← Sober. · de
Sober. — capítulo 38
Mi madre era una hibrida, fue una Hulder y un semi demonio, ¿Cómo se explica todo eso? Ya lo averiguare. Esto era irónico porque también me perdí en la belleza de Mikael durante su maldición. Fui afortunada al no meterme en la cama con él, y lamentablemente, eso no iba a pasar. Chris Brown un violinista de la orquesta sinfónica de New York, el dueño del restaurante le pidió que diera un show, Chris discutió el tema con su agente, y acordaron que se presentara durante toda la semana. Rose había regresado hace tres días de su reposo, aún se veía pálida y tenía unas ojeras terribles, disimuladas con bastante maquillaje.
-Señorita, ¿Puede traerme otro vino?-me ordeno un cliente calvo acompañado de una mujer delgada y esbelta.
-Claro. Enseguida regreso, señor.-le conteste con la mejor sonrisa que el trabajo de camarera te exige tener.
Me dirigí a la mesa diez para cerrarla, una pareja que se repartían besos y caricias, con indiferencia tome la tarjeta de crédito del hombre, volviendo a la caja, donde estaba James hablando con Vanessa, estos tenían una gran conexión, los descubrí una vez teniendo sexo en el baño privado del restaurante, esperaba no volver a chocarme con sus escenas apasionadas y los gemidos que salían de sus bocas.
-Cierra la diez y la siete.-le comunique al chico de veintisiete años.
Las horas continuaron lentamente, estaba cansada, quería llegar al departamento a dormir doce horas seguidas. En momentos, mantenía charlas con lo clientes más frecuentes y cruzaba comentarios con Rose. En el cierre del local, estaba en el vestidor colocándome los botines de cordones.
-El chico de la trece me dio su número.-me comento mi compañera.
-Un nene de mamá.-le replique sonriendo.
-¿Lo crees?-me pregunto dubitativa, sonrió.- ¿Crees que podré llamarlo mañana?
-Si quieres quedar como una zorras que necesita sexo con urgencia, entonces hazlo.-le conteste con una mueca indiferente. Rose se rio.- Llámalo en diez días, eso le hará saber que no eres una perra obsesionada.
-De acuerdo, Lai. Gracias.-acepto Rose cerrando la cremallera de su pantalón azul oscuro.
Salimos a la calle, el viento era fuerte y pasado, la acera estaba mojada. Rose me acompaño a la parada de bus, que tardaría quince minutos en llegar. Mi cabello se arremolinaba bruscamente, mis ojos estaban entre cerrados. En cualquier momento, me desmayaría de sueño.
-¿Piensas seguir alguna carrera?-me pregunto Rose de brazos cruzados protegiéndose del frio del mes de abril. Esperaba que la primavera llegara pronto.
-No lo sé.-le dije insegura.- Necesito el dinero. Los gastos son muchos y Fank no consigue empleo. No estoy segura de hacerlo. Pero, si tuviera el apoyo de mi familia estudiaría Psicología.
-Es una carrera muy linda. Tienes paciencia, Lai.-me comento optimista, me sonrió.- Yo estoy por entrar a Artes Dramáticas.
-Eso te queda muy bien. Eres divertida y creativa.-le objete, ella asintió.
En veinte minutos, hablando de trivialidades y los lugares que deseábamos visitar en nuestras vacaciones. Me despedí de Rose con una brazo fuerte y cálido. Subí al bus, pague el boleto. Tome asiento en el fondo junto a un chico moreno y una mujer embarazada, sus auras era diferentes. El chico estaba molesto y ella estaba preocupada.
Era las once y veinte de la mañana, la batería de Malcolm y los gritos de unos jóvenes en la avenida Madison me despertaron. Me quede observando la ventana como las cortinas blancas danzaban con la leve brisa matutina. El barullo de la calle no era tan abrumador, me dolía la cabeza y sentía mucho calor. Fank llamo a la puerta.
