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El secreto del dragón — capítulo 8

Los días que quedaban de las vacaciones de verano, antes de que las clases en Hogwarts comenzaran, mi tiempo se dividió en dos únicas tareas. Por las mañanas hacía los deberes del colegio (no se imaginan la cantidad que nos encargaron para este verano… parece que los profesores no entienden la palabra "vacaciones"). Y por las tardes venía a casa mi tía Bellatrix para prepararme en combate y otros maleficios curiosos. Era lo único que me gustaba realmente. Aprender artes oscuras de gran utilidad. Todas, en realidad, me parecen útiles y nadie me puede reprochar mi gusto por ellas. En la vida hay que aprender  de todo. Quizás a "ella" no le gusten pero yo creo que se equivoca.

Ahora mismo mi tía Bellatrix me está enseñando a cerrar la mente ante penetraciones externas. ¡Es lo más útil que existe! Ella dice que es para prevenir que otro mago descubra mi secreto de ese modo, invadiendo mi mente. Está un poco obsesionada con eso y mi madre se ríe un poco del asunto, pero no delante de ella, claro, últimamente discuten mucho.  De todos modos es muy estricta y a veces me molestan sus métodos. ¡Puedo aprender sin tener que escuchar sus insultos!

Mi madre se negó a decir a dónde va en esas desapariciones extrañas que tiene de vez en cuando. Una vez las escuché hablar, a ella y a mi tía, de un hombre… creo que dijeron "Snape"… pero no estoy seguro ya que no escuché bien. Estaban encerradas en la biblioteca y la puerta estaba cerrada. Aunque no me puedo imaginar por qué mi madre iría a verlo. Nunca le cayó muy simpático y solía evitarlo, tampoco entendía por qué mi padre era muy amigo de él. De todos modos me niego a creer que sea algo… bueno, no sé si hablar de ello… algo sentimental. Como que el profesor Snape sea un amante o algo así. ¡Es imposible! ¡Qué asco! Pero les juro que si es verdad… ¡voy a matarlo!

Y hablando del idiota ese… acabo de recordar que lo vi con Hermione. ¿Qué harían juntos en ese bar? ¿De qué hablaría? ¿Estaría tomando clases particulares de pociones en el verano? Aunque el profesor Snape no da clases particulares y menos en vacaciones además que detesta a los alumnos de Gryffindor. Sin embargo… ¿clases en un bar? Recuerdo que se puso muy nervioso cuando lo vi con ella. Mil pensamientos se vienen a mi mente pero la verdad es que no se me ocurre por qué hablaría Hermione con él y mucho menos que asuntos trataría con mi madre.

_ ¡Draco! ¿Ya estás listo? Se hace tarde.

Mi madre me gritaba desde las escaleras. Pegué un respingo, había olvidado por completo que tenía que ir al Callejón Diagon a buscar mis nuevos libros. Me había pasado el día con la vista perdida en el techo, pensando en ella, en el collar, en mi misión…

_ Sí, ya bajo_ le grité sin abrir la puerta. Me levanté de la cama y comencé a vestirme a toda velocidad. No podía ir tal cual estaba, con la túnica sucia…

Media hora más tarde estábamos en el Callejón Diagon tratando de abrirnos paso entre la multitud de padres y alumnos que hacían las compras escolares. Ya pronto empezarían las clases en Hogwarts.

_ ¡Odio a toda esta gentuza!_ susurró mi madre con desprecio al pasar por al lado de la familia Weasley.

La mujer pelirroja estaba parada frente a una tienda de libros de segunda mano mientras tomaba del brazo a Ginny, ambas discutían sobre el precio de una pluma y no advirtieron nuestra presencia. ¡Mejor! De todos modos miré atentamente por si veía a Hermione con el idiota de Ron cerca, ese amigo suyo… ¡no sé cómo lo soporta! Pero ninguno  de los dos parecía estar en la tienda. Y mucho menos "San Potter." No entiendo cómo se divierte tanto con esos dos.

