El secreto del dragón — capítulo 6
Debo ser sincero y decir que cuando llegó el día de la fiesta de Crabbe no estaba muy entusiasmado. Ver a todos mis amigos no me emocionaba. ¿Qué sabían ellos de responsabilidades y deberes? Ninguno tenía idea de lo que estaba pasando ni la tendría nunca. No podía decirle a nadie… o él me mataría. Pasarme toda la noche fingiendo que estaba todo bien no me atraía y menos tener que soportar la lástima en los ojos de los adultos que estarían presentes, debido a la situación de mi padre.
La persona que sí estaba entusiasmada por aquella fiesta era mi madre. Se paseaba nerviosa de arriba a abajo por las escaleras preparando mi vestuario, haciendo comentarios y respondiéndoselos sola. Yo no le prestaba atención a su monólogo. A mí sinceramente me daba igual qué iba a ponerme… pasar la noche junto a Pansy en un salón de baile era una certeza de aburrimiento. A veces me avergonzaba que me paseara por todo el salón como si fuera un objeto decorativo, una cartera nueva que sus amigas envidiaban. Eso pasó en la fiesta de navidad de cuarto… fue una tortura. No tenía ganas de levantarme de mi cama, donde me pasé la tarde leyendo, y menos de preocuparme si la túnica estaba planchada o no. ¿A quién le importaba?
Pero mi ánimo abatido se debía poco a la fiesta, menos a que el Señor Tenebroso se había aparecido el día anterior por casa para saber de mis planes (planes que no existían) y cuando lo supo se fue enojado. Tampoco a que las vacaciones habían pasado con rapidez y pronto volvería a Hogwarts. Ni el hecho de que aún no encontraba la foto de Hermione (estaba seguro que mi madre había tenido que ver con su desaparición). Lo que ocupaba mi mente y me preocupaba era la visión de Hermione en ese bar con el profesor Snape. No comprendía qué demonios hacían allí solos y menos me podía imaginar de qué estarían hablando. ¿Asuntos del colegio en verano?
Estaba pensando en llamarle. Si había estado en el Callejón Diagon ese día era evidente que ya había vuelto a su casa en la ciudad. Y ya era seguro que había recibido mi carta… pero no había llegado respuesta, aunque aún la esperaba. Todavía no había perdido las esperanzas. Sin embargo estaba preocupado, ¿asistiría o no? ¿Estaría enojada? Mil preguntas pasaban por mi mente y nada me aliviaba el peso de la incertidumbre.
_ ¿Draco, ya te bañaste? ¡Pronto llegará la señora Parkinson con su hija!_ dijo mi madre mientras entraba en el cuarto. Traía la túnica verde botella que usaría ese día y que ella había elegido con tanto esmero.
¡Por Merlín! ¡Había olvidado bañarme! Pensé.
_ Emmm… Sí, claro, madre.
_ ¡Pues levántate y cámbiate! Ya van a llegar_ dijo desconcertada ante mi apatía. Luego salió del cuarto.
Fui al baño casi corriendo a lavarme un poco, no estaba tan sucio, ¡me había bañado el día anterior! ¿O fue el otro? No me acuerdo… de todos modos no tenía ganas. Si hubiera estado presente Hermione en esa fiesta la cosa me preocuparía pero tratándose de Pansy… daba igual.
Estaba mirando mi rostro en el espejo del baño mientras trataba de peinarme cuando mi vista se desvió hasta una caja que estaba detrás de mí. Allí estaba tirado con descuido un peine y un desodorante que mi madre usaba con el perro faldero. Entonces se me ocurrió una idea, ¿y si me echaba encima ese desodorante? Oliendo a perro seguro que espantaba a Pansy. Me entusiasmó la ida por un instante. ¡Era la receta ideal para librarme de esa chica! Pero me acordé que estarían mis amigos y descarté la idea. No me resultaba tan gracioso que todo el mundo creyera que huelo como el perro de mi madre. Aunque pensándolo bien, así me sentía a veces, como un perro al que todo el mundo manda y pisotea.
Luego de cambiarme con la túnica verde y esmerarme en resultar lo más presentable posible dadas las circunstancias, bajé al piso inferior. Mi madre estaba esperándome.
_ ¡Oh, Draco, te ves bien!_ dijo con unas lagrimitas en sus ojos, luego trató de arreglarme la túnica.
En ese momento sonó el timbre de la casa.
_ Deben ser los Parkinson… compórtate bien. Ten en cuenta todos los concejos que te he dado y… ¡diviértete!_ me dijo sonriendo, luego acudió a abrir la puerta mientras me preguntaban de qué consejos hablaba. Como no le había prestado atención en toda la tarde me parece que me perdí de algunas cosas importantes.
