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El reloj dorado — capítulo 28
Unas horas más tarde en hogwarts, después de la cena los alumnos se fueron a sus salas comunes, Cassie antes de ponerse el pijama se acerco al cuarto de Ginny.
−Tú. −Le llamo Cassie mirando a Ginny sin importarle quien estuviera escuchando. −No tienes suficiente con perseguir a Harry para quedarte con su dinero que ahora persigues a mi primo, Draco no es ningún descerebrado así que deja de molestarlo y sobre todo ni se te ocurra decir nada a Hermione, ella es mi mejor amiga y yo cuidare de ella. −Y tras decir eso se fue.
Al día siguiente después de clases, por toda la escuela se escuchaba el mismo rumor que Cassie había amenazado a Ginny para que no se acercara ni a Hermione, ni a Draco ni a Harry.
Harry que estaba con sus amigos al escuchar el rumor se fue a buscar a Draco que no tardo mucho en encontrarlo con sus amigos.
−¿Draco es verdad? −Le pregunto el chico.
El slytherin lo miro. −¿El qué?
−El rumor que corre por la escuela ese en que Cassie ha amenazado a Ginny.
−Lo es, ayer me los encontré mirando a Hermione, como cuando espiaban a tu madre y le pedí a Cassie que le dijera algo, no quiero que me vean con ella, lo que menos quiero son rumores estúpidos.
−Lo entiendo. −Y no pudo decir nada más porque Luna se acerco corriendo.
−Harry, Draco. -La niña los llamo.
−Luna respira hondo. −Le dijo Draco mirándola. −¿Qué pasa?
−Cassie y Orión se están peleando con un chico pelirrojo.
−Weasley. −Dijo Draco. −¿Dónde están?
−En el patio de atrás.
−Vamos. −Y así los alumnos se fueron corriendo y al llegar vieron un círculo. −Dejar pasar. −Les pidió Harry. −Por suerte los alumnos les hicieron caso y pudieron pasar, al llegar al centro Ron estaba apuntando con su varita a Orión y Cassie estaba detrás de su hermano.
−¿Qué pasa aquí? −Les pregunto Draco.
−Que este inútil, se ha atrevido a molestar a mi hermana, la ha amenazado. −Le dijo Orión sin bajar su varita.
−Nadie insulta a mi hermana. −Les dijo Ron.
−Tu hermana es igual que tu madre. −Le dijo Draco poniéndose al lado de sus primos. −No es nuestra culpa si a ella solo le interesa cazar a un marido rico.
−Retirarlo.
−No, porque es la verdad.
−Basta ya. −Se escucho.
Los alumnos al escuchar ese grito, vieron a los gemelos Weasley acercándose.
−Ron baja esa varita ahora mismo.− Le dijo Fred mirándolo.
−No me hables traidor. −Y lo miro. −Te has juntado con esos asquerosos traidores.
Ante eso George se acerco y le quito la varita de la mano de un manotazo. −Que sea la última vez que insultas a Fred, y en vez de hacer tanto caso a las tonterías que dicen nuestros padres, piensa por ti mismo. −Y miro a los Black. −Cassie, Orión por favor.
−Sí señor. −Le dijo Orión que bajo su varita y miro a Ron. −Tus hermanos sí que tienen educación, no como tú que tienes el cerebro de un mono. −Y miro a su melliza. −Vámonos.
−Sí. −Y mirando mal a Ron se fue con su hermano y sus primos.
En el despacho de Dumbledore, Snape miraba al director. −Creo que tendríamos que llamar a sus padres, no pueden estar peleándose todo el tiempo.
Albus lo miro. −De momento lo dejaremos estar, los gemelos lo han sabido arreglar.
−¿Y que pasara si hay una próxima vez?
−Entonces sí que avisaremos a los padres, Severus algunas veces tenemos que dejar que los alumnos arreglen sus diferencias ellos mismos, sino nunca aprenderán.
−Lo sé señor, pero ese Ron no es la primera vez que da problemas.
−Lo sé, es un chico muy inseguro que tiene mucha envidia de la gente que tiene dinero.
−El dinero no lo es todo.
−No, pero para algunas personas lo es. −Le dijo Albus.
