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Oscura atracción — capítulo 3
(Si queréis leer otro Dramione, pasaros por El mordisco de la serpiente. La historia es mía pero la hice bajo otro nombre, como perdí la cuenta, ya no pude recuperarla. Pero me siento nostálgica y os la quería presentar) Durante todo el desayuno la castaña sintió la presión de unos ojos en su nuca y sin siquiera darse la vuelta, sabía a quién pertenecían. No sabía a qué se debía el cambio en el Sly pero definitivamente a ella no la iba a engañar. No si se trataba de un nuevo juego de él.
Por primera vez en días, el pelirrojo había llegado solo al comedor y aprovechó ese momento para disfrutar de un rato a solas con su amiga. Hermione, que no quería perder su amistad, le sonrió como si nada. Eso provocó que cierta serpiente dejara de prestar atención a su desayuno.
-Buenos días Hermione.-saludó el pelirrojo contento.
-Buenos días Ron. ¿A qué se debe tanta felicidad?-preguntó curiosa.
-Lavender ha tenido que marcharse a su casa por unos días. ¿No es estupendo?-dijo como si nada mientras se servía unas tortitas dejando a la castaña completamente muda.
-¿Acaso te alegra que se haya ido?
-Claro que si… es decir, me gusta. Pero también se hace muy pesada.
Por primera vez en muchos días, Hermione sentía cierta empatía hacia su congénere. Ron no iba a cambiar nunca, de eso se estaba dando cuenta. Y pensó en si eso le hubiera gustado a ella.
-Claro que no.-pensó mientras fruncía el ceño molesta con su amigo.
-¿Qué? ¿Qué pasa?-preguntó Ron como si no supiera donde estaba el problema mientras engullía su desayuno.
-Nada Ronald. Que sigues teniendo la capacidad emocional de un ladrillo.
El pelirrojo siguió con su desayuno ignorando por completo el enfado de su amiga mientras Harry llegaba con cara de pocos amigos.
-¿Y a ti que te pasa?-preguntó la castaña mientras Harry negaba con la cabeza y se servía, con evidente rabia, una tortita.
Al minuto, Hermione pudo ver de reojo la llegada de Ginny con Dean y algo dentro de ella burbujeó. No pudo evitar sonreír al darse cuenta de la razón del enfado del moreno.
¿Así que ella no era la única que había sucumbido al encanto Weasley?
Harry podía ser ciego en cosas relacionadas al amor… ¿en cuestiones de celos? Un libro abierto para su mejor amiga.
Hermione seguía con esa sonrisilla mirando al moreno mientras este le fulminaba con la mirada.
-Tranquilo, tu secreto está a salvo.-expresó ella llamando la atención del pelirrojo y provocando un gruñido del moreno.
-¿Qué secreto?-preguntó Ron con la boca llena.
-Harry no ha hecho la tarea de pociones.-dijo Hermione entre divertida y asqueada.
-¿Había tarea de pociones?-preguntó poniéndose pálido ignorando por completo el suspiro de alivio de su amigo. Cuando se recuperó de la impresión, rodeó a la castaña con un brazo y la acercó a él llamando de nuevo la atención del rubio.
Al segundo Ron se separó de la castaña con un pequeño grito mientras se sujetaba la mano.
-Hermione no tenías que darme una descarga.-acusó el pelirrojo.
-Pero ¿de que estas hablando? No he tocado mi varita Ron.
-Pues he sentido una descarga… y me ha dolido.-Hermione sentía tanta curiosidad que cogió la mano del chico para examinarla. Y efectivamente, su palma estaba bastante enrojecida. Pero de nuevo, el chico se separó de ella.-Otra vez. ¿Por qué lo haces?
-Yo no he hecho nada Ronald. Ya te lo he dicho, no podría hacerlo sin mi varita.
Y de repente, una idea descabellada apareció por su mente y miró a la mesa de las serpientes.
Draco Malfoy no estaba.
Hermione junto a sus amigos se dirigía a clase de pociones donde compartían clase con los Slytherin. La castaña por un lado no quería ver al rubio pero por el otro quería probar una cosa.
Slughorn les había pedido que probaran a hacer una poción por libre a ver qué tal les salía. La castaña se había puesto de pareja con Ron con el fin de llamar la atención del rubio. De vez en cuando lo miraba de reojo, pero este la ignoraba.
-Ron ¿podrías pasarme eso? No llego.-dijo la chica pegándose a su amigo. Este le acercó lo que le pedía pero volvió a saltar lejos de ella.
Había vuelto a ocurrir.
Después de un rato, lo había probado con todos los alumnos masculinos de su casa, pues a las serpientes no se iba a acercar. Y con todos había obtenido el mismo resultado. Un poco molesta, vio que el rubio se alejó al armario de ingredientes y fue tras él.
-Sé lo que estas intentando.-susurró ella furiosa para que solo lo escuchara él.
-No sé de qué me estás hablando Granger.-contestó indiferente.
Hermione cogió la mano del chico y no sucedió nada. O por lo menos, a él no le ocurrió lo mismo que a sus amigos.
Pero otra clase de corriente le hizo soltarle.
-Sé que estás haciendo algo.
-Sí, una poción.-contestó dispuesto a irse pero ella le agarró.
-No. Me refiero a que no puedo tocar a nadie de mis amigos. Concretamente a los chicos.-Draco veía el fuego que brillaba en los ojos de la castaña y no se le podía antojar más linda.
Malfoy se acercó a ella, estaban tan cerca que Hermione podría contar las pestañas del chico. La respiración se le aceleró cuando notó que él miraba sus labios.
-No he hecho nada Granger.-susurró rozando sus labios.-Pero si crees que es así… demuéstralo. -y se marchó a su lugar dejando a la castaña intentando recuperar el aliento.