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Historia 190400 — capítulo 61
Ya en los vestuarios "El equipo Potter" brindaba una entrevista a reporteros de corazón de Bruja, El profeta y el vuelo.
—¿Por qué retaste a Krum? ¿ya sabias que podías ganarle? —Preguntó el periodista de la revista de quidditch "el vuelo"
—En realidad, no fui yo quien lo desafió—Explicó Harry—y nunca planee enfrentarme a él, ni me considere capaz de ganarle, todo fue idea de Ron. No se por qué lo hizo, en ese momento tenía ganas de patearle el…
La atención de todos fue a Ron, que parecía encantado por ello.
—¿Asi que tú fuiste el artífice de todo esto? ¿Cómo fue que lo hiciste?
—Podría decirse…—contestó ron— salíamos de clases, Krum se nos acercó, pensé que golpearía a Harry, lo retó a un duelo de magos, en ese momento nuestra profesora escucho todo y se los prohibió. De modo que sugerí que se batieran en quidditch. La profesora aceptó inmediatamente y Viktor se mostró conforme, asi que Harry no tuvo más opción que aceptar.
—¿por qué sugeriste esto? —Preguntaron de el profeta
—Creí que de alguna forma debían por fin enfrentarse, o Krum no lo dejaría tranquilo…
—Imagino que Harry no se sintió muy feliz contigo, si perdía habría significado hacer el ridículo…
—Sabia que Harry podía con el….sino no hubiera sugerido hacerlo, sabía que no haría un papelón y que si en el peor de los casos perdía, no sería por jugar mal. No había forma de que quedara en ridículo.
—Harry ¿Crees que Viktor te retó por la Srta. Granger? —Preguntó una reportera de corazón de bruja.
—Si…fue por Hermione. Una persona del medio, se dedicó a difamar a mi novia. Comenzaron a llegarle anónimos, con uno acabó en la enfermería. Krum se enteró y me culpa por ello.
—Entonces…¿ya es oficial? Ustedes son pareja.
—Asi es…
—¿Dónde queda el Sr. Krum entonces? ¿Por qué fueron con otras personas al baile?
—No existe, ni existió ningún tipo de relación entre Krum y mi novia. Aunque el siente algo por ella. Fuimos al baile con otras personas, porque entonces solo éramos amigos, nos fue muy difícil aceptar lo que sentíamos, de modo que Hermione aceptó ir con el primero en pedírselo y yo fui con una compañera de gryffindor. Vernos con otras personas, fue el empujón que necesitábamos, aun estamos en transición. No me gusta hablar de mi vida privada, pero creo que es necesario aclararlo, Hermione no jugó, ni con Viktor, ni conmigo como la prensa se encargó de propagar…Solo acepto ir a un baile que, era obligatorio, con la primer persona que la invitó. Aprovecho para pedir, que desistan de enviarle anónimos y amenazas, Hermione es una chica estupenda, siempre estuvo para mí y no merece lo que le está pasando.
—¿Cómo se tomó ella lo del desafió?
—Le molesto bastante al principio, cree que seto aumentará los anónimos. Luego lo acepto….
—¿Como tomaron usted y su esposa el noviazgo? —Le preguntaron a James.
—Muy bien, Hermione es una chica maravillosa, desde que la conocemos estuvo con nosotros sobre todo en los momentos difíciles. Le tenemos mucho afecto y para nosotros es parte de la familia. Mi esposa la adora, se llevan muy bien. Ahora nos toca estar para ella, tratamos de contenerla, es muy duro todo esto de los anónimos, incluso han llegado a enviarle un sobre con pus de bubotentaculo sin diluir, le salieron unas ulceras muy dolorosas en las manos, la gente está siendo muy cruel, ella lo está pasando mal, creo que hay que comenzar a medirse, no podemos como adultos ponernos a inventar cosas y a difamar, menos a una jovencita, no olvidemos que no tiene más que catorce años, no se supone que deba lidiar con estas cosas. Asi que me uno al pedido de mi hijo, por favor ya basta, no queremos que envíen mas anónimos. Ella es una buena chica y en todo caso no les corresponde a las demás personas si ella merece o no estar con Harry.
—Harry…eres ahora el mejor buscador del mundo ¿Cómo te sientes? —Preguntó el reportero de el vuelo
—No lo sé….en verdad no creo que sea el mejor del mundo, creo que tuve mucha suerte o que Krum se confió demasiado y no usó todo su potencial.
—Cuanta modestia…Déjame decirte que lo hiciste más que bien, tienes gran habilidad y si eres el mejor del mundo, ¿considerarías jugar de manera profesional? Seguramente te lloverán desde ahora las propuestas de los diferentes equipos, al igual que a a tu padre y los demás integrantes del grupo que formaste para este juego.
—Adoro el quidditch, es una de mis cosas favoritas en el mundo, pero nunca me había planteado dedicarme a esto, supongo que debería planteármelo.
—¿Cuál es tu equipo de quidditch favorito?
—El de gryffindor por supuesto—Dijo Harry riendo.