Seguimos de largo hasta llegar a la tienda donde debía comprar algunos ingredientes para pociones que ya no tenía. Se me habían acabado también las colas de ratas y los escarabajos cornudos. Me sentía un poco incómodo, comprando con mi madre, pero se había negado a dejarme solo y me vigilaba muy bien. No sé qué pretendía… de todos modos tuve un momentáneo alivio, dentro de la tienda nos encontramos con la señora Crabbe y mi amigo.

_ Narcisa… Draco…_ nos saludó la mujer con altivez.

_ ¡Draco! No contestaste mi mensaje. Íbamos a juntarnos con Goyle en la tienda de dulces_ me saludó.

_ ¡Ah!... Emmm, ¿qué mensaje?

_ ¿No recibiste la lechuza?_ dijo sorprendido y luego miró a su madre_. Te dije madre que ese bicho no era muy confiable.

_ No te preocupes, no iremos más a esa lechucería. El señor Foster… es el dueño, Narcisa… tiene la mala costumbre de aumentar todas las semanas el precio de…_ siguió hablando la mujer pero ya no la escuchaba.

Si había recibido el mensaje pero había olvidado por completo contestarlo. Mi cabeza estaba en otras cosas. De todos modos me encogí de hombros y me hice el desentendido. Luego Crabbe comenzó a hablarme de lo que había hecho en las vacaciones y de su espectacular fiesta de cumpleaños, mientras mi madre y la suya esperaban en la cola que se armó para pagar. Había mucha gente dentro.

De pronto creí ver una espesa cabellera castaña hacia el final de la tienda y mi pulso se aceleró un poco. ¿Sería Hermione?

_ ¡Draco!

_ ¿Qué?_ dije confundido. Crabbe me había gritado.

_ ¿Me estás escuchado?_ dijo sorprendido.

_ Yo… ¡claro!_ balbuceé. Pero era mentira… estaba pensando en ella.

_ Mmmmm… decía que Milly me dijo que…

_ ¿Quién?_ dije desconcertado.

_ ¡Millicent!_ me susurró nervioso mientras miraba de reojo a su madre, que estaba justo detrás de él. En ese momento advertí que mi amigo se había puesto nervioso. ¿Le gustaba Bulstrode? ¡Aggg!

_ ¡Ah!_ dije distraído y tratando de disimular mi expresión de asco.

Crabbe siguió hablando de ella pero yo miraba hacia la puerta de la tienda por si podía volver a ver a Hermione. Tenía la duda de si era ella o no. Pero en ese momento la señora Crabbe me devolvió a la realidad.

_ No sé si te has enterado Narcisa que el profesor Slughorn dará clases otra vez en Hogwarts.

_ Algo he oído_ le respondió mi madre. Su pie golpeaba el suelo con insistencia, no tenía paciencia.

_ ¿Quién es Slughorn?_ pregunté.

_ El profesor Slughorn_ me corrigió_. Daba pociones en nuestra época_ continuó mi madre y miró a la otra mujer_. Pensé que estaba retirado.

_ Parece que ha vuelto… dicen que el profesor Dumbledore se lo ha pedido insistentemente.

_ ¿Y el profesor Snape?_ intervine confundido. Si ese tal Slughorn enseñaba pociones… ¿qué pasaría con Snape? ¿Lo habrían echado?

_ Ha conseguido el puesto de Defensa contra las artes oscuras_ dijo la señora Crabbe mientras dirigía a mi madre una mirada extraña.

Entonces se me ocurrió algo perturbador… el viejo Dumbledore le habría dado al murciélago el puesto a cambio de… ¿Y si Snape fuera un traidor? ¿Realmente mi tía tendría razón? No… imposible. Snape es muy allegado al Señor Tenebroso y eso estaba más que claro. No podía confiar en él si así era. Ni él ni ninguno de los otros debían enterarse de que estaba a punto de traicionarlos. Pero… ¿qué otra salida tenía en realidad? ¡Ninguna! Mi familia estaba en peligro y yo… yo no podría hacerlo. No podía matar a ese viejo… ¿O sí?