Poco después entraron en el salón. La primera que lo hizo fue Pansy, estaba irreconocible debo admitirlo. Llevaba un vestido rosado corto, con vuelos y moños por todos lados. Pero lo que me llamó la atención fue su peinado, ¿a quién se le habría ocurrido hacerle una cosa así tan horrible? Tenía bucles que apenas le llegaban a la barbilla y desde el rodete de atrás tenía un tocado con plumas rosadas que sobresalían muy por encima de su cabeza. Esbocé una sonrisa y estaba a punto de preguntarle si había tenido que matar a algún flamenco aquella noche cuando de reojo vi a mi madre con el ceño fruncido, que estaba parada detrás de ella con la señora Parkinson, y me corregí a tiempo.
_ Te ves… linda_ dije sonriendo un poco (no pude evitarlo).
_ Gracias, tú también_ me dijo sonriendo.
_ ¿Quieren tomar un poco de jugo?_ dijo mi madre adelantándose rápidamente. Creo que pensaba que en algún momento iba a arruinarle el momento.
_ ¡Oh! Gracias, Narcisa, pero creo que los chicos ya deben irse. Hemos llegado un poco tarde_ dijo la señor Parkinson mirando el reloj antiguo que había en una repisa del salón. Era una mujer de cabello oscuro, alta y regordeta, con una expresión de falsa felicidad en su rostro.
_ ¡Ah! Bueno, como quieran_ dijo mi madre.
La situación era algo incómoda y sólo atiné a tomar el tarro con los polvos flu que estaba encima de la chimenea.
_ ¿Vamos?_ le dije a Pansy.
_ Ammm, pensé que íbamos a ir en coche_ dijo Pansy.
_ ¿Qué coche?_ Yo no tenía coche.
_ El de mi padre. Es por mi tocado, no quiero que se arruine con la ceniza de la chimenea_ se explicó ella un poco incómoda aparentemente de usar un vehículo muggle.
_ Está bien, por mi da igual_ dije encogiéndome de hombros y salí del salón.
Pansy se quedó perpleja y luego me siguió casi corriendo, creo que esperaba que la acompañara a la puerta o algo así, como si fuera una especie de reina. Suficiente tenía con acompañarla.
Oí a mi madre gritar desde la puerta un "diviértanse mucho" mientras subíamos al coche del padre de Pansy antes de darme cuenta que me olvidaba el regalo para Crabbe y tuve que salir disparado. Tiempo después estábamos en camino. El auto se movía solo mientras ella hablaba sin parar, creo que ni respiraba, se veía muy nerviosa y cuando llegamos a la casa de Crabbe comprendí el porqué. El lugar estaba iluminado con tantas luces como si fuera navidad, los árboles, las paredes de la casa de dos pisos, las columnas de la galería frontal. Una alfombra roja iba desde la puerta de entrada, atravesando el jardín, hasta la verja que separaba la casa de la calle.
_ Vaya… increíble_ susurré sorprendido.
La madre de Crabbe realmente se había esmerado ese año, no parecía su cumpleaños sino el acontecimiento anual más importante de toda la historia. Dentro estaba lleno de gente, parecía que habían acudido todos los magos de Inglaterra.
_ No sabía que tenía tantos amigos_ dije mientras bajaba del coche.
_ No seas idiota… ¡es una fiesta! ¿Quién no querría venir?
Me tomó del brazo y me condujo dentro. La casa estaba llena de chicos, algunos ni siquiera los había visto antes de lejos, ¿serían de otro colegio? En la puerta estaba la señora Crabbe recibiendo a los invitados.
_ Pasen, pasen… Vincent ya viene_ dijo la mujer. Era igual a Crabbe pero con peluca rubia y vestía un largo vestido de lentejuelas negro. Brillaba tanto como su casa.
Tomó los paquetes de mis manos y entramos al salón. De inmediato Pansy vio a una de sus amigas y me arrastró con ella.
_ ¡Hola, Daphne!
_ ¡Pansy! ¡Draco! Él es mi primo, Ben Greengrass_ dijo presentando al chico morocho que estaba a su lado y que por un momento pensé que venía con ella. Pero poco después se nos unió otra chica, una pelirroja, que resultó ser su pareja.
La conversación me resultó muy aburrida, ese tal Ben casi no hablaba y Pansy no dejaba de contarle a todo el mundo sobre el increíble tocado que llevaba. No comprendo cómo a las mujeres les puede gustar una cosa así de extravagante. No hacía mucho que había llegado y ya comenzaba a aburrirme. No veía a nadie conocido y no sabía cómo escapar de allí.
