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Amortentia — capítulo 3
Ron comía a más no poder mientras que Ginny lo regañaba por sus escasos modales en la mesa, Hermione solo hacía un esfuerzo sobrehumano para poner toda su atención en la conversación que estaba teniendo con Harry (¿conversación? No, no era eso, más bien era Harry hablando solo). Consciente de que alguien la miraba fijamente dos mesas más allá trataba de mantener sus ojos clavados en los de su amigo fingiendo no tener ni idea de la cabeza rubia que se asomaba por entre los estudiantes para no perder el contacto visual de su objetivo.
"Demonios…ya está haciendo efecto el filtro, y la siguiente hora es doble clase de Pociones con los Slytherin. Debo apresurarme para no toparme con él en la entrada al salón, Harry y Ron deben estar siempre conmigo, se terminaron las horas libres en la biblioteca a solas, no debo darle la oportunidad de que me aborde. Pero, si está bajo los efectos de un filtro de amor no creo que le importe mucho el arrojarse a mí aún en frente de otras personas; quienes están bajo esos efectos no miden consecuencias ni nada por el estilo…"
-…entonces pienso declarármele a Neville esta misma tarde con un gran ramo de rosas ¿Crees que le gusten más rojas o blancas?
-Roja… -"La caja que se comió… ¡estúpido Malfoy!" - Espera… ¡¿Qué?!
-Sabía que no me estabas escuchando - Dijo el moreno haciéndose el ofendido
-Lo siento Harry, esta mañana estoy algo ausente
-¡Lo notamos! No nos has regañado todavía por no haber terminado los deberes de pociones- Intervino Ron haciendo una mueca de dolor.
-¡¿No los hicieron?! ¿Y qué le dirán a Snape entonces?
-De hecho eso estaba diciéndote Hermione, no entraremos a la clase y luego diremos que comimos pastillas vomitivas por accidente. Mejor que nos quiten 20 puntos por faltar que 50 a cada uno por no entregar sus deberes.
-No, no, no, no, no, ¡por favor asistan! Es más, pásenme dos pergaminos, seguro termino sus trabajos antes de que sea la hora ¿Cuánto falta?
-Amm… 5 minutos
-¡5 minutos! Ah… si, si, no importa ¡Hasta sobra tiempo!
-Herms, basta-Dijo Ron sujetándole la muñeca- ¿Por qué te urge tanto que no faltemos? En otras ocasiones nos regañarías por irresponsables y luego te irías tu sola con la nariz en alto.
-Yo…yo...
Afortunadamente para Hermione quien ya no tuvo que dar razones de su nerviosismo, todos los estudiantes comenzaron a levantarse para dirigirse hacia sus respectivas clases provocando un gran alboroto; así, la chica logró zafarse sonriendo y perdiéndose en la multitud.
Draco Malfoy se miró al espejo atentamente esa mañana después de despertar para fijarse bien en si tenía algún cambio visible provocado por el estúpido filtro en su rostro de porcelana. Al parecer no, seguía todo igual. ¿O no? Toda la noche había soñado con la sangre sucia, escenarios en donde ella le sonreía y le tomaba de la mano por los pasillos con todo Hogwarts mirándolos y ese Potty hirviendo de furia junto con el pobretón. Y él, Draco Malfoy, sentía una inmensa felicidad… ¡Qué ridiculez! Jamás en su sano juicio el haría ni sentiría tales cosas pero, oh sorpresa, bajo efectos de una poción de amor nadie estaba en su sano juicio.
No conocía a ciencia cierta cómo se sentiría mientras ese brebaje permaneciera en su organismo (no había puesto atención en esa clase por considerarla una tontería), "*intenso encaprichamiento…poderoso enamoramiento"*O algo así. Él nunca había sentido nada parecido, claro, aceptaba que de niño siempre hacía caprichos por cosas pero ¿por alguien? Estaba acostumbrado a que solo con poner su "cara seductora" por lo menos más de la mitad de chicas en una habitación caían a sus pies y desde más o menos 4to año había mantenido una "relación" con Pansy Parkinson pero todo a petición de sus padres, él no sentía nada por nadie, nada que no fuera solo atracción por alguien del sexo opuesto. Pansy era bastante guapa con su figura delgada y sus grandes ojos negros pero la mayoría de las veces tan exasperante que no soportaba estar mucho tiempo a su lado, era el tipo de chica que se cegaba por "amor" y dejaba de lado lo astuta que podía ser en realidad; le hastiaba el hecho de que quizá en algún futuro tendría que pasar el resto de su vida con ella. Pero por otro lado, en la última cena de Navidad, sus padres le habían dicho que para el año siguiente invitarían a los Greengrass junto con sus dos hijas: Daphne, que iba en su año yAstoria de un grado menor. Para su sorpresa no quisieron invitar a los Parkinson ¿Le habrían querido decir algo sus padres con eso? ¿Ahora el mejor partido eran las chicas Greengrass? Él sabía que Daphne estaba enamorada de él desde 1er año pero no le gustaba su actitud de "chica ruda", en cambio su hermana menor, Astoria, era bastante guapa. Tal vez algún día podrían pasar un buen rato juntos pero de pensar cómo reaccionaría Daphne al saber que había estado divirtiéndose con su hermanita prefería no hacerlo.