Mi atención se desvió de los demás que seguían hablando de ese tal profesor Slughorn, mientras salíamos de la tienda, hacia el collar. Debía conseguirlo… por las dudas… por si mis planes salían mal o ella se negara a ayudarme. Tendría que hacerlo… pero sólo como último recurso. Maldije en ese momento a mi tía que me frustró los planes para encontrarme con ella. De todos modos me dejé arrastrar a la calle por mi madre, Hermione no estaba en la tienda. Tanta era mi ansiedad que ¡ya la estaba viendo por todos lados!

Poco después estábamos en la tienda donde debía comprar pergaminos y una nueva pluma. Dentro no cabía nadie y mi madre y la señora Crabbe se pararon en la entrada, detrás de un hombre bigotudo que discutía casi a los gritos con otro que estaba parado en el medio y no dejaba entrar a nadie.

_ Que los muchachos vayan a la tienda de las túnicas a probarse el nuevo uniforme, Vincent necesita uno con urgencia, ¿te parece, Narcisa? Así ganamos tiempo, sino de aquí no saldremos más_ dijo la mujer.

Mi madre me miró de reojo y titubeó algunas palabras, luego miró la tienda y suspiró de fastidio.

_ Bien… será lo mejor_ cedió de mala gana. Era evidente que no quería dejarme solo.

Vayan muchachos, ¡y no se distraigan! En seguida los alcanzamos nos gritó la mujer mientras nos íbamos.

Poco después nos pusimos en movimiento y fuimos a la tienda de túnicas de Madame Malkin, agradecí realmente librarme de mi madre. Tenía que encontrar ahora una excusa para librarme también de Crabbe y así poder ir en busca del collar maldito, sin que nadie se diera cuenta.

En la tienda, por suerte, no había nadie y madame Malkin, la dueña, nos atendió de inmediato.

_ Hola, muchachos, ¿Qué andarán buscando?_ dijo con una sonrisa forzada.

_ Túnicas de Hogwarts_ dije de forma cortante.

Bueno, súbete aquí, yo voy a buscar y… dijo la mujer mientras me tomaba del antebrazo. La marca tenebrosa, recién implantada en mi piel, me ardió como nunca antes.

_ No, ¡suélteme!_ la interrumpí zafándome de su agarre y casi con un grito de dolor que apenas pude contener.

La mujer me miró perpleja y Crabbe se sorprendió.

_ Yo… él va primero. Tiene apuro_ mentí balbuceando. Crabbe aunque desconcertado, se quedó callado… por suerte.

Madame Malkin entonces se perdió detrás de una cortina que daba a la trastienda para traerle la túnica a Crabbe, mientras este se subía a un pedestal redondo que estaba allí.      

_ ¿Qué te pasó?_ me susurró.

_ Nada… me rasguño_ mentí desviando mi mirada.

No hablamos más porque la mujer volvió a aparecer con una túnica negra que intentó pasar por la cabeza de Crabbe pero no le entró.

_ Bueno… creo que necesitas otro talle más. O dos…_ murmuró la mujer y volvió a perderse tras la cortina.

En ese momento entró alguien a la tienda. Como le daba la espalda a la puerta no me di cuenta quién o quiénes eran y me distraje con un extraño traje de color amarillo chillón. La tela parecía agua… era muy extraño.

_ ¿Has visto esto?_ le dije a Crabbe señalándoselo.

_ No, me distraje con ese repugnante olor_ dijo en voz alta.

Lo miré sorprendido, yo no olía a nada extraño. Crabbe miraba algo que estaba detrás de mí.

_ La tienda apesta a muggle_ dijo con desprecio.

Me di la vuelta y allí en la tienda estaba nada menos Hermione Granger. Me sorprendí tanto de verla que no atiné a responder. Ella me miraba también sorprendida y, pronto, ambos enrojecimos. Su madre, que la acompañaba, por suerte no escuchaba a mi amigo ya que estaba aún en la puerta sosteniendo unos paquetes.  

_ Hola_ balbuceó perpleja.

_ Ahhh, hola… _ dije nervioso.

_ No nos hables, ¡asquerosa sangre sucia!_ dijo Crabbe con malicia.

