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Niña mimada — capítulo 29

Albus gira sobre si mismo para ver los alrededores de la Cueva Greengrass adentro de las paredes de Hogwarts. Rose, sentada en el alféizar de la ventana que puede mostrar el paisaje que se quisiera (ahora muestra un día lluvioso) y un vaso de zumo de naranja en su mano derecha, ríe al ver la cara de su primo y más cuando éste abre la boca enormemente, como si quisiera meter adentro su puño.  —Guaa —silba fascinado. Asiente varias veces y se vuelve hacia Scorpius, quien se encuentra acostado en el sillón blanco, con un viejo libro de Quidditch de su abuelo en su regazo, viendo con diversión a su amigo—. ¿Sabes? Acá se podría hacer buenas fiestas. —Ya te lo dije, Al —le recuerda el niño rubio—. Éste lugar sólo es para familiares de los Greengrass, ustedes son la excepción porque son hermanos para mí. —Eres tan tierno —suspira Rose, tomando un trago de su vaso. Scorpius se ruboriza ligeramente. —En fin, en dos días empieza la temporada de Quidditch —comenta Albus, tirándose literalmente en el sofá en forma de "L"—, lo que significa que jugarán Slytherin contra Gryffindor. Y Rose, mi prima querida, ustedes comerán polvo. Rose sonríe mientras niega la cabeza. Sacando su varita con una mano, usa el hechizo Accio para que un libro, un pergamino, una pluma y un tintero llegarán hasta ella, con la otra mano deja la el vaso vacío sobre el estante más cercano. Scorpius pone los ojos en blanco. —¿Vas a hacer ahora el trabajo de Transformaciones? ¡Hay que entregarlo en un mes, Rose! —¡No es el trabajo! —chilla sonrojada. Poniendo un mechón detrás de su oreja, agrega en voz baja—. Es el..... borrador del trabajo. Scorpius y Albus se miran antes de reír a carcajadas, incluso se sujetan su panza y están perdiendo el aire en los pulmones. Rose los mira molesta como avergonzada y decide ignorarlos, mascullando insultos hacia sus dos amigos en voz baja para que ella sola los escuche. —Cielos, Rosie, serás una Prefecta perfecta en quinto años —se burla Albus, mencionando el apodo que James y Fred inventaron para molestar a Victoire, Molly, Lucy y ahora Louis. —Cállate —le contesta con el ceño fruncido y haciendo un pequeño puchero. A Scorpius esa reacción le parece tierna. —Igual te queremos —afirma él. Albus asiente de acuerdo y se acomoda mejor en el sofá, por lo tanto no nota que su amigo se sonroja al decir eso. Rose sonríe, pero no levanta la cabeza. —Y yo también los quiero —les dice. Ahora si lo hace y clava sus ojos azules en los grises de Scorpius—. Los quiero mucho. —Eres maravillosa, niña mimada.