El secreto del dragón — capítulo 7
Las complicaciones que me trajo la fiesta pronto pasaron y casi no hicieron mella en mi ánimo. Pansy le contó a su madre lo suficiente de lo que había pasado en la fiesta de cumpleaños de Crabbe como para que esta se molestara y le enviara a mi madre una encendida carta. De más está contar su reacción… estaba furiosa conmigo. Sin embargo apenas si la escuché. Otras preocupaciones tenía en mi mente además de una importante decisión.
Primero estaba el hecho de que se acercaba el día en que le había dicho a Hermione que nos juntáramos en el Callejón Diagon y ésta no había respondido. Ni una sola línea, nada. No sabía qué pensar o si acudir o no. No me explicaba su actitud. El asunto ya me estaba desesperando… ¿qué habría pensado de mi carta? Algunas veces pensaba que no debería habérsela mandado.
El otro asunto era el que más me preocupaba, al punto de no querer pensar en él, la idea que se me había ocurrido sobre el collar maldito rondaba sin tregua mi mente. ¿Era posible que Dumbledore cayera en la trampa? No lo sabía pero era una posibilidad. Pero claro, antes debía conseguirlo. No tenía idea cuánto costaba y tenía que empezar a pensar dónde conseguiría el dinero. No podía pedírselo a mi madre. Ella no debía enterarse.
Pronto el día llegó y esa mañana me encontraba sumergido en el dilema. ¿Qué iba a hacer? ¿Iría ella? No tenía idea pero decidí ir hasta el Callejón Diagon a pesar de todo. La esperaría donde le dije y si no llegaba… bueno, me partiría el alma. De todos modos aprovecharía la oportunidad para averiguar el costo del collar. Sabía ya cómo conseguir el dinero, iba a vender una medalla de mi abuelo. Eso cubriría sin duda el costo. Sabía que mi padre iba a matarme cuando se enterara pero como aquella medalla había varias y no significaba tanto para mí como la vida de mi familia. Ellos estaban primero.
Estaba muy nervioso, me vestí lo mejor que pude para causarle una buena impresión y antes de salir guardé la medalla para venderla en el bolsillo interno de mi túnica. Mis manos temblaban cuando tomé los polvos flu de la chimenea. No le había dicho a nadie de mi salida, mi madre no estaba en casa y tenía motivos para pensar que estaba con mi tía. Agradecí al cielo por no complicarme las cosas ese día. Tomé los polvos y me desaparecí.
El "Caldero Chorreante" casi estaba vacío a esas horas, sólo muy pocas personas estaban sentadas en las mesas y al llegar el dueño me saludó con la cabeza. Me miraba de forma extraña… no me gustó. Me ponía incómodo que la gente comenzara a mirarme de reojo, ya era del dominio público las actividades de mi padre y maldije a toda esa gente. ¿Qué sabían ellos de mis preocupaciones y de lo que estaba pasando en realidad? Nada…
Fuera y ya en el Callejón Diagon parecía haber más gente que en el mugroso bar. Como aún no era la hora del encuentro me detuve frente a la librería para así al menos poder calmarme un poco. Había pensado en cada palabra que iba a decirle y esperaba que me ayudara en algo cuando estuviera frente a ella y no me pasara como la vez en que me le declaré. ¡Ni siquiera quiero recordarlo! Mi mente quedó en blanco… no me expliqué bien. ¿Hubiera sido diferente si cambiara algunas de mis palabras dichas en ese entonces? No lo sé…
Pronto, demasiado pronto, se hizo la hora acordada. Mi reloj de pulsera marcaba las 4.55 cuando me puse en movimiento. No tenía que caminar mucho y un minuto después me encontraba en la tienda de dulces frente a la vidriera, en donde se exhibían exóticas paletas de colores del tamaño de una persona. Hermione no se veía por ningún lado pero aún era temprano y no me desanimé. Dentro de la tienda de dulces había una familia con un numeroso grupo de niños pequeños. Sus chillidos agudos estaban matando mis nervios y estar allí esperando no me agradaba mucho.
De pronto… la vi. ¡No podía creerlo! Con sorpresa me di cuenta que siempre pensé, muy dentro mío, que ella no aparecería. Casi estaba esperando su ausencia. Hermione venía caminando por la vereda contraria, tenía puesta ropa muggle, llevaba el cabello suelto y miraba el piso con una expresión de preocupación. Cuando se detuvo casi frente mío, en la tienda de varitas, y levantó lo ojos, sentí como el corazón se me paralizaba. Nuestras miradas se cruzaron y noté, a pesar de la distancia, que ella estaba tan sorprendida como yo y vi como un leve rubor cubría sus mejillas. Seguramente pensaba que la carta había sido una broma de mal gusto mía. Eso al menos explicaba por qué no me había respondido. Pero aun así había acudido a verme y ese detalle me llenaba de felicidad. Era una leve esperanza. ¿Podría arreglar las cosas?... Sin embargo no cruzaba la calle, se había quedado tiesa como una estatua.
_ ¿Draco?_ escuché mi nombre a mis espaldas.
