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El secreto del dragón — capítulo 5

Goyle llegó con puntualidad esta tarde, aunque ya hacía bastante que le estaba esperando. Quería salir de casa e ir al Callejón Diagon pero no para comprar el regalo de Crabbe sino para buscar una lechuza, al fin había decidido escribirle a ella. No quise usar mi búho, aunque estuve a punto de hacerlo,  por si lo reconocían en casa de los Weasley y despertaba su curiosidad. Era muy probable que Ron o algunos de sus hermanos lo hubiera visto en el gran salón del colegio cuando llegaba la correspondencia. La carta decía así:

"Hermione:

No podía dejar pasar ni un día más sin enviarte esta carta, necesito verte. Quizás te sorprenda mi urgencia pero nada tiene que ver con lo que hablamos el último día en Hogwarts. Hay algo urgente y muy importante que tengo que decirte. Espérame en el Callejón Diagon en exactamente una semana en la tienda de dulces que está frente a la de varitas, a las 5 pm. Por favor, no me falles.

                                                                                  D."

Había ensayado muchas formas de decirle lo que pretendía y fueron varias hojas las que terminaron en la basura pero me quedé con esta ya que fue la que me pareció más adecuada. No quise poner mi nombre en ella por si caía en otras manos. De todos modos ella sabría bien de quien era debido a la referencia de Hogwarts… o al menos eso espero.

Cuando llegó Goyle usamos la chimenea de mi salón y aparecimos en "El caldero chorreante" mediante polvos flu. El bar estaba levemente oscuro y parecía casi vacío, pocas personas estaban allí. Un hombre sucio de larga barba gris bebía en la barra y el cantinero estaba atendiendo a un par de brujas con verrugas en el rostro. Parecían extranjeras y algo en ellas daba escalofríos. Una le sonreía a Tom (el cantinero) mostrando sus dientes amarillos (casi podridos).

_ Qué horribles… _ me dijo Goyle susurrando. Él también las había advertido y expresó lo que yo sentí en ese momento.

_ Sí… ¿por qué tendrán el rostro verde?_ dije sorprendido.

Pero en ese momento los tres nos miraron y salimos del bar rápidamente, antes de nos dijeran algo. El Callejón Diagon parecía más lleno de gente, pero no tanto como la semana previa al comienzo de clases. Semana que todo el mundo utilizaba para hacer compras.

_ ¿Vamos a la tienda de quiddich?_ dijo Goyle entusiasmado.  Estaba mirando hacia la lechucería y desvié la vista a él.

_ Dale, vamos_ dije y me sorprendí a mí mismo sonriendo. Hacía mucho tiempo que no lo hacía.   

La tienda era inmensa y en su vidriera se mostraba la última escoba de carrera, dejaba muy atrás a la mía que es una Nimbus 2001. El año anterior había pedido una nueva pero mi padre no quiso comprármela. Me molestó mucho… Potter tenía una mejor y necesitaba competir con él en el colegio, ¡Slytherin debía ganar la copa! Sin embargo este año aquello me pareció ridículo. Ya el quiddich poco me importaba. Necesitaba comenzar a pensar en una forma de… llevar a cabo mi misión. No podía simplemente ir al despacho del director y apuntarle con mi varita. No tenía chances de batirlo en un duelo… ¿qué idiota lo haría?

_ ¿Y si le llevamos esto?_ me dijo Goyle. De inmediato me reí de su estupidez.

Era una especie de crema para lustrar una escoba de carrera.

_ ¿Eres tonto? Crabbe no tiene escoba. ¡Le da miedo volar!_ dije exasperado.

_ Lo había olvidado… ¿Y esto? Sé que le gusta el quiddich.

Me mostraba un libro…

_ ¿Lo leerá?_ dije mientras lo tomaba en mis manos, pero la idea no era mala. Aunque… Crabbe no era de leer mucho. Nunca lo había visto con un libro en las manos que no fuera del colegio.

_ Siiiii… no es tan…_ pero se detuvo, creo que teníamos la misma idea.

Ambos nos miramos y reímos. Luego hubo un breve silencio. El lugar estaba repleto de cosas y era difícil enfocarse en algo.

_ ¿Si mejor no vamos a la tienda de dulces y le regalamos algo de ahí?_  me dijo con entusiasmo.

_ No sé, resulta un poco extraño… O pensándolo mejor es una excelente idea_ dije reconsiderándolo.

_ ¡Vamos!_ dijo de inmediato y se dio la vuelta.

_ ¡Espera! Le llevemos el libro también_ le dije perplejo. Goyle ya estaba saliendo del lugar bastante entusiasmado.

