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Historia 191773 — capítulo 14

Sabores amargos

¿Campanillas? Tiin… tiiin…tiiiin… ¡¡¡BASTA!!!

No sé si mis ojos están abiertos o cerrados, pero la luz que me rodea me estremece. Todo es blanco. No puedo respirar bien. Me ahogo. Me muero

            - ¡¿Dónde estoy?! Alguien que me ayude por favor ¡No puedo respirar!

Si siento que me asfixio ¿Por qué estoy gritando?

  • ¡Papá! ¡Otra vez!

- ¿Quién es? ¿Dónde estás?- ¿Porque no veo a nadie? ¿De dónde viene esa voz?

  • Trata de que beba la pócima.

  • ¡No puede, no deja de convulsionar!- decía una voz llena de angustia.

- ¡¿Quién no deja de convulsionar?!

  • Inyéctale esto en el cuello.

Traté de zafarme, golpear la mano y empujar aquello que entraba como cuchilla por mi cuello, di vueltas en círculo pero nadie apareció. Aun así, eso filudo y cortante penetraba por mi cuello soltando un líquido espeso en mi yugular.

- ¡¡¡AAHHH!!! Ya no, por favor, no lo inyecten ¡¡DUELE!!

- Tranquila Lily, tranquila. Duerme. Vive por favor. Vive. Todo va a pasar.

¿James?

- ¿James dónde estás? ¡¿Sácame de aquí?! ¿Me escuchas?

*-*Sécale el sudor del pecho y la frente- y esa voz ¿De quién es? No la reconozco- ¿Ya dejo de convulsionar?

  • Si, solo le falta regular la respiración.

  • Muy bien, apártate, la voy a encerrar en la burbuja.

-¡NO! ¡James no te vayas!

- Calma Lily, no me alejare de aquí ni un segundo.

       - ¿Me escuchas? ¿Puedes escucharme James? No me dejes.

-o-o-

Unos ojos verdes me miraban a través de un fino y delicado rostro. Harry montaba una escoba de juguete mientras que James lo sostenía por la espalda para que no se cayera "Ves Lily, nuestro hijo será un dios en el quidditch"… súbitamente la imagen cambió y ahora estábamos en una habitación de un niño pequeño, James rodeaba mis hombros mientras veíamos como el pequeño dormía "ya quiero tener nietos Lils"-"pero si es apenas un bebé"-"no importa, siempre esperare a ver a mis nietos para malcriarlos". Su rostro mostraba felicidad, una felicidad que se fue opacando por una risa siniestra.

Ahora estábamos en la sala "Lily, coge a Harry y vete, es el, vete" un rayo lo alcanzó, James caía lentamente sobre la cerámica fría.

-¡¡JAMES!!

La fuerza al abrir los ojos me provocó un malestar en las pupilas debido a la gran cantidad de luz que había.

  • Sshiii… tranquila Lily… estás bien- James estaba fuera de una especie de burbuja que me tenía encerrada, su rostro empezó a tomar una ligera tranquilidad.

  • ¿En dónde estoy?- mi voz sonaba rasposa y afónica.

  • En mi casa, mi padre te trajo… le voy a llamar para que vea que te has despertado y te saque de ahí.

Una revisión de ojos, garganta, oídos, movimientos de varita sobre mi cuerpo y media hora más tarde decidieron sacarme de la burbuja, que no sé para qué servía.

Ahora que me fijaba mejor pude ver que me encontraba en una habitación llena de luz proveniente de la puerta de vidrio que daba hacia un jardín con un manzano en la mitad.

Las paredes eran de color melón, cubiertas por estandartes de Gryffindor y fotos que mostraban a un James sonriendo junto con sus padres, amigos o solo.

No fue muy difícil darse cuenta de que esa era su habitación ¿Pero por que estoy en ella?

­El rasgueo de un pluma sobre papel llamó mi atención y vi la espalda de James sobre un escritorio de roble. Al cabo de un rato se giró y me esbozó una ligera sonrisa.

