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Historia 191181 — capítulo 5
Ya estaba sentada en su correspondiente mesa, tratando de poner atencion al discurso que Albus Dumbledore les daba de bienvenida. Hace unos instantes había pasado la ceremonia de Selección y en todo momento había estado ausente, su mente viajaba y se culpaba por momentos al hacer que entre Severus y ella solo se hubiera creado una amistad.
Ella estaba enamorada de él, había sucedido siempre en sus clases, aquel hombre con un porte tan característico la hacía temblar de pies a cabeza, era su voz, su inteligencia, su pasión por las pociones, su amor por la lectura lo que había hecho que se diera cuenta de que él era un hombre perfecto en muchos sentidos. Siempre la había tratado tan mal, se había burlado de ella, la había ofendido pero por alguna extraña razón en su intento por hacerle entender que ella no era lo que él decía había terminado por convencerse de que estaba enamorándose de él.
Fue cuando estaba en cuarto año la primera vez que sintió atracción por él, pero se había forzado a pensar que en realidad era admiración lo que estaba sintiendo, y cuando llegó a quinto año el haber convivido con él en las reuniones de la Orden del Fénix había hecho que se diera cuenta de cuánto valía su mente tan aguda y penetrante. Y terminó dándose por vencida en sexto año, cuando comenzó a darles clases de DCAO y se dio cuenta de que lo pensaba más de lo que pudiera ser normal.
No había sido fácil aceptar que se había enamorado del último hombre que se fijaría en ella, pero más difícil había sido tener que soportar vivir casi un año sin poder verlo, y el día que por fin tuvo un encuentro con él fue cuando había sido mordido por Nagini y estaba muriéndose. Para fortuna suya pudo salvarlo. Aún en contra de lo que Ron y Harry decían. Les había dado tiempo de llevarlo a San Mungo, donde fue aceptado sin cuestionar. Ellos nunca habían entendido a Hermione su decisión por ayudarlo a vivir. Pero ella estaba segura de que si les decía algo terminarían por arruinar todo tratando de convencerla de que aquello no sería lo correcto.
Así que el hecho de haberle buscado cuando salió del hospital para tratar de acercarse a él había funcionado, aunque hubiera terminado sabiendo sus verdaderas intenciones. Pero no todo podía ir tan bien como ella lo hubiera querido. En vez de crearse un lazo amoroso se había creado una amistad. Aquellos días que vivió con él se trataban como amigos, hablaban de varias cosas, de su pasado, de lo que les gustaba y de sus vidas. Pero nunca se habían vuelto a besar y ni siquiera hacían ningún tipo de contacto físico.
Hermione creía que él estaba haciendo aquello por lástima, ya que siempre había sido un hombre solitario y cruel, pero no se había atrevido a preguntarle qué era lo que sucedía entre los dos, o qué era lo que él sentía por ella. Había esperado a que él le dijera algo pero nunca sucedió. Aun así Severus le había dado un anillo con dos serpientes entrelazadas y una nota en donde le agradecía su compañía, al menos eso la hacía sentirse bien. Quizás más adelante se diera una oportunidad de reanudar lo que habían dejado inconcluso.
En otra parte del castillo Severus estaba sentado en un sillón de su despacho, esperando que todo terminara en el gran comedor y poder hacer una visita.
Había estado a punto de lanzarse una maldición cuando aceptó la oferta que Albus le había hecho, ya se había negado rotundamente, pero de un momento a otro había sentido la gran necesidad de volver a dar clases, y no porque fuera lo mejor que él pudiera hacer, sino porque quería verla a ella, a la joven que se había enamorado de él y con quien pasaba momentos agradables.
Había sido difícil aceptarla en su vida. Una larga semana había pensado en ella y en lo que implicaba comenzar una relación con ella como la joven lo quería, pero en la chica había visto una oportunidad de iniciar una nueva vida. Era cierto, no quería que la joven sufriera lo que él había sufrido, pero también tenía el anhelo de quererla y estar a su lado. No la necesitaba para vivir, de eso estaba seguro, pero tener la compañía de la joven no le hacía ningún mal.