Me di vuelta rápidamente y vi con horror que era nada menos que mi tía Bellatrix. ¡¿Qué demonios hacía allí?! ¡Pensé que estaba con mi madre! Por un segundo imaginé que la acompañaba, pero no, estaba sola.
_ ¡Tía! ¡Hola!_ dije sorprendido. No pude controlar el tono de disgusto de mi voz, ni disimularlo. Ella se dio cuenta y pareció molestarse.
_ ¿Qué haces aquí?_ dijo de manera muy seria mientras me observaba atentamente.
_ Ammmm… estaba esperando a Crabbe. Quedamos en vernos aquí_ mentí con precipitación mientras desviaba mi mirada de sus ojos oscuros.
_ ¿Y tu madre sabe?_ Me miraba extraño, como dudando de mí.
_ Ella no está… pensé…_ dije pero ella me interrumpió.
_ ¿No está en tu casa?_ Su voz sonaba preocupada. Ese detalle parecía tener una gran importancia para ella. La miré encogiéndome de hombros.
_ No.
Hubo un breve silencio mientras me estudiaba.
_ Bueno… no debería deambular solo por aquí Draco, es peligroso para la familia_ me dijo. Como si no lo supiera, cada vez que salía de casa la gente solía mirarme con desprecio. Ahora que todo el mundo sabía las actividades de mi familia con el Señor Tenebroso.
_ Sólo estoy esperando a mis amigos_ dije molesto.
_ ¿Amigos? ¿No era a Crabbe no más?
_ Digo… a Crabbe…_ dije poniéndome colorado. ¡Cómo me molestaba esa mujer! ¿Qué le importaba a ella lo que había ido a hacer?
Me miró con el ceño fruncido, sabía que le mentía. Desvié mi mirada disimuladamente hacia la vereda del frente, Hermione ya no estaba. ¡Maldita mi suerte! ¿Se habría asustado al ver a mi tía?
La mujer tomó mi brazo, tomándome por sorpresa, y me condujo a un poco más lejos de la tienda de dulces, donde no había gente. Miró para todos lados y me susurró:
_ El Señor Tenebroso me ha encargado que te entrene, Draco, es muy importante para todos que la misión salga bien. ¿Comprendes?_ Me miró significativamente y luego agregó_: No lo eches a perder por una tontería.
_ Por supuesto que no_ dije ofendido. ¿Qué pensaría que había ido a hacer?
_ Bien…
Se detuvo al acercarse una pareja joven. Cuando recién pasaron me susurró:
_ Estaba por ir a tu casa para hablar con tu madre. Acabo de dejar al Señor Tenebroso en un hotel, tuvimos que confundir al dueño…
Aquello me sorprendió pero preferí no pensar qué haría mi tía con el hombre ese en un hotel… ¡Qué asco!
_ No puede quedarse allí mucho tiempo, alguien se dará cuenta tarde o temprano. Está buscando un lugar más seguro en la ciudad y quiere que se lo consiga_ continuó ella_. Quizás tu madre esté de acuerdo que se quede con ustedes… yo no puedo meterlo en mi casa.
Mi corazón se paralizó… ¿Quedarse con nosotros? ¡Está loca! ¡Ni muerto! Sería lo último que desearía y, por lo que sé, mi madre estaría de acuerdo conmigo.
_ La calle donde vivimos es de muggles… no creo que a él le guste. Pero una vez escuché a mi padre hablando con el señor Nott y éste dijo que estaría complacido de recibirlo alguna vez en su casa.
_ ¿En serio? Esa sería una buena posibilidad_ dijo ella aunque parecía no muy convencida.
Era una total mentira pero haría lo que fuera para no tener que ver a ese hombre todos los días. Me daba escalofríos… Una familia pasó cerca de nosotros y mi tía calló. Miré hacia todos lados por si veía a Hermione por algún lado… no tuve suerte. La calle no estaba muy concurrida. Parecía que había decidido irse. Aquello me deprimió bastante. ¡Había perdido la oportunidad de contarle lo que estaba pasando! ¿Qué iba a hacer?
_ Creo que Crabbe ya no va a venir_ dije mirando el reloj_. Ya pasó bastante tiempo.
_ ¡Ah! Bueno…_ dijo la mujer, parecía distraída_. Te acompaño a casa, así hablo con tu madre.
Me tomó del brazo y casi me arrastró calle abajo.
_ No hace falta_ susurré molesto y tratando de desprenderme de su brazo. ¡No necesitaba una niñera!_ Mi madre no está… de todos modos.
_ Mmmmm, no importa. La espero.
Parecía no creerme y yo no la entendía. Estaba de muy mal humor y muy enojado con ella por frustrarme mis planes. Cuando llegamos al "Caldero Chorreante" recordé de pronto que tenía que averiguar el precio del collar o a menos saber si aún lo tenían. Además que tenía que vender la medalla para conseguir dinero. ¡No podía irme a casa!
_ ¡Ah! Olvidé… comprar algo_ balbuceé nervioso.
_ Baaaaa después vienes…_ dijo mi tía.