En la última semana de mayo, al final de una clase de
Transformaciones, lo llamó la profesora McGonagall.
—Esta noche a las nueve en punto tienes que ir al campo de quidditch —le
dijo—. El señor Bagman se encontrará allí para hablaros de la tercera prueba.
De forma que aquella noche, a las ocho y media, dejó a Ron y Hermione
en la torre de Gryffindor para acudir a la cita. Al cruzar el vestíbulo se encontró
con Cedric, que salía de la sala común de Hufflepuff.
—¿Qué crees que será? —le preguntó a Harry, mientras bajaba con él la
escalinata de piedra y salían a la oscuridad de una noche encapotada—. Fleur
no para de hablar de túneles subterráneos: cree que tendremos que encontrar
un tesoro.
—Eso no estaría mal —dijo Harry, pensando que sencillamente le pediría a
Hagrid un escarbato para que hiciera el trabajo por él.
Bajaron por la oscura explanada hasta el estadio de quidditch, entraron a
través de una abertura en las gradas y salieron al terreno de juego.
—¿Qué han hecho? —exclamó Cedric indignado, parándose de repente.
El campo de quidditch ya no era llano ni liso: parecía que alguien había
levantado por todo él unos muros largos y bajos, que serpenteaban y se
entrecruzaban en todos los sentidos.
—¡Son setos! —dijo Harry, inclinándose para examinar el que tenía más
cerca.
—¡Eh, hola! —los saludó una voz muy alegre.
Ludo Bagman estaba con Krum y Fleur en el centro del terreno de juego.
Harry y Cedric se les acercaron franqueando los setos. Fleur sonrió a Harry: su
actitud hacia él había cambiado por completo desde que había rescatado a su
hermana del lago.
—Bueno, ¿qué les parece? —dijo Bagman contento, cuando Harry y Cedric
pasaron el último seto—. Están creciendo bien, ¿no? Dentro de un mes Hagrid habrá conseguido que alcancen los seis metros. No se preocupen—añadió sonriente, viendo la expresión de tristeza de Harry y Cedric—, ¡en cuanto la prueba finalice el campo de quidditch volverá a estar como siempre! Bien, supongo que ya habrán adivinado en qué consiste la prueba, ¿no?
Pasó un momento sin que nadie hablara. Luego dijo Krum:
—Un «laberrinto».
—¡Eso es! —corroboró Bagman—. Un laberinto. La tercera prueba es así
de sencilla: la Copa de los tres magos estará en el centro del laberinto. El
primero en llegar a ella recibirá la máxima puntuación.
—¿Simplemente tenemos que «guecogueg» el «labeguinto»? —preguntó
Fleur.
—Sí, pero habrá obstáculos —dijo Bagman, dando saltitos de
entusiasmo—. Hagrid está preparando unos cuantos bichejos... y tendrán que
romper algunos embrujos... Ese tipo de cosas, ya saben. Bueno, los
campeones que van delante en puntuación saldrán los primeros. —Bagman
dirigió a Cedric y Harry una amplia sonrisa—. Luego entrará el señor Krum... y
al final la señorita Delacour. Pero todos tendrán posibilidades de ganar: eso
dependerá de lo bien que superen los obstáculos. Parece divertido, ¿verdad?
Harry, que conocía de sobra el tipo de animales que Hagrid buscaría para
una ocasión como aquélla, pensó que no resultaría precisamente divertido. Sin
embargo, como los otros campeones, asintió por cortesía.
—Muy bien. Si no hay ninguna pregunta, volveremos al castillo. Está
empezando a hacer frío...
Bagman alcanzó a Harry cuando salían del laberinto. Tuvo la impresión de
que iba a volver a ofrecerle ayuda, pero justo entonces Krum le dio a Harry
unas palmadas en el hombro.
—¿«Podrríamos hablarr»?
—Sí, claro —contestó Harry, algo sorprendido.
—¿Te «imporrta» si caminamos juntos?
—No.
Bagman parecía algo contrariado.
—Te espero, ¿quieres, Harry?
—No, no hace falta, señor Bagman —respondió Harry reprimiendo una
sonrisa—. Podré volver yo solo, gracias.
Harry y Krum dejaron juntos el estadio, pero Krum no tomó la dirección del
barco de Durmstrang. En vez de eso, se dirigió hacia el bosque.—¿Por qué vamos por aquí? —preguntó Harry al pasar ante la cabaña de Hagrid y el iluminado carruaje de Beauxbatons.
—No «quierro» que nadie nos oiga —contestó simplemente Krum.
Cuando por fin llegaron a un paraje tranquilo, a escasa distancia del
potrero de los caballos de Beauxbatons, Krum se detuvo bajo los árboles y se
volvió hacia Harry— Antes que nada, quierro felicitarrte por ganarr aquel parrtido, erres bueno.
—Gracias, aunque jamás pensé hacerlo, fue un honor jugar contigo.
—Grracias. Siento si les cause molestias a ti y a herrrmione
—No te preocupes, ya pasó.