Miró el reloj una vez más. El tiempo se pasaba tan lento. No había querido ir al banquete de Bienvenida, había preferido esperar a que todo terminara y hacerle una pequeña visita a la joven y darle la sorpresa de que él era de nuevo su profesor de pociones. Pero la espera lo estaba matando. Tenía en verdad mucho tiempo que no anhelaba tanto ver a alguien.
-creo que debemos irnos- Ginny Weasley estaba de pie a un lado de Hermione y la miraba directamente tratando de adivinar qué pasaba con su amiga.
Hermione se giró hacia la joven y le sonrió, tratando de evitar el estado en el que se encontraba, pero era una lástima de que no le pudiera ocultar nada a la joven. -no sucede nada, te lo prometo Ginny- le dijo al ver su mirada interrogativa.
Su amiga no le dijo nada, no quería llenarla de preguntas, prefirió darle un poco de privacidad y que ella le contara cuando creyera que era tiempo.
Pronto encontraron un tema del cual hablar y animadamente caminaron hacia la sala común de Gryffindor entre la multitud de alumnos que caminaban hacia sus dormitorios. Ambas habían evitado un tema del cual creían era justo que hablaran, pero lo dejarían para después.
Nadie se quedaba en la sala común, lo único que los alumnos deseaban era irse a dormir pronto, ya tendrían el día de mañana para platicar lo que quisieran. Hermione y Ginny hicieron lo que los demás. Cada una se dirigió hacia su cuarto, con las intenciones de descansar todo lo que les fuera posible para empezar un buen curso.
Apenas si había cerrado su puerta, cuando la castaña oyó que alguien llegaba por la chimenea mediante polvos flu, al momento se asustó, pero sonrió cuando se dio cuenta de que era Severus quien llegaba.
-¿Qué haces aquí?- Hermione no pudo evitar hacer esa pregunta, aunque era más que obvio que lo único que hacía era hacerle una visita. Pero su presencia era inesperada.
-no podía esperar más tiempo para verla- no había sonreído ni había hecho un gesto en especial, solo se había limitado a observarla directamente a los ojos.
-¿así?- preguntó Hermione muy alegre de verlo. Si la relación que llevaban hubiera sido distinta en ese mismo instante se hubiera lanzado a abrazarlo fuertemente y permanecer así por varios segundos, pero para su desgracia la amistad que llevaban no incluía esas demostraciones de afecto. -¿volvió a ser profesor?- preguntó Hermione anhelando una respuesta positiva.
Severus le sonrió ligeramente y se acercó un poco a ella -no estaba seguro de hacerlo al principio, después me di cuenta de que éste era mi lugar- tomó su mano para ver si ella llevaba el anillo que él le había dado. Pero cuando notó que ella no tenía puesto la miró un poco interrogante.
-serían demasiadas preguntas las que tendría que responder si ellos lo ven- le dijo Hermione un poco decepcionada. -eso es lo que menos quiero-
-tiene que ser secreto todo lo que suceda entre nosotros Granger. Puede causar la expulsión de ambos. Y por mí no habría tanto problema, el problema sería usted. Así que si nos haremos visitas tienen que ser secretas y extremadamente cuidadosas- Severus caminó hasta la cama de la joven y se sentó mirándola de nuevo.
-¿entonces puedo visitarlo en su despacho?-
-sería una buena posibilidad, pero sin que nadie se dé cuenta-
Pronto comenzaron a hablar justo como lo hacían en la casa de Severus. Las horas se hacían cortas, y los temas se alargaban tanto. Se dieron cuenta de que en realidad se necesitaban el uno al otro, como si siempre hubieran estado destinados a estar juntos, pero solo hasta ese momento hubieran aceptado que el destino interviniera en ellos. Se sentían cómodos y tranquilos, mostraban cuál era su verdadera cara, y en especial Severus. La chica lo desnudaba totalmente en su forma de ser.
Iban a ser casi las cuatro de la mañana cuando se dieron cuenta de que era muy tarde, y de que él tenía que dejarla descansar. Se levantó de su lugar y se dirigió hacia la chimenea.
