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Niña mimada — capítulo 27
—¿Se puede saber qué pasa contigo? Scorpius levanta la vista de un libro de Defensas Contra las Artes Oscuras para encontrarse con una Rose con mejillas rojas y puños apretados, totalmente enojada. Él intenta hacerle una sonrisa amistosa, pensando que cuando Albus se entere, le dirá el famoso: "Te lo dije". Rose se sienta a su lado, luego de saludar levemente con la mano a la bibliotecaria. Enarca una ceja hacia él cuando la mira. —¿Y bien, Malfoy? —¿Ahora nos llamamos por nuestro apellido, Weasley? —trata de bromear, pero por la mirara enojada de su amiga, se traga los intentos. Suspira y cierra el libro—. Lo siento. —¿Lo sientes? —chilla en voz baja—. No me has hablado por dos semanas, ni siquiera te has dignado a mirarme. Cada vez que me acercaba a ti para hablar, te alejabas. ¡Y yo no recuerdo haberte dicho o hecho algo malo para que me evitarás todo este tiempo, Scorpius Hyperion Malfoy! —Señorita Weasley, no grite —la riñe Irma Pince severamente. —Discúlpeme —vuelve a girarse hacia Scorpius, esta vez mirándolo triste—. ¿Hice algo mal para que no quieras volver a hablarme? Eres mi mejor amigo, Scorpius. Él se siente mal de haberla puesto en ese estado. La verdad que al enterarse que hay personas en Hogwarts que rumorean que él y ella son novios, le dio tanta vergüenza que apenas si podía verla a la cara y no sonrojarse. Albus tuvo que esperar media hora para que Scorpius le cuente lo que le ocurría, entre balbuceos incomprendidos y miraras tímidas. —¡Ya ni siquiera puedo verla! —le había dicho, mientras ambos estaban lanzando piedras al Sauce Boxeador, que las golpeaba todas con sus ramas. —Sólo son simples rumores, tú no sales con ella —Albus se quedó quieto y lo miró—. ¿Tú no sales con ella, verdad? —¡Por supuesto que no, idiota! —le había gritado—. Sólo me da vergüenza, ¿si? Y peor será si llega a oídos de tu hermano, bastante le molesta que le regale un collar, si escucha esos rumores, literalmente me mata. —No seas exagerado, Scorp. A lo sumo te deja en el San Mungo. —Gracias por hacer que me relaje —había dicho de forma sarcástica—. Tomaré distancia de ella por un tiempo, tal vez así los rumores se callen. —Y Rose te matará si le haces eso. Se enojará contigo. Conozco a mi prima, por ahí será ella quien te mande al San Mungo. De vuelta al presente, Scorpius se siente culpable. Le susurra otro lo siento a Rose mientras la acerca a él para abrazarla. Puede sentir pequeñas lágrimas de ella mojar su remera y se siente peor. Sabe que Rose puede llegar a ser sentimental e igual le hizo eso. —Perdón, mi niña mimada.