—No le enviarron mas carrtas anónimas?
—Por suerrte no…
—¿te importarria si ella y yo siguiérramos siendo amigos?
—No…claro que no, ella puede ser amiga de quien quiera.
Algo se movió tras los árboles, y Harry, que tenía alguna experiencia
del tipo de cosas que se escondían en el bosque, agarró a Krum
instintivamente del brazo y tiró de él.
—¿Qué ha sido eso?
Harry negó con la cabeza, mirando al lugar en que algo se había movido, y
metió la mano en la túnica para coger la varita. Al instante, de detrás de un alto
roble salió tambaleándose un hombre. Harry tardó un momento en darse
cuenta de que se trataba del señor Crouch.
Por su aspecto se habría dicho que llevaba días de un lado para otro: a la
altura de las rodillas, la túnica estaba rasgada y ensangrentada; tenía la cara
llena de arañazos, sin afeitar y con señales de agotamiento, y tanto el cabello
como el bigote, habitualmente impecables, reclamaban un lavado y un corte.
Su extraña apariencia, sin embargo, no era tan llamativa como la forma en que
se comportaba: murmuraba y gesticulaba, como si hablara con alguien que
sólo él veía. A Harry le recordó un viejo mendigo que había visto en una
ocasión, cuando había acompañado a los Dursley a ir de compras. También
aquel hombre conversaba vehementemente con el aire. Tía Petunia había
cogido a Dudley de la mano y habían cruzado la calle para evitarlo. Luego tío
Vernon dedicó a la familia una larga diatriba sobre lo que él haría con mendigos
y vagabundos.
—¿No es uno de los «miembrros» del «trribunal»? —preguntó Krum,
mirando al señor Crouch—. ¿No es del «Ministerrio»?
Harry asintió y, tras dudar por un momento, caminó lentamente hacia el
señor Crouch, que, sin mirarlo, siguió hablando con un árbol cercano:
—... y cuando hayas acabado, Weatherby, envíale a Dumbledore una
lechuza confirmándole el número de alumnos de Durmstrang que asistirán al
Torneo. Karkarov acaba de comunicarme que serán doce...
—Señor Crouch... —dijo Harry con cautela.
—... y luego envíale otra lechuza a Madame Máxime, porque tal vez quiera
traer a algún alumno más, dado que Karkarov ha completado la docena...
Hazlo, Weatherby, ¿querrás? ¿Querrás? —El señor Crouch tenía los ojos desmesuradamente
abiertos. Siguió allí de pie mirando al árbol, moviendo la boca
sin pronunciar una palabra. Luego se tambaleó hacia un lado y cayó de rodillas.
—¡Señor Crouch! —exclamó Harry—, ¿se encuentra bien?
Los ojos le daban vueltas. Harry miró a Krum, que lo había seguido hasta
los árboles y observaba a Crouch asustado.
—¿Qué le pasa?
—Ni idea —susurró Harry—. Será mejor que vayas a buscar a alguien...
—¡A Dumbledore! —dijo el señor Crouch con voz ahogada. Agarró a Harry
de la tela de la túnica y lo atrajo hacia él, aunque los ojos miraban por encima
de su cabeza—. Tengo... que ver... a Dumbledore...
—De acuerdo —contestó Harry—. Si se levanta usted, señor Crouch,
podemos ir al...
—He hecho... idioteces... —musitó el señor Crouch. Parecía realmente
trastornado: los ojos se le movían desorbitados, y un hilo de baba le caía de la
barbilla. Cada palabra que pronunciaba parecía costarle un terrible esfuerzo—.
Tienes que... decirle a Dumbledore...
—Levántese, señor Crouch —le indicó Harry en voz alta y clara—.
¡Levántese y lo llevaré hasta Dumbledore!
El señor Crouch dirigió los ojos hacia él.
—¿Quién... eres? —susurró.
—Soy alumno del colegio —contestó Harry, mirando a Krum en busca de
ayuda, pero éste se mostraba indeciso y nervioso.
—¿No eres de... él? —preguntó Crouch, y se quedó con la mandíbula
caída.
—No —respondió, sin tener la más leve idea de lo que quería decir
Crouch.
—¿De Dumbledore...?
—Sí.
Crouch tiraba de él hacia sí. Harry trató de soltarse, pero lo agarraba con
demasiada fuerza.
—Avisa a... Dumbledore...
—Traeré a Dumbledore si me suelta —le dijo Harry—. Suélteme, señor
Crouch, e iré a buscarlo.
—Gracias, Weatherby. Y, cuando termines, me tomaría una taza de té. Mi
mujer y mi hijo no tardarán en llegar. Vamos a ir esta noche a un concierto con
Fudge y su señora. —Crouch hablaba otra vez con el árbol, completamente
ajeno de Harry, que se sorprendió tanto que no notó que lo había soltado—. Sí,
mi hijo acaba de sacar doce TIMOS, muy pero que muy bien, sí, gracias, sí, sí
que me siento orgulloso. Y ahora, si me puedes traer ese memorándum del
ministro de Magia de Andorra, creo que tendré tiempo de redactar una
respuesta...
