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Niña mimada — capítulo 47

Scorpius no sabe tratar con una chica que llora. Nunca se le dio bien, no sabe qué decir o que hacer, y en ciertas ocasiones él puede ponerse a llorar. Cuando su madre había oído el rumor de que su padre la estaba engañando, se ponía a llorar frecuentemente, Scorpius quería consolarla, pero no sabía cómo y terminaba marchándose a su habitación para no oírla. Así que Scorpius no tiene ni menor idea de qué hacer para mejorar el estado de Rose. En la familia de Scorpius no había muerto nadie desde que el nació, lo que hace que no sepa cómo se siente la niña. Sus abuelos maternos como paternos siguen con vida, al igual que sus padres, como sus tíos y primos. Él tampoco conocía a nadie al que se le haya muerto a un familia, hasta ahora. Actúa por impulso y le devuelve el abrazo, permitiendole llorar sobre su hombros, pese a las lágrimas que humedecen su remera y a los mocos que seguro se le quedan pegados. Con su dedo, dibuja círculos deformes en su espalda, mientras con la otra maño le aparta el cabello de la cara. —¿Estás bien? Scorpius se maldice así mismo. ¡No seas idiota!, se dice así mismo, acaba de perder a su abuela. Rose para de llorar, pero no levanta su rostro hasta minutos después. —Mamá... mi mamá me mandó una carta... No pensé que era importante..... La leí hace unas horas... Estoy aquí desde entonces... —Yo estoy aquí para ti, si me necesitas. Rose asiente y apoya si cabeza en el pecho de Scorpius, quien no opone resistencia y aprieta más fuerte el agarre a su cintura. Scorpius esperaba reconciliarse con Rose en otras circunstancias, no de esta manera. Apoya su cabeza contra la suya y se quedan un buen rato en silencio.  —Hoy el lunes —susurra Rose, con la voz amortiguada—. El funeral es el viernes, me quedaré en casa entonces y volveré a Hogwarts el lunes siguiente. —Te guardaré los apuntes —dice Scorpius, pues es lo primero que le viene a la cabeza. Rose lo mira con una ceja alzada. —¿Tú, Scorpius Malfoy? ¿Tomando apuntes es clase? —Solo para ti, considérate honrada. Y Rose suelta una carcajada. De esas carcajadas reales, con la cabeza hacia atrás y con la boca abierta, a pasar de la mala noticia, ella ríe. Y Scorpius piensa que Rose tiene la risa más linda del mundo. Y se promete a sí mismo que intentará hacerla reír el resto de sus vidas, porque él no podrá seguir viviendo sin escuchar la risa de la niña mimada.