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Niña mimada — capítulo 45

Puede que Scorpius haya insistido en hablar, pero no quiere empezar primero con la conversación, él creía que sería Rose la que abriera la boca antes. Pero la chica lo sigue mirando con las cejas alzadas, esperando pacientemente que él comience. Scorpius finalmente suspira, listo para hablar. —Bueno —él carraspeo—.  Nosotros..... No deberíamos sentirnos incómodos con el otro, digo, ni siquiera nos besamos..... No realmente. Scorpius frunce el ceño, mientras una pregunta se forma en su cabeza. Rose le hace un ademán de manos para que se la haga. —¿Hay que poner los labios sobre otros para besarse? —pregunta inocentemente. Rose lo mira como si se hubiera vuelto loco—. Porque... ¿eso es lo que hace un beso de verdad? Porque no es un beso si los labios se rozan, ¿no? Rose está sonrojada y lo sigue mirando como si él hubiera perdido el juicio por completo. Scorpius se da cuenta de lo que dijo y sus mejillas se tornan a color escarlata. Vale, no debió de decir eso. —Yo, eh, no sé —susurra Rose, mirando al suelo, como él. Ninguno de los se digna a mirarse a los ojos—. No he besado a nadie. —A Lorcan, si —dice Scorpius. Quizá demasiado brusco. Tal vez muy enojado. Rose bufa. —Yo no lo besé, él me besó —corrige, rodando los ojos—. Y ni siquiera sé si se puede llamar beso, duro dos segundos. Tú y Albus nos interrumpieron. Scorpius levanta la cabeza, sigue con las mejillas rojas, pero ya no por vergüenza. La mira molesto. —Oh, disculpa, tú querías seguir besandolo, ¿verdad? Lamento que hayamos arruinado tu primer beso. —¡No me hables en ese tono, Malfoy! Yo no estaba diciendo lo que tú insinuabas. Scorpius resopla y se queda callado, mirando por la ventanilla, tal y como lo hace Rose. Los dos están con él ceño fruncido y los brazos cruzados, enojados con ellos mismos y con el otro. Cuando Albus regresa al comportamiento, se da cuenta de la tensión en el aire, pero no dice nada y se siente con Scorpius. —Emm, bueno, me lave las manos en el baño —comenta, ya que es lo que primero que le viene a la cabeza. Scorpius y Rose gruñen como repuesta. Albus suspira y se medio acuesta en su asiento, preguntándose qué pudo haber pasado para que se dejen de hablar. Solo estuvo en el baño cinco minutos, ¿qué cosa tan grave hicieron? Después de un momento de reflexión, se encoge de hombros y decide esperar que solos se arreglen, como normalmente pasa. —Maldito hurón —le espeta Rose. Scorpius la fulmina con la mirara, aunque se sorprende de oír el apodo que ella le puso, hace más de seis meses que no lo usa. Aun así, no deja que la sorpresa le inunde la cara. —Niña mimada.