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Amortentia — capítulo 14
Con esta ya se contaban dos semanas desde que Hermione se encargaba de suministrar a los Slytherin con todos los frasquitos de paliativo que la lechuza de Ginny podía cargar. Los gemelos se habían mostrado muy contentos con el interés de su hermana por el negocio, el tener a una infiltrada en Hogwarts mejoraba enormemente sus ganancias.
Todas las tardes después de la cena Hermione iba a las mazmorras a encontrarse ya no con Malfoy sino con dos niños de primero, algunas veces era el que le había ayudadola primera vez y otras era uno llamado Lestat. Al parecer, los nuevos subordinados de la pandilla de Malfoy.
La chica ya se había cansado de preguntarse por lo que había pasado aquella noche en la que estaba haciendo su ronda. Estaba bien, no tenía por qué atormentarse con dudas y suposiciones, así que no lo haría más. Si él estaba como si no hubiera sucedido nada, ella también entonces, solo que en su cabeza todo se complicaba porque sí que había sucedido algo.
Los días transcurrían sin novedad alguna a excepción de un notorio pleito entre el rubio y su par de gorilas que ya no iban juntos por mucho tiempo. Pero nada más. Por otra parte, no había tenido otro vergonzoso episodio con Zabini, hasta esa mañana en la lechucería…
Hermione y Ginny se encontraban recibiendo de Flig (la lechuza de los gemelos) el nuevo cargamento de paliativos que habían encargado. Hermione ataba a la pata de la lechuza el costalito con galeones que le habían dado los Slytherin mientras Ginny le daba unas golosinas en el pico. Estaban despidiendo a la lechuza cuando unos trotes acelerados provocaron la echada en vuelo de las otras aves que retozaban en las escaleras.
-¡Hermione! Amor mío aquí estás…- Exclamó Blaise Zabini con el poco aliento que le quedaba de venir corriendo desde Merlín sabe dónde. Con un par de grandes zancadas alcanzó a la castaña apresándola entre sus brazos.
-Z…Zabini ¡suéltame!
-Dime Blaise querida, por favor. Quiero escuchar mi nombre saliendo de tus dulces labios. - Ginny sacó rápidamente uno de los frascos amarillos y jaló del hombro del chico.
-¡Zabini suéltala ya! Debes beber esto…
-¡No me toques pecosa! No tengo por qué escuchar a una inmundicia de nuestra estirpe.
-¿Oh de verdad Zabini? ¿Y yo qué soy?
-¡Oh mi amor! ¡Perdóname! Tú eres tan distinta, te amo tanto que no me importa tu estatus de sangre y mataré a cualquiera que te infame…
Poniendo los ojos en blanco Hermione estiró su mano y alcanzó el frasco de la mano de su amiga.
-Blaise, ¿Tomarías un poco de éste jugo que preparé especialmente para ti? - Le preguntó pestañeando exageradamente.
-¿Para mí? Oh dulce amor, por supuesto que sí. - contestó el moreno soltándola y admirando el contenido que le ofrecía la castaña.
-Hermione, espera, deberías preguntarle si aún quedan chocolates con Amortentia. - Le susurró Ginny.
-Oh, claro. ¡Espera Zabini! Digo, Blaise… - Lo detuvo justo antes de que el chico llevara la sustancia hacia sus labios. - De pura casualidad, ¿no viste una caja de chocolates en tu habitación?
- Vincent y Greg se la pasan llevando comida al dormitorio…
-No, pero una que tuviera Draco Malfoy.
-Mmm… - Parecía que de verdad se esforzaba por hacer memoria. - Oh si, le robé algunos hace unas semanas. Estaban dentro de su baúl cuando buscaba su libro de Aritmancia que me prestaría. - Concluyó con una risita.
- ¿Y te comiste todos? ¿O sobraron? ¿Los volviste a dejar en su lugar? - Preguntó ávida Hermione mientras Ginny seguía la conversación con mirada ansiosa.