Me sorprendió mucho y lo miré molesto.

_ ¡Cállate, idiota, a ti nadie te ha hablado!_ dijo Hermione furiosa.

_ Mejor vámonos, Draco, la tienda huele a perra apestosa sabelotodo_ dijo Crabbe burlándose y amagó con bajarse de ese ridículo pedestal.

_ ¡Oye! ¿Quién te crees que eres?_ dijo ofendida pero pronto sus ojos se llenaron de lágrimas y me sentí muy mal.

_ ¡Mejor cállate, Crabbe!_ le dije a mi amigo sin siquiera pensarlo. ¡Estaba furioso con él!

Crabbe se quedó mirándome estupefacto y no atinó a responder por unos segundos. Luego frunció el ceño y me largo en la cara:

_ ¿Por qué? ¿A caso te gusta la sangre sucia sabelotodo?

Fue el colmo, enfurecí como nunca, y me fui encima de él. Lo golpeé en el rostro y, tomándome del cuello, me rasguño… caímos del pedestal y rodamos por el piso. Oí gritar a Hermione y gente que corría hacia nosotros. Fue un caos, ni siquiera recuerdo cómo terminé con el ojo hinchado y un labio partido, pero el imbécil de Crabbe estaba peor. ¡El muy idiota! ¡No puedo creer que la haya insultado de esa manera! No iba a permitirlo nunca más… nadie iba a insultarla en mi presencia.

Madame Malkin nos echó poco después de la tienda y me alejé de él furioso. Hermione y su madre habían huido hacia algún lado y la siguiente media hora me dediqué a buscarla. Pero al no encontrarla por ningún lado decidí ir en busca de mi madre y rogué que Crabbe no le hubiera dicho nada. Y estaba pasando frente a la entrada del Callejón Knockturn cuando recordé el collar. Era mi oportunidad… quizás la única que tendría en mucho tiempo. Así que me desvié de mi camino e ingresé dentro.

La tienda "Borgin and Burkes" estaba desierta y tuve que esperar un buen rato hasta que apareció el dueño. Por suerte todavía tenía el collar, que se exhibía en la vidriera. Sin embargo el hombre no me tomó muy en serio al principio. Supongo que creía que era otro adolescente más que había ido sólo a curiosear. Decirle quien era mi padre esta vez no me sirvió de nada y tuve que mostrarle la marca tenebrosa para que me tomara en serio. El hombre al verla, palideció, y me sorprendí un poco del poder de persuasión que tenía. Entonces comprendí que podía usar ese poder a mi favor.

_ Así que, ya sabe, mándelo a mi mansión_ le dije con firmeza.

_ ¿Pero, tienes el dinero?

_ ¡Por supuesto! Se lo enviaré…_ dije molesto.

Luego me di la vuelta y salí del lugar. No podía estar allí mucho tiempo sin correr el riesgo de que alguien me viera. De todos modos había tenido mucha suerte. El collar era carísimo pero estaba a la venta y pronto sería mío. Ahora… tenía que guardarlo con cuidado para que nadie sospechara y así poder usarlo en el futuro… pero sólo como última opción.

Salí hacia la calle muy concurrida del Callejón Diagon, y había caminado sólo una cuadra cuando un brazo apareció desde un hueco oculto, entre dos paredes, y me introdujo dentro. Casi grité de la sorpresa.

_ ¡Hermione!

_ ¡Shhhhhhh!_ dijo ella… parecía nerviosa y miraba hacia la calle. La gente pasaba de largo, sin vernos.

Estábamos muy cerca, como nunca antes, y me puse un poco nervioso. Ella tenía puesto un bonito vestido azul que le quedaba muy bien.

_ Recibí tu carta… hace unos días…_ dijo mientras se apartaba un poco de mí.

_ ¡Ah, sí!...

_ Creí que era una de tus estúpidas bromas por eso ni siquiera la respondí… y no iba a venir pero… pensé que sería una grosería. Sonaba tan urgente.

_ ¡Y lo era! Te esperé…_ dije.

