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El secreto del dragón — capítulo 3

Pasaron varios días y aún no me decidía a ponerme en contacto con ella. Nuestro último encuentro en el colegio había sido horrible (al menos para mí) y temía que ni siquiera contestara mis mensajes. También estaba el hecho de que ella vive con muggles y no estaba seguro si mandarle una carta por el correo habitual (lechuza…o en mi caso mi búho) o si sería mejor llamarla por ese aparato ruidoso que normalmente tiene esa gente (creo que se llama telétono o talétono o algo parecido). De todos modos… ¿Me atrevería a hacerlo? Decirle lo que me estaba envenenando el alma… O ella me juzgaría y definitivamente no me hablaría más. ¿Y si le contaba a alguien más y todo se descubría? Mi familia estaría en peligro… ¡No sé qué hacer!

Cada día que pasaba me ponía más y más nervioso. No sé qué voy a hacer el siguiente año escolar. No sé cómo voy a llevar a cabo la importante misión que me asignó el Señor Tenebroso. Mi madre, por suerte, ya lo ha aceptado y no lloriquea todo el tiempo. Quizás crean que es muy egoísta de mi parte decir eso pero es una tortura diaria para mí verla todo el tiempo con los ojos hinchados. Me recuerda a cada rato lo que tengo que hacer.

Estoy esperando a mi madre en el salón, frente a la chimenea, al fin encontré los polvos flu en un cajón y pronto nos iremos a la casa de la ciudad. Londres es muy aburrido en vacaciones pero más me aburro en esta inmensa casa de campo donde ninguno de mis amigos me puede venir a visitar. Crabbe cumple dentro de un par de semanas y seguro que veo a todos mis amigos allí. Pero ese día está muy lejano y ya me estoy volviendo loco estando solo y sin poder hablar con nadie. Aunque claro, no hay nadie más en el mundo que "ella" al cual le pueda contar sobre mis problemas.

_ ¿Ya estás listo, Draco?_ dijo mi madre a mis espaldas, me di la vuelta.

_ Sí, madre… ¿Estaremos mucho tiempo allí?

_ No lo sé… quizás_ dijo enigmáticamente. Luego al ver mis dos maletas y el pesado baúl del colegio agregó_: ¿tanto llevas? Es demasiado equipaje, hijo.

_ Sí, pero tengo que llevar las cosas del colegio sí o sí. Tengo deberes_ me justifiqué.

_ Hablo de las maletas. ¿Para qué tanta ropa?

_ No…es sólo lo necesario…

_ Draco…_ me retó.

_ Vamos madre… hay cosas que necesito.

_ Está bien… vamos_ cedió al fin.

No es que llevara mucha ropa en las maletas. Simplemente hay cosas de las que no me puedo desprender como una foto de mis padres, la de Hermione obvio, una bufanda de Gryffindor… Se preguntarán por qué, bueno… un día ella la olvidó en el patio del colegio… quise devolverla pero el estúpido de Potter se interpuso en el camino y no llegué ni siquiera a decirle que no quería molestarla sino devolverle su bufanda. ¡En fin! Eso pasó hace mucho tiempo.

Otra de las cosas que llevo siempre conmigo son mis poster de quiddich y varios libros sobre ello. ¡Me encanta el quiddich! Ojalá el siguiente año aplastemos a Gryffindor. Así seré completamente feliz, cuando pueda darle su merecido a San Potter. ¡Lo detesto! ¡Siempre metiéndose en donde no lo llaman! De todos modos ya encontraré la manera de que me pague lo de mi padre…

Cuando aparecimos en la casa de la ciudad uno de esos grotescos elfos nos estaba esperando. Recuerdo que cuando era pequeño me repugnaban, ahora no… son útiles y buenos. La madre de Feli era muy atenta conmigo, lástima que murió.

_ Bienvenida ama_ dijo con su voz chillona.

_ Desempaca las maletas, Feli_ le ordenó mi madre mientras recorría la casa.

Era una casa grande, de dos pisos y en ese momento parecía oscura y fría. Fuera comenzaba a nublarse y pareciera como si fuera a llover. ¡Mala suerte! Quería escaparme un rato para salir a buscar un telétono muggle. Vivimos en una calle rodeados de vecinos sin magia, no hay magos aquí. Por ese motivo mis padres estuvieron pensando en venderla el año anterior y así mudarnos a un lugar más conveniente pero ya nada podrá ser; todos los planes familiares se vinieron al suelo luego de que mi padre fuera capturado.

_ Voy a subir a mi cuarto, madre, tengo deberes del colegio que hacer_ le dije distraídamente.

