← Sober. · de
Sober. — capítulo 26
En unos minutos, Lucifer rompió el hechizo, salió del portal. Gruño enfadado, retrocedí, haciendo esferas de luz, nuevamente.
Era la única arma que tenía para defenderme.
Cada paso que daba , él hacia dos alcanzándome con las llamas que salían de su voraz boca. Y las garras como cuchillas negras que se agitaban violentamente para golpearme. Me tropecé con mis pasos, cayéndome de espalda al suelo mojado. La lluvia comenzó a caer en Manhattan, nadie cercano estaba para verme lo que ocurría, viéndome luchar contra una entidad superior y llena de odio. El primer golpe corto mi cuello en cinco centímetros, el segundo a mi estomago, terminando de romper mi sudadera. Me deshice de ella, quedándome con una camiseta negra manchada de sangre y polvo de cenizas. El tercero fracturo mi muñeca derecha. Me levante con gran esfuerzo, lloré de desesperación y grite eufórica. Luche con mis poderes inútilmente, las pocas energías que me quedaban para hacer tiempo a que apareciera el sol.
-¡Abajo!-.escuche que alguien gritaba detrás de mí.
Me agache pegando mis piernas contra mi pecho. Sentí que saltaba encima de mi espalda como obstáculo, levante la mirada para ver lo que iba a suceder. Era una chica de estatura alta, esbelta y lanzo una flecha con su arco, creados únicamente por su aura plateada. Una Hulder. El arma tenía colores blancos y azules. La lucha entre ella y el rey de las tinieblas era una escena que desenvolvía en bolas de fuego, flechas y golpes fuertes. Ella no caía ni se veía agotada. Su cabello rubio recogido en una coleta alta, su indumentaria negra y su habilidad en esquivar los ataques, me sorprendieron.
-Necesito ayuda.-me reclamo saltando en un giro completo y tirando una flecha que se hundió en la garganta del enemigo.- Usa tu aura para crear un arma. Y, que no sean esferas, son útiles.
Me reincorpore, saliendo de mi asombro. Extendí mi mano derecha, donde la fractura estaba recuperada, transforme una espada de empuñadura plateada y el filo en dorado con rezos en hebreo. Salí corriendo para unirme con ella, di un golpe en el brazo que estaba hecho de fuego, este se fue consumiendo en piedra.
-¿Quién eres?-le pregunte arrojando otro golpe.
-Soy Iara.-me contesto tirando una tercera flecha al pecho, estas se mantenían sólidas en el lugar y comenzaban a debilitar el poder de Lucifer.- Soy de Brooklyn.
-Soy Laia, de Manhattan.-me presente, Lucifer grito arrojándome una patada, que bloquee con mi escudo.- ¿De dónde saliste?
-De una fiesta.-me dijo puede ver que estaba sonriendo.- ¿Y, tu?
-Aunque, no lo creas, acabo de salvar dos vidas, devolviendo sus almas.- le conteste, bloqueando otro golpe.
-Una novata, por lo que veo.-objeto saltando en un giro hacia atrás.- Es la tercera vez que me enfrento a él.
Lucifer estaba retrocediendo a nuestros ataques, no nos detuvimos. Sin platicar, seguimos luchando con el poder demoniaco que emanaba de él, que de a poco iba cayendo ante la claridad de la noche, y por nuestros poderes. Dejó de llover, el sol estaba por salir.