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Historia 191773 — capítulo 15
Confesiones en Navidad
Aidan era una persona muy agradable, con quien se puede conversar de diferentes temas sin aburrirse en ningún momento.
Pese a tener la misma edad que la mía, había vivido en diferentes partes del mundo. Su padre era un embajador muggle, por lo que viajaban cada año a un nuevo país.
Bien había dicho yo. Él no necesitaba tutoría pero pasamos algunas semanas de siete a ocho en la biblioteca, revisado los diferentes temas que teníamos pendientes.
Octubre estaba por terminar, en la mañana era el primer partido de quidditch- Gryffindor contra Ravenclaw- pero Aidan y yo decidimos no ir a ver el partido para adelantar todo antes de la cena de Halloween que se celebraba esta noche. Además que él quería ir en la tarde a conocer Hogsmeade.
Caminé a un ritmo apresurado hasta la sala común. Al llegar me inundó el ferviente sonido de la victoria.
-
¡Lily! ¡Ganamos Lily! ¡GANAMOS!- Mary se abalanzó sobre mí, con una sonrisa de oreja a oreja, estaba llena de alegría y emoción- ¡¿Viste el partido verdad?! ¡¿Te fijaste en el movimiento que hice cuando Bollsh me lanzó esa bludger?! Apuesto a que jamás viste algo parecido.
-
Mary…yo…
-
No te emociones tanto Mary… Evans no estaba en el partido- espetó James que se había acercado hacia nosotras.
-
¿Cómo? ¿Y eso porque? Tú nunca has faltado a ningún partido- la sonrisa de mi amiga se fue debilitando hasta formarse en una fina línea.
-
Porque más crees… la prefecta nos ha cambiado por ese Aidan… mejor vamos a Hogsmeade que seguramente Evans está muy ocupada.
-
Piérdete Potter- lo fulminé con la mirada, para luego ignorarlo y centrarme en mi amiga- lo siento mucho Mary, de verdad que quería ir, pero tenía trabajo pendiente… entiéndeme por favor, si no lo hacía, no podía ir a Hogsmeade con ustedes esta tarde
-
Esta bien, no hay problema- sonrió nuevamente- pero prométeme que no faltaras a ningún otro partido.
Una vez en Hogsmeade risas se escuchaban por todos lados. James no se portó grosero conmigo, de hecho ni siquiera me dirigía la palabra. Remus, Cherry y yo, nos encontrábamos en una estupenda y graciosa charla acerca del desarrollo de las mandrágoras. Era tan divertido ver cuando se encontraban en la adolescencia y querían meterse en la maceta de las que tenían cerca.
La tarde se pasó volando en las diferentes tiendas de la localidad. Hasta que cansados y sedientos fuimos a las tres escobas en busca de una cerveza de mantequilla.
Cuando ya habíamos tomados el primer vaso vi a Aidan entrar en el local. Estaba junto con tres chicos de Ravenclaw. Al verme se acercó a nuestra mesa para saludar.
- Hola Lily- James bufó- mira, se te cayó esto en la biblioteca… toma.
Instintivamente lleve mi mano a mi cuello, para cerciorarme de que el medallón que siempre llevaba puesto no estaba en su lugar.
¿Pero cómo se me cayó?
-
Gracias… mmm… ¿Quieres sentarte a tomar algo?- sonrió de una manera muy sincera.
-
Ya vuelvo- interrumpió James y de una manera muy maleducada se retiró de la mesa dando un golpe en el hombro de Aidan.
-
Creo que no le caigo muy bien a tu amigo… no te preocupes Lily, igual mis compañeros me están esperando en aquella mesa del fondo. Nos vemos luego.
Se retiró con paso normal hacia el lugar donde le esperaban.
-
Ese chico es verdaderamente candente- dijo Mary con una sonrisa pícara en la cara.
-
Si, todo un dios- espeto Sirius a su lado mientras daba un beso sonoro en la mejilla de Mary- pero para ti yo soy el único dios.
-
Pero que ego tan grande el tuyo Siriusin- sonrió Mary.
Yo aún no terminaba de entender cuál era el tipo de relación que tenían esos dos. Un día se los veía tan juntos como fuera posible- muchos pensaban que eran novios- y al siguiente Mary le hacía los planes para que entrara con otra chica y ella se iba a dar un paseo con algún chico "machote" como los llamaba ella.
Poco después llegó James, junto a una chica de baja estatura, cabello castaño, ojos grandes y nariz respingada.
