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Sober. — capítulo 41
Había pasado una semana, Jonathan no me había llamado desde la última vez que hablamos personalmente. Estaba sentada con los brazos sobre la mesa, Fank había preparado la cena, discutimos por los gastos innecesarios de la casa.
-Olvide decirte que Jonathan llamo a la tarde, cuando fuiste al apartamento de Mikael.-me comunico llevándose un pedazo de carne a la boca.
-De acuerdo, Fank.- asentí.
Marque el número en mi celular, al tercer pitido, una respiración agitada se escucho con desesperación.
-Ven ahora...-me aclamo por mi ayuda. El llamado se cortó con un grito de Jonathan.
-¡Carajo!-exclame irritada.- Fank tengo que irme. No salgas del edificio hasta que vuelva.
-¿Qué pasa?-me pregunto asustado, poniéndose de pie.
-No salgas hasta que regrese.-le repetí, recogiendo las llaves caminando rápidamente a la puerta.
-Laia..-me llamo preocupado y con miedo.- Por favor...¿Qué pasa?
Llegue con el corazón saliendo por mi boca, me ardían los ojos y sentía mucho calor, estaba muy agitada. Las luces de la casa estaban apagadas sumida en la oscuridad absoluta. Se veía movimiento en el interior, una fuerte energía demoniaca envolvía la casa. Corrí hacia el interior, la puerta estaba un poco abierta, ingrese con cautela resbale con un charco, me caí, arrugue el ceño. Era un líquido pegajoso, olía a petróleo y sangre. Di arcadas, respire hondo controlándome. Había mucho silencio, el viento provocaba un ambiente de una película de terror. Entré en pánico. Habían atacado de sorpresa, la pregunta era dónde estaban. Recorrí lentamente, con una lanza como arma forjada con mi poder de luz, fui observando las habitaciones de la casa de Jonathan, me tropecé con algo duro que gimió débilmente, me volví.
-¡Iara! ¡Por los ángeles! ¿Qué paso?-exclame arrodillándome ante ella, sus cabellos estaban alborotados y su piel estaba pálida, respiraba con dificultad.
Examine las heridas en el torso y en su vientre eran profundas. Coloque mis manos en las zonas afectadas, derramando un aro de mi aura sobre ella, brindándole las fuerzas para que se recuperara. Pero, había sido atacada por demonios, no estaba segura cuánto soportaría.
-Sálvalos...-me suplico en jadeos intento respirar, me quede viéndola a los ojos que contenían lágrimas.- No seas compasiva. Hazlo.
-No, estarás bien.-le tranquilice, besé su frente.
Iara me tomo de la mano apretándola contra su pecho.
-Vete.-me dijo por último hasta que su aura desapareció, su mano se aflojo. Estaba muerta.
Apreté los puños impotente de que mi magia no haya servido, rece por ella y bendije su alma. Me reincorpore estudiando el corredor detenidamente. Al final del pasillo en la oscuridad, resplandecía un agujero purpura donde salía una neblina gris y truenos azules del interior. El olor era molesto, me quité la campera. Forje un escudo, corrí hacia el portal lanzándome hacia él. Ingrese a la oscuridad, el silencio y olor a hollín me inundaron, mientras caía por un vacio negro, con truenos que rompían a cada rato, fui cayendo a gran velocidad. Me temblaba el cuerpo, estaba sofocándome al no tomar el aire. Entonces, recordé de mi poder para volar. Use mi control para ello, sentí que algo en mis omoplatos aparecía con dolor y un crujido. Eran mis huesos adaptándose a unas alas de plumaje blanco y gris, frene la velocidad a una moderada, seguí bajando. Cuando en breves minutos, llegué a pisar el terreno, caí de rodillas, rasgandome los jeans de mezclilla. La oscuridad estaba plena, había silencio que me inquietaba. Pero, busque un punto donde los demás estuvieran, una señal, algo. Me dirigí a la izquierda, el suelo era de tierra agrietada y árida, camine esquivando rocas enormes formadas por lava, algunas daban explosiones, caían cenizas como lluvia. La neblina aumentaba cuando avanzaba, era agotador caminar en este suelo, di tropezones.
-Laia...-escuche una voz detrás de una de las grandes piedras.- Laia, quédate con él.
Era la voz de Jonathan, no podía verlo bien. Asique use mi luz para iluminar el camino hasta él. Estaba inclinado junto a un chico de unos quince años, que estaba agonizando. Me arrodille junte al chico caído, sus alas de ángel estaban negras, una de ellas estaba rota.
-¿Qué paso?-le pregunte al líder, este me miro.
-Fue tu madre.-me dijo a secas.- Te dije que no era bueno jugar con los híbridos.
-Pero..Creí que podría haber...-le dije apenada.- No pensé que nadie resultara herido por mí, Jonathan.
-Pero, lo has hecho. Pasaste sobre mi.-me dijo enfadado.- Iara nos cubrió para terminar con esto. Ella está muerta, era mi hermana de combate.
-Lo siento tanto, Jonathan.-le dije llorando de rabia.- Terminaremos con esto.
-Claro. Pero, no te perdonare esto.-me secundo aún enojado, comprendí su miedo y su exasperación por esta batalla.
-¿Hay alguien más?-le pregunte buscando alguna idea de cómo atacar.
-Mi segundo y mi tercero están secuestrados más adelante. Ellos te esperan, o mejor dicho, tu madre te aguarda.-me dijo con una mueca de ironía.
-Jonathan...-murmure.
-¿Qué?
Formé una espada clavándola en su estomago, hundí todo el largo del arma en su vientre, la sangre oscura y espesa, oliendo a muerte. Era un incubo, es decir, un demonio que puede tomar forma humana y alimentarse de tu sangre. Era una trampa, y estaba metida en ella.
Sólo tres más, lo prometo.
La segunda temporada esta a unos metros...Esperen a la señal. Estarán encantados.