  • Tengo que avisarles a los chicos que ya estás bien- amarró la carta en la pata de una lechuza que me resultó muy familiar- Sirius ya lo sabe, se está quedando aquí hasta empezar el colegio, pero los demás tuvieron que irse... Mi padre trajo tus pertenencias del caldero chorreante ayer, parece que las cosas ya se calmaron y que no hubo muchos muertos, aunque seguramente en San Mungo están muy ocupados.

  • ¿Cómo logramos escapar?

  • Los chicos había venido por polvos flu hasta aquí. Al ver que no llegábamos mi padre decidió ir por nosotros con un traslador.

  • ¿Por qué estoy tan débil? ¿Qué me pasó?

  • Pasó que eres una terca y no me hiciste caso en irte con Sirius- su mirada era llena de preocupación con una mezcla de cansancio y ligera ira.

  • Pero no me llegó ningún hechizo que yo recuerde- trate de disculparme, aunque no se ni de qué quería disculparme.

  • Eso es lo raro Lily- se veía cansado, con unas bien marcadas ojeras- después de lo que le dijiste a quien tu sabes, caíste al suelo y empezaste a convulsionar. No es hasta ayer que dejaste de hacerlo. Te estabas asfixiando, pensé… pensé que te ibas a morir.

  • Lo siento fui muy… muy imprudente.

Baje la mirada, me sentía tan mal por hacerle pasar ese mal rato. Pero el haber visto al hombre que lo asesinó ¿O lo asesinará? Me produjo un nivel de adrenalina y estúpida ira que no me dejó tranquila.

Aún no entiendo cómo es que no deje que me venciera esas ganas de gritarle al mundo todo lo que sé. De librarme de este maldito secreto que me carcome noche y día.

  • ¿Desde cuándo eres tan valiente Lily?- su voz sonaba con un ligero orgullo.

  • A veces confundimos valentía con estupidez.

  • De todas maneras, creo que muy pocos son capaces de enfrentarse a él como tú lo hiciste. Nunca me imaginé que tú, la prefecta, la buena niña, la que no rompe las reglas. Sería capaz de gritarle lo que le gritaste… ¿Por qué le dijiste Tom Riddle a quien tú sabes?

  • No lo sé, solo no pude contenerme y reaccioné así.

  • Pues parece que a Voldemort no le gusta ese nombre- me quedé pensando y recordando las palabras exactas que le grité a Voldemort, solo sabía que él nos mató, pero...

  • Nos tenías asustados- James me sacó de mis pensamientos.

  • ¿Cuánto tiempo estuve aquí?

  • Cuatro días- sonrió cansado.

  • ¿Y cuánto has dormido?

  • Yo… bueno… lo suficiente… creo- la forma recelosa en la que pronunciaba las palabras me hicieron entender que él ha estado junto a mí durante todo este tiempo.

  • Hazme un favor quieres.

  • mmm

  • Vete a dormir… descansa un poco que yo voy a estar bien.

Al parecer estaba muy, muy cansado, porque con lo terco que es, que no haya pronunciado ningún reclamo y saliera de la habitación fue algo digno de verse.

Me levanté lentamente, aún seguía mareada por lo que fuera que me pasó, ningún hechizo me golpeo, nadie me hizo daño y termine encerrada en un burbuja durante cuatro días.  Necesitaba darme un baño, pero me dio vergüenza entrar en la bañera de James sin pedirle permiso primero, así que preferí esperar a que volviera para así entrar sin ningún recelo. Pero eso no impidió que me refrescara el rostro y los brazos.

Estaba con otra ropa, un pantalón flojo de algodón junto con una blusa del mismo material, ambos de color celeste.

No quería volver a la cama así que me puse a curiosear las pertenecías de James*.*Empecé viendo sus fotografías, al parecer había viajado por distintas partes, ya que tenía fotos en las que se encontraba paisajes hermosos de diferentes lugares del mundo y otras que nunca había visto ni siquiera en postales.