—¡Quédate con él! —le dijo Harry a Krum—. Yo traeré a Dumbledore.
Puedo hacerlo más rápido, porque sé dónde está su despacho...
—Está loco —repuso Krum en tono dubitativo, mirando a Crouch, que
seguía hablando atropelladamente con el árbol, convencido de que era Percy.
—Quédate con él —repitió Harry comenzando a levantarse, pero su
movimiento pareció desencadenar otro cam bio repentino en el señor Crouch,
que lo agarró fuertemente de las rodillas y lo tiró al suelo.
—¡No me... dejes! —susurró, con los ojos de nuevo desorbitados—. Me he
escapado... Tengo que avisar... tengo que decir... ver a Dumbledore... Ha sido
culpa mía, sólo mía... Bertha... muerta... sólo culpa mía... mi hijo... culpa mía...
Tengo que decírselo a Dumbledore... Harry Potter... el Señor Tenebroso... más
fuerte... Harry Potter..
—¡Le traeré a Dumbledore si usted deja que me vaya, señor Crouch! —
replicó Harry. Miró nervioso a Krum—. Ayúdame, ¿quieres?
Como de mala gana, Krum avanzó y se agachó al lado del señor Crouch.
—Que no se mueva de aquí —dijo Harry, liberándose del señor Crouch—.
Volveré con Dumbledore.
—Date prisa —le gritó Krum mientras Harry se alejaba del bosque
corriendo y atravesaba los terrenos del colegio, que estaban sumidos en la
oscuridad.
Bagman, Cedric y Fleur habían desaparecido. Subió como un rayo la
escalinata de piedra, atravesó las puertas de roble y se lanzó por la escalinata
de mármol hacia el segundo piso. Cinco minutos después se precipitaba hacia
una gárgola de piedra que decoraba el vacío corredor.
—«¡Sor... sorbete de limón!» —dijo jadeando.
Era la contraseña de la oculta escalera que llevaba al despacho de
Dumbledore. O al menos lo había sido dos años antes, porque evidentemente
había cambiado, ya que la gárgola de piedra no revivió ni se hizo a un lado,
sino que permaneció inmóvil, dirigiendo a Harry su aterrorizadora mirada.
—¡Muévete! —le gritó Harry—. ¡Vamos!
Pero en Hogwarts las cosas no se movían simplemente porque uno les
gritara: sabía que no le serviría de nada. Miró a un lado y otro del oscuro
corredor. Quizá Dumbledore estuviera en la sala de profesores. Se precipitó a
la carrera hacia la escalera.
—¡POTTER!
Snape acababa de salir de la escalera oculta tras la gárgola de piedra. El
muro se cerraba a sus espaldas mientras hacía señas a Harry para que fuera
hacia él.
—¿Qué hace aquí, Potter?
—¡Tengo que hablar con el profesor Dumbledore! —respondió,
retrocediendo por el corredor y resbalando un poco al pararse en seco delante
de Snape—. Es el señor Crouch... Acaba de aparecer... Está en el bosque...
Pregunta...
—Pero ¿qué está diciendo? —exclamó Snape. Los ojos negros le
brillaban—. ¿Qué tonterías son ésas?
—¡El señor Crouch! —gritó—. ¡El del Ministerio! ¡Está enfermo o algo
parecido...! Está en el bosque y quiere ver a Dumbledore. ¡Por favor, deme la
contraseña!
—El director está ocupado, Potter —dijo Snape curvando sus delgados labios en una desagradable sonrisa.
—¡Tengo que decírselo a Dumbledore! —gritó.
—¿No me ha oído, Potter?
Harry hubiera jurado que Snape disfrutaba al negarle lo que le pedía en un
momento en el que estaba tan asustado.
—Mire —le dijo enfadado—, Crouch no está bien... Está... está como
loco... Dice que quiere advertir...
Tras Snape se volvió a abrir el muro. Apareció Dumbledore con una larga
túnica verde y expresión de ligera extrañeza.
—¿Hay algún problema? —preguntó, mirando a Harry y Snape.
—¡Profesor! —dijo Harry, adelantándose a Snape—. El señor Crouch está
aquí. ¡Está en el bosque, y quiere hablar con usted!
Harry esperaba que Dumbledore le hiciera preguntas pero, para alivio
suyo, no fue así.
—Llévame hasta allí —le indicó de inmediato, y fue tras él por el corredor
dejando a Snape junto a la gárgola, que a su lado no parecía tan fea.
—¿Qué ha dicho el señor Crouch, Harry? —preguntó Dumbledore cuando
bajaban apresuradamente por la escalinata de mármol.
—Dice que quiere advertirle... Dice que ha hecho algo terrible... Menciona
a su hijo... y a Bertha Jorkins... y... y a Voldemort... Dice algo de que Voldemort
se hace fuerte...
