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Historia 190886 — capítulo 8

Aunque el castillo era muy grande, siempre se veían a las mismas personas así que todos se conocían y no era muy raro ver a Merlín a todas horas.

Por la tarde, se encontraba con Morgana.

−Buenas tardes mi lady. −Le saludo Hermione.

−Buenas tardes Hermione, ¿Qué tal tu día?

−Muy bueno, hace un hermoso sol, apenas hace frío y tengo un marido muy guapo, y modesto. −Y riéndose con su broma volvió a su trabajo.

−¿Por qué has dicho eso de modesto? −Le pregunto Morgana que la había seguido.

−Es que el siempre dice que es el más guapo, el más simpático y todo eso.

−Eso es ser poco modesto.

−Lo sé, pero no hay nadie como él.

−Se nota que lo quieres.

−Nunca habrá nadie como él, ahora tengo que seguir trabajando.

−Entonces te dejo.

−Si gracias. −Y haciendo una reverencia volvió a su trabajo.

Al día siguiente, Hermione vio que había poca gente en la cocina.

−¿Qué ha pasado?

−Muchos se han enfermado. −Le dijo el ama de llaves.

−Vaya, ¿puedo hacer algo?

−Si por favor, llena un balde de agua caliente y llévala a la habitación del príncipe, el se ha enfermado.

−Ahora mismo. −Y haciendo caso al ama de llaves se fue a la habitación del príncipe, al llegar toco a la puerta.

En el otro lado no tardaron mucho en abrirle la puerta.

−¿Hermione todo bien? −Le pregunto Merlín.

−Me han enviado a traer un balde de agua.

−Pasa por favor. −Y abriendo más la puerta la dejo pasar.

En la habitación, vio que había mucha gente, el curandero del castillo, Morgana hasta el rey estaba, apenas lo había visto en todo el tiempo que llevaba trabajando allí.

−Merlín te dejo el balde aquí. −Le dijo la castaña colocando el balde encima de la mesa.

−Gracias.

−De nada, ahora tengo que irme, hay mucho trabajo y apenas somos unos cuantos, hay muchos enfermos.

−Es lo que he escuchado, ves.

−Sí. −Y haciendo una reverencia se fue corriendo.

El rey no le gustaba nada, y prefería no estar a su alrededor, por suerte su trabajo siempre lo mantenía bien lejos de él.

Un par de días más tarde, casi todos estaban mejor, incluyendo al príncipe que ese día se encontraba entrenando con la espada y Merlín parecía un saco de papas con todas las protecciones que tenía.

−¿Merlín todo bien? −Le pregunto Hermione mientras hacia un esfuerzo por no reírse.

−No hace gracia.

−No pienso lo mismo. −Le dijo el príncipe. −Y yo no soy el único que piensa eso. −Y miro a Hermione. −¿Verdad?

−Verdad. −Dijo sin dejar de mirar a Merlín. −Pareces un espantapájaros.

−Gracias, ¿no tienes cosas que hacer?

−No, es mi hora de la comida, ya he terminado así que ahora veo como te ganan.

De pronto se escucho un grito, girándose vieron que un soldado sangraba.

Hermione acercándose corriendo les pidió que se apartaran, agachándose al lado del herido le miro la herida, cogiendo un pañuelo que llevaba con ella y se puso a limpiarle.

−Tienes suerte que no sea una herida profunda, solo necesitaras unos puntos. −Y lo miro. −Si no te mueves mucho en una semana estarás bien. −Y miro a los soldados. −Llevarlo con el curandero para que le cosa.

−Lo haremos.

−Gracias. −Le dijo el soldado.

−De nada.

−Siento haberte ensuciado el pañuelo.

−No pasa nada. −Y miro a los soldados. −Es mejor que os lo llevéis ya, no es una herida muy profunda pero la pérdida de sangre puede ser peligrosa.

−Nos lo llevaremos. −Y cogiéndolo entre tres se lo llevaron.

Hermione levantándose vio que el príncipe y Merlín la miraban.

−¿Cómo sabías que su herida no era profunda? −Le pregunto Arturo.

−En mi pueblo estudie así que se dé heridas y como coserlas.

−Has ayudado a ese soldado. −Le dijo Merlín.

−No ha sido nada. −Y de pronto escucho su nombre.

Hermione girándose vio a unas compañeras. −¿Ya es mi hora?

−Sí, ven corriendo antes de que nos riñan.

−Ya voy. −Y miro a los hombres. −Me tengo que ir. −Y miro a Merlín. −Cuidado con esos golpes.