_ Bien…_ susurró ella. No sé si me escuchó, parecía inmersa en sus pensamientos.

Subí hasta mi habitación en donde ya las maletas estaban desempacadas. El corazón comenzó a latirme con fuerza cuando me di cuenta que en ellas estaba la foto de Hermione cubierta por la bufanda. Así que comencé a rebuscar por todos lados para ver en dónde la había colocado Feli… si alguien la ve…

Rebusqué por el ropero, la cajonera, a mesita de luz… ¡Donde demonios está!

_ Ahhhhhhh, aquí estás_ susurré al encontrarla. ¡Qué alivio!

La elfa doméstica había puesto la bufanda dentro del baúl del colegio. No había advertido la foto y seguro que pensó que era parte de las cosas que siempre llevo a Hogwarts. Tengo que tener más cuidado, si mi madre la viera le daría un infarto. Ella espera grandes cosas de mí y una bruja hija de muggles no entra en sus planes. De todos modos por la cara que puso cuando le confesé que la quería… no creo que tenga problemas en ese sentido. Ella parece detestarme.

_ Draco, la comida_ dijo mi madre al tocar la puerta. ¿Tan rápido? Pensé.

_ Voy_ le grité mientras metía la bufanda rápidamente en el ropero por si le daba por entrar. Por suerte no lo hizo.

En el comedor la mesa lucía triste, siempre había tenido tres platos y ahora éramos sólo dos. Mi madre ya estaba sentada muy tiesa en una de las sillas y parecía como si ambos tuviéramos la misma idea ya que sus ojos parecían mojados. Su hermoso cabello rubio peinado siempre pulcramente lucía despeinado y sin vida. Me senté frente a ella sin saber qué decirle. Pero parecía ausente.

_ Esta tarde vendrá tu tía a tomar el té_ me comentó sin darle importancia.

Era raro que tía Bellatrix se apareciera por casa, mi padre y ella no congeniaban mucho…  pero… me estoy olvidando que mi padre no está en casa. ¿Qué vendrá a hacer? Nunca aparece sin motivo. Lo que me sorprende aún más que es que no esté tan preocupada como mi madre por su esposo que también atraparon junto a mi padre.

_ ¿Puedo salir a caminar por el barrio esta tarde?_ pregunté tratando de mantenerme calmado. La idea de salir, quebrando así mi encierro, se había transformado en una necesidad para mí.

No siempre me dejaban salir cuando estábamos en esa casa. A mis padres no les gustaba que deambulara entre aquellas personas, como si fueran a contagiarme de algo… ¡absurdo!

_ ¿A caminar?... Nunca lo haces_ dijo sorprendida. Era cierto, no me gustaba el barrio muggle, sin embargo necesitaba comunicarme con Hermione. Había decidido llamarla.

_ Sí… necesito… pensar_ balbuceé sin saber en realidad qué decir.

_ Sí, claro. La calma te hará bien, hijo, pero ten cuidado con "esas personas"_ me dijo ella comprendiendo (o mejor dicho, creyendo comprenderme). Cuando pronunció la última frase lo hizo con un desprecio que, por algún motivo, me dolió en el alma. Quizás el amor que siento por ella me había hecho cambiar demasiado…

Pronto el almuerzo acabó y subí de nuevo a mi cuarto. Estaba algo deprimido, no tenía ganas de hacer nada, ni siquiera de colgar los poster de quiddich que había traído de nuestra casa de campo. Eso era lo malo de no contar con la mayoría de edad, si así fuera sólo tendría que usar mi varita.

No sé en qué momento pasó pero me quedé dormido con la ropa puesta. Al despertarme y mirar por la ventana vi que no llovía y la esperanza creció en mí, tenía que llamarla… estaba seguro que ella no me negaría la ayuda si se la pedía. Arriesgaba demasiado el pellejo con ello pero necesitaba hablar con alguien de lo que pasaba. Estaba a punto de explotar. Yo no quiero matar a nadie… ¡no quiero hacerlo!

Me peiné un poco y me puse unos jeans de muggle, no podía salir con la túnica negra que tenía puesta, me verían como a un bicho raro. Cuando estaba en el baño escuché el timbre de la casa y poco después la voz de mi tía Bellatrix. Me decepcionó un poco… pensaba evitarla aquella tarde porque, de alguna forma, siempre conseguía averiguar si tramaba algo. No quería que me matara a preguntas.

De todos modos bajé apurado con la idea de saludar e irme. En el pequeño vestíbulo no había nadie y noté la puerta del salón abierta, desde allí se escuchaban las voces de las dos mujeres.

_ ¡Madre, me voy!_ grité apresurándome a abrir la puerta de calle.