-Pasa.-le indique, sus pasos lentos llegaron hacia mí. La cama se hundió al sentarse al final de esta. Me voltee con pereza, tenía una remera gris y unos pantalones negros, la otra vez que salimos por compras, consiguió prendas sencillas y lisas.- ¿Qué?
-Tu mamá llamo tres veces ayer.-me dijo con una mueca de pena, miedo e inquietud.- Sonaba enferma.
-Claro que lo está. Tiene energía demoniaca, sobrevive con almas de vírgenes.- le conteste molesta. Me senté en la cama con pereza, bostece, le hice una seña para que me alcance la sudadera azul de la silla cerca del closet.-Jonathan no me dijo todo, algo me está ocultando.
-¿Qué piensas hacer con tu madre? ¿Quieres salvarla?-me pregunto confundido.- Creo que los híbridos no soportan la magia oscura y el poder de los demonios pueden morir.
-No estoy segura de eso. Es complicado.-le mencione, colocándome el abrigo.
Fank se quedo callado y pensando, maldiciendo por lo bajo. Estaba en problemas, tenía que averiguar qué estaba pasando. Pero, tenía que buscarla y ayudarla de alguna forma, aunque fuera mi enemiga. Me acomode en la cama.
-Dime.-le exigí, él suspiro resignado.
-En estos últimos días, busque información en el barrio árabe.-me dijo con seriedad, esto era interesante.- Un rabino conoce los secretos de los Hulder, tiene informes y fotografías para su investigación. Es un tema complejo para los arqueólogos y los sacerdotes de las religiones. Menciono el mapa del Ángel, algo que está buscando hace tiempo.
-El mapa es mágico, recuérdalo.-le señale, él asintió.
-El rabino me dio toda esa información sobre los híbridos. Dijo que ellos mantienen su esencia, pero su verdadero ser es una bestia infernal que crece cuando son condenados, a la vez siguen siendo Hulder y conservan sus poderes.-continuo con un suspiro.- Son seres de guerra. Laia esto es grave.
-Eso lo sé.-le asegure.- Pero, ya estoy dentro.- ¿Por qué fuiste con el rabino?
-Te quiero ayudar. No quiero que te pase nada.-me contesto con una mueca esperanzadora.
-¿Qué más?-le anime a seguir.
-Los híbridos son poco usuales. La magia de ellos se pierde, y la energía del mal toma su forma. Pueden transformarse y destruir. Mueren porque el poder que poseen quema su alma, se vuelven cenizas cuando el último eclipse rojo aparece.-prosiguio observándome con sus ojos dorados.
-Asique, ¿Hay que esperar diez años para la luna roja?-le inquirí incrédula, fruncí el ceño.- No hay tiempo para eso, Fank.
-Tendremos que buscar otra forma de aniquilar a tu madre.-me dijo pensativo, la idea no me gustaba.
No sabía que pensar, qué decisión tomar. La matanza no es agradable, claro que no. Nadie puede escaparse de la muerte ni del amor. Cassandra me daba miedo. Era mi madre, sí. Quería salvarla, de eso estaba segura pero no iba a ser fácil, conociendo su situación, sin embargo no había cura para los híbridos. Deseche el plan de entrar al infierno por segunda vez. No era necesario, era inútil y suicida. Me reincorpore de la cama calzándome unas sandalias rosas con dibujos tribales. Fank se quedo mirándome en silencio.
-No voy a matarla.- le dije finalmente.
-Es arriesgado, Laia.-me recordó el peligro de esos seres.- Casi mueres en manos de Lucifer.
-Pero, lo logre.-le objete, viéndolo con una sonrisa.- ¿Por qué no hacerlo con ella? Tengo la oportunidad de tenerla conmigo.
-Te salvo Iara, no lo olvides.-me menciono, provocando que tuviera una idea extraña y nueva.- No tienes opción.
-No.-le detuve con una sonrisa brillante y optimista.- Siempre hay opciones.