−Si ya hemos terminado me voy, tengo que terminar de corregir unos ejercicios.
−¿Ya has puesto deberes?
−No, solo las cosas que hemos hecho en clases, nos vemos. −Y despidiéndose se fue.
Una semana más tarde, los adultos ya sabían las cosas que habían hecho sus niños, pero nadie se quiso meter en medio, mientras las cosas estuvieran controladas no se meterían ellos tenían que aprender a defenderse.
Algunos tenían otras preocupaciones, como los Parkinson y los Greengrass que veían con mucha envía como la fortuna de los Black y sus socios crecía gracias a los inventos de Alphard.
Después de Abraxas informara a sus familiares lo que pensaban los Parkinson y los Greengrass sobre tener mestizos en sus familias los habían dejado fuera de esos negocios y de muchas otras.
Las únicas felices eran Pansy, Daphne y Astoria, ellas tres que eran grandes amigas en hogwarts, miraban satisfechas como a sus padres se les pedía que fueran más humildes y no hablaran mal de los que no eran sangre pura.
Y el tiempo fue pasando y llegaron las vacaciones de verano.
En casa de los Weasley, Molly estaba cocinando cuando la puerta se abrió y aparecieron sus hijos mayores.
−¿Qué hacéis aquí? −Les pregunto Arthur que estaba leyendo el profeta. −No habéis traicionado suficiente a esta familia.
−No te hagas la víctima. −Le dijo Bill. −No te servirá de nada. −Y miro a sus hermanos pequeños. −Ya me he enterado lo que hicisteis después de navidades, no solo amenazaste a Orión y a Cassiopea con tu varita sino que también llamaste a tus hermanos traidores.
−Tú también lo eres. −Le grito Ron. −Prefieres a esa gente que a nosotros.
−Si lo hago es por algo. −Y miro a sus padres. −Me quedan unos meses para volver de Egipto y entonces le pediré a Dora que se case conmigo, pero ya os aviso de que no he cambiado de opinión, firmare todo lo que los Black me pidan.
−Eso es traición. −Le grito Molly. −Tú solo piensas en ti, ¿y qué pasa con nosotros? Eres un mal hijo, yo no te crie así.
−Si bueno, la forma en que me criaste no me gusta, no voy a ser un cazadortunas cuando tengo dos manos para trabajar, y ya os aviso de que si seguís con esta actitud ninguno de los cuatro seréis invitados a mi boda. −Y miro a Percy. −¿Y tú qué? Nunca dices nada.
El chico lo miro. −No me importa vuestras discusiones ridículas por dinero, yo sé lo que quiero y lo demás no me interesa.
−¿Y qué te interesa? Le pregunto Charlie.
−Yo quiero trabajar en el ministerio, en el departamento de cooperación mágica.
Ante eso sus hermanos mayores lo miraron satisfechos. −Me parece bien. −Le dijo Bill y miro a sus hermanos menores. −Tendríais que aprender de Percy el tiene cerebro, no como vosotros que tenéis el cerebro absorbido por tantas tonterías. −Y miro a su única hermana. −¿Y tú qué dices?
−Yo hare lo que mama quiera. −Y lo miro. −Una Black no trabaja y me casare con un tipo rico para dar a esta familia lo que tú no quieres darnos.
−Vaya idiota. −Le dijo Goerge que no había hablado desde que había llegado y miro a sus padres. −Ella dice tantas tonterías como vosotros, pero ni creáis que en Londres podréis conseguir un marido rico, todos saben que solo sois unos cazafortunas.
−George déjalo, aunque se lo digas mil veces nunca lo entenderán. −Le dijo Bill.
−Lo sé.
−Ya nos vamos. −Le dijo Charlie y miro a sus padres. −Espero que algún día os entre en la cabeza que no todo es dinero y posición social. −Y miro a sus hermanos. −Vámonos.
−Sí. −Y así se fueron, dejando al resto de los Weasley enfadados y a Percy indiferente, el tenia ya hechos sus planes y lo que quisieran sus padres no le interesaba mucho.
Mientras las cosas entre los Weasley habían sido aclaradas, Harry llevaba varios días durmiendo mal, hasta que una noche tuvo una pesadilla y se despertó gritando.
