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Sober. — capítulo 3

Kitty era Kitty. Sin más, toda su habitación era rosa y fucsia, al igual que su vestimenta, lo único que salía de ese mundo de fantasía era la chaqueta de baloncesto de su novio, Edward. Los señores Harrison habia salido hacia California de vacaciones, su hija le demostraba se madurez y responsabilidad de cuidarse sola sin hacer escándalo en el barrio francés, los balcones de las casas lucían sus banderas de colores; rojo, blanco, azul. No sé cuánto tiempo estuvimos haciendo una maratón de películas de terror. Ethan no dejaba de gritar, nunca conocía a un chico tan miedoso como él, incluso se fobia duraba dos días, y sus amigos tomaban esas situaciones haciéndole bromas. Eran cerca de las tres de la madrugada, Ethan se fue tras insistirme en acompañarlo hasta el auto, tuve que hacerlo al igual que Kristen.

-Ahora cuéntame lo que hiciste con él.-le dije al volver al bloque de departamentos.

-Hicimos algo diferente a lo común. comenzó a decirme con una mirada divertida.-Nos disfrazamos de Batman y de Gatubela pero usando lencería.

Me reí al imaginarme a mis amigos de esa forma. Entramos al cálido hall, nos dirigimos al ascensor para llegar al quinto piso.

-¡Que romántico!-opine riéndome otra vez.- Me imagine algo más tradicional como una cena a la luz de las velas, mariachis y camino de pétalos de rosa.

Kitty sonrió.

-Te veo haciendo eso con el chico nuevo.-me dijo con una mirada picara. Fruncí el ceño.

-¿Hay un chico nuevo?-le pregunte confundida.

-Sí, es Mikael Kun.-me contesto.- ¿No lo has visto en la clase de Biología? Comparte muchas clases con nosotros, incluso está en la clase de Música.

-No sé, no lo recuerdo.-me justifique.

-Es alto, y musculoso. Es muy sexy.-agrego mi amiga guiñándome.

Bajamos del ascensor, avanzamos por el estrecho pasillo hacia el final. Entramos al recibidor, las luces aun seguían encendidas. Kitty dejo las llaves en la mesa junto  al espejo de cuerpo completo, seguimos hacia su dormitorio, ella bajo un futon del closet le puso ropa de cama y dos gruesas mantas rosadas con rombos negros y violetas. Nos acostamos, continuamos hablando un poco más.

En la mañana, Kristen había hecho un delicioso desayuno , café con leche, hotcakes, zumo de naranja y cereales de granola. Comí con gusto, halagando su gran talento culinario. amaba tanto su comida que vendría todos los días para disfrutarlo.

-¿Qué harás ahora? Es decir, luego de lo que paso.-me dijo con cuidado.

-Todo sigue, Kit.-le dije con la boca llena.-Cambiare de trabajo, es agotador trabajar a la noche, Tantos imbéciles que quieren acostarse conmigo y George, es un abusador laboral.

-¿Tienes pensando donde buscar?-me pregunto comiendo un puñado de cereales.

-Dejare solicitudes en las compañías, y en algunos bares.-le conteste tomando mi vaso, suspire.- Terminare este año de una puta vez. Ahora, todo se vuelve jodidamente difícil, Sobrevivir. Es todo lo que hacemos. Trabajamos y estudiamos sin poder disfrutar el mundo.

-Eso es cierto.-me correspondió.- Te ayudare a buscar trabajo. Sabes que puedes contar conmigo. Eres mi mejor amiga, Laia.

-Lo sé, Kit.-le dije sonriendo. Trague saliva y suspire al pensar en el rostro inexpresivo de mi papá al morir, allí acostado en esa cama hospitalaria.- Lo sé.

Regrese a casa a las seis de la tarde, me quedaba dos horas para entrar al trabajo. Fui a mi habitación pasando  por delante de la de mi papá, se me hizo un nudo en el estomago, cerré la puerta y entre a la mía. Me quite las zapatillas deportivas y la campera de cuero tirándolas al suelo de madera color caoba. Busque en la computadora puestos de trabajo, no podía renunciar todavía. Tenía que soportar un tiempo más.

El tiempo. Eso ya no importaba. Lo que valía era la oportunidad de cambiar mi vida, de todos los modos.