-Creo que…Espera, ¡¿Te gusta Malfoy?! ¡Tú se los regalaste! - Exclamó el interrogado con casi lágrimas en los ojos. - ¡¿Por qué Hermione?! ¡YO TE AMO!
-¡No! No, no, no, yo…no los mandé, eran…eran para ti, si, te los mandé a ti pero…
-Pero Malfoy los tomó por equivocación. - Terció Ginny. - Y Hermione estaba preocupada porque no te habían llegado…
-Am…si, es cierto. ¡Qué bueno que los encontraste!
-¡Oh mi amada! - Exhaló Zabini aliviado y con ademán de volverse a lanzar hacia Hermione.
-P-pero los comiste todos ¿verdad? - Indagó Hermione dando un paso atrás.
-Mmmm…no, mi dulzura, perdóname pero en ese momento entraron Vincent y Greg y no quería que ellos se los intentaran comer todos. En fin, volveré por ellos… pero entonces, si tú también me amas podemos salir juntos ¿verdad? - Razonó el slytherin tomando de la mano de la castaña.
-Claaaaro, p-pero antes tómate el jugo que te preparé… - Lo apuró Hermione mientras jalaba hacia la salida a su amiga.
-Brindo por nuestro floreciente amor… - Y se bebió todo.
-¡Demonios! Entonces aún quedan más chocolates… - Gritó Hermione mientras corrían escaleras abajo. Habían abandonado la lechucería antes de que Zabini volviera en sí y las comenzara a insultar.
-¡Imagínate si Crabbe o Goyle comieran uno! - Exclamó la pelirroja entre risas.
-¡No es gracioso Ginny!
Continuaron corriendo un tramo de pasillos hasta llegar a uno descubierto por el que rara vez pasaban estudiantes. Hermione se detuvo abrazada a una columna intentando recuperar el aliento, su amiga se recargó en otra mientras respiraba pesadamente y veía hacia el paisaje que se extendía ante sus ojos.
-Debemos irrumpir en la Sala común de Slytherin masculló Hermione con la vista fija en las baldosas del suelo.
-¡¿Qué?! ¿Te has vuelto loca?
-Es la única manera de evitar que alguien más coma de esos chocolates…
-Ajá si, ¿y cómo pretendes que lo hagamos? - Preguntó Ginny poniendo las manos en jarras al puro estilo de Molly Weasley.
-Esta noche, cuando yo entregue los paquetes en las mazmorras tú te cuelas dentro cuando salga quien los va a recibir. - Contestó Hermione con la mirada perdida ocupada en maquinar mentalmente su plan.
-¡No! ¡No lo haré!
-Oh, sí que lo harás.
-
¿Pero por qué yo?
-
¡Porque para empezar esto nunca hubiera pasado si no me hubieras convencido de hacer la estúpida poción!
-Pero…pues… ¡Ah!
-
Acabó exclamando la pelirroja mientras se recargaba pesadamente contra el muro. - Pero tendrá que ser el siguiente lunes…
-
¿Qué? No, no puede esperar una semana, podrían encontrar los chocolates en cualquier momento…
-Pues lo siento pero tengo detención con Flitwick.
- ¿Qué? ¿Y por qué?
-Le quemé las cejas a Astoria Greengrass durante la clase. - Recordó Ginny soltando una risa. Hermione también rio imaginándose a la chica lloriqueando por sus cejas perdidas.
-Bien…tendré que entrar yo pero necesito un chivo expiatorio, alguien que entregue las pociones por mí mientras yo me escabullo.
-Alguien de confianza pero que no haga preguntas…
-¡Hola Luna! - Exclamaron alegremente las dos leonas mientras se sentaban a ambos lados de la rubia en el Gran comedor. Estaba sola como siempre, haciendo un monte de su puré de papa que destrozaba y volvía a formar con el tenedor mientras ojeaba perezosamente un ejemplar del Quisquilloso.