_ ¡Ah, Draco! ¿A dónde vas?_ dijo la voz de mi tía a mis espaldas.

¡Mierda, es rápida! Pensé molesto.

_ A dar una vuelta… No sabía que estaba aquí, tía_ dije al darme la vuelta. Ella estaba parada en el umbral de la puerta del salón y me miraba interrogativamente. Entonces tuve la certeza de que ella supo que le había mentido.

_ Draco ya viene… ¿quieres tomar un té antes, hijo?_ dijo mi madre luego de dirigirme una mirada de reojo.

_ No, tengo que salir_ dije con impaciencia. Lamentablemente en ese preciso momento se escuchó un trueno a lo lejos y la lluvia comenzó a caer torrencialmente.  

_ Está lloviendo_ dijo mi tía mirando por la ventana.

_ Sí… quizás deberías quedarte en casa_ dijo mi madre.

_ No… yo… ya vuelvo_ dije y me precipité hasta la puerta de calle. Salí antes de que reaccionaran y yo perdiera la oportunidad que se me había presentado.

_ ¡Pero, hijo…!_ llegó a exclamar mi madre.

_ Adolescentes_ dijo tía Bellatrix con desprecio.

Luego sus voces se perdieron cuando cerré la puerta… ahora, tenía que buscar uno de esos telétonos públicos.  Pensé que iba a ser sencillo, ¡que equivocado estaba! Luego de dar algunas vueltas mientras me refugiaba en los eventuales techos de los negocios me cansé y entré en uno de ellos para preguntar dónde conseguía uno, sino deambularía por horas. Era uno de esos negocios de herramientas (no sé para qué las necesitan los muggles).

_ Disculpe, señor… ¡señor!_ le dije a un hombre alto, gordo y calvo que me daba la espalda. El hombre se dio vuelta y me miró con el ceño fruncido.

_ ¿Sí? ¿Qué necesitas muchacho?

_ Quería saber en dónde puedo conseguir un… telétono._ ¡Demonios! Olvidé el nombre… pero era algo así. Pensé.

_ ¿Un qué?_ dijo desconcertado.

_ Un teletonono… talétono… para hablar…_ dije poniendo mi mano en la oreja mientras fingía hablar.

_ Un teléfono querrás decir_ dijo el hombre que me miró sorprendido. Mis mejillas se colorearon un poco… sentí que era uno de esos nombres que nadie olvidaba.

_ Sí, eso…

_ Al llegar a la esquina, cruza la calle y sigue por allí, Hay uno a media cuadra_ me dijo mientras señalaba la calle con la mano y, luego de agradecerle, me fui. Al menos ya sabía cómo se llamaba ese aparato.

Poco después me encontré con uno y entré rápido al cubículo, era uno de esos antiguos de color rojo. Saqué de mi bolsillo su número mientras mis manos temblaban de la ansiedad. Lo había conseguido hacía muy poco, antes de irme del colegio se lo pedí a esa Lunática Lovegood, me lo dio como si nada… fue muy fácil. Aún ahora me sorprende lo fácil que fue. Levanté el tubo y nada…

_ Quiero hablar con Hermione Granger_ le dije al aparato… pero no respondió. ¡¿Qué demonios se suponía que tenía que hacer?! ¿Tendría que poner el número antes?

Con un suspiro tomé el número y marqué en los desgastados botones. Pero no pasaba nada…

_ ¡¿Qué demonios!?

Entonces el cable se soltó y me di cuenta… estaba roto. No funcionaba. Alguien había cortado el maldito cable. ¡Mierda! Dejé el teléfono tirado y salí del cubículo. ¿Y ahora qué hacía? Me puse en movimiento otra vez… no sé cuánto tiempo estuve caminando pero me puse nervioso al notar que no reconocía la calle en dónde estaba. ¡No podía ser que me hubiera perdido! Asustado volví sobre mis pasos y al doblar por la esquina, corriendo para no mojarme, atropellé a alguien.

_ ¡Oh! ¡Disculpe, señor!_ dije avergonzado pero me quedé de piedra. Tenía un largo abrigo de color negro con el cuello levantado y por un segundo pensé que era el Señor Tenebroso.   

El hombre calvo no me respondió y siguió de largo pero no era él. ¡Qué susto! ¡Lo único que me faltaba era encontrarme a ese hombre en la calle! ¡Pero qué estaba pensando! El Señor Tenebroso jamás sale de su casa… o donde quiera que viva. Ya me estaba descontrolando, ver a ese hombre por todos lados no era algo bueno…

De todos modos al darme vuelta ocurrió el milagro, un negocio que estaba abierto tenía varios de esos cubículos con teléfonos. Así que hasta allí me dirigí. Entré al lugar y luego a uno de ellos. El dueño, un hombre bajito y sonriente, me miró de reojo. Bien… ahora sólo tenía que poner su número y hablar con ella. La primera vez me equivoqué debido al temblor de mis manos pero luego se escuchó un ruido del otro lado.

