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Maldito hurón — capítulo 43
Rose rebusca entre su ropa su piyama, ella puede ser muy inteligente, pero no es para nada ordenada. Según su madre, su habitación se podría comparar con una selva tropical. Y eso que no revisa su armario, que podría ser otra puerta hacia Narnia. —¡Pero está ordenado! —decía cada vez que su madre la regañaba por no limpiar su habitación—. Desordenadamente ordenada. Créeme, sé dónde está cada cosa. ¡Si la ordeno, no sabré dónde está nada! Su madre volteaba los ojos y salía de su habitación, murmurando que se la quitaría si no le ponía más empeño a la limpieza. Ese día a la noche sería la piyamada que Lucy ha querido hacer desde hace tiempo. Lo único que faltaría sería que Hugo, Lily y Teddy asistan, pero los dos niños están en sus casas y el metamorfomago estudia para ser profesor del Club de Duelo de Hogwarts, ya para el siguiente curso podrá unirse al profesorado del colegio mágico. —No entiendo por qué no me puedes llevar —se queja Marcie. —Ya te explique, es sólo para la familia. —Dudo mucho que Lysander Scamander sea tu primo, o que Jason Wood, tu hermano. —Son Weasleys honorarios, es como si fueran de la familia. —¡¿Y yo?! —Lo siento —murmura Rose, sinceramente. Le gustaría llevarla, pero las cosas son así. Además, Lucy le había dicho que tiene suficientes sacos de dormir para ella, su familia y los Wealseys honorarios, no tiene más para otras personas—. Podemos hacer una piyamada nosotras mañana. —Prácticamente tenemos piyamadas todos los días, acuérdate que dormimos en la misma habitación —ríe Marcie. Rose se da cuenta que se le pasó el enojo. —Si, bueno, podríamos dormir en mi cama o en la tuya, o podríamos dormir en la Sala de los Menesteres —sugiere. Entra al baño y busca su cepillo de dientes para meterlo en su bolso, al lado de su uniforme para mañana. —Dormimos en tu cama mejor. Oye, ¿somos mejores amigas, cierto? —Las mejores. Rose cierra el bolso y se acerca a la cama de Marcie a abrazarla. Luego, ella toma la lista que hizo y repasa que no haya olvidado nada. Piyama. Listo. Almohada. Listo. Cepillo para el cabello. Listo. Medias con estampados de estrellas violetas. Listo. Libro de poemas. No. Rose bufa y busca el libro que Scorpius le regaló en Navidad, ese libro se ha convertido en su favorito, sobre todo por las pequeñas notas que él le escribió. —¿Hacemos la piyamada el miércoles? —Si, Rose. Y podemos invitar a las demás. —Claro. Yo ya me voy. ¡Nos vemos, Marcie! Sale de la habitación, agitando su mano derecha para despedirse de su amiga. Baja las escaleras, encontrándose con sus dos primos quienes la esperan para irse. Rose sonríe y aprieta contra su pecho el libro que le hizo el maldito hurón.