-Hola. - Les devolvió el saludo con ojos soñadores.
-Luna, necesito tu ayuda ¿Crees que podrías hacerun mandado por mí? -Preguntó Hermione arrugando entre sus dedos una esquina de la revista, estaba muy nerviosa por la posible negativa de la ravenclaw, después de todo, siempre le criticaba sus inventos de criaturas maravillosas amparándose bajo los escritos científicos que satanizaban esas teorías tachándolas como invenciones de mentes trastornadas o busca fortunas.
-Claro. - Respondió tranquilamente sosteniendo la mano de la castaña. - Disculpa, es que es edición limitada.
-Oh, perdóname.
- Murmuró avergonzada la castaña soltándose del agarre.
-Descuida, no es tu culpa, yo también estaría así si tuviera una familia de Wrackspurts viviendo en mi cabello. - Dijo sonriendo y viendo fijamente los rizos de la gryffindor.
-Bien… - Intervino Ginny al ver la turbación en la cara de su amiga. - Solo es entregar esta bolsa en las mazmorras de Slytherin exactamente después de la cena, un chico estará esperándote para recibirlas.
- ¿Podrás? Entendemos si no quisieras… - Comentó Hermione nerviosa.
-Puedo hacerlo. Me queda de paso por mi caminata nocturna. - Tomó de las manos de la pelirroja la bolsita de tela y se la puso sobre el regazo sonriéndoles.
-¡Oh muchísimas gracias Luna! - Soltó Hermione abrazando a la rubia. Tras liberar a la Ravenclaw de su agarre, las dos chicas se levantaron despidiéndose de la extraña chica quien les contestó sonriendo y agitando su mano antes de continuar con la construcción de su monte de puré.
Antes de irse a su castigo, Ginny había logrado escabullirse a la habitación de los chicos sacando del baúl de Harry la capa de invisibilidad. Se la pasó discretamente a Hermione durante la cena deseándole suerte y después se fue rumbo al tercer piso no sin antes echar una mirada burlona a Astoria Greengrass que tapaba con una mano su frente sin cejas.
Hermione se mantuvo atenta a la mesa de Ravenclaw hasta que vio a Luna Lovegood levantarse con el bolsito colgando de su brazo derecho y dando saltitos hacia la gran puerta del comedor. Esperó unos instantes y se despidió de los chicos tan rápidamente que no lograron hacer preguntas. Siguió a la larga cabellera rubia que se agitaba por los pasillos y ya hasta que estaba cerca de las mazmorras se cubrió con la capa.
Aceleró el paso a ver a lo lejos cómo Luna se topaba con Evan y le daba el costalito al mismo tiempo que explicaba que su amiga había estado indispuesta y por eso ella tomaba su lugar. Sin hacer más preguntas, el niño acunó el producto entre sus brazos como si de un delicado bebé se tratara. Se despidió de la rubia con un suave "gracias" y dio media vuelta.
-Ambición. - Susurró el niño de cabellos negros; los tabiques reaccionaron a su clave removiéndose para darle paso. Hermione se movió rápidamente para poder entrar junto con él. Curioso, podría jurar que al pasar al lado de Luna ésta le había guiñado un ojo.
Dejó de lado ese pensamiento cuando el muro se volvió a sellar tras ella. Caminó lo más cerca que pudo de Evan, tratando de no rozar a ninguno de los otros slytherin que se encontraban reunidos frente a su chimenea, sin embargo no podía evitar el distraerse admirando la elegancia de la Sala. Grandes ventanales surcaban la doble altura de techo a suelo mostrando las profundidades del Lago negro; la enorme chimenea acogía un reconfortante fuego que era custodiado por dos grandes serpientes de piedra; alrededor del hogar se encontraban distribuidos divanes tapizados de piel en negro con cojines en colores verde y plata; un poco más alejadas, había pesadas mesas de roble con motivos sierpes tallados en sus patas; finalmente, decorando los muros colgaban tapices bordados algunos con escenas bélicas y otros con el escudo de la casa. A pesar del fuego y la concurrencia de alumnos, se sentía un poco de frío.
