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Amortentia — capítulo 10

El ejemplar de El Profeta que Hermione leía marcaba la fecha del 30 de Diciembre, ya faltaba nada para Año Nuevo y eso la hizo pensar en su familia y amigos. Esta fue de las pocas fiestas que había pasado sin ellos y eso la ponía un tanto nostálgica, se removió en su asiento algo incómoda por esa idea provocando que se despertase un rubio que dormitaba sobre su regazo.

-¿Pasa algo? - Preguntó Draco somnoliento.

-No, nada. Lo lamento. - Contestó ella apartando el diario para regalarle una cálida sonrisa.

Ahora que esos ojos grises la miraban con amor se replanteaba su idea original, había valido completamente la pena el perderse la gran cena con todos sus familiares extravagantes por haber compartido esa mágica temporada con Draco Malfoy.Todo era perfectamente hermoso, jamás había pensado que se enamoraría perdidamente de su "gran enemigo" y mucho menos que él también estuviera enamorado de…

"No… él no está enamorado de mí… ¡Solo está bajo los efectos de una estúpida poción! MALDICIÓN HEMIRONE, te has dejado llevar por completo ¿¡LO AMAS!? ¡¡¡¡NO!!!"


Eran como las 4 de la tarde del 31 de Diciembre y Draco estaba en la biblioteca acompañado de su adorada Gryffindor; mientras ella leía un pesado libro él solo tonteaba esperando que ella acabase pronto. La chica había estado muy extraña desde el día anterior, la veía triste y como si no quisiera estar con él, normalmente el nunca sería rogón pero simplemente no podía evitar el querer estar con ella cada minuto del día. Quería abrazarla, besar sus labios rosas, tomar sus suaves manos entre las suyas, aspirar superfume hasta enloquecer… ¡LA ADORABA! Incluso cuando estaba así, como distante y absorta en sus libros.

De pronto recordó la carta que su madre le había enviado esa misma mañana y que había olvidado contestar, ahora parecía un buen momento para hacerlo ya que a Hermione le faltaban por lo menos unas 100 hojas antes de terminar su lectura. Oh, pero no traía consigo pergamino o tinta ni pluma, echó un vistazo y visualizó al chaval Lestat que parecía hacer deberes pendientes. Se levantó de su asiento dirigiéndose hacia la otra serpientey comenzó a recolectar lo que necesitaba de su mesa como si fuera suyo.

-¡Hey! Necesito eso… - Empezó a protestar pero recibió como respuesta un manotazo fuerte sobre su frente que se la dejó roja.

-Shhh…estás en la biblioteca. - Siseó el rubio alejándose.

Al volver a su asiento se encontró con el ceño fruncido y la mirada inquisidora de Granger.

-¿Por qué has hecho eso? ¡Él tiene trabajo que hacer!

-Necesito escribir una carta y no traje conmigo lo necesario. - Contestó el sin mirarla y empezando a escribir.

-Humm… y supongo que es tan urgente que no podía esperar.

  • Así es, es para mi madre. Le escribo para decirle que no pienso salir del colegio hoy.

  • ¿Qué? ¿A dónde quería que fueras? - Preguntó llena de curiosidad.

-A pasar en la Mansión Malfoy el año nuevo, no quiero ir con ellos. Quiero estar contigo toda la noche. - Dijo mirándola fijamente y acariciando su mejilla.

Hermione cerró los ojos ante la caricia y recargó su rostro contra la mano de él disfrutando de su frío tacto. La llenó de alegría el que él deseara estar con ella más que cualquier otra cosa pero tenía bien presente que para esta misma noche los efectos del Amortentia comenzarían a llegar a su fin. Pensó que sería mejor que él estuviera en su casa, en compañía de su familia y lejos de ella para que este hermoso episodio pudiera ser olvidado.

Abrió los ojos llenos de tristeza y tomando la mano del rubio lo guio hacia afuera sin importar que sus pertenencias quedaran olvidadas sobre la mesa de la biblioteca. Cuando llegaron hasta un pasillo alejado Hermione se giró para mirarlo.

-Draco, quiero que vayas con tu familia.

-¿Cómo? ¿Por qué? ¿No quieres que pasemos el Año nuevo juntos?

-No. Draco… esto está mal, ¿ya olvidaste acaso qué fue lo que nos llevó hasta donde estamos ahora? Fueron los chocolates que te comiste por accidente, lo que has sentido por mítodo este tiempo en realidad no existe… -Las lágrimas de la castaña se agolpaban en sus ojos ansiosas por salir. - Ya va siendo tiempo que los efectos comiencen a flaquear.

