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Oscura atracción — capítulo 2
Ambos jóvenes se separaron después de lo que parecieron horas.
Y aun con la respiración agitada debido al beso… Malfoy la soltó como si en ese momento la piel de la leona quemara y se marchó de allí después de un último vistazo a la chica.
Una vez sola, Hermione Granger tuvo que sostenerse de la barandilla pues le temblaban las piernas. No entendía, por más que le diera vueltas, como había llegado Malfoy a besarla. Él, entre todos los hombres, el chico que se jacta de odiarla y que disfruta humillándola, la había besado.
¡Y que beso!
Ni siquiera el beso con Krum se podía semejar a este.
-¿Pero qué estoy diciendo?-se regañó mentalmente la castaña.
Pero ¿para qué engañarse?
Aun podía sentir los labios del chico en los suyos, su aroma, su calor. Y es que ahora entendía la fascinación de las chicas que habían estado con él. Malfoy era de los que te llegaban muy adentro.
-No, no, no.-murmuró para sí misma sacudiendo esos pensamientos de su cabeza. Respiró hondo y se marchó de aquel lugar.
Una vez que había entrado de nuevo al pasillo, camino a la Sala Común, Hermione empezó a tener la sensación de que la seguían o por lo menos que no estaba sola en aquel corredor. ¿Y si Malfoy estaba allí todavía?
La joven se dio una patada mental ante esa idea, no le tenía miedo a la serpiente. Pero por si acaso, aceleró sus pasos hasta que se chocó con Ginny al tomar una esquina.
-Ginny, lo siento. Iba distraída.-le dice mientras la sostiene para no caerse.
-Iba a buscarte porque no has bajado a cenar y Harry te ha buscado con el Mapa.
Algo frio bajó por la columna de la castaña ante la idea de que Harry la haya visto en el Mapa del Merodeador muy cerca de Malfoy.
-¿Con el Mapa? Y…
-Si con el Mapa. Te ha visto sola en uno de los balcones. ¿Por qué estabas allí?
-Necesitaba algo de aire fresco.-sonrió la castaña de alivio, disimuladamente, ante aquella respuesta de su amiga.
-Ya me imagino. Harry ha tenido que quitarme la varita para no lanzarles un conjuro a esas dos babosas.
-Ginny te vas a meter en un lio un día de estos.
-Bah.-movió la pelirroja la mano restándole importancia.- ¿Sabes? También me he cruzado con Malfoy.-continuó la joven sin saber que había desatado un mar de sensaciones en su amiga y confidente.
-¿Ah sí?-preguntó Hermione intentado parecer indiferente.
-Si… parecía distraído porque ha pasado por mi lado y no me ha insultado.
Hermione dejó de escuchar la charla de su amiga. Imágenes de su beso con la serpiente se repetía en su mente una y otra vez. Casi sin darse cuenta, ambas habían llegado a la Sala Común de Gryffindor e ignorando a sus amigos por completo, se fue a su habitación.
-¿Qué le pasa a Hermione?-le pregunta Harry extrañado a la pelirroja.
-No lo sé. Desde que la he encontrado la he notado muy rara.
Un sonido como el de succión llama la atención de los dos estudiantes. Ambos miran a Ron y Lavender y se preguntan si esa relación le sigue afectando a la castaña. Harry lanza un suspiro mientras mira a la pelirroja mirar casi con asco a su hermano, pues la escena que estaban dando… bueno, no era muy agradable.
-Creo que me voy a ir a dormir.-dijo el moreno. Ginny asintió y ambos se encaminaron a sus respectivas habitaciones.
Aquella noche, no solo Hermione estaba en vela. También Harry, pues desde hace días se había dado cuenta de que se sentía atraído por la hermana de Ron. Ambos, sin saberlo, debatían sobre lo prohibido de aquella recién descubierta atracción.
A la mañana siguiente, Hermione se levantó temprano para ir a desayunar ya que la noche anterior no había bajado a cenar. Así que estaba hambrienta. Finalmente, se había quedado dormida con la plena intención de ignorar el beso de Malfoy y seguir como si nada hubiera pasado.
La castaña llega a la mesa de Gryffindor y se sienta de tal manera que no ve quien entra al Gran Comedor. Piensa ignorar a Ron, a Lavender y por supuesto a Malfoy. Esos tres no le iban a amargar el curso.
Malfoy entró al Gran Comedor y lo primero que hizo fue mirar a la mesa de los leones. Una pequeña sonrisa ladina apareció en su rostro cuando vio a la leona sabelotodo desayunando de espaldas a la puerta.
Esperaba secretamente que la chica pasara la noche en vela pensando en el beso que habían compartido, porque ella le había devuelto el beso, tal y como él la había pasado pensando en él. Desde hacía tiempo, y sin que nadie lo sospechara, se sentía atraído por su enemiga, por aquella a la que debía odiar.
En lugar de odiarla se había enamorado como un estúpido de ella.
Y para ser sincero, no le importaba el haberse expuesto ante ella. Quiso hacerlo. Después de todo nada volvería a ser lo que era. No si él completaba su misión.