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Maldito hurón — capítulo 36
Albus había recibido muchos regalos, sobre todo de su hermano, que pareció que se hizo un tour por cara tienda de Hogsmeade. Ahora él está en una fila de limbo, el juego muggle que están jugando a petición de Lysander. Rose, cansada de tanto bailar con Roxanne, se sienta en la silla más cercana. Se quita las zapatillas para masajearse los pies adoloridos. Teddy toma asiento a su lado. —Se lucieron, la fiesta es increíble —dice. —Tienes que darle más crédito a James, él se encargó que todo saliera a la perfección. —Lo sé. Cuando Vicky me lo dijo, apenas lo podía creer: James Sirius Potter organizando algo que no sea una broma con tanto esmero. Teddy y Rose ríen. A ella siempre le resultó fácil hablar con él, es maduro en los momentos adecuados y divertido cuando quiere hacer reír a alguien. Scorpius se acerca a ellos y mira un momento a Teddy. —¿Nos conocemos? Me resultas familiar. —De hecho —dice Teddy sonriendo—, no. Pero mi madre era Nymphadora Tonks —Scorpius ladea la cabeza, aún confundido—. La hija de Andrómeda —agrega. —Sé que escuche ese nombre en algún lugar. Rose pone los ojos en blanco. —Scorp, Teddy es hijo de la hija de la hermana de tu abuela Narcissa. Scorpius abre los ojos, eso no lo venía venir. —Oh, bueno. Hola, eh, ¿primo? Teddy ríe y asiente. —Me contaron que eres un Weasley honorario. ¡Vamos, corre! Yo vigilo que no te sigas. Vete ahora, antes que te contagien su locura e idiotez. Rose golpea el hombre de Teddy y Scorpius rompe a reír. Siguen con la broma, luego pasan a otro tema. Es obvio que los primos conectaron muy bien para ser la primera vez que se ven. Rose sonríe feliz por ellos y se para, dejando sus zapatillas bajo la silla y camina hacia Lorcan, quien ríe a carcajadas al ver a su gemelo jugar al limbo. —Se va a romper la espalda —dice a Rose cuando ella llega hasta él. —Al menos se divierte. —No lo hará si termina en San Mungo —toma su cerveza de mantequilla y deja el vaso vacío en sobre la mesa. Se gira hacia ella—. ¿Cómo te va con la tarea? —Muy fácil. Cuatro meses más y volvemos a casa. —Eso es lo que más espero; Aritmancia apenas me deja respirar, y ni hablar de Estudios Muggles, esto del Internet que estamos viendo es complicado. Rose ríe y se queda hablando con él, mirando a Albus, que ahora es su turno de pasar por la barra. James y Fred aplauden, improvisando una canción, mientras él pasa. Una vez que lo hizo, todos rompen a aplaudir. Rose sonríe, le alegra saber que su primo está pasando su cumpleaños de la mejor manera. Hablando de cumpleaños, ahora que lo piensa, ella no sabe qué día es el cumpleaños del maldito hurón.