Solo En Mis Recuerdos. — capítulo 6
Capítulo 5: El profesor centauro.
El jueves, en el Colegio Godel...
Ya faltan solo un día para la entrega de mi trabajo de Física y Percy está desaparecido. Bueno, no literalmente. Lo he visto un par de veces por ahí, pero o está con Drew o me ignora y yo ya no sé que hacer.
A estas alturas ya estoy pensando en hacer el trabajo yo solita y decirle a ese profesor que Percy no me ayudó en nada, pero una parte de mí se niega a hacer eso. Además, me queda un día más para hablar con él.
No puede ignorarme por siempre ¿cierto?
Lonney aparece a mi lado, salida de la nada como ya estoy acostumbrada a que haga. Vamos a los casilleros, mientras ella habla y habla de los chismes y algún nuevo cosmético que desea obtener. Recojo mi libro de Historia, algo ansiosa por esa clase.
Se suponía que debíamos verla ayer, pero el profesor se ausentó. Hoy será la primera vez que lo vea y la primera clase que veré de él. No me molestaría aprender de esta clase, puesto que realmente estoy empeñada en hacerle saber a Lonney que las rubias podemos ser muy listas.
Al entrar al aula correspondiente saludo con una sonrisa a Piper, quién no sabía que comparte la clase conmigo. Hoy Piper lleva su castaño cabello recogido elegantemente y con su maquillaje sacado de un catálogo de maquillaje parece una modelo o algo así. Piper es probablemente alguien que ama estar a la moda aunque tenga plumas como aretes.
Lonney y yo nos sentamos juntas, a la espera de que el profesor llegue. Mientras espero, hojeo el libro de Historia, deteniéndome en las Creencias Griegas Antiguas, dónde nombran a los dioses... dónde nombran mi mundo.
El aula se sume en un silencio profundo a medida que escucho los pasos del profesor entrando al aula. Pero no levanto la vista del libro hasta que habla.
—Hoy tocaremos el tema de la Inglaterra Victoriana —reconozco esa voz al instante y mis ojos vuelan hacia su dueño. Lo reconozco desde el cabello hasta la barba.
—Quirón —no puedo evitar decir. Siento las miradas en mí, incluso la del profesor.
—Sí, ese soy yo —me mira con indiferencia y continúa la clase, pero yo no puedo escuchar por el asombro que me invade: lo que me sorprende no es que decida hablar de algo no relacionado con la mitología, sino que tiene piernas. Como cualquier otro ser humano común.
Si llegaba a ver a Quirón en este loco nuevo mundo yo esperaba que fuera en su silla de ruedas mágica que ocultaba su lado de caballo... no esto.
Lonney me lanza una mirada que indica que me cuestionará mi comportamiento más tarde, pero la ignoro. Ahora estoy sumando a esto como un nuevo misterio qué resolver.
¿Qué hace aquí Quirón y por qué él tampoco recuerda?
Un rato más tarde...
A Lonney no le dio tiempo en todo el día de cuestionarme: yo fui más rápida y la esquivé. Ya para la hora de salida, Lonney ha perdido el interés en mí y se despide para ir a buscar algo en su casillero.
Yo voy tomando la delantera para irme a casa, buscando con la mirada a Percy por dos buenas razones: quiero convencerle de hacer la tarea conmigo y simplemente porque lo extraño. Una de las cosas más duras de vivir esta nueva realidad es tener que pasarla lejos de mi verdadero amor, y eso me deja un sabor amargo en la boca.
Debo encontrar a Percy.
Llegando a la entrada pienso en rendirme, pensando en que tal vez hoy se haya ausentado o es muy bueno escondiéndose de mí... Pero se me ocurre desviarme del camino, y cruzo por otro pasillo y avanzo hacia el aula de castigo. Lonney y todo el mundo aseguran que Percy es un problemático sin remedio. Es muy posible que hoy esté ahí dentro, cumpliendo su sentencia por ser mal chico.
Llego al aula 45, el espacio dedicado a los castigados. La puerta de madera está cerrada pero cuenta con una ventanilla en la cima. Lastimosamente soy muy baja para estas puertas, por lo que me voy obligada a ponerme de puntillas para observar dentro.
Lo primero que mis ojos captan es una gran variedad de aviones y bola de papel volando de un lado a otro. Los estudiantes están repartidos por toda el aula, hay unos dos o tres sentados, pero la mayoría está pululando por ahí, riendo, charlando o peleándose entre sí. Frunzo el ceño, sabiendo que esto no es un comportamiento normal en un grupo de estudiantes castigados.