-No…no no no no ¡no! Yo no quiero que terminen… ¡quiero estar contigo! - El ojigris estaba desesperado, había olvidado por completo todo lo que ella le decía, él deseaba sentirse así de feliz como había sido las últimas semanas, hacía muchísimo tiempo que no tenía motivos para levantarse todos los días y de repente ese par de ojos color caramelo lo impulsaban todas las mañanas.

-Por favor, Draco. Hazlo por mí…

-Tu no me quieres… eso es ¿verdad? ¡Te mueres por volver a tu vida de antes al lado del pobretón de Weasley!

-¡Cállate! ¡CÁLLATE! ¿Crees que te he mentido todo este tiempo? ¡No tienes ni la más mínima idea de lo que te he entregado! ¿Sabes cómo me voy a sentir en el momento en que tú vuelvas a odiarme? ¡¿Sabes cuánto voy a sufrir cuando en tus ojos solo pueda ver rencor y asco hacia mí mientras que yo siga adorándote?!- Estalló la castaña. Estaba roja por la furia y sobre sus mejillas corrían lágrimas descontroladas. Por Merlín ¡Lo quería! Pero no pudo soportar más ver el vacío en los ojos del rubio, estaba claro que lo había dejado sin palabras. ¡Vaya ironía! Antes hubiera sentido una enorme satisfacción al ganarle una batalla verbal al "Gran Draco Malfoy" pero ahora simplemente se sentía vacía, sin ganas de nada…

Dio media vuelta y echó a correr, sentía que si seguía mirando el semblante entristecido de Draco se desplomaría en el suelo de un momento a otro.

-¡Hermione!…Espera… por favor…


"Hoy a las 9:00 un carruaje mágico pasará a recogerme en los jardines del colegio. ¿Me permitirás decirte adiós?

Draco

La castaña se aferró fuertemente a la nota que había encontrado sobre su cama unas horas después de haber dejado al Slytherin solo en aquel pasillo, gruesas lágrimas le recorrían las ahora pálidas mejillas y le nublaban los ojos con un velo de tristeza. "Iré Draco, esta será la despedida de todo lo que vivimos…" Miró el reloj muggle que reposaba sobre su mesita de noche. 8:55. Tendría que correr para poder alcanzarlo.

Draco Malfoy arrugó en su mano la nota donde su padrino le daba el permiso para irse esa misma noche a su casa, su madre ansiosa por verlo le había enviado el carruaje caoba que mediante un hechizo no necesitaba de thestrals o criatura alguna que tirara de él, éste simplemente flotaba en el aire. Impaciente miró hacia el cielo adivinando por la posición de la luna que ya era hora de que abordara, quizá ella no vendría… Giró la cabeza hacia los lados escrutando las salidas del castillo y esperando que por alguna de ellas apareciera una melena castaña agitándose por el aire. Pero nada. Pateó con furia una esquina del carruaje y lanzó un grito de frustración al cielo estrellado.

Como si adivinara la hora, el carruaje comenzó a elevarse un poco avisando que su pasajero debía abordar inmediatamente. Malfoy se dio cuenta de ello, giró una vez más su mirada esperanzada sobre su hombro para encontrarse con la odiosa quietud de la noche que rodeaba los pasillos. Nada de la chica de sus sueños. Suspiró intentando sacar toda su tristeza en un exhalo e inmediatamente recuperando su postura Malfoyse introdujo en su transporte.

Ya sentado en el cómodo sillón cerró los ojos para evocar una última vez aquellos ojos caramelo y esa nariz salpicada de casi imperceptibles pecas pero sus pensamientos se vieron interrumpidos abruptamente por unos golpes que aporreaban la portezuela por la que acababa de ingresar. Asomó sus ojos grises por la ventanilla para averiguar de qué se trataba y los colores regresaron a su cara cuando se topó con una Hermione que agitada corría tras el vehículo.

Se levantó para abrir la portezuela sin importarle que ya iba en movimiento y que se elevaría por completo de un momento a otro.

-¡DRACO! ¡Vine a decirte adiós! - Gritaba ella estirando su mano hacia él.

-¡HERMIONE! -También estiró su mano para apenas tocar la de ella e hizo ademán de querer lanzarse desde el carro en movimiento. -¡Espera! ¡Iré!

-¡No, Draco! ¡Está bien! - los pasos de la chica comenzaban a perder intensidad conforme su amor iba elevándose del suelo. - ¡Gracias por todo!

-¡TE AMO, HERMIONE! -Fue lo último que él alcanzó a gritar a todo pulmón antes de perderse decisivamente entre la oscuridad del cielo nocturno.

-Y yo a ti…-Susurró como contestación dejándose caer en la fría nieve para abandonarse al llanto.