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Maldito hurón — capítulo 42

—¿Cómo es posible que hayan ganado? ¡Somos los mejores!  —Tampoco te altares, fue por sólo cinco puntos. —¡Da igual! Aunque te lo digo ahora, Rose: ganaremos la Copa de las Casas sea como sea. Ella rueda los ojos y se despide con la mano de James para ir a reunirse con su amiga Marcie, a quien invitó a la fiesta que los Hufflepuff hicieron para celebrar la victoria de la Copa de Quidditch. Al principio, Rose no quería venir, en parte porque sabe que está y que si su madre se entera, la matará, y en parte porque, ¿para qué va a querer recordar que los tejones le ganaron a su casa por cinco míseros puntos? Pero como Albus y Scorpius se les dio por decirle a Marcie sobre la fiesta y ella quería asistir, no le quedó más remedio que venir. —¡Alégrate, Rose! —exclama Marcie, quien está sentada con Albus y Scorpius. Los tres habían dejado de lado su diferencias de casas—. Toma un poco de zumo de calabaza. —Gracias, pero James ya me ha dado Cerveza de mantequilla. Albus abre la boca indignado. —¡Yo le dije que me convidara un poco y dijo que no! Dijo que era sólo para mayores de trece. Rose se encoge de hombros.  —Yo quería y... —Y hiciste uno de tus Caprichos de Niña Mimada —completa su primo. Rose lo fulmina con la mirara y Scorpius ríe, Marcie por otro lado los mira confundida. Rose se sienta a su lado, mientras sus dos amigos le explican a Marcie que son los Caprichos de Niña Mimada. Ella rueda los ojos y juega con el collar que Scorpius le regaló, mirando a los invitados de la fiesta. Todos sus primos y los que son honorarios Weasley están en la Sala Común de Hufflepuff. El hecho que la cocina quedase cerca ayuda que puedan ir a buscar comida, algo que agradece, porque ya empieza a sentir hambre. —Tú nunca dejas de comer, ¿verdad? —le pregunta Scorpius, cuando ve que toma la octava empanada de calabaza en la noche. Albus y Marcie siguen con su conversación. —Soy una Weasley.  —¿Y aun así te mantienes delgada? —Genes Weasley. —No tienes caso, Rosie. Ella lo golpea en broma y él se lo devuelve, riendo. Rose sonríe divertida, dando un bocado a su empanada. —Tengo sueño —admite Scorpius, luego de un rato. —No eres el único, comer me da hambre —él ríe fuertemente—. Hablando de dormir, en la Sala de los Menesteres vamos a hacer una súper piyamada, ¿vendrás, no? —Albus me habló de eso, pero no sé di iré.  —¿Por qué? —Por ellos —asiente hace James y Fred, quienes echan un polvo marrón sobre un niño de segundo año y éste se convierte en un mono. —No te preocupes, yo te defenderé si te hacen daño.  —¿Lo prometes? —Prometo que te defenderé de todo el mal, Scorpius. Y Rose toma la mano del maldito hurón.