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Sober. — capítulo 30

Me desperté en los brazos de Fank, sin despertarlo me levante, recogí mi ropa dirigiéndome al baño. Me vi en el espejo, las marcas de elegida y mi cabello revuelto, abrí la ducha. Espere un momento, sin dejar de pensar en lo de ayer a la noche con Fank. Entré, apreciando el agua tibia que golpeaba bruscamente mi cuerpo tenso y sudoroso. Necesitaba hablar con Kitty, especialmente con ella que entendería mi situación, ya que antes de conocer a Edward y establecer su noviazgo, ella estuvo con otros chicos y tuvo que girar en una rueda de emociones. A penas conocía a Fank, estaba dolida porque Mikael no pudiera haber sido lo que esperaba. Me estremecí de miedo, de nervios y confusión.

Termine de vestirme con unos simples leggings negras y una remera larga blanca, tome mi mochila para irme a la escuela, donde no podría soportar ver a Mikael a los ojos, intente controlar mis lágrimas. Fank seguía durmiendo, le dejé dinero y una nota que regresaría a la noche. Salí del edificio, dirigiéndome a Starbucks, ya que no quería ver a Fank desnudo en el sillón y pronunciando mi nombre en sueños.

-¿Laia?-escuche una voz femenina y ronca a mis espaldas, me voltee incrédula a esa persona.

-Cassandra.-murmure entre dientes.- ¿Qué haces en New York?

-No me contestas mis mensajes ni mis llamadas.-se justifico.

-Perdí el teléfono.-le dije cruzándome de brazos.

Estaba muy bien vestida, podía verse a la vista que usaba líneas de diseñador y su imagen era de una mujer mucho más joven, advertí que la muerte de mi padre no le afecto en absoluto. Era una maldita perra egoísta.

-¿Podemos hablar?-me pregunto esperanzada de recuperar el tiempo perdido.

-Tengo irme.-le dije a secas, me gire, sentí su mano en mi hombro. Y un grito de su parte, eso fue extraño. Volví hacia ella, la quemadura en sus dedos era negra y sus ojos se volvieron rojos.- Que curioso que tengo una madre maldita. ¿No es extraordinario como la vida nos da encrucijadas? Cassandra no vienes para ser una madre preocupada por su hija abandonada y en duelo. Estás porque necesitas mi cura.

-Laia, lo siento tanto.-se lamento rompiendo en un llanto agudo y aterrador.- Tuve que dejarlos por esta razón. Siempre pienso en ustedes. Nunca existió un amante.

-Ahora no tengo tiempo de salvarte, tengo que ir al colegio.-le dije con frialdad, no me creía eso, no tanto.- También siento que no hayas sido tan valiente de buscar ayuda con otros Hulder.

-Por favor, cielo.-me suplico en lamentos y lágrimas de color negro. Estaba realmente jodida por dentro, no sabía que tanto su alma estaba herida y condenada a vagar cobrándose otras como supervivencia.- ¿Lo harás?

-¿Meterme en el Inframundo otra vez?-le inquirí bufando.- Tengo que planearlo. Es complicado. Luego, hablamos. Adiós.

Me apresure a llegar a la cafetería, deseaba que no hubiera tantas personas, ya estaba retrasándome para tomarme el autobús. Camine unos metros, entrando al local que había unas cinco personas, ¡Bien! No era tanto.

Hola, como están, seres de luz? Espero que bien. Traigo otro capitulo, y el próximo será este viernes, atentos. 

Muchisimas gracias por seguir la historia y tenerla en sus Favoritos, eso me hace muy feliz.

Saludos!