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Sober. — capítulo 36
Era miércoles por la mañana, el clima estaba caluroso y el cielo despejado con un brillante sol en su mayor esplendor sobre New York y sus alrededores. Me quede viendo la lámpara de lava color anaranjado, el sonido de las noticias que llegaban a mi habitación desde la televisión de la sala. Al rato, me levante de la cama usando unos pantalones grises y una remera lisa blanca. Salí descalza hacia el baño para hacer mis necesidades y cepillarme le cabello enredado por el baile de ayer a la noche. Me encamine a la cocina para preparar mi desayuno, Fank se volteo al verme haciendo un movimiento de cabeza como saludo.
-Buenos días, Fank.-le hable sin rencores de hace dos días.-Veo que te llevas bien con Iara, ¿no?
-Es muy guapa.- concordó, sonreí de lado.- Ella está saliendo con Mikael, ¿Eso te irrita, señorita Stuart?
-Eres un idiota.-le dije con fastidio.-No puedes evitar clavarme tus palabras como armas. Después, todo lo que he luchado por ti y permitirte quedarte en mi apartamento. Eres una mierda, Fank.
-Soy realista, muñeca.-me replico guiñándome.
-Trata de tragarte tus malditos comentarios.-le espete irritada, resople con fuerza, él se rio.- ¿Qué?¿Te divierte esto?
-Eres increíble, Laia.-me dijo con una sonrisa honesta.- Pero, tienes que abrir un poco los ojos.
-Estoy despierta. Conozco la realidad, los secretos y los mitos que se desmintieron, ¿eso no es suficiente?-le inquirí dirigiéndome a la nevera, saque unos huevos y una caja de zumo de naranja.
-No me refiero a eso.-me negó riéndose.-Eres despistada, cielito.
Me prepare el desayuno, ignorando a Fank, ¿En qué tenía que darme cuenta?¿Qué motivo tengo para descubrir la verdad? Ahora, me había abierto a la curiosidad. Termine de comer unos huevos revueltos y unas tostadas con mantequilla de maní, las voces de los periodistas y la batería de Malcolm inundaba el silencio a mi alrededor. Fank estaba callado y sereno viendo la televisión. En unos segundos, el teléfono de línea sonó rompiendo la tranquilidad, me levante para atender el llamado.
-Hola.-hable con pesadez.
-Soy Cassandra.-dijo la voz angustiada de mi mamá.-Disculpa, si te interrumpo. Pero, estoy consumiéndome en la depresión, Laia. Ayúdame.
-Tranquila. Lo haré, necesito ordenar mis estrategias para recuperar tu alma y tu vida mortal.-le calme sin sonar decepcionada de que nos haya mentido, por otro lado, comprendí que tenía miedo de nuestra seguridad.- Sólo necesito desarrollar el plan.
-Estoy en el hotel Pensylvania.-me informo de su ubicación.
-De acuerdo. Hablamos luego. Adiós.-termine la conversación telefónica.
Fank estaba observándome con curiosidad, el destello marrón de su aura, significaba que estaba establemente tranquilo. Lave lo que use, me recargue contra la nevera cruzándome de brazos. Pensar en volver a interrumpir en las profundidades del infierno, no era algo que me entusiasmaba ningún Hulder se alegraba de eso, tenía que existir otra forma. Para eso necesitaba más información del asunto, marque el número de Iara, anteriormente me lo dio en la fiesta, aguarde que sonara tres veces, estaba por colgar.
-Hola.-escuche una voz masculina agitada y arrastrada.
-Soy Laia, ¿se encuentra Iara?-le dije sin demasiadas presentaciones.
-Ella acaba de irse al trabajo.-me menciono.- Lo siento, tendrás que llamarla a las nueve.
-¿En qué otro horario puedo ubicarla?-le pregunte nuevamente.
-Al mediodía.-me respondió con una voz exasperada.
-Perdón por molestarte.-me disculpe.
-Claro, puedes joderme en medio de mi entrenamiento.-me dijo con sarcasmo.
-¿Cómo te llamas?-le dije intentando ser amable.
-Eso no te importa, señorita Stuart.-me dijo, imagine que estaba sonriendo del otro lado.
El llamado termino, bufe dejando el teléfono en donde estaba. Me senté en el sillón con Fank, me quede viendo una noticia de premios de conductores de televisión y locutores de radio. Era mi día libre, iba a disfrutar el tiempo en jugar con la Nintendo, comer palomitas de maíz y esperar que Iara se comunicara conmigo, si es que ese chico sería tan amable de pasarle mi pedido.
-¿Está todo bien?-me pregunto Fank viéndome.- ¿Qué pasa?
-Tengo que encargarme de romper otra maldición. Es mi mamá, y necesito platicarle de esto a Iara.-le dije rápidamente, subiendo mis piernas contra mi pecho y abrazándolas.
-Eso significa que tienes que meterte en problemas, ¿no?-me inquirió con una sonrisa.
-De por sí, hay que hacerlo. Los problemas vienen a mí.-le dije resoplando, estaba nerviosa.- No voy a cometer el error de saltar al precipicio.
-Pero, no conocías tu verdadera forma.-replico Fank.- No sabías que eras una Hulder hasta que te lo dije. Ahora, tienes ventajas de vencer.
-Supongo.-le dije dubitativa.
Tenía miedo e inseguridad de salvar a Cassandra, algo iba a salir mal esta vez, sería mis responsabilidades enfrentarme a las perdidos de esta nueva batalla.
Fank se acerco más, abrazándome colocando mi cabeza contra su pecho, escuche sus latidos, olí su perfume corporal y me sonroje.
-Confió en ti.-me dijo confiado.- Eres arriesgada y de carácter jodido. No te detengas. Eres un nefilim, Dios te apoya en las misiones y posees los poderes de los ángeles.
-Tengo un mal presentimiento.-le confesé.
-Estarás bien.-me aseguro, beso mi cabeza.-Resiste ante los golpes. Por ti. Por todos.
Cerré los ojos, afloje mis brazos alrededor del torso de Fank, sintiéndome contenida sobre él. La batería de Malcolm se detuvo, todo volvió a un silencio cómodo y agradable.