-¿te vas ya?-
-tiene que descansar Granger. Empieza el curso y creo que lo justo será que esté totalmente lista-
Hermione se levantó de la cama y se dirigió hacia él, iba totalmente decidida a lo que iba a hacer, quería cambiar el rumbo de las cosas y por primera vez en su vida no le importaba más.
Sus labios se juntaron y apenas si se habían unido cuando sintieron una vibración inmediata. Hermione sentía una necesidad de no soltarlo nunca, así que subió sus manos hasta el cuello del pocionista y trató de acercarlo aún más. Mientras Severus ponía sus manos en la cintura de la chica y la pegaba lo más posible a él.
Hermione por impulso empezó a caminar hacia atrás jalando a Severus consigo hasta que sintió el borde de la cama y se sentó en ella para luego recostarse. Él no negaba nada de lo que la joven quería hacer, estaba embelesado por los labios de su ahora alumna que no pensó en otra cosa. Severus quedó encima de la joven tratando de no aplastarla con su peso. Con una de sus manos recorrió el cuerpo de la joven delineando cada curva que la chica tenía, disfrutando de su piel, tan suave, tan delicada. Pero sus labios no se quedarían en ese lugar, bajó poco a poco hasta llegar al cuello de la joven y no dudó en degustarlo. Mientras Hermione solo se dedicaba a disfrutar de la experiencia que su profesor le daba.
No estaba asustada, ni siquiera pensaba en los riesgos que existían por el simple hecho de estar en el colegio, su mente ahora estaba concentrada en él y así se sentía bien.
Cuando se dio cuenta, su blusa estaba desabotonada por completo, y el besaba sus senos por encima de la tela de su sostén. Se detuvo un momento para mirar a Hermione al rostro, pero se dio cuenta de que ella estaba dispuesta a todo, volvió a concentrarse en su labor y le retiro el único impedimento para disfrutar mejor del cuerpo de la chica, sus manos recorrían una de sus piernas, mientras su boca se dedicaba a saborear los senos de Hermione. Ella no podía hacer algo más que disfrutar y dar pequeños jadeos de vez en cuando. Cuando Severus mordió un pezón de la joven ella soltó un pequeño grito por el exquisito placer combinado de dolor que sintió. Podía seguir así por un largo tiempo y ella estaría completamente satisfecha.
Con sus hábiles manos le quitó la falda, las calcetas y los zapatos escolares, dejándola casi desnuda. La imagen era impresionante, indiscutiblemente perfecta. Es cierto que durante su juventud y sus años como profesor siempre había estado con varias mujeres para satisfacerse sexualmente, muchas de ellas verdaderamente muy hermosas, pero todas ellas se quedaban cortas con la belleza que Hermione desprendía.
Antes de deshacerse de la única prenda que Hermione tenía puesta decidió besarla una vez más, y cerciorarse de que ella estaba completamente decidida a continuar, pero Hermione no mostró ninguna señal de arrepentimiento. Al contrario, los besos le indicaban que no quería que él se detuviera.
-continua- Hermione sabía por qué él había regresado a sus labios. Pero el placer que ahora él le proporcionaba era cada vez mayor que no quería detenerse, quería experimentar aún más.
Severus la besó una vez más, y esta vez Hermione tomó un poco el control, pues sus manos se dirigieron a la larga fila de botones de su levita y comenzó a desabrocharlos, con un poco de rapidez, no quería demorarse tanto. Ésta cayó al piso y dos minutos más tarde la camisa negra que él hombre llevaba puesta también cayó. Hermione había quedado sorprendida al ver el torso desnudo de su profesor, la vista era impresionante, estaba bien trabajado y tenía unas cuantas cicatrices que hicieron que Hermione lo viera aún más interesante.
Quería continuar con su pantalón, pero él la detuvo y bajó de nuevo, se había acercado a la entrada de la joven y había bajado su ropa íntima. Hermione estaba un poco apenada, un hombre la estaba viendo completamente desnuda, pero no quería detenerlo, prefería seguir sintiendo placer. Severus acercó su rostro y besó desde su vientre, bajando lentamente hasta llegar al sexo de Hermione.