Sumido en sus pensamientos, Draco no se dio cuenta de que ya había llegado al Gran Comedor hasta que Theodore Nott le dio un golpe amistoso en el hombro.
-Vamos, Draco ¿o te piensas quedar ahí todo el día?
-Cierra la boca, ya voy.
Pero sin siquiera pensarlo dirigió su mirada hacia la mesa de los Gryffindor. Ahí estaba Granger con sus amigos zanahorios y ese San Potter riéndose de alguna estupidez seguramente. Se había peinado con una media coleta su indomable cabellera que al parecer ya había aprendido a someter un poco, estaba sentada de lado al ventanal por lo que los rayos del sol hacían brillar su piel. Nunca se había percatado de que cuando reía se le marcaban hoyuelos en sus mejillas, se veía bastante adorable con ese gesto. "¡UN MOMENTO! No seas estúpido Draco, tú puedes más que un tonto filtro de amor que además de seguro está mal preparado". Aunque él sabía muy bien que eso no era cierto, una poción preparada por Hermione Granger podría fácilmente superar a la del pocionista más experimentado.
El rubio pasó todo el desayuno en una situación que antes hubiera considerado divertida pero que ahora le molestaba de sobremanera pues de su brazo izquierdo colgaba una fastidiosa Pansy que hervía de celos al notar la obviedad con que las hermanas Greengrass le lanzaban miradas coquetas a "su novio". Todo eso coronado por el maldito hecho de que simplemente no podía quitar los ojos de encima del Trío Dorado, específicamente, de su integrante femenina. Gracias a Merlín, seguían dos horas de su clase favorita en la que podría pensar con tranquilidad.
Hermione había llegado un poco tarde al salón de Pociones por haber estado buscando inútilmente a Neville para sentarse con él durante la clase pero a mitad del pasillo recordó que su amigo tenía un permiso especial para asistir a una recolecta de díctamo con la profesora Sprout.
Cansada por la carrera llegó jadeante a las mazmorras y sintió un gran alivio al notar que Snape aún no empezaba la clase. Sin embargo, ese alivio se esfumó cuando se dio cuenta de que su asiento favorito ya estaba ocupado; recorrió el salón con la vista y el alma se le cayó a los pies cuando vio que solamente quedaban dos puestos disponibles: uno que estaba abarrotado de muestras de pociones en frascos con contenidos viscosos y repulsivos, y otro al final del salón en la última fila con Draco Malfoy como compañero de escritorio. Al parecer su amigo Zabini no había asistido tampoco y por eso se encontraba solo.
Tomo aire profundamente y se dirigió con decisión al puesto compartido por las sustancias viscosas, tomó asiento, se hizo un espacio y colocó su libro frente a ella haciendo malabares para no tirar nada.
-Señorita Granger, ¿Se da cuenta que un mínimo movimiento y podría hacer volar todo Hogwarts? ¿O es que acaso se quiere vengar por obtener Supera las expectativas en su ensayo en vez de Extraordinario?
La cara de la castaña hervía de vergüenza e ira ante el comentario sarcástico de su profesor quien iba saliendo de su despacho.
-No había otro lugar disponible señor…
El pocionista recorrió con sus ojos negros la habitación para finalmentefijarlos en el último asiento de la última fila y en sus delgados labios se formó una sonrisa torcida.
-¿Está afectado su sentido de la vista? Siéntese al lado del Señor Malfoy.
-Pero…
-¡Siéntese-con-el-señor-Malfoy he dicho!
Y tragándose todo su orgullo, la chica recogió sus cosas para dirigirse como oveja al matadero hacia su lugar asignado, mientras intentaba ignorar las risitas que soltaban sus compañeros.
Temía con toda su alma la reacción que podría tener Malfoy con ella sentada a su lado. La poción ya había trabajado en el durante toda la noche y ahora ya se debería de encontrar en su máximo esplendor. La primera señal de que definitivamente no era el mismo Malfoy de siempre fue que en lugar de soltarle algún insulto o mirarla con asco, el chico se limitó a recorrer un poco su silla para dejarle espacio a ella en el escritorio. "¡Tonta! ¡Tonta! ¡Tonta! ¡¿Qué te costaba deshacerte por ti misma de los chocolates Hermione?!"
-20 puntos menos Gryffindor por retrasar la clase. Ahora, abran su libro en la página 635…
Y así empezaron las dos horas interminables de martirio para ambos.