Le compramos el libro y salimos de la tienda quiddich pero no acabábamos de entrar a la tienda de dulces cuando acabé por arrepentirme. ¡Es imposible sacar a Goyle de allí! Comenzó a comprar de todo… ¡pero para él! Al cabo de una media hora tuve que arrastrarlo fuera. De todos modos algo pudimos conseguir para Crabbe.

_ ¡Por Merlín Goyle! ¡Pareces un mocoso!_ dije con aires de persona adulta.

_ Bueno, ya conseguimos algo_ me dijo fingiendo que no me oía, y con las manos llenas de dulces_. ¿Quieres ir a la heladería?

_ ¿Todavía tienes hambre?_ le dije sorprendido. ¡Se había tragado media tienda! Y todavía quedaba mucho en sus brazos.

Él se encogió de hombros. No tenía ganas de tomar un helado, lo que quería era ir a la lechucería y mandar de una vez la carta. De todos modos acepté refunfuñando y luego comenzamos a caminar por la calle llena de gente, aún teníamos tiempo de sobra y no quería volver tan temprano a casa. Y fue cuando en medio de la calle un tipo alto y barbudo nos atropelló cuando la vi.

_ ¡Cuidado!_ largué molesto. Al darme vuelta vi salir de la librería "Flourish y Blotts" a una chica de espesa cabella castaña. Era Hermione. Tenía tres libros en sus manos y parecía estar sola.

 Me quedé inmóvil mirándola en el medio del camino. ¡No podía creerlo! ¿Qué hacía allí? ¿No se suponía que estaba con los Weasley? No hacía falta que le enviara la carta si podía hablarle en ese momento. Entonces me entró la urgente necesidad de deshacerme de Goyle. No podía hablarle delante de él.

_ ¿Qué miras?.... ¡Ah! ¿Esa no es la asquerosa sangre sucia de Granger?_ me dijo con una expresión de asco. Me molestó mucho el comentario y estuve a punto de golpearlo pero me contuve.

_ No sé… vamos_ dije mientras lo tomaba del brazo y me alejaba por la calle. Miré hacia atrás por sobre mi hombro y la vi pararse frente a una vidriera que exhibía pociones de diversos colores.

_ ¿Vamos a la heladería?

_ No… sabes, me siento un poco descompuesto. Me iré a casa_ balbuceé nervioso mientras tomaba mi estómago.

_ Deben de haber sido los dulces_ dijo algo decepcionado.

Nos dirigimos al "Caldero chorreante" y nos paramos a esperar nuestro turno detrás de una familia que se disponía a usar la chimenea.

_ ¿Vas primero?_ dijo Goyle tomando el tarro con polvos flu cuando fue nuestro turno.

_ No, ve tú. Yo me quedo con lo de Crabbe_ dije y tomé el libro y los dulces de sus manos. Si se los quedaba él probablemente no llegaran a la fiesta (los dulces me refiero).

Goyle entró a la chimenea y desapareció, cuando ya no pude verlo me devolví sobre mis pasos y casi corrí calle arriba. Miraba hacia todos lados buscándola, ¡no podía perderla! En la tienda de las pociones no estaba y di varias vueltas buscándola. ¡Por Merlín, no estaba por ningún lado! Ya casi estaba desesperado cuando al fin pude ver su cabellera calle arriba, parecía que se dirigía al banco.

Entonces corrí a todo lo que daba hacia allí, creo que atropellé a varias personas, pero no me fijé bien qué hacía. Estaba desesperado por encontrarla. Cuando llegué al banco ya no estaba en la puerta así que entré. Dentro los duendes me miraron de reojo y con una expresión bastante seria. No me gusta ese lugar, esos seres me dan escalofríos. Allí sólo había una pareja con un pequeño niño discutiendo con uno de esos seres pero ni rastros de Hermione.

_ ¿Necesitas algo muchacho?_ me dijo un duende. Me miraba con el ceño fruncido.

_ No… no_ balbuceé incómodo y decidí salir de allí.

¿A dónde habría ido? Ella no se veía por ninguna parte. Las tiendas alrededor estaban vacías y el único lugar cerca al que se podría haber dirigido era al "Callejón Knockturn" pero era imposible que ella entrara en ese lugar… ¿o sí? Era muy peligroso y me preocupé un poco. Fui hasta la entrada y me quedé allí observando a las personas que caminaban por él pero poco se veía. Mi padre me había prohibido entrar solo en ese lugar y sólo una vez en el pasado estuve allí. Claro que mi madre nunca se enteró. De todos modos decidí hacerlo.  