Isabel Becher. Era mi compañera y la de Remus en Runas. Una chica de Hufflepuff muy amable y siempre con una dulce sonrisa en su rostro.
-
La invité a una cerveza, no hay problema que se siente con nosotros verdad- James se dirigió a todos, mientras inspeccionaba el rostro de cada uno de nosotros.
-
Para nada cornamenta. Ven siéntate.
La chica aparte de ser amable, resultó ser divertida. Una perfecta persona para estar con James. Yo ya la había visto con diferentes chicas, pero nunca tan cerca. El no dejaba de abrazarla y de vez en cuando susurrarle cosas al oído. En lo que ella se ruborizaba y se giraba para darle un "tierno beso".
No sabría enumerar todos los sentimientos que me llenaban en ese momento. Ira, dolor, ganas de llorar, desesperación, intensas ganas de correr, de desaparecer. De olvidar todo lo que siento por él.
Mary sostuvo mi mano con fuerza bajo la mesa, nunca le había dicho lo que siento por James, pero seguramente se daba cuenta de lo mucho que me hacía daño verle con otra.
-
Romeo, deja de hacer eso… existimos personas que no tenemos un estómago tan fuerte- se burló mi amiga de James, en lo que él empezó a reír con fuerza.
-
Tengo que estudiar unas cuantas viseras de animal para adivinación. ¿Me acompañas Lily?- acudido Cherry a mi ayuda.
-
¡Claro!- lo que sea con tal de no ver más a James y a Isabel juntos.
Otra vez me perdí del banquete de Halloween, no me sentía tan bien como para ver nuevamente a esa pareja. Mis amigas subieron comida a mi habitación.
-o-o-
Isabel era la pareja que había estado más tiempo con James. Ya había pasado más de un mes y ellos seguían viéndose. Aunque varias veces vi como James coqueteaba con otras y se iban por pasillos secretos sin que Isabel se enterara, James me enfermaba.
El frío clima de Diciembre empezaba a apoderarse de los muros del castillo.
Aidan y yo pasábamos largo tiempo en la biblioteca estudiando para los trimestrales. Remus me había ayudado con algunas clases de transformación, James era mucho mejor en esa asignatura pero soy tan orgullosa que no me atreví a pedirle que me enseñara. Y Cherry insistía en que la dejara leerme las cartas. Algún día iba a terminar haciéndolo para que dejara de molestar.
Mary y Sirius últimamente pasaban demasiado, tiempo juntos. Aunque ayer la vi con un chico de Ravenclaw agarrados de la mano.
-
Por favor ya quiero vacaciones. Quiero salir un rato del colegio- pronunció mientras se levantaba de sopetón de la cama para situarse en la mía- respirar aire que no esté lleno del perfume de los pergaminos.
-
Pero si tú siempre te quedas en el colegio para las vacaciones- digo Cherry.
-
Lo sé, pero mi mamá me pidió que vaya en estas navidades para darme no sé qué noticia importante. Da igual lo que quiero es ir a ver a ese chico que vive cerca de mi casa.
-
Tu no cambias Mary- empezamos a reír fuertemente.
-
Pues yo si tengo que ir a mi casa aunque no quiero. Una prima se casará y al parecer soy lo suficientemente dulce como para ser la dama de honor- sonrió Cherry.
-
Ja, ja, ja- reí con fuerza- y dime muchachona, presagias felicidad en ese matrimonio.
-
Nadie aparte de los novios lo saben… pero se casan porque mi prima esta de dos meses de embarazo… lo vi en la bola de cristal.
-
Si claro- de verdad algo raro pasaba alrededor de mi amiga, a veces pensaba en realidad si era capaz de ver el futuro.
-
Y tú Lily. ¿Vas a ir a tu casa como todos los años?
Una punzada golpeo mi pecho. No les había dicho nada de lo que paso en mi casa las vacaciones pasadas. No tenía ningún motivo para ir.
-
No… tengo mucho trabajo pendiente.
-
Bien, así cuidaras de Sirius… jajajaja… no dejes que este con más de dos chicas a la vez.
-
Oye, yo no soy niñera de ese espécimen de hombre.
-
Jajajjjajajajjaja
Nuestras risas se mantuvieron por un largo rato en la habitación. Por lo menos Holly y Azul no se encontraban en ese momento. Haahh un momento de paz.
