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Niña mimada — capítulo 24
Albus y Megan van a adelante de ellos, hablando sobre Quidditch. Scorpius juega con su corbata verde y plata mientras Rose a su lado le comenta que estuvo jugando con sus primos James y Fred anoche al ajedrez y les ganó todas las partidas. —Así que ellos no saben nada sobre lo tuyo con Lorcan —dice Scorpius, cuando ella termina su relato. El rostro de Rose se ensombrece. —No. Y mejor que nunca lo sepan. Puede que sea un beso, pero ellos son muy sobre protectores con todas las chicas de la familia. Y hablando de eso, Lorcan no me ha vuelto a hablar desde que creo que lo rechace. —¿Y eso está mal? —pregunta. Desde su punto de vista, a Scorpius le parece genial que el chico de catorce años se haya alejado de Rose. Ella se detiene y lo mira enojada. —¡Pues claro que está mal! Lorcan es mi mejor amigo desde que eramos niños. —Bueno, su culpa por besarte. —Eres un idiota, Scorpius. Rose se sujeta con fuerza su mochila y camina más rápido, pasando a Albus y Megan que notan que el humor de la niña no es nada bueno. Albus alza las cejas hacia Scorpius, en busca de una explicación. Éste simplemente se encoge de hombros, no cree que haya dicho nada malo para que Rose se enoje. Sólo está exagerando. Cuando llega a Defensas Contra las Artes Oscuras, se sienta al lado de Albus y Megan se sitúa atrás de ellos. Rose está en su clase de Historia de la Magia, naturalmente. Scorpius apenas presta atención a lo que el profesor Edward Guintusgelp sobre lo que harán ese día. Está distraído pensando en Rose, no le gusta estar peleado con ella, ¡pero ella exageró! ¿Para qué Scamander la besa? ¡Nadie lo obligó! Su culpa por hacerlo, que ahora no se enoje porque Rose no lo quiere. Porque, vamos, ¡ella tiene doce años! No puede tener novio a esa edad, Lorcan no tiene excepción porque la conoce desde niños. Claro que no. —Oye, amigo, ¿te encuentras bien? —pregunta Albus amablemente, señalando con su cabeza los puños apretados de Scorpius—. También estás rojo. —Estoy bien. —¿Es por lo de Rose? —inquiere—. No te preocupes. Ustedes discuten todo el tiempo y vuelven a estar bien al finalizar el día. Venga, mañana van a estar hablando de comida juntos. —Si, pero eso no significa que me gusta estar en discusión con ella. —A Rose tampoco. Pero ella y tú son demasiado orgullosos para arreglarse en seguida. De cualquier manera, prestemos atención a la clase, el profesor ya nos ha mirado. Scorpius suspira y apoya su mentón en sus manos, mirando aburrido el movimiento que hace Guintusgelp con la varita. Aun así, otra vez se pierde pensando en la niña mimada.