_ ¡Draco! Al fin te encuentro_ dijo una voz a mi espalda. Me di vuelta y vi con alivio que era Zabini.
Estaba solo y nos apartamos un poco del grupo de chicas y ese extraño Ben.
_ Acabo de llegar. ¿Has visto a Crabbe?
_ No…
_ ¿Puedes creer esta payasada?_ susurró enseñándome el salón.
Yo sólo me encogí de hombros aunque pensaba, al igual que él, que era ridícula la fiesta. Todo tan elegante y refinado, nada propio de Crabbe, pero a su familia le gustaba mostrar su dinero e influencia. A un costado del salón de baile había una mesa con una gran torta de chocolate rodeada por dulces y pirámides de copas de champan que pareciera como si en cualquier momento fueran a terminar en el suelo.
_ No creo que conozca ni a la mitad de los presentes_ dijo Zabini.
_ Yo tampoco… ni he visto a nadie conocido_ dije en voz baja.
_ Vamos… No he comido nada_ me dijo tomándome del brazo por sorpresa, pero agradecí la oportunidad de librarme de Pansy y sus ridículas plumas rosadas. De todos modos ella ni se enteró que ya no estaba a su lado, parecía muy ocupada en mostrarles a sus amigas su vestido rosado y cuánto había costado.
Atravesamos todo el salón hasta la mesa de la torta y allí nos encontramos con Goyle y Nott que reían sin parar.
_ ¿Qué pasa?_ le dije a Goyle mientras tomaba un bombón de chocolate y me lo metía a la boca (estaba realmente bueno).
_ ¿Has visto a Crabbe?_ dijo Goyle.
_ No…
_ No sabes de lo que te pierdes_ intervino Nott, luego ambos rieron de nuevo.
Estaba por preguntar qué demonios les pasaba cuando habló la señora Crabbe desde el centro del salón pidiendo silencio a la concurrencia. Luego comenzó a sonar un vals desde la orquesta de pingüinos que había al fondo del salón y por una puerta apareció Crabbe con una chica a su lado. La concurrencia comenzó a aplaudir mientras detrás de mí Nott, Zabini y Goyle reían a las carcajadas tratando de que nadie los viera. Yo… me quedé perplejo.
Crabbe tenía puesto un ridículo traje a cuadros verdes y turquesa, una camisa amarilla y una corbata roja. Sus zapatos negros de hebilla brillaban con las luces del salón y terminaban en punta. No podía creerlo… ¡parecía un payaso! Estaba a punto de largar una carcajada cuando me vio entre los invitados y me saludó con la mano, entonces tuve que tragármela mientras le devolvía el saludo.
En ese momento se dirigió al centro del salón y comenzó a bailar. Cuando pude sacarle la vista de encima advertí que la chica que lo acompañaba era Millicent Bulstrode. Era tan grande como él y llevaba un ajustado vestido de color turquesa haciendo juego con su saco.
_ ¿Esa es Bulstrode? ¡Por Merlín! ¿Cómo se le ocurrió aparecer con "ella"?_ dijo Zabini en mi oído mientras se secaba las lágrimas de los ojos con una servilleta.
Yo que había venido a la fiesta con Pansy que lucía como un flamenco rosado no dije nada… de todos modos Crabbe se veía feliz y su compañera también. Aunque éste la pisaba de vez en cuando. Poco a poco otras parejas se les unieron y cuando vi que Pansy se acercaba a mí con la intención de bailar huí de allí fingiendo no haberla visto pero no sirvió de nada porque ella fue más rápida.
_ He, Draco, ¿no me vas a sacar a bailar?_ me dijo mientras me tomaba del brazo.
_ ¡Ah! Perdón, no te había visto. Estaba por ir a buscarte_ le mentí.
_ Oye, Pansy, ¿qué es esto?_ dijo Zabini al verla mientras tomaba una de sus plumas, luego comenzó a reírse a las carcajadas acompañado por Nott y Goyle.
Me sentí avergonzado… estaban actuando como unos idiotas y ella no se lo merecía pero no pude evitar sentir el bochorno de ser su compañero.
_ Vamos_ me dijo ignorándolos y fuimos hasta donde estaban las parejas bailando.
Allí estuvimos un rato hasta que noté que Pansy se veía triste y me sentí mal.
_ No debes hacerles caso…_ balbuceé para animarla. Ella me sonrió.
_ Gracias, no puedo creer que sean tan idiotas_ dijo con un suspiro_. Me alegra saber que tú no eres como ellos.