—¿De veras? —dijo Dumbledore, y apresuró el paso para atravesar los
terrenos sumidos en completa oscuridad.
—No se comporta con normalidad —comentó Harry, corriendo al lado de
Dumbledore—. No parece que sepa dónde está. Habla como si creyera que
Percy Weasley está con él, y de repente cambia y pide verlo a usted... Lo he
dejado con Viktor Krum.
—¿Cómo? ¿Lo has dejado con Krum? —exclamó Dumbledore
bruscamente, y comenzó a dar pasos aún más largos. Harry tuvo que correr
para no quedarse atrás—. ¿Sabes si alguien más ha visto al señor Crouch?
—Nadie —respondió—. Krum y yo estábamos hablando. El señor Bagman
ya había acabado de explicarnos en qué consiste la tercera prueba, y nosotros
nos quedamos atrás. Entonces vimos al señor Crouch salir del bosque.
—¿Dónde están? —preguntó Dumbledore, cuando el carruaje de
Beauxbatons se hizo visible.
—Por ahí —contestó Harry adelantándose a Dumbledore y guiándolo por
entre los árboles.
No se oía la voz de Crouch, pero sabía hacia dónde tenía que ir. No era
mucho más allá del carruaje de Beauxbatons... más o menos por aquella
zona...
—¡Viktor! —gritó Harry.
No respondieron.
—Los dejé aquí —explicó—. Tienen que estar por aquí...
—¡Lumos!—dijo Dumbledore para encender la varita, y la mantuvo en alto.
El delgado foco de luz se desplazó de un oscuro tronco a otro, iluminando
el suelo. Y al final hizo visible un par de pies.
Harry y Dumbledore se acercaron aprisa. Krum estaba tendido en el suelo
del bosque. Parecía inconsciente. No había ni rastro del señor Crouch.
Dumbledore se inclinó sobre Krum y le levantó un párpado con cuidado.
—Está desmayado —dijo con voz suave. En las gafas de media luna brilló
la luz de la varita cuando miró entre los árboles cercanos.
—¿Voy a buscar a alguien? —sugirió Harry—. ¿A la señora Pomfrey?
—No —dijo Dumbledore rápidamente—. Quédate aquí. Levantó en el aire
la varita y apuntó con ella a la cabaña de Hagrid. Harry vio que algo plateado
salía de ella a gran velocidad y atravesaba por entre los árboles como un
pájaro fantasmal. A continuación Dumbledore volvió a inclinarse sobre Krum, le
apuntó con la varita y susurró:
—¡Enervate!
Krum abrió los ojos. Parecía confuso. Al ver a Dumbledore trató de
sentarse, pero él le puso una mano en el hombro y lo hizo permanecer
tumbado.
—¡Me atacó! —murmuró Krum, llevándose una mano a la cabeza—. ¡Me
atacó el viejo loco! Estaba «mirrando» si venía Potter, y me atacó por
«detrrás»!
—Descansa un momento —le indicó Dumbledore. Oyeron un ruido de
pisadas antes de ver llegar a Hagrid jadeando, seguido por Fang. Había cogido
su ballesta.
—¡Profesor Dumbledore! —exclamó con los ojos muy abiertos—. ¡Harry!,
¿qué...?
—Hagrid, necesito que vayas a buscar al profesor Karkarov —dijo
Dumbledore—. Han atacado a un alumno suyo. Cuando lo hayas hecho, ten la bondad de traer al profesor Moody.
—No hará falta, Dumbledore —dijo una voz que era como un gruñido
sibilante—. Estoy aquí.
Moody se acercaba cojeando, apoyándose en su bastón y con la varita
encendida.
—Maldita pierna —protestó furioso—. Hubiera llegado antes... ¿Qué ha
pasado? Snape dijo algo de Crouch...
—¿Crouch? —repitió Hagrid sin comprender.
—¡Hagrid, por favor, ve a buscar a Karkarov! —exclamó Dumbledore
bruscamente.
—Ah, sí... ya voy, profesor —dijo Hagrid, y se volvió y desapareció entre
los oscuros árboles. Fangfue trotando tras él.
—No sé dónde estará Barty Crouch —le dijo Dumbledore a Moody—, pero
es necesario que lo encontremos.
—Me pondré a ello —gruñó Moody. Sacó la varita, y penetró en el bosque
cojeando.
Ni Dumbledore ni Harry volvieron a decir nada hasta que oyeron los
inconfundibles sonidos de Hagrid y Fang, que volvían. Karkarov iba muy aprisa
tras ellos. Llevaba su lustrosa piel plateada, y parecía nervioso y pálido.
—¿Qué es esto? —gritó al ver en el suelo a Krum, y a Dumbledore y Harry
a su lado—. ¿Qué pasa?
—¡Me ha atacado! —dijo Krum, incorporándose en aquel momento y
frotándose la cabeza—. El «señorr Crrouch» o como se llame.
—¿Que Crouch te atacó? ¿Que Crouch te atacó? ¿El miembro del
tribunal?
—Igor... —comenzó Dumbledore, pero Karkarov se había erguido,
agarrándose las pieles con que se cubría.