Se veía como su sonrisa se dibujaba en cada una de las fotografías, en algunas abriendo los brazos en señal de vuelo y otras quieto y aburrido.

Había fotografías de cuando era apenas un niño, se parecía tanto al bebé con quien soñé a excepción de sus ojos que eran de un castaño claro muy conocidos.

Agarré una fotografía en la que vestía con un pantalón bermuda a rayas junto con una camiseta sin mangas negra. El fondo mostraba una gran playa, con sus olas moviéndose al ritmo del viento que le despeinaban aún más el cabello*. Adoro poder ver como las fotografías se mueven.*Doble la fotografía por la mitad y la guardé dentro de mi brasier con la esperanza de que no se dé cuenta de que me la robé.

...

Resulté que solo faltó dos días para ingresar nuevamente a Hogwarts. Era muy agradable pasar en esa casa, la cálida voz de la señora Potter fue la que me convenció a quedar hasta empezar el colegio.   

Durante ese tiempo me la pasé junto con la señora Potter y Milki la elfina de la familia preparando pastel, galletas y todo tipo de dulces que se le ocurría a la señora. Mientras que Sirius ayudaba a James a practicar el  quidditch en el gran jardín.

Normalmente después de la cena me gustaba escabullirme por la habitación de James que estaba en el segundo piso de la casa hasta el jardín que había fuera de este. Nunca habría creído que sobre una sala en la que colgaba un gran candelabro araña de la época victoriana se podía encontrar un manzano. Pero debido a que una varita se encontraba en mi vaquero, no pensé que estaba loca.

Me gustaba ese lugar, era relajante y mantenía un olor a James muy intenso. No puedo creer que después de tanto tiempo no haya podido dejar de sentir esto que duele tanto.        

Me quedé viendo como en el firmamento iban apareciendo pequeñas estrellas. Siempre quise ver la constelación del dragón. Pero ahora que se sitúa sobre mí, me siento tan impotente, tan desdichada, tan sufrida.

Finas gotas empezaron a resbalar por mis mejillas. Lo que dijo Alice me quedó grabado en la mente. Pero ¿Cómo poder contar a alguien lo que me pasa? ¿Cómo decirle a Sirius que va a pasar encerrado en una prisión durante tantos años? ¿Cómo decirles que ese gusano de Pettigrew fue quien nos traicionó? ¿Cómo decirle a James que va a morir a los 21 años? ¿Cómo decirle que dejaremos huérfano a un pequeño bebe… a mi hijo?

-¿Lily?

Pegué un pequeño brinco mientras lanzaba un ligero grito. La persona que pronunció mi nombre al mismo tiempo toco mi hombro y como en aquel instante no prestaba atención a nada más que a mis pensamientos, me llevé un buen susto.

  • Discúlpame si te asusté- pronunció quedamente el señor Potter- ¿Puedo sentarme contigo?

  • Claro- pronuncié mientras disimuladamente limpiaba mis mejillas.

  • ¿Estabas llorando?

  • Ehh…

  • ¿Por qué ocultas tus sentimientos Lily… ¿Te puedo llamar Lily?

  • Claro, Lily suena mejor- esboce una sonrisa.

  • Lily yo quería preguntarte algo… sé que no me podrás responder, pero igual lo intentaré- arrugué la frente mientras él inspeccionaba mis facciones para preguntar- ¿Cuántos años tienes?

  • ¿Yo?... eh… 16, en enero cumplo los 17.

  • No, no, no, yo me refiero a tu verdadera edad.

¿Qué? ¿Mi verdadera edad? ¿Pero cómo lo supo?

Seguramente advirtió la forma en la que la sorpresa inundó mi rostro, y continúo.

  • Bien tu silencio me dice que verdaderamente 16 no tienes… sé que no puedes contármelo, pero trataré de adivinar… ¿Puedo hacerlo verdad?

Asentí débilmente todavía con la sorpresa en mi rostro, pero más aún con una sensación como la que seguramente sintió un hereje descubierto en la época de la inquisición.