−Tendré cuidado.

−Hazlo. −Y haciendo una reverencia se fue corriendo.

Antes de llegar con sus compañeras escucho que decían que nunca dejaba de sorprenderlos, sonriendo ante esa verdad llego con sus compañeras y tras explicarles lo que había pasado volvieron al trabajo.

Unos días más tarde, ya solo quedaban dos días para regresar a casa cuando la llamaron.

−Hermione ven. −Merlín cogiéndole de la mano se la llevo corriendo a la habitación del príncipe.

−¿Qué hacemos aquí?

−Han herido al príncipe.

−¿Y qué quieres que haga yo?

−Que le cures.

−¿Y los curanderos?

−Todos están ocupados, el no es el único que ha sido herido.

−Está bien. −Y entrando en la habitación vio que Morgana y Uther estaban allí, ignorándolos se acerco al príncipe y vio que sudaba, destapándolo lo reviso bien y vio que tenía una herida bastante fea. −Merlín.

−Hermione.

−Necesito una herramienta de cortar que sea muy fina, también agua hirviendo, paños limpios, algo que lleve alcohol, aguja e hilo.

−No tardo.

−No lo hagas, la herida del príncipe es grave sino lo curamos ya morirá.

Al escuchar eso se fue corriendo, mientras Hermione miro a unos soldados que estaban allí. −Traer más leña, la habitación no se puede enfriar en ningún momento.

−Ahora mismo.

−Gracias. −Y mientras le traían todo lo que había pedido, Hermione se acercaba a la palangana y viendo que había una pastilla de jabón se limpio bien y cogiendo una toalla se seco en ese momento Merlín y una sirvienta entraron con todo lo que habían pedido.

−Aquí tienes todo lo que nos has pedido.

−Gracias, dejarlo cerca de la cama.

−Sí. −Y haciéndole caso lo dejaron en un lado y Hermione se puso a trabajar sin perder tiempo.

−¿Te puedo ayudar en algo? −Le pregunto Merlín.

−Sí, sujétalo fuerte que no se mueva.

−Lo hare. −Y moviéndolo dejaron a la vista la herida y Hermione cogiendo un escalpelo le abrió la herida.

−¿Qué haces? −Le pregunto Morgana que hasta el momento no había dicho nada.

−Abriéndole la herida, para ver que hay dentro. −Y sonriéndole un momento volvió a su trabajo. −¿Hay pinzas? −Le pregunto la castaña a la sirvienta que había acompañado a Merlín.

−Hay unas, las hemos traído por si acaso.

−Gracias, quiero que las laves con el alcohol y luego sécalas bien.

−Ahora mismo.

−Gracias. −Y volvió a prestar atención a la herida y tocándola con cuidado vio que sus suposiciones eran acertadas allí dentro había algo. −¿Cómo ha pasado esto?

−Se han encontrado a un animal salvaje.

−¿Qué tipo de animal? -Pregunto Hermione mirando a todos.

−Un animal prohibido, tenía cabeza de águila y cuatro patas.

Ante eso Hermione juro. −Mierda, eso es un hipogrifo.

−¿Los conoces?

−Lo conozco, sus pezuñas pueden estar infectadas, come animales tejones que acostumbran a estar muertos y los agarra con las patas delanteras. −Y miro al rey. −Se como curarlo, pero me tiene que prometer que no me hará daño, se lo que hace cuando alguien trata con la magia.

Ante eso todos miraron a Uther.

−Aunque usted es el rey, no voy a poner a mi familia en peligro.

−No hare nada, solo cúralo.

−Está bien, confió en su palabra y ellos están de testigos. −Y miro a Merlín. −Necesito que traigas a mi cuñada corriendo ella es la única que puede salvarlo, ella sabrá que hacer, dile esto, necesito una medicina contra hipogrifos.

−Se lo diré, ¿Dónde la puedo encontrar?

−En la posada de siempre, no tardéis.

−No lo haremos. −Y se fue corriendo.

−Aquí tienes. −Le dijo la sirvienta mientras le daba las pinzas limpias.

−Gracias, sujétalo fuerte esto le dolerá.

−Sí. −Y colocándose al otro lado lo sujeto fuerte, mientras Hermione metía las pinzas y sacaba la uña, al ver que estaba fuera sonrió. −Que bien ya esta fuera. −Y miro a su compañera. −Tráeme la botella de alcohol y un paño.

−Sí. −Y levantándose se acerco a la mesa y cogiendo la botella se la dio junto a un paño, mojando la tela se puso a limpiarle la herida.