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Oscura atracción — capítulo 9
El momento se acercaba.
La hora de la verdad estaba llegando a pasos agigantados y Draco Malfoy se sentía cada vez peor. ¿En qué momento aquello se había convertido en lo más importante? ¿En qué momento su destino se había torcido de tal manera?
Por primera vez, después de muchos años, se sentía perdido. Como aquella vez que había perdido de vista a su madre durante una hora cuando tenía tan solo cinco años. Aquella experiencia había sido angustiante y fue la primera vez que no le importó que su padre le gritara por llorar.
Y ahí se dio cuenta de que su madre era la razón por la que estaba haciendo eso. Ella, a pesar de la situación en la que se encontraban, seguía estoica y decidida a que su hijo no fuese marcado como un vulgar asesino. Narcissa sabía que aquella marca, si todo acababa, acompañaría a su hijo para el resto de su vida haciendo que los demás le etiquetaran. Ya de por sí, la fama de los Malfoy estaba en decadencia, no podía permitirle a su marido dejarle a su hijo un futuro aún más sombrío.
Por eso, Draco estaba haciendo aquello.
Faltaba a clases o si iba, su mente estaba ausente; faltaba a los entrenamientos, era la primera vez que no le importaba ganar a Potter al quidditch; ni siquiera se molestaba en hablar con nadie.
Así había cambiado todo.
Draco tomó aire lentamente para calmar su ansioso corazón pero un dolor punzante le cortó la respiración.
Se abrió la camisa del uniforme y vio las marcas que el hechizo de Potter le había mandado. No sabía cómo el moreno sabia de ese tipo de magia, ni él mismo sabía que había más conjuros que podían ser mortales. Snape había procurado que solo quedaran marcas tenues, pero el dolor de las heridas aun persistiría unos días.
Había estado a punto de morir y siendo sincero con él mismo, no le hubiera importado. Así todo habría acabado.
Pero ese pensamiento tan lúgubre dejó paso a la imagen de su madre como un recordatorio. Y esta, dejó paso a un recuerdo con Hermione en ese mismo punto de la sala.
Y aquello le entristeció aún más. No entendía como sus dos razones podían ser incompatibles y provocar aquella lucha que tenía en su interior.
Si tenía éxito, protegía a su madre y automáticamente, se convertía en enemigo de la castaña, pero ya no a nivel escolar. Si fracasaba, su madre pagaría las consecuencias.
El chirrido de unas puertas al abrirse llamó la atención del rubio que empezó a secarse las lágrimas con los puños de la camisa. Sabía que era su última noche en el castillo, pero no por eso su orgullo iba a dejar que lo vieran en ese estado.
Una nerviosa Hermione Granger apareció ante él. Malfoy no podía estar más agradecido de que fuese ella quien estuviera allí en ese momento.
-Me he enterado de… bueno…-estaba indecisa sobre terminar la frase o no. esperaba que el chico comprendiera lo que quería decir. Malfoy asintió haciéndole saber que la entendía y ella se decidió a acercarse más a él.- ¿Cómo estás?
-Ahora que tus estas aquí, mejor.-confesó el chico haciendo que ella se sonrojara. Aun no se acostumbraba a recibir otras palabras que no fueran insultos de parte del Sly. Hermione se fijó en el estado tan deprimente en el que se encontraba y se colocó a su lado, en el suelo.
-¿Qué es lo que te tiene tan mal? No atiendes en clase, apenas comes y tienes unas ojeras enormes.
-Creo que tú sabes por qué. Estoy harto de todo esto. No paro de darle vueltas a todo esto y la única conclusión que saco es que ojala Potter le derrote de una vez.-murmuró el chico haciendo que Hermione le mirara sorprendida. Nunca había esperado una confesión de ese tipo de su parte. Pero Draco, ajeno a la mirada de ella, miraba a un punto fijo, perdido en sus pensamientos.
-Debes pedirle ayuda a Dumbledore.-pidió la chica.-él puede ayudarte.
-¿y a mi madre quien la ayuda? Si esto se descontrola… tú no eres la única que puede perder a su familia y su vida en esto.-rugió el chico desahogándose.-O ¿crees que esto lo hago por diversión? ¿Crees que me gusta que mi casa se haya convertido en un maldito matadero? No sabes lo que es irte a dormir, a tu habitación, donde nunca has tenido miedo, donde siempre te has sentido protegido y no poder callar los gritos de la gente a la que tortura.-cuando la primera lagrima cayó por su mejilla, Hermione le tenía rodeado con sus brazos. Draco no dudó en perderse en ella, en su olor y su calor. Y no pudo evitar llorar con más amargura.
-Te prometo… que todo acabará algún día. Solo te pido que seas fuerte un poco más de tiempo.-murmuró Hermione abrazada a su cuerpo mientras Draco se calmaba poco a poco.
El chico se separó un poco de ella para observarla.
-¿Qué? -pregunta ella extrañada por su forma de mirarla tan fijamente. Sus ojos se habían vuelto más claros debido a las lágrimas y Hermione no dudó en perderse en ellos.
-Pensaba en cómo hemos perdido el tiempo en peleas.
-Y ¿Eso que importa? Eso está en el pasado, ahora somos amigos y…-el chico no pudo evitar reírse ante eso dejando extrañada a la leona.- ¿Qué?
Pero la respuesta no llegó.
Los cálidos labios del chico habían tomado posesión de los suyos tan delicadamente que casi se echa a llorar. Draco se separó de ella para observarla sonrojada y con los ojos aun cerrados. No pudo evitar sonreír. Cortó de nuevo la distancia con ella y la besó aún más intensamente arrancando un gemido de la castaña.
Pero la situación se congeló cuando el chico escuchó un ruido procedente del lugar donde estaba el armario evanescente. Algo frio se instaló en su pecho y cogiendo por sorpresa a Hermione la llevó hasta la puerta.
-Tienes que irte de aquí, sin replicar y sin pedir explicaciones.-murmuró el chico fríamente. Tenía que hacer que ella se fuera de allí. Viendo que la chica aún estaba perdida la sacudió y le habló con dureza.- Tienes que salir de aquí, ahora. Granger… Hermione… es de vida o muerte. Vete de aquí.
Mirándole a los ojos comprendió el miedo que sentía el chico y lo comprendió todo. No sabía cómo había llegado a la conclusión de que algo muy malo estaba a punto de ocurrir e iba a ser esa misma noche.
Con una última mirada al chico… salió corriendo de allí.
Tenía que avisar a sus amigos.
Cerrándose la puerta de la sala otra se estaba abriendo en ese momento.
Con su habitual mascara de frialdad, Draco Malfoy le dio la bienvenida a los mortífagos.
Había llegado la hora.