  • Solo afirma o niega- continuó- eso no te producirá ningún daño físico... El hechizo que te realizaron es uno muy poderoso, solo grandes magos de la antigüedad han podido realizarlo y en conjunto... Bueno, más bien te lanzaron dos hechizos. Uno para cambiar la edad de tu cuerpo, o mejor dicho para reestablecer tu edad... Y otro de silencio... Muy bien... seguramente el día que se encontraron con el que no debe ser nombrado, dijiste algo relacionado con eso que no puedes decir. Por eso empezaste a convulsionar y asfixiarte antes de contarlo todo ¿Estoy en lo correcto?

  • Si creo…- pronuncié quedamente- ¿Pero cómo…?

  • Recuerda que fui yo quién te atendió cuando estabas en ese estado tan… terrible. Te encerré en la burbuja porque no sabía muy bien cómo contrarrestar los efectos. No es hasta ayer cuando me puse a investigar en mi biblioteca que pude saber la razón de tus síntomas. Hice la posición que te ayudó a dejar de asfixiarte, te daré un poco de lo que tengo preparado por si alguna vez lo vuelves a necesitar... aunque debo decirte que cada vez que la tomes, olvidarás aquello que dijiste, no le encontrarás sentido y perderás esos recuerdos.

Recordé la sensación tan espantosa que tuve que padecer, la asfixia, la opresión en el pecho, el dolor de cada una de las partes de mi cuerpo, la desesperación por querer despertar. La intensa sed y sequedad de mi boca. 

  • Usted cree que pude haber muerto.

  • No… el primer hechizo para la edad está hecho, y no hay poder similar que pueda revertir los cambios que se produjo en tu cuerpo. Y el otro hechizo... bueno pues ese es uno para impedir que hables de lo que no puedes hablar. Lo que no entiendo es ¿Por qué alguien que quiere que guardes un secreto tan grande que fue capaz de hacerte callar mediante una magia tan poderosa no te ha matado y así definitivamente sellar tus labios?

De una manera u otra el señor Potter, estaba decidido a descubrir lo que yo ocultaba. Sus ojos iguales a los de James parecían que traspasaba los míos. Delatando con facilidad el temor y el dolor que sentía al verme casi descubierta.

  • ¿Es algo que sucederá? ¿Eres psíquica?

  • No.

  • Entonces cómo…- me quede callada, esperando que entendiera que mi silencio no era por no responderle- ¿Es algo que sucederá?- empezó nuevamente- ¿Algo de lo que no puedes escapar, algo que va a suceder y que tú tienes que hacer?- Asentí lentamente, quería saber hasta dónde podía llegar, hasta qué punto mi secreto quedaba en libertad- Claro, por eso te mantienen viva, sabes algo muy importante, pero no te mataran, porque tu muerte es aquello importante.

  • No solo la mía, sino de muchos que verdaderamente me importan- al terminar de decir esas palabras, una punzada en el pecho empezó a impedir que respirara, pero fue leve, como si no hubiera dicho algo capaz de delatarme.

  • Respira, trata de calmarte… creo que he preguntado más de lo que necesitaba en este poco tiempo… espera aquí, te traeré algo para que te mejores.

El señor Potter se levantó satisfecho y durante algunos minutos pase arrimada al árbol tratando de respirar mejor.

El aire entraba a mis pulmones como un fino hilo, sin que estos puedan abastecerse. Poco a poco mi pecho se iba contrayendo. Empezaba a marearme. No me sentía tan mal, pero si lo suficiente. ¡Ayuda! Será que el señor Potter se olvidó de mí…

Unos ojos castaños tras unos lentes atrajeron mí borrosa mirada, mientras sentía con unas cuantas gotas sabor a hierbas y algo parecido al azufre, resbalaban por mis labios hasta llegar a mi garganta.

Los colores que me rodeaban empezaron a tomar intensidad y brillo. Y el aire empezaba a colarse en mis pulmones.