Traspasé la entrada y me introduje en el estrecho callejón. Temí encontrarme con algún conocido de mi padre pero por suerte no vi a nadie. Estuve caminando un largo rato. Hermione sin embargo no estaba allí y luego de dar varias vueltas más me convencí de que nunca había entrado. ¡No comprendo cómo pensé en esa posibilidad! ¡Ella nunca entraría en un lugar como ese! Estaba a punto de salir cuando me detuve en la tienda de "Borgin y Burkes", la vidriera estaba un poco sucia pero se podía observar el interior. No es que algo extraño que hubiera allí había llamado mi atención, sino que recordé algo. La vez que estuve allí dentro.

Cuando entré en compañía de mi padre a aquella tienda estuvimos esperando al dueño y, recuerdo perfectamente, haber visto algunos objetos curiosos. En especial un collar embrujado. El cartel decía que se había llevado varias almas de muggles. Esa era una posibilidad… ¿y si simplemente llevaba aquel collar al colegio con cuidado y se lo enviaba al profesor Dumbledore de manera anónima? El viejo lo tocaría y… Al menos así no tendría que batirme a duelo con él. Era una pequeña posibilidad. Mil cosas podían salir mal pero… era una grandiosa idea. ¿Cuánto saldría? Tenía que entrar a preguntar.

_ ¿Draco? ¿Qué haces aquí?_ dijo una voz grave a mis espaldas.

Pegué un respingo y me di la vuelta. Era el profesor Snape... ¡M%&$#!

_ Ho… hola, señor_ tartamudeé nervioso. Me miraba fijo como si hubiera adivinado mis intenciones.

_ No deberías estar aquí, ¿y tu madre?_ me dijo mientras su túnica negra se agitaba con el viento.

_ Yo… yo…vine solo. Ya me iba_ dije y luego, dándole la espalda, caminé hacia la salida. ¡Maldito hombre! No había podido entrar a la tienda y delante de él no podía hacerlo.

Estaba por salir del callejón cuando una de las brujas con el rostro verde y verrugas que antes había visto en "El caldero chorreante" me tomó del brazo. Largué una exclamación de dolor… ¡qué fuerza que tenía!

_ ¿Necesitas comprar algo muchacho?_ su aliento a podrido y sus dientes amarillos me hicieron retroceder de las náuseas.

_ ¡Suélteme!_ le dije forcejeando con ella pero sólo se limitó a reírse.

_ Vamos, Draco._ El profesor Snape que evidentemente se había quedado observándome me tomó del otro brazo y me alejó de la bruja que comenzó a lanzar insultos.

_ No debes entrar en ese lugar. Es peligroso_ me dijo el hombre cuando entramos al Callejón Diagon, mientras soltaba mi brazo_. Me sorprende que tu padre no te lo haya dicho…

Cuando nombró a mi padre el miedo que me había causado verlo se diluyó y toda la rabia que tenía contra ese hombre me desbordó.

_ ¡No me dijo nada! Él está… "lejos"… como bien lo sabe_ dije con furia y me fui dejándolo atrás, confundido.

Detestaba a ese hombre. ¡Mi padre tendría que estar ocupando su lugar al lado del Señor Tenebroso, no él! Se había esforzado mucho y ese hombre ¿qué había hecho para merecerlo? Nada… No importa de todos modos ya llegará el día en que pueda vengarme de todos los que le dieron la espalda a mi familia.

Como al dar vueltas por el callejón no vi más a Hermione por ningún lado y ya se hacía tarde, ya era evidente que ella se había ido, me dirigí a la lechucería y le mandé al fin la carta. Mi humor había descendido gracias al murciélago idiota y estaba triste por permitirme perderla de vista. El lugar pronto se estaba vaciando de personas y las tiendas comenzaron a cerrar sus puertas. Entonces fui hacia "El caldero chorreante" para volver a casa. Estaba oscureciendo y seguramente mi madre comenzaría a preocuparse por mi ausencia de un momento a otro.

Al entrar al bar noté que la cola frente a la chimenea era extensa y suspiré con fastidio al colocarme detrás de una señora robusta. Sin embargo poco después al mirar hacia donde estaban las mesas me quedé de piedra. En una de las mesas más alejada y casi en un rincón oculto estaba conversando el profesor Snape… con Hermione, que me daba la espalda. El hombre me descubrió entre la gente y pareció ponerse nervioso.

_ Apúrate muchacho, todos tenemos que irnos_ me dijo el señor que estaba en la cola detrás mío.

_ Disculpe_ dije.

En ese momento me di cuenta que era mi turno. Tomé los polvos flu y me fui del lugar. Luego aparecí en el salón de casa donde mi madre me esperaba sentada en uno de los sillones. Se acercó a mí y algo me decía, creo que me regañaba por llegar tan tarde, pero apenas si la escuchaba. Mis pensamientos estaban lejos de allí… ¿qué demonios hacía el profesor Snape con Hermione en ese bar? ¿El mundo se habría vuelto loco?