—¡Traición! —gritó, señalando a Dumbledore—. ¡Es una confabulación!
¡Tú y tu Ministerio de Magia me han atraído con falsedades, Dumbledore!
¡No es una competición justa! ¡Primero cuelas a Potter en el Torneo, a pesar de
que no tiene la edad! ¡Ahora uno de tus amigos del Ministerio intenta dejar
fuera de combate a mi campeón! ¡Todo este asunto huele a corrupción y a
trampa, y tú, Dumbledore, tú, con el cuento de entablar lazos entre los magos
de distintos países, de restablecer las antiguas relaciones, de olvidar las
diferencias... mira lo que pienso de ti!
Karkarov escupió a los pies de Dumbledore. Con un raudo movimiento,
Hagrid agarró a Karkarov por las pieles, lo levantó en el aire y lo estampo contra un árbol cercano.
—¡Pida disculpas! —le ordenó, mientras Karkarov intentaba respirar con el
puño de Hagrid en la garganta y los pies en el aire.
—¡Déjalo, Hagrid! —gritó Dumbledore, con un destello en los ojos.
Hagrid retiró la mano que sujetaba a Karkarov al árbol, y éste se deslizó
por el tronco y quedó despatarrado entre las raíces. Le cayeron algunas hojas y
ramitas en la cabeza.
—¡Hagrid, ten la bondad de acompañar a Harry al castillo! —le dijo
Dumbledore con brusquedad.
Resoplando de furia, Hagrid echó una dura mirada a Karkarov.
—Creo que sería mejor que me quedara aquí, director...
—Llevarás a Harry de regreso al colegio, Hagrid —le repitió Dumbledore
con firmeza—. Llévalo hasta la torre de Gryffindor. Y, Harry, quiero que no
salgas de ella. ¿me has entendido?
—Eh... sí —dijo Harry
—Dejaré aquí a Fang, director —dijo Hagrid, sin dejar de mirar
amenazadoramente a Karkarov, que seguía despatarrado al pie del árbol,
enredado con pieles y raíces—. Quieto, Fang. Vamos, Harry.
Caminaron en silencio, pasando junto al carruaje de Beauxbatons, y luego
subieron hacia el castillo.
—Cómo se atreve —gruñó Hagrid cuando iban a la altura del lago—. Cómo
se atreve a acusar a Dumbledore. Como si Dumbledore fuera a hacer algo así,
como si él deseara tu entrada en el Torneo. Creo que nunca lo había visto tan
preocupado como últimamente. ¡Y tú! —le dijo de pronto, enfadado, a Harry,
que lo miraba desconcertado—. ¿Qué hacías paseando con ese maldito Krum?
¡Es de Durmstrang, Harry! ¿Y si te echa un maleficio? ¿Es que Moody no te ha
enseñado nada? Imagina que te atrae a su propio...
—¡Krum no tiene nada de malo! —replicó Harry mientras entraban en el
vestíbulo—. No ha intentado echarme ningún maleficio. Sólo hemos hablado de
Hermione.
—También tendré unas palabras con ella —declaró Hagrid ceñudo,
pisando fuerte en los escalones—. Cuanto menos tengan que ver con esos
extranjeros, mejor les irá. No se puede confiar en ninguno de ellos.
—Pues tú te llevabas muy bien con Madame Máxime —señaló Harry,
disgustado. —¡No me hables de ella! —contestó Hagrid, y su aspecto se volvió
amenazador por un momento—. ¡Ya la tengo calada! Trata de engatusarme
para que le diga en qué va a consistir la tercera prueba. ¡Ja! ¡No hay que fiarse
de ninguno!
Hagrid estaba de tan mal humor que Harry se alegró de despedirse de él
delante de la Señora Gorda. Traspasó el hueco del retrato para entrar en la
sala común, y se apresuró a reunirse con Ron y Hermione para contarles todo
lo ocurrido.
—Vuélvelo a contar, Harry —pidió Hermione—. ¿Qué dijo exactamente el
señor Crouch?
—Ya te lo he dicho, lo que explicaba no tenía mucho sentido. Decía que
quería advertir a Dumbledore de algo. Desde luego mencionó a Bertha Jorkins,
y parecía pensar que estaba muerta. Insistía en que tenía la culpa de unas
cuantas cosas... mencionó a su hijo.
—Bueno, eso sí que fue culpa suya —dijo Hermione malhumorada.
—No estaba en sus cabales. La mitad del tiempo parecía creer que su
mujer y su hijo seguían vivos, y le daba instrucciones a Percy.
—Y... ¿me puedes recordar qué dijo sobre Quien-tú-sabes? —dijo Ron con
vacilación.
—Ya te lo he dicho —repitió Harry con voz cansina—. Dijo que estaba
recuperando fuerzas.
Se quedaron callados. Luego Ron habló con fingida calma:
—Pero si Crouch no estaba en sus cabales, como dices, es probable que
todo eso fueran desvaríos.
