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Extraño sentimiento — capítulo 4

A Rose le gusta viajar en autobús. A ella le parece lindo sentarse en uno de los asientos y mirar por la ventanilla del transporte, mientras su mente divaga en cientos de pensamientos que son completamente diferentes. Y sobre todo, el autobús es un lugar perfecto para dormir, con el suave compás que tiene al moverse y el murmullo de lo que hay afuera. Eso es lo único que necesita Rose para dormir. El problema es que ahora le agarró el sueño, pese que quiere estar despierta para seguir hablando con Scorpius. Ella tiene que hacer esfuerzo para mantener los párpados abiertos y evitar bostezar. En otras circunstancias, no le hubiera importado que Scorpius la viera dormir, pero quiere impresionarlo, demostrarle que no sigue siendo una niña, pero si se queda dormir, y en el peor de los casos si babea, pasará una gran humillación frente a Scorpius. —Estuve pensando —prosigue Scorpius, mirando a su alrededor. En el autobús ni hay unas cuatro personas, aparte de ellos y están tan alejados que no pueden escucharlos— en tomar Estudios Muggles y Cuidado de Criaturas Mágicas, como materias optativas, ¿y tú? —Creo que Cuidado de Criaturas Mágicas, Aritmancia y Runas Antiguas —contesta sencillamente, Rose ha repasado cientos de veces que asignaturas serán perfectas para ella cuando comience su tercer año y está segura que esas tres son las indicadas—. ¿Y qué dicen mis padres con respecto a que estudies Estudios Muggles? —No lo saben —responde Scorpius, encogiéndose de hombros—. A mamá seguro no le importará, pero mi padre y mis abuelos se pondrán como locos. Rose sonríe, casi adormilada; tuvo que haber sugerido haber ido al cine en taxi, en vez del autobús. Scorpius se da cuenta de aquello, del intento de la chica pelirroja en mantenerse despierta, y no puede más que sonreír abiertamente. Está a punto de decirle que si se quiere apoya en él para dormir un rato, que lo haga, hasta que lleguen a su destino, pero Rose se levanta de un salto y le tiende una mano. —Ya nos estamos acercando a la parada —informa, cuando él la mira confundido. Scorpius asiente y tomando su mano, se levanta. Entrelaza los dedos, escuchando suspirar tiernamente a la pareja de ancianos que están sentados unos asientos más allá, encantados de ver una pareja de enamorados, según la anciana. Rose se sonroja violentamente, pero él sonríe, acomodandole un mechón detrás de su oreja mientras esperan que el autobús se detenga. —Vamos —lo apura Rose, todavía con la cara roja. Scorpius asiente y bajan los dos del transporte—. El cine está a la vuelta. Rose, pese a sus mejillas enrojecidas, está sonriendo con ganas, al poder jurar que Scorpius también siente al igual que ella ese extraño sentimiento.