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Amortentia — capítulo 8
Tomando la mano de la castaña tiró de ella guiándola por innumerables pasillos y escaleras. Hermione le preguntaba constantemente a dónde iban pero él solo sonreía y le decía que ya lo averiguaría. Al final llegaron al pasillo de las mazmorras y bajaron por unas grandes escaleras de piedra que se veían muy antiguas.
-¿Tanto recorrido para venir a las mazmorras? - Se quejó Hermione.
-Estas no son las que tú conoces ni en las que tomamos pociones. - Rio Draco.
- ¿Entonces? - "Tiene razón, son muy diferentes y se ve que nadie pasa por aquí seguido. ¿Dónde rayos estoy? "
-Sígueme, ya casi estamos ahí.
Él soltó su mano y tocó unos ladrillos enmohecidos con la varita, éstos se comenzaron a mover para abrirles paso y dejando divisar una hermosa habitación con grandes ventanales por donde entraba una luz verdosa. Los dos chicos se adentraron y Hermione pudo admirar detenidamente la decoración. La estancia era circular, con una alfombra roja cubriendo el suelo de piedra, sillones tapizados en verde esmeralda con cojines plateados regados por ahí y por allá, la chimenea que resguardaba un fuego acogedor era de estilo barroco.
-¿Qué es este lugar Draco?
-Mi estudio. Descubríno hace mucho este pasadizo y decidí hacerlo mío. Te traje para enseñarte algo, toma asiento por favor.- Dijo caballerosamente Malfoy.
-Hermione obedeció y esperó ansiosa. El rubio se sentó a su lado y observó atentamente los ventanalespor lo que ella lo imitó. Tras unos minutos de espera, una gran sombra oscura pasó frente a ellos.
-¡Es el calamar gigante!
-Así es, estamos bajo el Lago negro.
Unas sirenas pasaron nadando mientras batallaban con cinco o seis plimpy.
-¡Waaaauw! - Exclamó Hermione mientras tomaba emocionada el brazo de Draco pero cuando se dio cuenta de ello quiso soltarlo inmediatamente. Sin embargo, el rubio detuvo su movimiento sosteniéndola con su fría mano. Ella apenada, lo miró a los ojos.
- ¿Te gustó?
-Es muy impresionante. Gracias por traerme aquí. - Contestó ella sinceramente agradecida.
Quedaron callados durante minutos en los que solo se miraban a los ojos y ninguno de los dos soltaba su agarre, estaban perdidos en sus miradas hasta que una bandada de grindylows paso golpeando la ventana un poco.
-Tengo otra sorpresa para ti. - Dijo Draco sonriendo tras haber reaccionado.
-Oh, no debiste…
- comenzó Hermione pero él ya se había levantado e iba hacia un armario. De ahí sacó una pequeña caja adornada por un sencillo listón rojo.
-Ábrela. - indicó Malfoy.
Ella obedeció y casi sufre un desmayo por la sorpresa; en la cajita descansaba sobre una almohadilla de seda una bellísima y brillante cadena de oro que sostenía una medallita con un león pulcramente grabado y que por ojos tenía dos diminutos pero relucientes diamantes.
-Oh por Merlín… de verdad que no debiste… - Hermione apenas y podía articular palabra.
-Lo que sea para mi leona.
Ahora sí de plano no sabía que responder, se sentía maravillada y a la vez terrible.
-Escucha Draco… cuando pasen los efectos del filtro esto te va a enojar mucho ¿Cómo vas a despilfarrar dinero en alguien como yo? ¿En alguien a quien no quieres realmente?
-¡Oh vamos, Granger! olvídate del mañana por un momento y vive el presente. Si lo que gasté en esa joya es lo que te preocupa, relájate, no tengo el dinero contado como para preocuparme de en qué lo gasto o no.
-Eres un arrogante. - La castaña no pudo evitar sonreír.
-Creo que es la primera vez que me dices eso sin estar furiosa.
Ambos rieron por el comentario del rubio recordando sus innumerables pleitos que habían tenido desde su primer año en Hogwarts, no podían imaginar que ahora estaban pasando la Navidad pacíficamente.
-También tengo un regalo para ti - Interrumpió Hermione. - Pero no es algo caro ni nada por el estilo.
-No te preocupes, lo imaginé. - Ella lo miró molesta y él solo le sonrió de medio lado.
Con un movimiento de varita Hermione invocó el envoltorio donde había puesto lo que le compró al rubio en la tienda de Quidditch. Él lo tomó y comenzó a abrirlo emocionado, sacó su obsequio por completo y comenzó a reír con ganas…
-¿Qué…? - Hermione no sabía cómo interpretar ese gesto ¿acaso se burlaba de ella? Comenzó a sentirse muy triste.
Malfoy advirtió como se oscurecía el semblante de su acompañante e inmediatamente se reprendió por haber actuado de esa manera. "Momento… ¡un Malfoy no se arrepiente por su comportamiento! Oh pero por sus hermosos ojos están asomando unas lágrimas… ¡Idiota!"