—Cuando trataba de hablar de Voldemort parecía más cuerdo —repuso
Harry, sin hacer caso del estremecimiento de Ron—. Tenía verdaderos
problemas para decir dos palabras seguidas, pero en esos momentos daba la
impresión de que sabía dónde se encontraba y lo que quería. Repetía que
tenía que ver a Dumbledore.
Se separó de la ventana y miró las vigas de la lechucería. La mitad de las
perchas habían quedado vacías; de vez en cuando entraba alguna lechuza que
volvía de su cacería nocturna con un ratón en el pico.
—Si el encuentro con Snape no me hubiera retrasado —dijo con
amargura—, podríamos haber llegado a tiempo. «El director está ocupado,
Potter. Pero ¿qué dice, Potter? ¿Qué tonterías son ésas, Potter?» ¿Por qué no
se quitaría de en medio?
—¡A lo mejor no quería que llegaras a tiempo! —exclamó Ron—. Puede
que... espera... ¿Cuánto podría haber tardado en llegar al bosque? ¿Crees que
podría haberseles adelantado?
—No a menos que se convirtiera en murciélago o algo así —contestó
Harry.
—En él no me extrañaría —murmuró Ron.
—Tenemos que ver al profesor Moody —dijo Hermione—. Tenemos que
saber si encontró al señor Crouch.
—Si llevaba con él el mapa del merodeador, no pudo serle difícil —opinó Harry
—A menos que Crouch hubiera salido ya de los terrenos —observó Ron—,
porque el mapa sólo muestra los terrenos del colegio, ¿no?
—¿Creéis que es demasiado temprano para ir a ver al profesor Moody? —
preguntó Hermione bajando la escalera de caracol.
—Sí —respondió Harry—. Seguramente nos acribillaría a encantamientos
a través de la puerta si lo despertamos al alba: creería que queremos atacarlo
mientras está dormido. Será mejor que esperemos al recreo.
La clase de Historia de la Magia nunca había resultado tan lenta. Como
Harry ya no llevaba su reloj, a cada rato miraba el de Ron, el cual avanzaba tan
despacio que parecía que se hubiera parado también. Estaban tan cansados
los tres que de buena gana habrían apoyado la cabeza en la mesa para
descabezar un sueño: ni siquiera Hermione tomaba sus acostumbrados
apuntes, sino que tenía la barbilla apoyada en una mano y seguía al profesor
Binns con la mirada perdida.
Cuando por fin sonó la campana, se precipitaron hacia el aula de Defensa
Contra las Artes Oscuras, y encontraron al profesor Moody que salía de allí.
Parecía tan cansado como ellos. Se le caía el párpado de su ojo normal, lo que
le daba a la cara una apariencia más asimétrica de lo habitual.
—¡Profesor Moody! —gritó Harry, mientras avanzaban hacia él entre la
multitud.
—Hola, Potter —saludó Moody. Miró con su ojo mágico a un par de
alumnos de primero, que aceleraron nerviosos; luego giró el ojo hacia el interior
de la cabeza y los miró a través del cogote hasta que doblaron la esquina.
Entonces les dijo—: Vengan.
Se hizo atrás para dejarlos entrar en el aula vacía, entró tras ellos cojeando
y cerró la puerta.
—¿Lo encontró? —le preguntó Harry, sin preámbulos—. ¿Encontró al
señor Crouch?
—No. —Moody fue hacia su mesa, se sentó, extendió su pata de palo con
un ligero gemido y sacó la petaca.
—¿Utilizó el mapa? —inquirió Harry.
—Por supuesto —dijo Moody bebiendo un sorbo de la petaca—. Seguí tu
ejemplo, Potter: lo llamé para que llegara hasta mí desde mi despacho. Pero
Crouch no aparecía por ningún lado.
—¿Así que se desapareció? —preguntó Ron.
—¡Nadie se puede desaparecer en los terrenos del colegio, Ron! —le
recordó Hermione—. ¿Podría haberse esfumado de alguna otra manera,
profesor?
El ojo mágico de Moody tembló un poco al fijarse en Hermione.
—Tú también valdrías para auror —le dijo—. Tu mente funciona bien,
Granger.
Hermione se puso colorada de satisfacción.
—Bueno, no era invisible —observó Harry—, porque el mapa muestra
también a los invisibles. Por lo tanto debió de abandonar los terrenos del
colegio.
—Pero ¿por sus propios medios? —preguntó Hermione—. ¿O se lo llevó
alguien?
—Sí, alguien podría haberlo montado en una escoba y habérselo llevado
por los aires, ¿no? —se apresuró a decir Ron, mirando a Moody esperanzado,
como si esperara que también le dijera a él que tenía madera de auror.
—No se puede descartar el secuestro —admitió Moody.
—Entonces, ¿cree que estará en algún lugar de Hogsmeade?
—Podría estar en cualquier sitio —respondió Moody moviendo la cabeza—
. Lo único de lo que estamos seguros es de que no está aquí.