Evan caminó directamente hacía otro pasadizo que daba a un pasillo iluminado por lámparas verdosas y con distintas puertas de madera tallada, se paró frente a una y tocó dos veces, se escuchó una voz dándole permiso para entrar. Empuñando la manija con una esmeralda incrustada empujó la puerta de apariencia pesada descubriendo otra sala con cuatro camas adoseladas con cortinajes verdes y de seda, el gran ventanal igual a los de la Sala común separaba una de las camas de las otras tres. Sentado sobre un baúl estaba Draco Malfoy con la corbata floja y las mangas de la camisa arremangadas, sentado en el suelo Blaise Zabini abrazaba una almohada mirándola tontamente, recargados sobre un muro Vincent Crabbe y Gregory Goyle miraban amenazantes al recién llegado.
-Aquí están Malfoy… - dijo tímidamente el niño extendiéndole al rubio el costalito, éste se lo arrebato y procedió a deshacer el nudo que lo ataba.
-Ya lárgate- gruñó Crabbe.
Evan salió tan apresurado que a Hermione casi no le da tiempo de quitarse, un poco más y lo hubieran visto estrellarse contra la nada. La chica se acomodó en un rincón donde pensó no estorbar a la espera de que el grupo abandonase el dormitorio.
Pacientemente vio como Malfoy le empinaba la sustancia a Zabini y cómo éste volvía a ser el de siempre. Comentaron unas cuantas cosas acerca de pociones y un trabajo que tenían que entregar en parejas, salieron discutiendo sobre quién iba a estar en el equipo de Draco a sabiendas de que éste era el mejor de la clase "claro después de mí", pensó orgullosa la castaña.
Con el dormitorio al fin solo, la castaña se deshizo de la capa lanzándola a una de las camas. Abrió el baúl más próximo y se encontró con una gran cantidad de dulces y sus envolturas, removió un poco las golosinas encontrando un recorte de revista pegado a una varita de regaliz, en la imagen se veía a Rita Skeeter dando una vuelta sobre sí misma para terminar lanzando un beso a la cámara. Hizo un gran esfuerzo por reprimir una carcajada con el descubrimiento de que Crabbe o Goyle (porque obviamente era el baúl de alguno de esos dos glotones) estaba enamorado de la chismosa reportera. Lo cerró y dio un vistazo por la habitación.
¿Cómo no se había fijado antes? Era obvio cual era la cama de Draco Malfoy, obviamente el Rey de las serpientes tenía su cama un tanto a parte de las de sus vasallos, las pertenencias en el buró estaban cuidadosamente ordenadas a diferencia de las del resto y por último, el baúl que descansaba a los pies de la cama parecía el más fino y caro del grupo. Se acercó decidida y lo abrió.
El contenido estaba cuidadosamente ordenado, en el guardaba algunos libros traídos seguramente de su biblioteca personal, unos banderines de los Falmouth Falcons junto con cromos de sus integrantes en pleno vuelo, tinteros, plumas, paquetes de pergaminos nuevos,
entre otras cosas. Después de remover un poco, la castaña al fin encontró el paquete de chocolates.
-¡Si! - Susurró victoriosa mientras sacaba de entre todas las cosas la caja pero por accidente se llevó consigo la punta de una tela que hacía de envoltorio. Se quedó de piedra viendo caer al suelo aquellos guantes de quidditch que ella le había regalado esa navidad y que habían estado cuidadosamente embalados.
-¡¿Qué demonios haces aquí?!
No había escuchado los pasos acercarse por el pasillo ni mucho menos como la puerta se abría lentamente, la gryffindor reaccionó hasta que una figura alta lamiraba acusadoramente desde la entrada al dormitorio.
-Ma…Malfoy… - Balbuceó asustada.