Una fuerte inhalación, junto con un débil arqueo de mi espalda, fue la señal de que mi cuerpo empezaba a actuar nuevamente de manera normal.    

  • ¿Te sientes mejor?

Asentí con la cabeza. Si bien me sentía mejor, aún tenía la opresión en el pecho. Y tener a James agarrando delicadamente mi cabeza mientras que con su índice retiraba un mechón de mi rostro, no era de gran ayuda para las desesperadas ganas de llorar que tenía.

No había tenido una conversación con él desde el día en que me desperté. Podrían decir que estaba huyendo de él en su propia casa, pero la verdad era que él pasaba la mayor parte del tiempo con Sirius en su habitación, yo me había quedado en una para huéspedes después de que alegando mejoría había aceptado que me cambiara de alcoba, pero cuando podía me escabullía hacia el jardín tras su cuarto.

  • Siempre estás despeinada- un fina sonrisa se formó en su rostro- será que algún día te voy a ver bien arreglada- bromeó.

  • Nunca Potter- sonreí pícaramente- de todas maneras, muchas gracias ¿Con eso me curo?

  • Parece que sí, le diste bastante trabajo a mi padre, tenemos suerte que sea director de la escuela de Medimagos, todavía sobra un poco.

  • Gracias por cuidarme, eso es muy amable de tu parte, y también por dejarme estar aquí, ya sabes… tú y yo... no es que seamos muy buenos… amigos… y aun así lo hiciste- mi voz se fue apagando poco a poco.

  • No importa, de todas maneras mañana nos vamos- giró el rostro para que nuestras miradas no se encuentren.

Nos quedamos viendo como la noche se cernía sobre nosotros, hoy era el último día de luna llena, seguramente Remus estaría en este momento transformado en aquello que el odia. Y sus amigos no estaban junto a él.

Me quede viendo como James miraba la luna, arrimado al árbol en una posición similar a la mía, pero guardaba distancia. La luz plateada reflejaba en su cabello negro, y en su perfil.

No me pude contener y débilmente me acerqué y abracé su costado, arrimando mi mejilla en su hombro. Por un momento él suspiró y sostuvo mi mano. Pero luego su cuerpo se estremeció. Y giró su rostro, su mirada estaba llena de ira, de rencor, de odio.

  • ¡Mierda Evans! ¡¿A qué se supone que estás jugando conmigo?!- de un solo tirón se zafo de mi abrazo.

  • ¡¿Qué?! Yo solo… lo siento

  • ¡¿Lo sientes?! ¡Yo soy el que siente haberme enamorado de alguien como tú!… No, no… lo que siento es haberme imaginado cosas que no son.

Y con su elegancia inglés, se marchó dejándome llena de confusión.

¿Cómo pude ser tan tonta y abrazarle, sabiendo que no debía hacerlo?

¡¡AARRGG!! Que idiota soy.

-o-o-

El mes y una semana que ya habían pasado en Hogwarts fueron muy cansadas, especialmente las clases de defensa contra las artes oscuras y transformaciones. Junto con mi labor de prefecta, no me daba tiempo para casi nada. Por lo menos estaba ocupada y no tenía cabeza para pensar en James.

Una fina lluvia caía en los alrededores, mojando mi capa. Acababa de tener Herbología, y la señora Sprout se demoró 5 minutos más de la clase así que tuve que emprender carrera para no llegar tarde a mi siguiente clase- transformaciones- que se encontraba en el tercer piso.

Mi costado derecho dolía, pero aun así, trate de subir las escaleras de dos en dos. Pero alguien junto cuando la puerta de la clase estaba a pocos metros de distancia, chocó contra mí, provocando que me cayera con un ruido sordo.

Los libros que cargaba en mi regazo, cayeron desordenadamente en el piso. Justo cuando estaba por cogerlos apresuradamente, una mano los recogió y los ubicó entre sus brazos.

