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Niña mimada — capítulo 46

Un mes, dos semanas y cinco días. Albus Potter ha contado los días que Scorpius Malfoy y Rose Weasley no se hablaron con impaciencia y tal vez con un poco de obsesión. También está preocupado y puede que irritado. Normalmente sus dos mejores amigos cuando pelean vuelven a hacer amigos a las pocas horas o máximo al día siguiente. Su amigo le había dicho sobre la conversación que él y su prima tuvieron en el Expreso Hogwarts, lo que los llevó a enojarse con el otro, y sinceramente Albus cree que ellos exageran. ¡Ni siquiera se insultaron! ¿Cómo pueden estar todavía enojados? Pasaron un mes, dos semanas y cinco días. Albus no quiere esperar más por su reconciliación. —¡Es que me cansé de ir a un lado a otro! —se queja con Scorpius, quien no hace más cosa que jugar al ajedrez mágico solo. —Pues quedate conmigo. —¡No puedo! No tengo que elegir y no debo hacerlo; tú eres mi mejor amigo y Rose es mi prima favorita. ¡Yo no puedo elegir entre ustedes! Scorpius rueda los ojos, él no sería el primero en pedir perdón. No cree que tenga la culpa de la pelea, él estuvo en lo cierto en decir que Rose besó a Lorcan, tal vez el chico de cuarto año lo inició y puede que haya durado dos segundos, pero igualmente Rose lo besó y punto final. Y quizá luego haya insinuado que ella quería seguir besándolo, tal vez de manera sarcástica, pero tampoco mentía, ¿verdad? Rose es una histérica y exagerada por reaccionar de esa manera. Él no el culpable, sino ella. —¡Deja tu maldito orgulloso y pídele perdón! —chilla Albus. —Apuesto que le dijiste lo mismo a Rose. Scorpius se niega a hacerlo y solo para no seguir con esa absurda conversación, se va de la habitación para irse de la Sala de Slytherin. Es de noche y el toque de queda ya se ha puesto en Hogwarts, pero aun así Scorpius se encamina a la Torre de Astronomía para estar solo un momento. Pero él ya sabe que su suerte no es especialmente buena, así que casi no se sorprende al encontrar a Rose Weasley en la torre más alta del castillo mágico. —Lo último que quería era encontrarte —le espeta molesto. Se arrepienta al segundo, cuando escucha a la niña soltar un sollozo. Scorpius no cree que su comentario la haya afectado, pero preocupado se acerca a ella para saber qué ocurre, descubriendo que sus ojos están hinchados y su labio inferior tiembla, aparte que las lágrimas recorren sus mejillas—. Rosie. ¿Qué pasa? —Mi abuela Jean —susurra y lo abraza fuertemente—. Mi abuela murió..... Ella murió, Scorpius. Él solo quiere traer de nuevo la sonrisa a su niña mimada.