A la joven se le nubló por completo la vista. Nunca imaginó que pudiera a llegar a sentir tanto placer en una sola noche. Aquel hombre era perfecto. Pronto sintió como un calor comenzaba a subir por todo su cuerpo hasta que sintió una explosión interna. Hizo su cabeza hacia atrás, y después vio como Severus se levantaba aun relamiendo sus labios.
Hermione entendió que ahora era su turno y un poco temerosa por la opinión de él se levantó mirándolo a los ojos, cambió un poco su mirada e hizo que se sentara en el borde de la cama. Se dio cuenta de que la cremallera de su pantalón estaba abierta. Imaginó que era por la erección que él tenía. Mordió suavemente y comenzó a acariciarlo por encima de la tela, su boca se había dedicado a besar sus labios y a bajar lentamente hasta su cuello. Minutos más tarde había hecho que él se quitara el pantalón y lo que quedaba de sus prendas. Dejándolo totalmente desnudo. Fue aún mayor su asombro, no pudo negarlo aunque hubiera querido. Y acercó su boca al miembro de Snape después de haberlo masajeado.
-no tienes que hacerlo sino quieres- le dijo Severus al ver que ella pronto lo metería en su boca, en realidad no quería forzarla a nada. Pero la joven no le hizo caso y comenzó a degustarlo con entusiasmo. La vista que él tenía era maravillosa y le causaba más excitación aún si eso era posible.
Reconoció el calor que se apoderaba de su cuerpo, pero decidido a que no todo terminara tan rápido la tomó de los brazos y la levantó para recostarla en su cama.
Se posicionó entre sus piernas, por encima de Hermione, la vio a los ojos, él creía que probablemente ella era virgen, así que quería que ella le diera total permiso de entrar en ella.
Hermione lo miró, tenía un poco de miedo, pero no quería retractarse ahora, quería que él continuara. Así que solo le sonrió mientras ponía sus manos alrededor de su espalda.
Severus entendió el gesto, y decidió que lo haría rápidamente, el dolor sería agudo, pero también pasaría más rápido. Pero antes de hacerlo tomó su varita que estaba a un lado e hizo dos movimientos. Hermione había entendido que uno era para sellar y silenciar la puerta, y pensó que el otro podía ser un hechizo anticonceptivo. Él cuidaba todos los detalles.
Y la embistió. Hermione dio un largo y fuerte gemido, pero no le dio tiempo de recuperarse pues Severus continuaba con las embestidas. Conforme pasaba el tiempo eran más rápidas.
En el día, Severus terminaba la última clase. Y era precisamente a los alumnos de Gryffindor y Slytherin de último año. Había disfrutado los rostros de sorpresa e incredulidad de los alumnos de todos los grados cuando se presentaba como el maestro de pociones. Al parecer la guerra no lo había cambiado en nada.
Pero en particular esa clase había sido difícil, estaba la presencia de la castaña, con quien en la madrugada había tenido sexo. Se veía un poco cansada, pero estaba radiante, le gustaba creer que era por lo que había hecho, pero él no se podía dar el lujo de estar de la misma forma. Seguiría actuando tal y como siempre lo había sido.
-largo- dijo cuando apenas todos habían terminado sus pociones y le llevaban las muestras de su trabajo. -señorita Granger. Es necesario que usted se quede-
Aquella voz con la que mencionaba su apellido era música para Hermione, le agradaba de sobre manera. Fingiendo molestia y fastidio se detuvo en la puerta del salón y se regresó. La puerta se cerró haciendo un ruido fuerte.
-¿Qué pasa?- le preguntó Hermione con una leve sonrisa.
-lo que hicimos…-
-estuvo mal, lo sé- Hermione lo había interrumpido -pero me gustó-
-Granger. No volverá a suceder- si le preguntasen que si lo había disfrutado su respuesta sin pensarlo sería sí. Pero estaban en un colegio con reglas estrictas.