-
Mary, te parece si te leo la suerte- dijo Cherry de una manera muy seria. Pero la mirada de Mary era un rotundo "NO"- por favor, para ver cómo te va a ir con Sirius
-
De ninguna manera dejaré que tú, niña loca, me llenes de cucarachas la cabeza.
-
Uff. Nadie quiere… ayer se lo pedí a James, ya estaba a punto de dejarse leer, pero llegó Remus y se lo fue llevando.
-
¿Y para qué querías leer la suerte de James?- dijo Mary.
-
Bueno porque nunca le había visto a James con nadie durar tanto tiempo… siempre pensé que estaba enamorado de Lily, pero verlo tanto tiempo con Isabel me lleno de dudas.
-
Hash, no digas eso… James jamás ha sentido ni sentirá nada por mí.
-
¿Estás segura?
Imágenes del enojo de James cuando estuve en su casa invadieron mi mente "¡Yo soy el que siente haberme enamorado de alguien como tú!", aquello fue lo que él me había gritado. Nunca antes fue tan directo con sus palabras. Pero había sido tan grosero. Y justo el día en que yo me aventure a abrazarlo.
-
Si… por algo él ya está tanto tiempo con… Isabelita- dije.
-
Estas celosa… jajajaja… nunca me imaginé verte celosa por James Potter- rio Mary seguida de Cherry.
-
No es gracioso… ¡NO ESTOY CELOSA!
-
Si claro… bueno tienes razón para ello… James nunca ha durado tanto tiempo con alguien… pero ella no me da buena espina- dijo Cherry- igual ya se le pasará ayer le vi entrando al bosque prohibido con Violet Grey.
-
Pero si Isabel es una lindura- espeto Mary- James es un perro.
La verdad era que no podía negar para nada el hecho de que Isabel era una persona espectacular.
Siempre colaborando con todos los proyectos, ayudando con clases particulares, riendo con sus amigos. Buena estudiante. Hermosa. Buen cuerpo. Simplemente alrededor de ella giraba un aura particular, llena de alegría y color rosa. Era la novia perfecta.
James merecía estar con alguien así. No era eso lo que siempre quise. Que él sea feliz junto con alguien más. Ahora solo tenía que afrontarlo y dejarlo ir.
- Sí... "Una maravilla"- mi voz sonó rasposa y con una gota - gran gota - de celos.
-o-o-
El último examen que tuve antes de las vacaciones fue el de historia de la magia, una realizar una redacción sobre los alquimistas de la antigua Mesopotamia en busca de la piedra filosofal.
Las vacaciones de navidad estaban abriendo sus puertas. Iba ser muy aburridas sin Cherry y Mary aquí. ¿Pero a dónde podía ir? *A desearle feliz navidad y prepararle un pastel a Petunia.*Naaahh.
Remus, Peter y James también se iban a sus respectivas casas para celebrar junto a su familia. Al parecer a Sirius no le importaba nada de su familia. Por lo menos tenía a alguien con quien conversar esos días.
La primera mañana de vacaciones, baje sola hasta el comedor. Apenas hubo 3 estudiantes aparte de Sirius y de mí, que no se habían marchado a sus casas.
No preste atención para ver quiénes eran. No me interesaba.
Desayuné rápidamente la avena con tostadas, y de un sorbo ingerí el jugo de naranja fresco.
Gran parte del tiempo pase encerrada en la biblioteca. Sirius se la pasaba conmigo, pero en vez de estudiar, se echaba un siestecita, mientras yo terminaba de hacer todos los trabajos pendientes que tenía.
Tenía que hacer una redacción de cada una de las materias que tenía. Y el tiempo no me favorecía mucho.
-
¿Evans?
-
mmm…- dije despistadamente
-
Hoy es vísperas de navidad ¿Crees que por lo menos hoy podríamos ir a descansar? - pronunció Sirius con voz dormida.
-
Pero si tú has descansado todos estos día- sonreí- mira, esa mesa más parece cama que mesa… además puedes irte, no tienes por qué hacerme compañía- dije quedamente.
-
Sé que no necesitas compañía, pero me aburro estando solito- hizo un puchero.
-
¿Y porque no te fuiste con James… digo Potter, a su casa?
-
No me fui con James, digo Potter- se burló de mí- porque me da pesar con su familia. Charlus y Dorea, son unas personas excepcionales, pero me da vergüenza.
-
No mientas Black- lo miré inquisitivamente.
-
Eres igualita a James
-
No me insultes tan feo- Reímos por un momento- ¿En que?