_ ¿Hola?_ dijo la voz de una mujer… no era Hermione.

Entré en pánico y colgué sin pensarlo. ¡Soy un idiota! ¿Por qué hice eso? Pensé. Seguramente era su madre… traté de calmarme un poco y volví a ingresar los números.

_ ¿Hola?_ volvió a contestar la mujer aunque esta vez no sonaba tan amable.

_ ¡Hola! ¡¿Está Hermione Granger?!_ le grité al teléfono… a ver si me escuchaba.

_ ¡Ah! No, ella no está…

_ ¡¿Cuándo la puedo volver a llamar?!_ grité… la gente que estaba en el negocio me miraba extraño.

_ Ella no está en casa. Está lejos, pasando las vacaciones  con unos amigos_ dijo la mujer_. ¿Eres un amigo del colegio?

_ ¡Sí!... ¿Con quienes está?_ dije sin poder evitarlo… la mujer se tardó en responder.

_ ¿Cómo es tu nombre?

_ ¡Draco!_ No quería darle mi nombre pero pensé que así al menos ella sabría que había llamado.

_ Está con los Weasley, Draco… Si quieres puedes llamarla en un par de semanas_ dijo amablemente la señora.

_ ¡Bueno, gracias!_ grité y luego colgué el aparato.

¡Qué mala suerte! ¿Qué demonios haría con los Weasley? ¿Estaría San Potter con ellos? Esto complicaba mis planes… necesitaba hablar con ella. Los Weasley de seguro que no tenían teléfono así que tendría que usar mi búho. Pero ¿y si Potter o ese Weasley leían la carta? En eso estaba cuando cerré la puerta del cubículo y me dirigí a la puerta del negocio para irme.

_ Muchacho… ¡muchacho! Tienes que pagar la llamada_ dijo el hombre que atendía en el negocio.

Pegué un respingo… ¿Qué tenía que pagar qué? ¿Acaso no eran gratis? ¡Yo no tenía dinero muggle!

_ Ahhhh sí, disculpe_ balbuceé nervioso. ¿Y ahora qué hacía? Metí mis manos en los bolsillos del pantalón y saqué un galeón… luego se lo pasé.

_ ¿Pero… qué es esto?_ dijo enojándose mientras tomaba en sus manos la moneda de oro.

Entré en pánico y huí del lugar. Corrí por la calle mientras la lluvia me empapaba y a lo lejos sentía la voz del hombre que me llamaba a los gritos. Di varias vueltas… ni recuerdo cuántas. Pero recién cuando pensé que estaba a salvo me detuve a descansar. Estaba empapado y necesitaba volver a casa… el problema era que no sabía dónde estaba.

Quise preguntarle a una señora pero huyó de mí. Luego volví sobre mis pasos y recorrí algunas calles hasta que di con una plaza, estaba seguro que estaba cerca de casa pero como nunca había salido de ella el lugar siempre me parecía extraño. De todos modos al fin la vi… ¡Al fin!

Temeroso de que tía Bellatrix y mi madre me hicieran preguntas incómodas entré tratando de no hacer ruido. La puerta del salón estaba entreabierta y sus voces llegaban hasta mí, al parecer discutían.  Me dirigí hasta la cocina, allí encontré a Feli lavando unas tazas y ella me ayudó a sacarme el buzo mojado. De pronto se abrió de golpe la puerta del salón y salté del susto. No quería que nadie me viera así mojado…

_ ¡No debes hacerlo, Cissy!_ gritaba Bellatrix desde el vestíbulo.

_ Ya lo he decidido, Bella, y si no vas a apoyarme entonces vete_ dijo mi madre.

_ ¡Sé sensata! ¡Nadie puede saberlo!

_ El Señor Tenebroso confía en él… y es el único que puede ayudarme, Bella.

_ Se equivoca… ¡Sé que se equivoca!_ decía con desesperación mi tía Bellatrix.

¿De qué estarían hablando? Pensé y me acerqué a la puerta que daba al vestíbulo para oír mejor.

_ No se equivoca… yo confío en él. Ahora vete, Bella, tengo que salir antes de que vuelva Draco_ dijo mi madre.

La puerta de calle se abrió y no volví a escuchar sus voces. ¿A quién habría ido a ver mi madre? ¿Qué estaba pasando?