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El Secuestro del Trío de Plata — capítulo 3

—No puedo creerlo... En lugar de Artes Oscuras, es Defensa contras las Artes Oscuras... ¡Esto es ridículo!

Vi como Simon miraba el horario con incredulidad. Daba risa de solo fijarse en su expresión. Por suerte tenía café, así que fue un buen desayuno para iniciar la mañana.

Enredé mis dedos en sus cabellos rubios, sorbiendo de la taza aquel líquido amargo. Estaba suave, como me gustaba. Mi hermano era distinto; mientras más oscuro y fuerte, mejor para él.

—Este será un año terrible —se lamentó Arthur, mordiendo el omelette—. Tenemos que escoger materias optativas, me fui por Alquimia, Adivinación y Cuidado de Criaturas Mágicas.

Medité, viendo mi horario con una mueca. ¿Qué había de Demonología? Amaba esa asignatura, y aquí no había nada de eso. Era ridículo, como Simon había dicho.

—Vaya... Nada interesante —mascullé—. Runas Antiguas me agrada, Alquimia y Adivinación... Creo que eso. Prefiero tragarme el brazo antes que ver cosas muggles, o ensuciarme con criaturas.

—Yo me iré por las mismas que Rosie. Mi discalculia no le ayudaría en Aritmancia, y me pasa lo mismo. No veré cosas muggles, y tampoco me ensuciaré.

Acomodé mi cabeza en su hombro, suspirando. Extrañaba mi castillo. Arthur dio un sorbo a su café, y nos miró con cierta curiosidad.

—¿Pondrán su nombre en el cáliz? Ya saben, con eso de que pueden presentarse de catorce años en adelante...

Me encogí de hombros, jugando con un mechón de mi cabello.

—No lo sé, no tengo mucho interés. Puede que lo haga, tenemos una semana después de todo. ¿Y ustedes? —pregunté, mordiendo un pastelito.

—Yo no —masculló Simon, con un aparente mal humor, mientras alejaba su plato—. ¿Y tú, Arth?

—Nah, así estoy bien. Saben que apesto en cosas físicas, me va mejor pensando —rió, levantándose—. Tenemos Defensa, ¿Terminaron o me adelanto?

Miré al rubio, suspirando, y terminé levantándome junto a él. Hogwarts apestaba, pero debía acostumbrarme.


Un chico de castaños oscuros y ojos suaves como la miel miró a su mejor amigo. Este era su primo, un moreno de cabellos negros como el regaliz, de suaves facciones. Ambos eran estudiantes de sexto año, vistiendo con orgullo la corbata roja escarlata con framjas doradas.

—Hey, Fred... Si fuese de aquí, diría que esa chica es una Weasley. ¿Qué dices?

El moreno casi escupió su jugo, riéndose entre dientes ante la atenta mirada de su hermana, Roxanne, una morena de cabellos rojizos y pecas que cursaba cuarto año.

—No seas idiota, James. No somos la única familia de pelirrojos. Mira a Kaitlyn Bones, tiene el cabello rojito como una zanahoria —se mofó, rascándose la mejilla.

El cazador musculoso se tensó, detestaba ser objeto de burlas.

—No me jodas, Fred; mírala. Su cabello no es zanahoria, es pelirrojo, como el nuestro. Y... Y tiene los ojos azules, ¡Es idéntica!

El moreno se giró suavemente, tratando de no ser muy notorio, mientras miraba a la blanca chica con el uniforme rojo de Durmstrang.

Finalmente, lo miró de nuevo, entrecerrando los ojos.

—Viejo, no sé si golpearte por idiota o llevarte a que te pongan lentes; o mejor, un cerebro. ¡Es común y corriente! Bueno, muy atractiva, sí. Pero una pelirroja más, deja de mover el hámster de tu cabeza y desayuna, que tenemos Historia con Ravenclaw.

Hizo un pequeño mohín, visiblemente fastidiado. Había algo en aquella chica que lo incomodaba, y lo descubriría.


La clase había sido un asco. Solo veían hechizos de defensa, nada interesante. En Durmstrang les permitían usar el maleficio Imperius en Duelo, y castigar a los problemáticos con un Cruciatus.

Se aburrió a los quince minutos, y cuando salieron de clase fue un respiro.

Por suerte, como los puestos fueron al azar, conoció a Dominique Weasley, una chica rubia de ojos verdes como el pasto, rebelde y grácil. Aunque fuese una traidora de la sangre, le agradó.

—Si quieres puedes venir a los jardines conmigo, te presentaré a mi hermana y a su novio.

Asentí con una pequeña sonrisa. Los Weasley debían ser varios, tomando en cuenta que me había comentado que todos —o en su mayoría— eran pelirrojos, y había visto una gran cantidad de ellos en la mesa roja.

Tenía algo de calor, no era el clima como en Rusia o Noruega, teniendo en cuenta que estabamos entrando en invierno casi. Extrañaba mi país. Sacudí mi cabello rojizo, dejándome llevar detrás de la animada rubia.

