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Sober. — capítulo 17
A la noche, me desperté escuchando los ruidos del piso de arriba, me quede viendo el techo en la oscuridad, mis ojos notaron un aura purpura y nebulosa que se filtraba hacia mi habitación. Me reincorpore de la cama, sin dejar de mirar aquello que no era normal. Me anime a subir al piso de arriba, me calce unas zapatillas, y salí de mi apartamento. subí las escaleras a la siguiente planta, busque el departamento, que fácilmente llegue a él, tras los ruidos que alguien corría muebles, y voces extrañas. La puerta está bloqueada, tuve que dar una patada fuerte rompiendo las bisagras. Me sorprendí de mi propia fuerza, que no recordaba tener. El aura era más fuerte, las voces era n un lenguaje muerto, sino me equivoco era hebreo antiguo. El aire nauseabundo me llego del golpe, di arcadas ante ese ambiente de putrefacción, y a encierro. Me estabilice irguiéndome, y avance al interior con pisadas silenciosas y precavidas. Todo estaba sumido en la oscuridad, y mis ojos lentamente fueron acostumbrándose del abandonado piso. Los ruidos venían del fondo, de una de las habitaciones. Mire a mi alrededor buscando cualquier elemento como arma, porque lo que allí habia no era humano. No encontré nada que me sirviera tenía que usar mis conocimientos de combate, no estaba segura de lo que pasaría. Pero, ya estaba aquí. Cruce la sala con muebles polvorientos y que olían mal. Camine por el pasillo hacia la segunda puerta, el aura se intensifico al pararme frente a la entrada. Tome el picaporte, estaba pegoteado, retire la mano limpiándola en mi blusa de The Ramones, que estaba vieja. La puerta se abrió con un chasquido, y un chirrido. El sitio olía a sangre y ácido, me tape la nariz ante ese fuerte olor. Avance hacia el centro, mirando detenidamente el entorno, y cada rincón. Entonces, vi una figura alta y oscura, más que la misma oscuridad de la habitación. No llegaba ninguna luz hacia el interior. El ser grito vorazmente, extendiendo sus garras afiladas y huesudas hacia mí, retrocedí unos pasos para prepararme, me puse en defensa alzando sus puños. No sé que estaba pensando realmente. En cuanto, estuvo lo suficientemente cerca, le di un golpe en su mandíbula abierta y con miles de dientes pequeños y puntiagudos, el aliento era perturbante y su saliva me salpico, quemándome. Grite, retrocedí otros pasos más, el ardor en mi cara y sentí que el sudor caía por mi espalda, la bestia volvió atacar, esta vez, frene sus manos largas y negras con las mías, empujando hacia atrás, sus pies rasgaron el piso de madera, astillándolo. Se soltó de mi agarre, sujetándome de los hombros, al hacerlo sus garras se rompieron en pedazos de cristal negros y un espeso humo fue evaporándolo hasta convertirse en cenizas. Miré mis manos y estaban brillando con un aura plateada que me envolvía por completo, se mantuve persistente por unos minutos y, otro ser entró rápidamente al interior, gritando palabras que desconocía, se tiró sobre mí, le di una patada en el vientre, este se quejo con aullido, y le ensarto un cachetazo en la cara haciendo que tire la cabeza hacia atrás. Lance otro golpe al estomago, y otros más al rostro deformado, y de ojos huecos. Era un gran esqueleto de músculo, y anoréxico. Rompí sus costillas con una rodillazo fuerte, el crujido los huesos se hundieron en el interior del ser, que abrió su boca en un grito ahogado, y se cayó de rodillas, tomándose el torso fracturado. Sujete su cabeza haciendo un giro seco, y escuche romper su cuello, se cayó al suelo de frente, y a los segundos su cuerpo re redujo a cenizas como el otro. Me quede allí parada, viendo lo que recién habia hecho. Había asesinado a bestias infernales, pero estas eran débiles como fantasmas que merodeaban sin ningún sitio donde quedarse. Me senté en el piso mugriento respirando agitadamente, mi corazón latía fuerte casi por escaparse. Mi aura fue desvaneciéndose lentamente, me relaje y sentí que mi estomago rugía de hambre. Salí de aquel lugar, que ya no habia más seres invadiendo la paz y armonía del edificio. Ya no había más, pude sentirlo.