Aquella frase me hizo sentir peor. ¿Qué yo no era como ellos? También estuve a punto de reírme de ella y había ido a esa fiesta como su pareja sólo porque mi madre no me había dejado otra salida. No estaba seguro de ser diferente y eso me avergonzaba. También al mirar sus ojos verdes descubrí que allí había algo más. ¡No quería que ella se hiciera ilusiones con respecto a nosotros! Sólo había una mujer para mí, aunque esta me hubiese rechazado, todavía la quería.
_ Sabes, Draco, este año… si tú quieres claro… nosotros podríamos…_ decía ella mientras yo me ponía más y más nervioso. ¿Y ahora cómo iba a salir de esta sin herirla?
_ ¡Mira! Daphne te está llamando_ la interrumpí señalando a su amiga (que no la estaba llamando) pero la arrastré hasta las sillas donde estaba sentada con una chica pelirroja con pecas.
_ ¡Ah!_ llegó a exclamar ella confundida. Al llegar las saludó_. Daphne… hola… ¿me llamabas…?
_ Ya vengo, no he saludado aún a Crabbe_ le dije y casi corrí a donde estaba Crabbe rodeado de personas en el otro extremo del salón.
¡Por Merlín, había zafado! Casi odié a mi madre por meterme en ese embrollo. Sin embargo no me había imaginado que ella tomara esa invitación como una cita. ¿Y ahora qué iba a hacer? Decirle a Pansy que no la quería iba a traerme muchos problemas, no sólo estaba el hecho de que iba a herirla, sino que mis padres iban a enojarse mucho. Tenían grandes expectativas con mi futuro...
Saludé a Crabbe que estaba más que feliz, parecía eufórico, y me uní después a mis otros amigos que seguían comiendo en la mesa de los dulces que parecía llenarse a medida que estos desaparecían. Lo que restaba de la noche me la pasé aburrido, sentado a veces con los demás y huyendo de Pansy todo el tiempo. A media noche estaba cansado y ya quería irme. Sólo estaba esperando la hora en que partieran la torta para poder huir de toda aquella ridiculez.
_ Draco, ¿dónde te habías metido? ¿No vamos a bailar?
_ No… estoy cansado_ dije molesto.
_ ¡Pero casi no hemos bailado en toda la noche!_ dijo Pansy, lucía muy enojada y sospecho que ya se había dado cuenta de que huía de ella.
_ Mira… van a cortar la torta…
_ Pero…
_ Le prometí a Crabbe que iba a estar ahí. Después nos vemos_ dije rápidamente y me fui a donde estaban todo los chicos, rodeando a Crabbe que se disponía a cortar la torta mientras un fotógrafo le sacaba una foto.
Llegué justo para salir en la fotografía mientras que Pansy se quedó atrás enojada. ¡No quería bailar! ¡Sólo quería irme! Y no estaba de humor para aguantar nada.
Una hora después estábamos en el coche camino a mi casa en donde nos esperaban nuestras madres. Pansy estaba callada, cruzada de brazos y muy enojada. Su extravagante tocado de plumas lucía sin vida y en la pechera de su vestido rosado había una enorme mancha de chocolate. Había sido todo mi culpa… cuando estaba comiendo un trozo de porción de torta Goyle pasó por detrás de mí y me empujó sin querer, la torta calló en su vestido y fue una catástrofe. No dejó de quejarse desde entonces.
Cuando el coche se detuvo y bajé me quedé esperando que ella me siguiera, pero no lo hizo.
_ ¿No vienes?_ le pregunté desconcertado. Ella seguía sentada en el asiento trasero del coche y cruzada de brazos.
_ No, dile a mi madre que la espero acá_ me dijo cortante.
_ Bien…_ suspiré molesto y entré a casa.
Apenas pisé el vestíbulo mi madre y la señora Parkinson aparecieron por la puerta del salón.
_ ¿Cómo les fue, cariño?_ dijo mi madre.
_ ¿Y Pansy?_ dijo la señora Parkinson casi al mismo tiempo.
_ Bien… está en el coche. Dice que la espera ahí_ le dije a la mujer que me miró perpleja. No pude evitar ruborizarme cuando agregué una excusa_: Está cansada…
Entonces la mujer se despidió de mi madre y salió de la casa, alcancé a ver por la ventana cómo la mujer abría la puerta del coche y casi de inmediato comenzaba a discutir con su hija por no haber querido bajar a despedirse de nosotros. Rápidamente y antes de que mi madre sospechara algo, me corrí de la ventana y comencé a subir las escaleras, casi huyendo de ella.
_ ¿Todo fue bien, Draco?_ me dijo… lucía desconcertada, pero noté que algo sospechaba así que le di la espalda mientras decía:
_ Sí, madre, todo estuvo magnífico.
Nada más lejos de la verdad…