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Niña mimada — capítulo 25

Scorpius encuentra a Rose al final de las clases en el Lago Negro. Está sentada en la roca más alta, tirandole comida al calamar gigante. Se acerca a ella en silencio, no quiere darle oportunidad de escaparse. Pero Rose se da cuenta y lo mira sobre su hombro con el ceño fruncido. Scorpius se pregunta si le va a lanzar el resto del pan a su cara. —¿Sigues enojada? —Imbécil. —Sip. Estás enojada. Rose pone los ojos en blanco y mira hacia el Lago Negro, ignorando por completo al niño. Scorpius suspira y toma asiento a su lado en silencio. Él rebusca en sus bolsillo hasta dar con dos ranas de chocolate que sacó de la canasta con golosinas que sus padres le enviaron. Le entrega uno sin decir palabra y ella lo acepta sin hablar. Siguen mirando al frente. Scorpius se pregunta cuánto tiempo ha pasado desde que llegó al Lago Negro. No tiene reloj de muñeca para fijarse. El único sonido que se escucha es cuando Rose le lanza trozos de pan al calamar gigante y éste comiendolo. La niña no le ha dado ni una sola mirara desde que terminó su chocolate. Scorpius ya empieza a impacientarse. —¿Vamos a seguir enojados con el otro? —pregunta, mirando como la criatura nada en el lago. —Yo no estoy enojada contigo. —¿No lo parece? —¿Por qué? —No me hablas. —¿Tú estás enojado conmigo? —dice en cambio Rose, todavía sin mirarlo. —No. —¿Seguro? —Que si. —¿Y por qué no me hablas? —con una sonrisa triunfal, gira su rostro hacia el suyo, mirándolo fijamente con sus ojos azules. Scorpius eleva las comisuras de sus labios y niega con la cabeza, esa chica es más complicada que el propio Quidditch.  —Entonces ninguno está enojado. —Así parece. Scorpius le desordena el cabello rojo para molestarla y ella trata de alejarlo, riendo dulcemente. Finalmente, ambos se acuestan en la roca boca arriba y recién se dan cuenta que las estrellas y la luna están en el cielo. ¿Cuánto tiempo estuvieron ahí en puro silencio? —Espero que no nos hayamos perdido la cena —ruega Scorpius.  —De cualquier manera, podríamos ir a la cocina a buscar algo para comer. —Los elfos hacen rica comida. —Mi papá hace rica comida —asegura Rose. —Tú abuela es una experta chef. —Lo sé. Y eso que no fuiste a casa un domingo. Ése día se juntan todos y también amigos de la familia, abuela Molly prepara tanta comida como un régimen. Tienes que venir para la próxima, en serio, hace la mejor comida que haya. Scorpius sonríe y asiente. Se levanta y ayuda a Rose a pararse para ir al Gran Comedor. Albus tenía razón, de una forma u otra, siempre consigue arreglarse con la niña mimada.