  • Lo siento, estaba distraído- dijo con una sonrisa. Un joven al que nunca antes había visto, sostenía mis libros mientras intentaba ayudarme a levantar. Tenía ojos azul obscuro y su cabello era de un color entre castaño y gris. Con una mandíbula cuadrada y sonrisa algo arrogante y sexi- me recordaba a alguien. Definitivamente era endemoniadamente guapo.

Sacudí mi cabeza un poco y en ese movimiento recordé por qué corría tan apresurada.

  • Fue mi culpa- pronuncié mientras agarraba mis libros de sus brazos y echaba a correr nuevamente. Sentí sus ojos clavados en mi espalda, algo que me estremeció.

La clase estuvo relajada, simplemente recibimos teoría- las siete formas en las que se transforma un zorro de palara- James estaba sentado a dos puestos de distancia, pero sentía el ambiente tenso y como sus ojos llamearon de ira al verme. Y ahora qué mosco le pico. ¿Qué diablos le hice para que me mire de esa manera?

  • Eso es todo, para la próxima clase quiero un pergamino de 26 centímetros acerca de lo que hemos visto hoy y los beneficios y perjuicios que traen esta criatura poniéndolas al aire libre y como mascotas- pronunció la profesora McGonagall- señorita Evans puedo hablar un momento con usted- clavó sus ojos sobre mi.

Me acerqué lentamente hacia su escritorio, mientras Mary, Remus, Sirius, Cherry y James salían del aula.

La profesora miraba con mucha atención unos cuantos papeles que tenía sobre la mesa y empezó a garabatear sobre otro. Parecía como si no se diera cuenta de que la estaba esperando.

Cuando ya paso un rato llame su atención 

  • Mmh… en qué puedo ayudarla profesora.

  • Ah sí… Me enteré de lo que paso con su madre. Lo siento mucho. Seguramente fue un golpe duro para usted- un frío recuerdo atormentó mi mente. Estas vacaciones no fueron nada parecidas a lo que hubiera querido que fueran.

  • No se preocupe, las cosas ocurren por algo- dije mientras la parte de atrás de mis ojos empezaban a arder- Seguramente noto el cambio en mi rostro por lo que cambió rápidamente de tema.

  • Bien, no la llamé solo para eso. Quería pedirle un favor si no es mucha molestia para usted.

  • Usted diga profesora.

  • Este año tenemos un estudiante de intercambio, acaba de llegar hace pocas horas, me preguntaba si usted fuera tan amable de orientarlo y darle una tutoría hasta que se nivele con toda las clases que hemos visto hasta este momento.

  • Va a ser… el muchacho… va a ser nuestro compañeros

  • En varias de las clases que comparte con usted, por eso le pido que me ayude, ya que usted es una excelente alumna.

  • Sí, claro, yo le ayudo.

  • Bien, le enviaré a que le busque después de su última clase. Puede retirarse.

Agarré mi mochila y salí a toda velocidad. Mi estómago empezó a gruñir de hambre. Ojala y mis amigas me hayan guardado un puesto en el comedor.

Luego de comer pensaría en cómo organizar mi tan pequeño tiempo, para ayudar a aquel nuevo estudiante.

Entre Mary y Cherry estaba un lugar vacío, en el cual me situé apenas las vi, todos ya habían comido su ración de alimento y apenas me senté los postres desaparecieron de la mesa. Hice un pequeño quejido con mi garganta. No era justo, y con el hambre que tenía.

  • Toma- un plato de espagueti que apenas había sido movido con el tenedor cayó bruscamente frente a mí- ¡Permiso! - James escupió las palabras aún más bruscamente y salió con paso firme del lugar.

Mary y Peter se le quedaron mirando con la boca abierta, Remus meneaba la cabeza con frustración, Cherry seguía consumiendo su gelatina como si nada hubiera pasado, Sirius y yo nos miramos directamente a los ojos. No podría explicar si alguna reacción hubo en el rostro de ambos.

  • ¡¿Pero qué le pasa?!- dije haciendo una mueca.

  • Y todavía preguntas Evans.