-Hey, hey, tranquila… ¿Qué pasa? - Se acercó a ella para tomar su rostro y hacerla que lo mirara de frente.
- ¿Te ha causado gracia mi regalo? … ¡Me haces sentir como una tonta!
-Tal vez lo seas.
- ¡Imbécil! Jamás debí preocuparme por darte algo…- la castaña estaba hecha una furia.
-Oye, a ver… dime qué es esto. - Dijo el rubio mostrándole el regalo que ella le había dado.
-Unos… guantes…para Quidditch… - Dijo ella entre jadeos intentando conteneruna explosión de ira.
-Aja tontita pero estos son guantes para golpeador, no para buscador que es mi posición, por eso me rio, porquea pesar de que eres tan brillante no sabes mucho sobre Quidditch ¿me equivoco?
¡Con razón se había reído! "Ese dependiente mentiroso… ¡Me estafó!" A Hermione le habían dicho que esos guantes podían ser usados por cualquier jugador y ella confiada le creyó al hombre pero ahora que Draco le mostraba, podía ver claramente las pequeñas cosas que los hacían especiales para golpeadores.
Pasada la molestia inicial por el regalo fallido, ahora ambos disfrutaban de la noche viendo como pasaban las criaturas marinas retozando frente a ellos. Malfoy había metido de contrabando unas cervezas de mantequilla y algo de whisky de fuego al castillo para celebrar esa noche y después de un gran sermón impartido por la "Prefecta perfecta" pudo convencer a la castaña de que se relajara y bebiera con él.
-Oye, tengo una pregunta Hermione. - Soltó Draco interrumpiendo su tercer vaso de whisky.
-¿Qué es?
-No es que antes haya estado bajo los efectos de un filtro amoroso ni nada por el estilo pero… No me siento como dicen los libros que debería, es decir, claro que me provocas una fuerte atracción pero tampoco estoy obsesionado contigo. - Hermione notó que el rubio ya se estaba sincerando debido a la ingesta de alcohol de esa noche pues por más que ella había insistido en hablar de los efectos de la Amortentia en él, nunca le lograba sacar nada (demasiado orgulloso).
-Debe ser porque no lo preparé muy potente, sólo era para enseñarle a Ginny cómo se hacía más o menos. - Explicó la castaña.
-Ja…la mini comadreja… ¿Esas fueron tus precauciones por si alguien lo tomaba?
-Supongo que sí.
Malfoy frunció levemente el ceño y luego la miró a los ojos.
-Y si… hubieras sabido que yo la iba a tomar ¿La hubieras preparado bien?
-Ah…yo…Draco, está prohibida la poción, no lo habría hecho.
Él rio un poco desviando su vista.
-Quizá la hubiera tomado voluntariamente… Es que yo… adoro estar contigo…
"¡¿Qué él qué?! Oh cielos, ¿qué me está intentando decir?"
-Draco… - Hermione intentó empezar a decir algo pero el ojigris se le tiró de repente acomodando su cabeza sobre el regazo de ella.
-Creo que te quiero Hermione, me gustas mucho… - Murmuró un Draco adormecido.
-Tu… tú también me gustas Draco… - Contestó la castaña casi en un susurro mientras acariciaba su cabello platinado.
Aunque esperaba que no la hubiese escuchado, era completamente cierto lo que le dijo. Gracias a ese accidente con los chocolates ella había podido conocer a un Draco Malfoy que nunca había imaginado que existiera: era simpático, caballeroso, atento, extremadamente inteligente e incluso sensible; claro que también profundizó con el que ya se había enfrentado antes: prepotente, presumido, orgulloso y altanero, pero eso…eso le encantaba. "No puede ser…me estoy enamorando de Malfoy…" Pensó la castaña antes de caer profundamente dormida.
La despertaron unos rayos de sol que se filtraban por su ventana, abrió los ojos lentamente y al principio no ubicó bien donde estaba pero tras hacer memoria recordó como anoche había llegado hasta su cuarto después de dejar a Malfoy aún acurrucado en los sillones de su estudio donde habían pasado la Navidad.
"Malfoy… me gusta Draco Malfoy…" Vinieron a su mente las escenas de la noche anterior donde el Slytherin se había portado con ella de una manera exquisita.Se estiró en su cama desperezándose y con su mano rozó un frío metal, se giró para ver de qué se trataba y sonrió ampliamente al encontrarse con la cadenita que él le había regalado la noche anterior. Con toda la energía del mundo se levantó para tomar un baño y después vestirse. Hoy iba a ser un día nuevo al lado de su Slytherin preferido;antes de bajar de los dormitorios se retocó el peinado que con mucho esfuerzo había logrado hacerse, abotonó su blanco abrigo y se colocó la cadenita de oro encima de la bufanda para que estuviera visible. Feliz como nunca bajó brincando los escalones de dos en dos.