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Sober. — capítulo 19

Mi vida era una barrera de problemas emocionales, de una fuerza y una mente pura para enfrentarme a criaturas que invadían el mundo y los rincones oscuros de New York. Nací para proteger y ayudar. Eso es lo que pensé, porque necesitaba a Mikael, y sabia que él también me necesitaba.

El mes de abril había llego, y también había traído una tormenta fuerte, los ruidos de los truenos me tranquilizaban en vez de alterarme. Era una noche fría y demasiado normal, el trabajo fue ajetreado y cansador. Estaba con Kitty en su casa, durmiendo en el futón negro, ella estaba dormida a pesar de los estruendosos sonidos de la lluvia y el resonar del cielo oscuro. No podía dormir seguía pensando en él, me evitaba, cada vez que intentaba hablar o estar a su lado, se alejaba con sus ojos rojos y una mueca de enfado. Mientras las luces se filtraban por las cortinas lilas y los ronquidos de Kitty, estaba pensando cómo recuperar el alma de Mikael, porque ya era tiempo de entrar a la acción, de salvarlo y amarlo, en lo posible.

Pase mucho tiempo pensando mi plan y mis estrategias, sabía que el infierno era grande y peligroso, que los que entraban no salían. Tenía la duda, que si yo entraba que pasaría, mi aura era pura, y si llegaba a pisar las tierras del inframundo, ¿Qué riesgos correría? Pero, prefería morir para salvar a Mikael.

No estaba segura de los resultados. Pondría mi seguridad en los peligros y los horrendos lugares del infierno. Estaba tomando el papel de heroína con un gran valor.

A la mañana, Kitty me despertó para ir a desayunar con sus padres, me cambie. Unos jeans claros, algo viejos y con manchas de pintura. Una camiseta negra de cuello redondo, y mis zapatillas negras. Recogí mi cabello en una coleta alta, dejando algunos mechones caer a los lados de mi rostro triangular.

-¡Wow!-exclamo mi amiga con su vestido blanco hasta los tobillos y unas botas de plataforma color dorado, le daba el aspecto de un ángel.

-¡Bah! No seas exagerada.-le inquirí encogiéndome de hombros.

-No es eso. Son tus ojos, están blancos, es decir, están más claros que parecen blancos.-me menciono aun asombrada.

Me mire al espejo, deteniéndome a ver mi rostro. Tenía mis ojos grises pálidos como habia dicho Kitty, estos tenían una gama gris petróleo por el contorno en una fina línea y el resto era absolutamente blanco.

Ojos de ángel. Corazón puro. Súper fuerza. Percepción de auras.

-Es extraño y bonito, ¿verdad?-le dije a mi amiga que estaba guardando unos libros en su mochila rosa y celeste con fondo de galaxias.- Es increíble la genética de las personas.

-Yo creo que es por el cambio del tiempo. No estoy mirando los ojos de las personas todo el tiempo, pero es la primera vez, que tu gris opaco ahora es tan claro.-opino Kitty. Se irguió viéndome frente al espejo.-¿Pudiste hablar con Mikael? Extraño debatir sobre los artistas contemporáneos.

-¿Crees que no lo he intentado? Desde que discutimos. Me siento culpable de haberlo dejado así. Él cree que es malo, solamente porque sus padres y su familia lo abandonaron, no implica que no pueda hacer el cambio. Él es el conductor de su moto. Quisiera decirle eso.-le plantee girándome sobre mis talones, camine hacia mi bolso.

-Entonces, te ayudare con él.-me inquirió Kitty haciéndose una trenza de espiga en su cabello rubio platinado.- Puedo aportar algo para hacerlo sentir cómodo.

-Prefiero arreglarlo sola. Yo fui quien peleo con él, no tu. Espero que no te importe.-le dije colgándome el bolso en el hombro derecho.

-¡Espera! ¿La dijiste que te gusta?-aventuro con los ojos verdes encendidos.

-No he hecho eso. No es el momento.-le negué. Si ella supiera toda la verdad...

Nos quedamos mirándonos, escuche la voz de la señora Harrison que nos avisaba que el desayuno estaba listo. Salimos de la habitación de Hello Kitty, atravesamos el pasillo iluminado por la luz diurna, las tonalidades amarillas y anaranjadas que brillaban a través de los cristales de los grandes ventanales. Al entrar al comedor, saludamos a los señores Harrison, tomamos asiento, y la madre de Kitty me sonrió.

-Siento que no tenga leche de soja, Laia.-se lamento con su sonrisa noble y simpática.

-No hay problema. Está bien por hoy.-le conteste tomando el café con leche que me ofrecía.

Pensé en Mikael, mientras tomaba el desayuno y habla con Susan, Kitty estaba concentrada en contestar los mensajes de su novio, su sonrisa y sus ojos de enamorada lo decían por si solos.

Muchas gracias por seguirme, no tenía confianza en que Potterfics  me diera la oportunidad a publicar "Sober", asique les agradezco mucho, otra vez, por estar.