Y salió en la misma dirección que había tomado James.

  • Tengo que cambiar la pregunta ¿¡Pero qué LES pasa?!

  • No le hagas caso a James, Lily, el solo esta… como te explico… resentido contigo.

  • Pero ¿Por qué?

  • No creo que sea el indicado para contártelo. Mejor come eso, que es lo único que tienes hasta la cena.

  • James fue muy amable en darte el espagueti Lily- dijo Cherry con una sonrisa de niña en su rostro.

  • Sí, claro- murmuré.

-o-o-

Esperé que ese nuevo estudiante se me acercara, para conocerlo y empezar con la tutoría. Mientras más pronto termine mejor.

Pero nunca llegó, así que fui a la sala común de Gryffindor, para empezar con la redacción de historia de la magia y luego con la de astronomía.

Justo cuando terminaba de poner cual era el papel del movimiento de la luna con los movimientos del mar. Alguien entró dando grandes zancadas. James.

  • ¡Así que ahora también soy tu mensajero Evans!- golpeó fuertemente en mi mesa, provocando que un bote de tinta cayera sobre mis apuntes.

  • ¡Eres un tonto Potter! Mira como manchaste todo

  • ¡Ahh!… ¿Yo soy el tonto?

  • ¡Como más quieres que le diga a alguien como tú!- me levante de mi silla y apoye las manos en la mesa.

  • Tonto es ese… mira tú vida no me importas en absoluto. Déjame en paz

  • ¡Ja!… como si yo estuviera interesada en que te importe mi vida. Tú déjame en paz… ¿Quién te ha dado permiso de que vengas y me insultes de todos modos?

  • Mira, yo… definitivamente ya no lo soporto ¡ADIOS!

Pero qué diablo le pasa.

Todos los estudiantes que se encontraban en la sala habían escuchado la pequeña discusión que tuvimos, sus ojos persiguieron a James hasta que desapareció por las escaleras. Para luego girar su rostro de una forma muy sincronizada hacia mí.

  • ¡¿Qué?! ¡¿Acaso les divierto o algo así?! Sigan en sus labores, y no molesten.

Me senté de un solo golpe en la dura silla. Al observar todo aquel desastre sentí que las fuerzas se me iban acabando pero con un movimiento de varita retire las manchas.

Al día siguiente, el espejo me saludo con una muy mala cara, llena de ojeras y más despeinada de lo normal.

La mitad del día lo pasé monótonamente, sin prestar mucha atención. Salí junto con Remus diez minutos antes de las clases de Runas. Y nos dirigimos directamente hacia el comedor. No quería pasar por lo del almuerzo anterior.

Alguien a nuestra espalda tosió, llamando nuestra atención.

  • Disculpa ¿Eres Lily Evans?- preguntó aquel chico con el que ayer choque antes de entrar en la clase de transformaciones.

  • Eh… si soy yo ¿Y tú eres?

Mucho gusto. Harry. Harry Aidan. La profesora McGonagall me dijo ayer que te buscara, pero no pude localizarte.

  • Tu eres el chico de intercambio ¿Verdad?- asintió- también te busque pero no apareciste por ningún lado.

  • Le dije a un chico si te podía avisar, estuve esperando en la biblioteca por un buen rato.

  • Nadie me dijo nada… ¿Sabes quién era?

  • Pues no… era un chico alto, despeinado… así, usaba lentes.

  • James- susurré.

  • ¿Qué dijiste?

  • No, nada- eso explica su comportamiento *"¡Así que ahora también soy tu mensajero Evans!",*al parecer estaba celoso.

  • Te parece si hoy empezamos con la tutoría. Ya sabes mientras más pronto mejor.

  • Claro, no hay problema. Nos podemos ver a las siete en la biblioteca.

  • Eso me parece bien, hasta luego.

Se fue caminando ágilmente fuera del comedor, usaba un uniforme con los colores de Ravenclaw. No creía que fuese a necesitar tutoría pero quién era yo para contradecir a la profesora McGonagall.