-
Se dan cuenta cuando miento… la verdad es que James fue él solo, para convencerlos de algo. Creímos que si yo también pasaba las vacaciones con ellos, iba a ser demasiado pedir.
-
Serviría de algo, el preguntar ¿Qué es lo que le van a pedir?
-
No… no lo voy a decir- esbozó su arrogante y encantadora sonrisa- mejor ya vámonos de aquí. Tantos libros me duele la cabeza. Además de que la cena de navidad muy pronto va a ser servida.
Él mismo guardó todos mis libros de la mesa y cargó en su hombro la mochila.
La cena estaba espectacular. Hace mucho que no disfrutaba de una buena comida. Me percate de los otros estudiantes que se habían quedado en el colegio. Dos eran de Slytherin, uno pequeño de alrededor de 13 años y el otro era un estudiante de séptimo año, compañero de Alice en algunas clases. Mientras que la otra persona era Isabel. ¿Porque no se ira a sus casa?
Sirius y yo intentamos acercarnos, ella nos saludó cordialmente pero se marchó diciendo que tenía un malestar en el estómago.
-
Ja… ojala y se pase en el baño hasta que terminen las vacaciones- dijo Sirius una vez que ya estábamos en la sala común.
-
¿Quién?
-
Esa tonta de Isabel.
-
Porque no te cae bien… Eres la primera persona que escucho que no la elogia por todas sus "cualidades".
-
Naaa… ¿cualidades? ¿Ella? si claro… no me da buena espina.
-
¿Por qué?
-
Yo que se… solo que desconfió de ella y de su mirada de niña buena.
-
mmm…
-
No me gusta verla junto a James.
-
Pero si tu amigo es feliz, eso debería alegrarte ¿no?
-
Lily, tú también eres amiga de James… dime ¿Te hace feliz verlo junto con Isabel?
-
Bueno yo…- NOOO… claro que no, lo detesto, lo aborrezco. Argg.- se los ve bien juntos.
-
No mientas Evans.
-
Yo no soy como tu.
-
Si claro… ya me voy a dormir, nos vemos mañana.
Me quedé sentada frente a la chimenea por largo rato, las llamas lamían los troncos en una danza poco usual, no sé en qué momento me quede dormida, pero sentí claramente como los párpados se me iban cerrando poco a poco. Sin tener fuerza para levantarme e irme a la cama.
Yo caminaba por los jardines del colegio. Buscaba a algo, pero no sé qué. Oí un ruido tras unos arbustos, me asomé para mirar y mis ojos de inundaron de lágrimas. James e Isabel se daban un beso. Uno beso sincero y lleno de amor. - "Te amo Isabel" - "Mientes, tú amas a Evans" - "¿Evans?, yo no conozco a ninguna Evans. Y así la conociera, yo no tengo ojos para nadie más que para ti". Y nuevamente sus labios se fundían. Yo echaba a correr lejos de ahí. Pero de un momento a otro empezó a llover y finas gotas cayeron en mi rostro. Luego una gran cantidad de agua mojo mi cabeza completamente.
- Haaa - abrí los ojos y me encontré con la mirada burlona de Sirius. El cual tenía un vaso en sus manos.
Me levanté rápidamente. Él había vaciado el vaso de agua en mi cara.
-
¡Pero que rayos te pasa Black! ¡Porque me mojas!
-
Jajajaja- empezó a reír- es que no te despertabas…jajajaja.
-
Deja de reírte, mira como me mojaste toda- con un sencillo movimiento de varita quede totalmente seca. Pero Sirius no dejaba de reírse.
-
Ya párale no… sé que mi rostro mojado causa chiste pero no es para tanto.
-
Mi bella Lily- sonrió de una forma muy pícara- cuéntame ¿Qué soñaste con mi amigo?
-
¿Con tu…? ¿Qué?... yo no…no…
-
No me digas que nadie te ha dicho que hablas cuando duermes.
Me quedé helada. Mary y Cherry siempre me lo decían. Hubo una temporada que se burlaban de mí, porque se avecinaban los exámenes y pasaba nombrando los ingredientes para la poción para confundir. "Raíces de acederilla" "Rizoma" decían una y otra vez con una mala imitación de mi voz.
-
Yo… no…- seguramente mi rostro confirmaba que si había soñado con él- por favor no se lo digas- implore burlonamente.
-
Nah… yo no soy soplón, aunque esto le pondría muy feliz a mi amigo.
-
¿Cómo?
