumancia podría engañar fácilmente la poción. Lysander, como su gemelo, eran unos malditos sabios extraordinarios, apostaría todo su dinero en que los gemelos sabían Oclumancia. Y aun así, Lysander sonaba sincero. —¿De verdad nunca lo hicieron? —preguntó Lorcan. Draco se había criado juntos a Nathan y Alexa para saber que no todos los gemelos eran iguales, Lorcan y Lysander solo confirmaban más el hecho. —No —contestó Roxanne tajante—. ¿Podemos continuar con esto? —Van a matarte antes que termine el día —le susurró Draco a Daniel. —He tenido una buena idea —le respondió mientras se encogía de hombros. Kaya se los estaba pasando genial con sus nuevos amigos. Estaba tan feliz y divertida ante todo lo que sucedía que hasta se había olvidado de Tom y Deasy, claro que antes sintió remordimiento del papelón que había montado unas horas atrás. A primera hora se disculparía con los dos, quería pasar pagina y, además, Ginger había organizado una cita entre ella y uno de los compañeros de Severus y Scorpius, Simon Jordan. Por fortuna, hasta el momento la botella no la había tocado, ni por roce. Kaya ya imaginaba que le preguntaría algo con respecto a Tom y por haber bebido Veritaserum ella no se sentía muy segura, sobre todo al ver que nadie tenía problemas en dejar en ridículo a cualquiera de ahí, incluso a su propia familia, como ya había mostrado Lucy al hacerle tal pregunta a Rose. James aún lanzaba dagas por sus ojos a Scorpius. Kaya miró la botella girar y girar, dando vueltas entre todos ellos. Pasaron unos pocos turnos y los problemas habían empezado, pero todo el mundo, ella incluida, seguía algo borracho para parar por las buenas. Además, tal vez se olvidarán de todo mañana. —Esto acabará mal —silbó Ian con tranquilidad. —Las cosas ya están mal —rió Severus. La botella dio su último giró antes de quedar frente a Fred, que suspiró y miró a Lysander como si éste estuviera a punto de mandarle a matar a una bestia temible e invencible. Kaya dejó escapar una risita y miró atentamente al gemelo Scamander. —¿Annabeth o Selina? —preguntó. —¡Creí que eras el gemelo bueno! —exclamó Fred. Lorcan se echó a reír con fuerza. —Quiero escuchar eso —declaró Annabeth, inclinándose sobre su almohada. Kaya también se inclinó como una gran parte lo hizo, como los mejores amigos de Fred y los de Annabeth. Era claro que todo el mundo quería saber la respuesta. Lysander sonreía divertido mientras miraba a su cuñado. —Debes contestar, Freddy —canturreó Frank. —Púdrete —le espetó el pelirrojo. Él suspiró y miró hacia el suelo mientras contestaba. Kaya lo imaginaba con los ojos cerrados—. Elijo a Selina. —¿Es en serio? —exclamó Annabeth enojada. —Se armó una grande —murmuró Daniel. —Cariño, todo esto es tu culpa —se lamentó Erica—. Van a matarte. Kaya rió como otros lo hicieron, pero todo el mundo estaba pendiente de la discusión que tenían Fred y Annabeth. Ninguno de los dos parecía recordar que casi dos docenas de personas lo estaban mirando y, también por el alcohol, gritaban todas las palabras, aunque medio arrastrado, tanto que Kaya no llegó a entender todo lo que dijeron. —¡Muérete! —le chilló Annabeth a Fred. Ella se puso de pie y salió dignamente de la Sala de los Menesteres. —Puta madre —murmuró Fred, poniéndose de pie—. ¡Joder, Annabeth, espera! Él salió corriendo detrás de ella y todos se quedaron en silencio un largo rato, mirando desde donde antes estaban sentados Fred y Annabeth hasta la puerta por donde salieron. Kaya se removió incómoda en su asiento y se preguntó si era hora de irse a su habitación. Alice, que estaba a su lado, le dio una mirara en la que le decía claramente que tenía ganas de irse. —Creo que terminamos por hoy... —vaciló Zafiro. —Oh, vamos —dijo Severus, tomando la botella—. Juzguemos un rato más, aún es temprano. Kaya creía que faltaba minutos para que fueran las cuatro de la mañana, pero como nadie se levantó y parecían dispuestos a hacer lo que dijo el Príncipe de Slytherin, Kaya le susurró a Alice que se quedarían un rato más y luego ella la acompañaría a su Sala Común. Alice vaciló, pero asintió. —Empecemos de nuevo —señaló Severus—. El culo de la botella señala quien hace la pregunta y el pico a quién debe contestar. A todos les pareció bien, así que Severus puso la botella en medio del círculo deforme que formaban ahora que faltaban dos partes y las hizo girar. Kaya miró hipnotizada como la botella daba vueltas entre ellos, envolviéndolos en un aire tenso, ansioso y nervioso. Finalmente, la botella se detuvo. Era Alice Longbottom quien hacía la pregunta. Y Severus Potter el que tenía que contestar. La tensión en el aire se hizo más evidente. Kaya incluso aguantó la respiración. Mierda. Mierda. Mierda. Miró a todos los demás y ellos miraban de Alice a Severus como si de un juego de tenis se tratase. Era claro que ninguno quería perderse ni una sola palabra. Kaya notó que Alice mantenía la vista baja y por un momento se preguntó si se había quedado paralizada, pero luego se sentó rectamente y miró con un brillo de determinación a Severus. —¿Aún me amas?