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Maldito hurón — capítulo 6
Dos semanas han pasado desde el comienzo de las clases de Rose Weasley y sus compañeros de curso. La niña está muy emocionada, se ha hecho amigas de todas sus compañeras de casa de su año, una más buena que otra, y también consiguió variados amigos de otras casas. Sus notas son excelentes, sus profesores no dejan de alargarla por su inteligencia; Rose agradece internamente que nadie la compare con su madre: por mucho que la ame y la admiré, odia que la comparen con ella. Sus padres y su hermano le envían cartas seguidas y Hagrid es tan bueno que casi siempre a ella y a Albus los invita a su casa. Con su primo las cosas van mucho mejor que de costumbre, sobre todo porque ha aprendido a soportar la presencia de Malfoy con ellos, incluso le gusta su compañía. Eso si, planea vengarse de él por ponerla en ridículo en Encantamientos. Ella despierta tarde, es fin de semana y puede dormir hasta la hora que quiera. Se hubiera despertado a las tres de la tarde si no fuera porqué una de sus amigas, Marcie Field, la despierta. —Creo que no entendiste cuando te dije que si quieres que nos llevemos bien, no debes despertarme temprano un sábado o un domingo. —Es que... tus primos... —balbucea. Rose rueda los ojos, sin comprender porque todas las niñas tienen un enamoramiento por James y Fred— uh.... Quieren que bajes. —Son unos idiotas —le informa. Marcie rueda los ojos. —Son hermosos. —Necesitas anteojos. No se queda para ver la molestia de su amiga, se va al baño y se cambia rápidamente, luego sale de su habitación y baja las escaleras, visualizando el cabello negro de James y la mata roja de Fred. Ambos la ven con una sonrisa misteriosa que hace que ella los mire con recelo. —¿Cómo está nuestra prima favorita? —dicen morosos. —¿Qué quieren? —pregunta agresiva. No está para juegos, siempre está de mal humor cuando despierta. —Pero que mala, alguien despertó del lado izquierdo de la cama. —Miren, no estoy de humor para sus bromas, así que digan ahora lo qué quieren —los corta. James y Fred asienten, conocen el temperamento de Rose por las mañanas. Se preguntan cómo hace tía Hermione para soportarla. —Tú eres muy inteligente, ¿verdad, Rosie? —dice James. Ella enarca una ceja, descubriendo qué quieren de ella. —No les ayudaré a hacer su tarea. —¡Por favor! Con las practicas de Quidditch, las bromas que debemos de gastar y los castigos que tenemos que asistir no tenemos tiempo. —Pueden dejar de gastar bromas y así no quedan castigados —resuelve, aunque sabe que no lo van a hacer. —Haremos lo que quieras. —¿Lo qué quiera? —pregunta Rose, con un brillo especial en los ojos. James y Fred saben que la chica a pesar de ser la alumna ejemplar también tiene es una gran bromista. —Lo que sea —dicen al fin. —Bien. Los veo mañana, cerca de la casa de Hagrid. Les sonríe y se va de la Sala Común de Gryffindor, dejando a sus primos confusos. Sonríe divertida. —Ahora si me la pagarás, maldito hurón.