James entrando en el cuarto de su hijo tras escuchar como gritaba, encendió la luz y sentándose a su lado lo miro. −¿Harry todo bien?
−No papa, tengo pesadillas, son horribles.
El hombre preocupado le toco la frente y vio que tenía fiebre.
−Tienes fiebre, voy a buscar a tu madre.
−Estoy aquí. −Le dijo Lila y acercándose a su hijo le puso la mano en la frente. −Sí que tienes fiebre. −Y miro a su marido. −Busca mi maletín, yo preparare una pequeña palangana con agua fría.
−Sí. −Y levantándose se fue a buscar el maletín de su mujer.
Al volver vio que Lily le había puesto un paño húmedo en la frente.
−Aquí la tienes.
−Gracias. −Y lo miro. −Ves a dormir, yo me quedare con él.
−Está bien, voy a buscar un vaso de leche, sé por experiencia que esas pociones son realmente malas.
−Sí que tienen mal sabor, gracias.
−De nada. −Y volvió a irse.
Mientras James se iba a por el vaso de leche, Lily miro a su hijo. −Harry pronto estarás bien y en dos días podrás viajar con nosotros a Sidney.
El chico la miro. −Es una tontería tener fiebre por las pesadillas.
−No es ninguna tontería. −Le dijo Lily. −Si las pesadillas son muy fuertes entonces es cuando tienes fiebre. −Y le sonrió. −Pero yo estoy aquí contigo y pronto estarás bien.
−Sí. −Y le sonrió, tener a su madre allí era lo mejor del mundo y no le importaba estar enfermo.
No mucho tiempo después James volvía con un vaso de leche y dándoselo a su mujer miro a su hijo. −Ahora cuando termines de tomar las medicinas ya podrás dormir. −Y miro a su mujer. −Dale una poción para las pesadillas si se despierta de nuevo las medicinas para la fiebre no servirán.
−No, no lo harán. −Y miro a Harry. −Cuando te tomes las medicinas te daré una poción para que no tengas pesadillas.
−Gracias. −Y miro a su padre. −Buenas noches.
−Buenas noches hijo. −Y dándole un beso se fue a su cuarto.
Cuando Harry se tomo sus pociones y la poción para las pesadillas, Lily lo tapo bien y apagando la luz se acostó a su lado en la gran cama y le canto una nana a su hijo que aunque ya tenía 12 años casi 13 no se quejo.
Al día siguiente, Harry se despertaba y vio que su madre no estaba por ningún lado y en su lugar estaba Charlus.
−Abuelo.
El hombre lo miro. −Ya me han dicho que tuviste fiebre por culpa de malos sueños. ¿Cómo sigues?
−Mejor abuelo. −Y lo miro. −Sueño con Sirius en Azkaban y en Remus siendo un licántropo.
−Vaya, eso sí que son malas pesadillas. −Y sentándose a su lado le dijo: −Sirius y Remus están bien, así que no te tienes que preocupar de nada.
−Lo sé abuelo, y aunque lo intento no lo consigo.
−Ya verás que lo conseguirás, cuando estemos en Sidney, podrás surfear y nadar con delfines, te lo pasaras tan bien que te olvidaras de todo.
−Lo creo. −Y le sonrió. −Además iremos a Nueva Zelanda, estaremos tres semanas en cada lugar.
−Espero estar bien para entonces.
−Ya verás como si. −Y entonces escucharon que tocaban a la puerta. −Ya voy. −Charlus levantándose se acerco la puerta y abriéndola vio como Dorea entraba con una bandeja llena de comida al ver a su nieto despierto lo miro. −¿Te encuentras mejor?
−Si abuela, ¿Qué llevas allí?
−Mucha comida. −Y sonriéndole le puso la bandeja encima de las piernas. −Para que desayunes y Lils me ha dado tus pociones antes de irse a dormir a su cama.
−¿Esta muy cansada?
−No mucho. −Le dijo Dorea. −Como no entra hasta el medio día está aprovechando para dormir un poco más, ahora desayunaremos los tres. −Y sentándose a un lado se pusieron a desayunar los tres.
Una vez la bandeja estuvo vacía, Dorea le dio a su nieto las pociones que le tocaban y tapándolo bien vio con satisfacción como dormía de nuevo.