Bostezó de forma que las cicatrices del rostro se tensaron y la boca torcida
reveló que le faltaban unos cuantos dientes. Luego dijo:
—Dumbledore me ha dicho que os gusta jugar a los detectives, pero no
hay nada que podáis hacer por Crouch. El Ministerio ya andará buscándolo,
porque Dumbledore les ha informado. Ahora, Potter, quiero que pienses sólo
en la tercera prueba.
—¿Qué? —exclamó Harry—. Ah, sí...
No había dedicado ni un segundo a pensar en el laberinto desde que había
salido de él con Krum la noche anterior.
—Esta prueba te tendría que ir como anillo al dedo —dijo Moody mirando a
Harry y rascándose la barbilla llena de cicatrices y con barba de varios días—.
Por lo que me ha dicho Dumbledore, has salido bien librado unas cuantas
veces de situaciones parecidas. Cuando estabas en primero te abriste camino
a través de una serie de obstáculos que protegían la piedra filosofal, ¿no?
—Nosotros lo ayudamos —se apresuró a decir Ron—. Hermione y yo.
Moody sonrió.
—Bien, ayudadlo también a preparar esta prueba, y me llevaré una
sorpresa si no gana —dijo—. Y, mientras tanto... alerta permanente, Potter.
Alerta permanente.
Echó otro largo trago de la petaca, y su ojo mágico giró hacia la ventana,
desde la cual se veía la vela superior del barco de Durmstrang.
—Y vosotros dos —su ojo normal se clavó en Ron y Hermione— no os
apartéis de Potter, ¿de acuerdo? Yo estoy alerta, pero, de todas maneras...
cuantos más ojos, mejor.
Harry se despidió de Ron y Hermione cuando su madre lo llamo al despacho, su padre tambien estaba sentado allí, cruzado de brazos. Los dos parecían molestos.
—¿A qué crees que juegas paseando en la noche con Krum? —Preguntó James bastante enojado. A Harry se le hizo un nudo en el estomago, normalmente la que lo reprendía era su madre mientras cornamenta miraba divertido, ver a su padre enojado y regaandolo era todo una novedad y le preocupaba. — En Hogwarts hayalguien muy peligroso. Es evidente que querían impedir que Crouchviera a Dumbledore y probablemente tú te encontraste muy cerca de ellos y en la oscuridad: podrían haberte matado.
—Tu nombre no entró en el cáliz de fuego por accidente. Si alguien trata de atacarte, todavía tiene una última oportunidad. No te separes de Ron y Hermione, Mantente cerca de nosotros. Hay mucho en riesgo Hijo—intervino Lily afligida, lucía bastante pálida y cansada. — Quiero que me jures, que no vas a salir de noche del castillo con ninguna otra persona
—Tampoco salgas de la torre de Gryffindor a deshoras, y prepárate para la última prueba. Practica los encantamientos aturdidores y de desarme. Tampoco te irían mal algunos maleficios. Por lo que respecta a Crouch, no puedes hacer nada. Ten mucho cuidado*.*
—No puedes volver a comportarte de manera imprudente.
—Está bien, lo siento. Prometo que tendré cuidado.
Harry no creía haber hecho nada malo en hablar con Viktor, el chico no le abia hecho daño, ni habia tenido otra intención que hablar sobre Hermione, pero no quiso discutir con sus papás, asi que se limito a darles la razón.
—¿Y quién es él para darme lecciones? —dijo Harry algo indignado,—. ¡Con todas las trastadas que hizo en el colegio!
—¡Está preocupado por ti! —replicó Hermione bruscamente—. ¡Lo mismo
que Moody y Hagrid! ¡Así que hazles caso!
—Nadie ha intentado atacarme en todo el año. Nadie me ha hecho nada...
—Salvo meter tu nombre en el cáliz de fuego —le recordó Hermione—. Y
lo tienen que haber hecho por algún motivo, Harry. James tiene razón. Tal vez
estén aguardando el momento oportuno, y ese momento puede ser la tercera
prueba.
—Mira —dijo Harry algo harto—, supongamos que está en lo cierto y que alguien atacó a Krum para secuestrar a Crouch. Bien, en ese caso tendrían que haber estado entre los árboles, muy cerca de nosotros, ¿no? Pero esperaron a que me hubiera ido para actuar, ¿verdad? Parece como si yo no fuera su objetivo.
—¡Si te hubieran asesinado en el bosque no habrían podido hacerlo pasar
por un accidente! —repuso Hermione—. Pero si mueres durante una prueba...
—Sin embargo, no tuvieron inconveniente en atacar a Krum —objetó
Harry—. ¿Por qué no liquidarme al mismo tiempo? Podrían haber hecho que
pareciera que Krum y yo nos habíamos batido en un duelo o algo así.
—Yo tampoco lo comprendo, Harry —dijo Hermione—. Sólo sé que pasan
un montón de cosas raras, y no me gusta... Moody tiene razón, tus padres, canuto y Hagrid tienen razón: has de empezar ya a entrenarte para la tercera prueba y a cuidarte.