Me tomó del brazo, acercándome a un árbol. Allí estaba una rubia, con el cabello un tono más claro que el rubio dorado de Dominique. Este era más platinado, y sus ojos eran azules como aguas cristalinas. Era realmente hermosa, con labios rosáceos y una sonrisa gentil.

Frente a ella, estaba un chico de cabellos azul eléctrico. En serio, llamaba toda la atención. Yo era más tradicional, pero al ver como este se tornaba rosa cuando la rubia —que asumí que era la hermana de Dominique— besó su mejilla, asumí que era un metamorfomago. Woah.

—¡Hey, Vic! Hice una amiga; dijiste que los rusos son odiosos, pero me agrada —dijo la de ojos verdes, sonriendo mientras me acercaba a ella—. Es Ivanov.

La pareja me sonrió, y el cabello del chico se tornó azul nuevamente. Eran cálidos y agradables.

—Mucho gusto, puedes llamarme Teddy o Ted. Soy Teddy Lupin —sonrió, dándome un apretón de mano—. Ella es mi novia, Victoire Wealsey, hermana mayor del huracán que tienes al lado.

Dominique bufó, cruzándose de brazos mientras el chico le revolvía el cabello con un tono juguetón. La rubia de ojos azules me sonrió, formando pequeños hoyuelos en sus mejillas, similares a los míos.

—Es un placer conocerte. Eres muy linda, no tienes facciones rusas —dijo, analizándome con su dulce mirada. Era un terrón de azúcar, y me hizo sonreír un poco.

—Tengo la nacionalidad, pero no nací allá —informé, omitiendo el hecho de que soy adoptada—. Un placer, soy Rosie Ivanov.

Realmente, no sé qué sucedió, pero los tres se miraron aprehensivamente, con una mueca en sus rostros.

Suelo hablar de más, pero no creo haber dicho algo alarmante. Soy un desastre. Victoire Weasley parpadeó, tomando la mano de su novio y sonriéndome forzadamente.

—Fue un placer hablar contigo, tenemos que irnos. Hasta luego.

Ambos me movieron la mano, y se alejaron cuchicheando entre sí. De todas las rarezas que me habían sucedido en Hogwarts, esta había sido la peor.

Me giré sobre mis talones, mirando a la chica de ojos verdes que miraba el suelo como si esto fuese lo más interesante.

—¿Dije algo fuera de lugar? —cuestioné, enarcando una ceja. Mi voz había sonado más fría de lo que esperaba, pero igual.

Dominique se mordió el labio, mirando hacia los lados de forma nerviosa.

—Es que... Te llamas parecido a ella. Eso es todo.

—¿A ella? —musité, frunciendo el ceño—. No me gusta adivinación, y tampoco soy adivina. Si no me explicas no puedo entenderte, Dominique.

—Nosotros tenemos, o teníamos, una prima llamada Rose, hija de los tíos Ronald y Hermione —musitó esta, casi en un susurro sin mirarme a los ojos, como si temiese a ser escuchada—. Cuando tenía cuatro años fue secuestrada junto a nuestro otro primo, Albus, y el hijo de los Malfoy. Ha sido un golpe duro, ya que hace unos seis años cerraron la búsqueda. De por sí, te pareces mucho a ella.

Fue un momento incómodo. Esta gente era una paria, y pobre de la chica, eso de no estar con su verdadera familia. Podía estar siendo violada o golpeada en este momento, y nadie lo sabría.

No soy de tener lástima. Solo me importo yo, y por supuesto, Arthur y Simon. Pero sí me hizo sentir algo mal. Pobres de sus padres.

—Lamento que les haya sucedido eso —dije sinceramente, sin mucha emoción.

La chica ante mí no pudo contenerse por mucho tiempo, puesto que sus ojos verdes se llenaros de lágrimas más rápido de lo que podía decir "Desmaius". No se veía del tipo de los que lloran, así que me dejó fuera de lugar.

Sus blanquecinas manos se limpiaron los ojos, sollozando suavemente.

—Ella y Albus eran mis mejores amigos... Teníamos la misma edad. Y y-yo... Los extraño mucho. Siempre, en sus cumpleaños y navidad, les compramos regalos. S-Sus habitaciones siguen intactas... —sollozó, haciéndome sentir peor—. Cualquiera diría que no debe afectarme, que estaba muy pequeña como para recordarlos... Pero sí los recuerdo.

Me mordí el labio, varias personas habían volteado a mirarnos.

—Es comprensible —dije suavemente, poniéndole una mano sobre el hombro, era un poco más pequeña que yo en cuanto a estatura.

—Te pareces mucho a ella —balbuceó, tratando de calmarse—. Los ojos, el cabello, sus hoyuelos... Hasta las pecas. ¿Puedo... Puedo abrazarte?

Estaba algo descolocada, así que asentí sin saber mucho qué hacer o decirz la rubia procedió a envolverme en un abrazo, dejándome con un nudo en el estómago y enmudecida.


¡Hola! Muchísimas gracias por esos lindos comentarios <3 me alegran bastante.

¿Quieren que suceda algo en específico? Cualquier cosa no duden en decirlo en un review. Besos.