_ ¡Lo sé! Pero como apareció esa mujer… yo… pensé que era una trampa y por eso me fui_ dijo Hermione frunciendo el ceño.

_ ¡No! No es así. Mi tía Bellatrix me encontró de casualidad. Yo no tenía idea de que estaría allí_ dije atropelladamente, con la urgencia de explicarme.

_ Lo sospeché_ susurró más para sí misma que para mí.

_ Y luego… no pude deshacerme de ella. Tengo algo muy importante que decirte_ concluí con firmeza.

Hermione se puso colorada y adiviné por dónde iban sus pensamientos.

_ ¡No, no es nada de lo que crees!_ dije moviendo la cabeza de un lado a otro_. Yo… es algo muy diferente.

_ ¿Qué será?_ dijo con cautela.

Entonces le conté todo lo que había pasado en estas vacaciones, sin guardarme nada. Todo el plan del Señor Tenebroso y cómo estaba condenado a llevar a cabo esa tarea. Hermione estaba estupefacta y no habló hasta que terminé el relato.

_ Pero… ¡por Merlín!_ exclamó horrorizada_. Tienes que decirle a alguien… ¡a un profesor! ¡Al profesor Dumbledore, por supuesto!

_ ¡No puedo! Si él se entera que hablé matará a toda mi familia. ¡No puedo decirle a nadie!

_ Pero… ¡tienes que hacerlo! Ellos te protegerán. La Orden te protegerá_ dijo ella pero yo no confiaba en ninguno de ellos. Nadie de "La Orden" había sido nunca muy amable conmigo.

_ Después que sepan lo que soy… no me ayudarán_ dije recordando la marca que llevaba en mi antebrazo izquierdo.

_ ¡Por supuesto que lo harán! ¡Tienes que confiar en ellos! Podrán esconder a tus padres_ insistió ella.

_ No pueden ayudarme, aunque quieran. Quizás puedan proteger a mi madre (hasta cierto punto, tú no imaginas sus poderes) pero mi padre está en… en Azkaban._ Me daba vergüenza decirlo_. Nadie puede protegerlo allí.

Hubo un breve silencio. La situación era tan horrible que le costaba asimilarla, casi tanto como a mí.

_ Sigo pensando que tienes que decirle a alguien, Draco_ dijo ella. Me sorprendió que me llamara por mi nombre, nunca lo había hecho. Sin querer sonreí.

_ No lo sé…

_ ¿Esa no es tu madre?_ dijo de pronto señalando hacia la calle. Allí, en la vereda del frente, estaba mi madre. Miraba para todos lados, era evidente que estaba buscándome. Y si me veía allí con ella… no estábamos realmente lo que se podría decir ocultos.

_ Tengo que irme_ dije asustado_. ¿Puedes ayudarme? ¿Podemos estar en contacto? No sé a quién más recurrir. Mis amigos… bueno, son unos idiotas.

_ Claro que te ayudaré… pero tengo que pensar en algo_ dijo frunciendo el ceño.

_ ¡Gracias!_ dije con una sonrisa. En ese momento vi como mi madre estaba a punto de cruzar la calle. De este lado seguro que me vería_. No pueden verme contigo… si alguien se entera que te dije… ¡Y, por favor, no le digas a nadie!

_ No lo haré, puedes confiar en mi_ dijo y me sonrió con lástima.

_ Nadie debe saberlo… si se filtra algo sobre la misión que me encargó… mi familia estará en peligro…_ titubeé nervioso.

_ No te preocupes… no voy a decirle a nadie tu secreto_ me interrumpió tratando de calmarme.

Le sonreí con afecto. No me había equivocado, ella iba a ayudarme. ¡Cómo la amaba! Pero no me detuve a pensar más en ello. Le di la espalda y di unos pasos para salir de allí. Antes de hacerlo me di la vuelta.

_ ¿Cómo supiste al final que no te había mentido? Que esa carta no era una trampa…

_ Bueno, no lo sabía, pero nadie me había defendido de esa forma antes. Entonces… supongo que lo supe_ me dijo y sonrió.