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Niña mimada — capítulo 28

Scorpius le hace un gesto para que no haga ruido y sigue tirando de ella para que se apresure. Rose Weasley lo ve con curiosidad y confusión, aun así con emoción, normalmente no rompía las reglas y el hecho de estar por los pasillo de Hogwarts cuando el toque de queda ya empezó, le entusiasma. Scorpius no le dijo a dónde irían, simplemente le dijo que se quedará con él en la biblioteca hasta que todos los alumnos se fueran a sus Salas Comunes a descansar. Una vez que eso ocurrió, Scorpius la tomó de la mano para arrastrarla a pisos más arriba. —Ya llegamos —le informa en un murmullo. Rose asiente, ahogando una risa. Aprieta su mano y Scorpius sonríe—. Sé que te gustará. —Si tú lo dices, entonces lo creo. Scorpius voltea la cabeza y le sonríe, luego acelera al paso cuando están a punto de llegar. Rose juguetea con su corbata escarlata y dorada mientras tanto, Scorpius se detiene en un pasillo que ella no nota nada diferente con los otros. Él le guiña un ojo y se acerca al extremo de la pared de la derecha, desde ahí cuenta ocho ladrillos grises hacia la izquierda y seis hacia arriba, una vez hace eso murmura unas palabras que ella no entiende y después el se aleja. Scorpius se acerca a ella y la toma del brazo, acercandola a la puerta que apareció de la nada donde antes sólo había una pared de ladrillos grises. —Éste lugar paso de generación a generación. Los Greengrass le revelan sobre esto a sus hijos cuando ingresan a Hogwarts, pero con todo eso que pasó con lo del supuesto engaño de parte de mi padre... —Scorpius hace una mueca—. En fin, mamá lo dijo en el Anden, vine unas cuantas veces y es asombroso. —Suena genial. ¡Enseñamelo! Cuando entran, Rose queda fascina. Hay una mesa redonda de color roble en el centro, de tamaño mediano, a su alrededor, hay un sillón negro en forma "L", dos sillines individuales blancos y un cómodo puf verde con toques plateados. A pesar de que no hay lámparas, el lugar está bien iluminado. En un rincón, hay una chimenea, sobre ella hay un montón de juegos de mesas mágicos y también se ve estantes con libros. —Me encanta —atina a decir encantada. —Me he dado vuelta; te has quedado con la boca abierta. Rose se sonroja y Scorpius la lleva al sillón negro, luego él se va en busca del ajedrez mágico. Ella mientras observa más el lugar, quedándose a cada segundo mucho más fascinada. —No le digas a nadie. Normalmente, los Greengrass sólo pueden mostrarle este lugar a sus familiares, pero yo te considero una hermana —se encoge de hombros—. Mañana traemos a Albus. —Suena bien. Este lugar es relajante  Pero Scorpius no puede estar relajado al ver que no le sentó bien llamar "Hermana" a la niña mimada.