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Solo En Mis Recuerdos. — capítulo 5

Capítulo 4: Ojos de colores.

Al día siguiente...

En el Campamento Mestizo están prohibidos los teléfonos celulares, por lo que solo los usamos en caso de una verdadera emergencia. En este nuevo mundo soy propietaria de uno, y no me había dado cuenta de éste hasta que llegué a casa ayer y lo encontré en mi habitación color lila.

Lonney me contó que ya sabía que Percy era mi compañero de Física y preguntó si nos reuniríamos y si necesitaba alguna clase de apoyo moral. Sentí un gran dolor en mi corazón al responderle que Percy me había desechado como una basura vieja. Mi mejor amiga me dio mensajes de aliento y finalmente caí dormida sin irme a cenar.

Me desperté bien entrada la noche, con el hambre rugiendo en mi estómago y cuándo fui a buscar algo de comida, me encontré con la mujer de mi padre y una de mis dudas fueron resueltas: mí malvada madrastra y sus revoltosos hijos son mi familia. Por suerte ella no es mi madre biológica.

Voy en el auto de mi padre, pensando en el día anterior, preguntándome quién es mi madre ¿Seguirá siendo Atenea? ¿O ahora es alguien más?

Sin poder resistirme, encaro a mi padre y hago la pregunta:

—¿Dónde está mamá? —él me lanza una rápida mirada de sorpresa.

—¿Tú madre? La viste esta mañana...

—No, esa no es mi madre verdadera —interrumpo—. Hablo de la biológica.

Mi padre se mueve algo incómodo en el asiento, sopesando una respuesta.

—Sabes que no me gusta mucho hablar de ella... Siempre has preferido que no la nombre —me lo quedo mirando fijamente, esperando a que continúe—. Se fue cuándo eras una bebé. Te abandonó conmigo... Pero eso ya lo sabes.

Sí, eso es lo que nos pasa a la mayoría de los semidioses.

No le digo más nada a mi padre y permanezco callada, mirando por la ventanilla. Mi madre... ¿Quién será? Me gustaría seguirle preguntando a papá por ella, pero se nota que es un tema sensible que no quiere tocar. Y yo no estoy de humor para insistir.

Y todo es por culpa de Percy.

Aún recuerdo su mirada endurecida, la forma en que yo parecía molestarlo. La forma en la que no me reconoció. Pensar en ello hace que mi corazón duela, pero simplemente no puedo no pensar en ello.

Es un tema que me va a perseguir por siempre.

Llego al Colegio Godel, esta vez sin impresionarme su hermosa estructura, y voy hacia mi casillero. Lonney aparece de la nada.

—Percy es un tonto —susurra cerca de mí. La observo las cejas alzadas. Ayer ni siquiera decía su nombre en voz alta—. Ya sabes, él es un terco por no aceptar hacer ese trabajo contigo. Si la clase la tuviéramos juntas, te prometo que me pondría contigo y haría un berrinche con tal de que así fuera.

A pesar de que mi humor ha estado algo gris desde mi charla con Percy y la desaparición de mi vida anterior... suelto una risita. Lonney sonríe conmigo.

—Dijo que estaba ocupado, y supongo que es verdad —suspiro—. Debe estar ocupadísimo con su nueva novia —no puedo evitar que mi tono suene amargo, pero es que así me siento al pensar en Percy con otra: yo soy su verdadera novia, no esa ridícula hija de Afrodita.

—No pienses más en él, te hace daño —sacude la cabeza y abre su casillero—. Por cierto, lamento que ayer no pudiéramos ir al centro comercial.

Abro los ojos como platos. Me había olvidado por completo de ese detalle.

—No te preocupes por eso, iremos otro día —aseguro. Lonney acepta mi respuesta con una sonrisa.

—Ya te escribiré luego para planearlo mejor. Es que, ya sabes, debo tener ese vestido.

—Seguro que sí.

Lonney y yo nos adentramos en la siguiente clase y charlamos un poco cada vez que tenemos un momento libre. A pesar de que apenas la conozco ayer, Lonney me ha caído muy bien y me hace olvidarme momentáneamente de esta nueva y horrible realidad, y eso es estupendo.

Si pienso demasiado en lo que pasa voy a terminar loca.

Luego de dos clases más, Lonney yo vamos a la cafetería por la hora del almuerzo. Nos servimos la comida en bandejas y nos sentamos en una mesa junto a otros estudiantes de nuestra clase. Un par de ellos son semidioses del campamento, pero ninguno me reconoce. Al darle un bocado a la comida, recuerdo inevitablemente las ofrendas que hacíamos en el campamento y me siento triste de nuevo.

Para olvidarme un poco de ello, observo a mi alrededor. Ayer me limité solo a comer la deliciosa comida y no miré a nadie. Hoy quiero que sea diferente.

En la "mesa de honor" veo a los populares, según me estaba diciendo Lonney ayer mientras me contaba un nuevo chisme acerca de Jason Grace, el cual al fin supe quién es: es aquel rubio de ojos azules y mirada seria. Sonríe de vez en cuándo, pero normalmente parece perdido en su mundo.

En su mesa también está Thalía, luciendo muy diferente a la chica que conozco. Está con una sonrisa dulce en sus labios, y su vestimenta varía en tonos rosa y blancos. Parece otra persona. Drew Tanaka está con ellos, viéndose despampanante en su ropa de diseñador, al menos ella no ha cambiado en eso. Una parte de mí espera que Percy los acompañe en la mesa, pero no hay señales de él en ningún lado.


Voy caminando a toda velocidad por los pasillos, dispuesta a irme a casa. No voy mirando a nadie y he dejado a Lonney atrás y la razón es que estoy muy frustrada.

Ya he perdido otro valioso día y aún no tengo ni la más mínima pista sobre lo que está pasando realmente aquí y en dónde está el Campamento Mestizo.

¡Y ni siquiera he visto a Percy hoy!

Más de una vez he querido verle para convencerlo de que hiciéramos ese trabajo juntos. Tal vez si paso más tiempo con él me recordará y los dos, unidos como el gran equipo que somos, lo resolveremos. Incluso Grover me serviría, pero de él no he tenido ninguna señal en mis dos días en este universo alterno.

Y voy con un paso tan airado que no me fijo en la gente delante de mí, y me llevo por delante a una chica. Derramo sus cosas por el suelo y suelto una exclamación.

—¡Lo siento! —digo y la ayudo a recoger sus libros.

—No hay problema —ella se encoge de hombros. Me fijo en que su cabello castaño hay algunas trencitas con plumas adornándolas. Tomo el último libro y se los doy. Ella me sonríe, noto que sus ojos parecen brillar en varios colores—. Es culpa mía, no miraba por dónde voy —extiende una mano a mí—. No creo haberte visto antes, mucho gusto.

—Annabeth —estrecho su mano.

—Piper —su sonrisa se ensancha—. Presiento que seremos buenas amigas.