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Amortentia — capítulo 2

La silenciosa quietud del castillo era interrumpida por unos trotes apresurados recorriendo los pasillos; tres chicas Gryffindor corrían apresuradamente por distintas direcciones en busca del prefecto rubio a sabiendas de que le tocaba la ronda nocturna.

Al girar en una esquina, Ginny Weasley se topó de frente con unos ojos grises y gélidos que la miraban con un gesto de superioridad.

-Vaya, vaya, una asquerosa traidora a la sangre deambulando fuera de su torre a las altas horas de la noche, eso amerita 50 puntos menos para Gryffindor.

-¡¿Qué?! ¡50 puntos! Eso no es justo maldito hurón estúpi… - La pelirroja detuvo su reclamo al recordar lo que la había llevado hasta ahí. - Malfoy, debo hablar contigo.

-¿Y yo por qué querría escuchar algo de alguien como tú? - Respondió Malfoy con desprecio en su voz.

-Es importante, no creas que me hace muy feliz ver tu cara de idiota.

"¡Contrólate Ginevra! Así no llegarás a nada con éste"

-Piérdete Weasley, antes de que le quite más puntos a tu Casa.

-¿Le confiscaste unas cajas con chocolates a una niña de primero?

-¿Para qué quieres saber? ¿Eran tuyos?- dijo burlonamente con una voz infantil.

-Míos y de Hermione, así que entrégalos intactos

Y ahí Draco Malfoy vio una nueva oportunidad regalada por esa "zanahoria" de fastidiar a la insoportable *sangre sucia.*Normalmente no tendría por qué dar explicaciones a alguien tan inferior pero si el hecho de que se hubiera zampado toda una caja completa molestaba a ese par, entonces les diría la verdad.

-Lo siento comadreja, me los he comido todos. Aunque de saber que ustedes los habían tocado habría vomitado inmediatamente.

-O desmayado ¿no? - Ginny no se iba a dejar vencer por el príncipe de las serpientes, así que aprovechó para recordarle el episodio vergonzoso del que él había sido protagonista en el Gran Comedor.

El chico rubio la miro con sus ojos álgidos y poniendo una mueca de desprecio total sacó apresuradamente su varita de la capa para apuntar con ella a la ahora asustada chica.

-Malfoy…espera…- Con las prisas, Ginny había olvidado su varita sobre la mesita de noche y ahora estaba completamente desprotegida. - Si te comiste esos chocolates… -Dijo calmadamente alzando las manos en gesto de rendición - posiblemente acabarasenamorándote de Hermione.

-¡¿QUÉ DEMONIOS ESTÁS DICIENDO AHORA?!

-Esos chocolates tenían Amortentia

-Ese filtro está prohibido…

-¡Ya sé, ya sé! Los íbamos a tirar pero ahora te los has comido todos, entonces…

-Sólo me comí los de una caja, no todos.

Un rayo de esperanza brilló en los ojos de la chica al escuchar eso.

-¿De cuál caja?

-¡¿Y yo qué voy a saber?! ¡Era roja creo! - Gritó un Draco enrojecido por la furia y tratando de identificar si era verdad lo que esa Weasley decía o si solo intentaba burlarse de él.

"Oh Merlín… ¿por qué nos odias?" La esperanza se había desvanecido, tenía que avisarle rápido a Hermione para que se preparara a lo que enfrentaría los próximos días que fuera a durar el efecto de la poción. Y poniendo una cara lastimera la chica giró sobre sus talones para correr de nuevo a su torre.

Draco reaccionó hasta que la cabellera pelirroja se agitaba ahora muy lejos de él.

-¡¡¡WEASLEY!!! ¡REGRESA, MALDITA SEA!

¿Qué se suponía que hiciera ahora? ¡Esas tontas lo habían embrujado! Y con lo peor que podría ser… enamorándose de Granger. La simple idea le repugnaba. ¿Por qué no mejor le lanzaban un cruciatus?


Malfoy caminaba a pasos apresurados hacia las mazmorras hirviendo de furia y con los ojos inyectados en sangre; subió apresuradamente hasta su habitación y bajó las cortinas color esmeralda de su cama adocelada. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? Buscar a Snape para que revierta la poción de alguna manera parece lo más sensato. Claro, eso haría justo ahora…mejor mañana a primera hora, sus ojos claros se sentían cansados y los párpados comenzaban a cerrársele, así que decidió entregarse a un sueño profundo. Sin embargo, al quedar en completa oscuridad lo único que se distinguía entre las sombras de sus sueños era una chica de cabello enmarañado y castaño que le sonreía dulcemente.


Ahora ya reunidas y tras haber enviado a una llorosa Isela a la cama, Hermione y Ginny barajeaban sus posibilidades ante la tempestad que se aproximaba a ellas. En especial a Hermione.

-¿Y si te vas en lo que terminan los efectos?

-Oh si Ginny, por supuesto. Me iré todo un mes del colegio, al fin que no me importan nada mis calificaciones.

  • Contestó sarcástica la castaña.

-Bueno, bueno, no te molestes así, al fin y al cabo solo sería una semana, ya vienen las vacaciones de navidad… - la pelirroja tuvo que dejar ahí su argumento al ver que su amiga la miraba con gesto de "ni se te ocurra seguir con eso" - ¿Estás segura de que la caja roja era la que preparaste? ¿Y si en realidad comió de la otra?

-Lo recuerdo perfectamente, elegí esa porque me gustó el tono. Además, ese desmayo que tuvo a la hora de la cena…debe ser el inicio de los efectos, lo dice en la receta. Posibles desmayos, apariencia pálida, ¡Todo encaja!

Ambas guardaron un luctuoso silencio ya cansadas de tanto pensar en soluciones lo menos perjudiciales para ellas. Buscar ayuda de algún profesor estaba absolutamente descartado, las consecuencias podrían ser malas, malas, malas.

-Pues supongo que no hay más que pensar Mione…tendrás que aguantar a un Malfoy enamorado.- Suspiró Ginny mientras se levantaba de la cama de su amiga para dirigirse a su habitación, pero antes de salir por la puerta se giró hacia ella nuevamente y le dijo casi en un susurro para evitar que las compañeras de cuarto de Hermione la escucharan. - Disfrútalo- guiñó un ojo y salió rápidamente.

¡¿Disfrutarlo?! ¡Si cómo no! Iba a disfrutar mucho el enamoramiento de su peor enemigo, de aquel que siempre la humillo a ella y a sus amigos, de ese niñato consentido y malcriado, descendiente de generaciones y generaciones de mortífagos, albino voluble y creído con sus endemoniados ojos grises que miran a todas partes con altanería y por encima del hombro como si fuera el rey del mundo, con esecaminar lleno de superioridad y gestos tan estúpidamente aristocráticos en todas las idioteces que hace. ¡Claro! Prácticamente fue criado en la realeza, por supuesto que hasta transpira elegancia…

Justo ahí Hermione detuvo sus pensamientos "¡Maldición Hermione! ¿En serio has observado tanto a ese engreído? De acuerdo, no es feo; es más, tiene cierto atractivo y, como siempre dice Lavender, ¿a qué chica no le gustaría salir con un "príncipe"? … ¡¿OTRA VEZ?!"

Y molesta por sus propias ideas se enredó en las sábanas tratando de asfixiar contra la almohada aquella visión de unos penetrantes ojos del color del acero que la miraban fijamente, hurgando hasta lo más hondo de su alma.