Pero luego me doy cuenta de porqué hay tanto descontrol: el profesor que dirige el castigo está ausente.
Paso de eso, mirando hacia los estudiantes. Es obvio que Percy no está en las filas de los chicos sentados obedientemente en sus lugares, por lo que lo busco entre los revoltosos. Distingo su chaqueta de cuero al poco tiempo. Está de espaldas a mí, pero sé que es él con toda seguridad.
Dejo de espiar por la ventanilla y me muerdo el labio ¿Cómo hago para hablar con él? Podría entrar al aula, pero no quiero correr el riesgo de meterme en problemas por entrar a una zona restringida.
¿Y si le lanzo un avión de papel?
Estoy considerando esa idea cuándo escucho un carraspeo detrás de mí. Me volteo, encontrándome con Quirón.
—¿Hay algún problema? —me pregunta. Tardo varios segundos en responder, aún atónita por verlo andando a dos piernas.
—Sí... Yo solo... —miro a la puerta— buscaba a Percy Jackson. Está en una tarea conmigo, pero... —niego con la cabeza—. Está en castigo, así que no molestaré.
Quirón me observa atentamente un minuto, pero sé que no está pensando en que le parezco familiar. Aquí nadie recuerda a nadie.
—Espera aquí un momento —Quirón abre la puerta del aula, haciendo que todo quede en absoluto silencio—. Jackson, lo busca aquí una jovencita. Puede hablar con ella por un minuto nada más.
El antiguo centauro entra al aula y se instala en el escritorio, dejando la puerta abierta. Los estudiantes regresan en silencio hacia sus lugares y un instante después Percy sale del aula. Al verme, sus ojos no reflejan alegría ni sorpresa. Solo muestran fastidio.
—¿Qué quieres? —pregunta con las ganas de volver al aula plasmadas en cada letra.
—Tenemos una evaluación de Física que debemos hacer juntos —voy directo al grano—. Ya casi se acaba el tiempo, pero no hemos hecho nada. Y todo es tu culpa.
—¿Mi culpa? —alza una ceja— ¿Y por qué no la hiciste tú sola?
—¡Porque es por equipos, y tú eres el mío! —su actitud de me-importa-un-pepino-tu-problema está empezando a enojarme.
—No veo el problema —se encoge de hombros—. Pudiste haberme sacado, o hacerlo tú y acusarme con el profesor por no haberte ayudado a colaborar.
Tiene razón, pero...
—No voy a hacer esto sola. Tienes una responsabilidad qué cumplir y esa responsabilidad es hacer este trabajo conmigo, te guste o no —me cruzo de brazos. Si pretende discutir conmigo, no voy a dejarle ganar.
Percy rueda los ojos.
—Eres un fastidio, Annibel.
Siento un pinchazo en el corazón al escucharlo pronunciar mal mi nombre. Aunque como mínimo casi se lo sabe.
—Soy Annabeth —lo corrijo— ¿Y bien? ¿Me ayudarás?
—Aunque quisiera ahora estoy muy ocupado —señala la clase detrás de sí—. Estoy castigado.
—¿Es por eso que estabas ocupado toda la semana? ¿Te portas tan mal que te la pasas aquí encerrado? —algo cruza su mirada, aunque no comprendo qué es. Me muerdo el interior de la mejilla, pensando en que estoy comportándome muy dura con él.
Pero es que no le puedo dejar salirse con la suya en esto.
Si quiero que me recuerde, debe pasar tiempo conmigo y recordar que me ama a mí y no a Drew.
Debo hacer que él me recuerde y así juntos encontrar la forma de volver todo a la normalidad.
—Ese no es tu problema —hace ademán para volver a la clase, pero le agarro la manga de la chaqueta, haciendo que sus ojos azules verdosos me miren con más frialdad, si es que eso es posible.
—Debes tener al menos una hora libre —insisto. Percy se queda pensativo un segundo.
—La biblioteca, mañana a las ocho —dice con un gruñido y lo dejo volver a su lugar. Me fijo, mientras él pasa, que media clase nos está mirando con discreción.
Por supuesto. De esto correrán rumores mañana: él es muy popular, cualquier cosa que pase con él todo el mundo lo sabe al día siguiente.
Suspiro y me devuelvo por el pasillo para al fin irme a casa. Sonrío victoriosa cuándo cruzo la entrada. Le he ganado la pelea a Percy Jackson.
N. de las A.
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