Creía que era una excusa para irme o, mejor dicho, lo adivinó, entonces me empujó hacia la chimenea. Tropecé con los ladrillos y el polvillo se me metió por la nariz. La mujer lanzó los polvos flu y tuve que decir mi destino en medio de un ataque de tos y estornudos. El viaje fue terrible… ¡hasta me lastimé el codo! ¡Maldita mujer! Pero cuando llegué a destino pude descubrir que algo no andaba bien. La casa donde estaba no era la mía.
La chimenea era de un blanco mármol y los muebles, colocados frente a ella, antiguos. Era una sala pequeña y me parecía levemente conocida. No había retratos allí y nada más que pudiera decirme dónde estaba. Comencé a temblar entero, ¿y si alguien me veía? Creerían que había entrado a robar. Al darme vuelta descubrí una urna de porcelana, abrí la tapa y vi lo que parecían ser polvos flu. Respiré aliviado, al menos terminé en una casa de magos.
Escuché voces cercanas y lancé los polvos a la chimenea… no pasó nada. Tomé otro puñado y los volví a lanzar… nada. Miré confundido la urna. Aparentemente no eran polvos flu. En ese preciso momento escuché la voz de una señora del otro lado de la puerta y entré en pánico. Dejé la urna abierta sobre la mesa y me escondí detrás de una cortina azul marino. La mujer entró en ese momento a la sala. No me vio de milagro.
_ ¡Annie! ¿Tú has tocado la urna con los restos de la abuela?_ gritó sobresaltándome. No me había dado cuenta de que antes estaba en la chimenea.
_ ¡No!_ se escuchó a lo lejos.
¿Los restos de la abuela? ¡Acababa de tocar los restos de una muerta! ¡Qué horror! Limpié desesperado mis manos llenas de cenizas en la túnica. Luego vi como la mujer se encogía de hombros (aparentemente confundida) mientras colocaba la urna en la repisa de la chimenea y salió del lugar. Por fortuna no cerró la puerta. Había sido un día competo de mala suerte y era lo único que me faltaba. ¡Quedarme encerrado en aquella casa de muggles!
Salí furtivamente de la pequeña sala hasta un corredor que desembocaba en un pequeño vestíbulo. No tenía mi varita conmigo y me sentía un poco vulnerable. Como no nos permiten hacer magia fuera del colegio nunca la llevo conmigo fuera de casa. Aunque debería comenzar a hacerlo…
El lugar se veía desierto y abrí lentamente la puerta de salida, esta hizo un leve chirrido al abrirse. Mi corazón latía con fuerza.
_ ¿Y tú quién eres?_ dijo una mujer a mis espaldas.
Salté del susto y me di vuelta. Era una mujer joven, obviamente muggle, y parecía asustada.
_ Yo…_ balbuceé sin saber qué decir. De pronto comenzó a gritar.
_ ¡Mamaaaaaaa! ¡Un ladrón! ¡Maaaammmmaaaa!
Desesperado salí de la casa y comencé a correr a todo lo que daba por la calle mientras sentía a las dos mujeres gritar como locas a mis espaldas. Doblé en la esquina y seguí corriendo varias cuadras hasta llegar a una plaza abandonada. Hasta creo que atropellé a alguien pero no me detuve a mirar. Estaba cansado y me costaba respirar. Me apoyé en un árbol cercano y me sequé el sudor de la frente. Estaba cerca de casa, lo sabía, recordaba aquella plaza de mi anterior incursión en ese barrio para buscar un teléfono. Al menos no había aparecido en un lugar desconocido…
Vi a lo lejos a la mujer que me había descubierto dentro de su casa, caminaba con dos hombres a cada lado, parecían buscarme. Me asusté y huí del lugar lo más rápido que pude. Por suerte no me habían visto y pronto llegué a casa. Parecía desierta pero no lo estaba. Dentro estaba mi tía Bellatrix esperándome en la sala, lo más cómoda, sentada en un sillón. Ni siquiera parecía preocupada. Y cuando le conté lo que había pasado se me rió en la cara. ¿Pueden creerlo? ¡Ella había tenido la culpa de todo! Hasta se burló de las cenizas que tenía en la cara. ¡Como detestaba a esa mujer egoísta!
Pronto mi estado de ánimo cambió y comencé a deprimirme. ¡Había perdido la oportunidad de hablar con Hermione! Sabía que ella era la única persona en el mundo que podría ayudarme. Era mi última esperanza de poder salir de este grave problema sin tener que… matar a alguien. Me desesperaba no poder hablar con ella… el peso de mi carga me estaba matando.
Mi tía, por otro lado, se paseaba molesta por la sala. No hablaba pero no se quedaba quieta y ya me estaba poniendo nervioso. Mi madre no estaba, no había vuelto aún, a pesar de que ya era bastante tarde, y tanto mi tía como yo estábamos preocupados. ¿Dónde estaría?
Nota de la autora: ¡Hola a todos! Perdón por no haber actualizado antes, prometo hacerlo más seguido. También me gustaría que me digan que les va pareciendo la historia hasta ahora. ¡Un saludo!