-
No me hagas caso- giró su rostro hacia las pequeñas cajas amontonadas junto a la chimenea que aún seguía encendida- mejor veamos unos cuantos regalos ¿Te parece?
Asentí débilmente y me levanté. Las piernas se me amortiguaron por la mala posición en la que había dormido. Y el cuello ni hablar de cómo me dolía.
No había muchos regalos que se diga para ninguno. Sirius había recibido una caja de ranas de chocolate y gran surtido de dulces de parte de Remus y Peter. Un juego de ajedrez mágico enviado por James. Un paquete de habanos de parte de Cherry y Mary. Y una caja negra con el sello de los Black, que Sirius no lo abrió.
-
Parece que nunca van a dejar de fastidiarme.
-
¿Quiénes?- pregunté mientras ojeaba un libro que me habían enviado Mary y Cherry.
-
¡Mi adora familia!- lo dijo en un tomo demasiado sarcástico- adivina que hermosa joya se encuentra dentro de esa caja.
-
No tengo idea- pronuncié al momento que introducía uno de los chocolates blancos que Remus me había enviado junto con Sirius- están buenos gracias- levante la caja.
-
De nada, fue idea de Remus, él dijo que te iban a encantar… pero yo le puse el secreto del sabor.
Me quedé en media mordida. ¿Que le había hecho a los chocolates?
-
Nah… no te preocupes cómelo tranquila no le hice nada… pero vale la pena por ver tu rostro.
-
Ja… muy chistoso- lo miré con el ceño fruncido- solo por eso no te diera mi regalo… pero bahh… que voy a hacer luego yo con esto- agarre un pequeña caja de mi mochila y la puse frente a él.
Me miró suspicaz y luego sin decir nada empezó a abrirla. Sus ojos se llenaron de asombro cuando la pequeña moto voladora empezó a revolotear en su mano.
-
Pero… tú… ¿Cómo?... no es que yo tenga… pero…
-
no… no… no…- imité su tartamudeo- ¿No te gusta?- pregunté aun sabiendo la respuesta.
-
Si, esta padrisima… pero de donde sacaste la idea de darme esto.
-
Bueno… tienes la pinta de chico rebelde… si fueras muggle de ley que te veo en una de esas competencias de motos… así todo hecho el galán con las chicas, llevándolas a pasear en tu súper moto con una chaqueta de cuero. Ja. Ya te imagino.
-
No molestes Evans- masculló con una sonrisa en su rostro, mientras se aventaba hacia uno de mis chocolates.
-
¿Y qué Black? ¿Me va a decir qué contiene esa linda cajita negra?
-
Puras estupideces familiares… daría lo que sea a que es algo recordándome que todos mis antepasados fueron de Slytherin.
-
Puedo verlo- hizo un gesto afirmativo con la cabeza.
Abrí lentamente y con cuidado la caja, como temiendo que escapara algún bicho raro o que explotara una bomba fétida.
Me llevé una sorpresa al ver la joya que esta tenía dentro. Un hermoso y a la vez terrorífico dije de hombre con forma de serpiente enroscada en sí misma, incrustada con miles de fragmentos de esmerada sobre lo que parecía oro puro, colgaba de una cadena del mismo material.
Sirius chasqueo la lengua, lo miró y sin darle importancia agarró un poco de su ración de dulces.
-
Todos los años es igual, "mi queridísima madre", envía algo como eso.
-
¿Y tú qué haces?
-
Todos los años lo boto al lago.
No respondí ante aquella declaración, era obvio que a Sirius le disgustaba cualquier plática en la que se involucrara a su familia.
- Mejor dime que te dieron a ti de navidad- preguntó cordialmente.
Pero al mirar que levantaba los dos objetos que me habían regalado una mueca se formó en su cara.
-
No me vengas a decir que solo recibiste un libro y chocolates.
-
Bueno… pues no es que tenga muchas personas que me regalen cosas... empecé a nombrar mientras contaba con los dedos- Mary y Cherry me enviaron este libro. Tú y Remus estos chocolates. Y bueno pues ya no tengo a nadie más.
-
¿Y tu familia? Digo yo… detesto a mi familia y ellos a mí, pero igual me enviaron algo.
Sentí como empezó a arder la parte posterior de mis ojos. Sirius acababa de poner el dedo en la llaga. Yo no tenía familia. Aquellos a los considere mi padres aun no nacen. Los señores Evans están muertos. Y Petunia… bueno pues es Petunia.
-
Muertos- mascullé débilmente.
-
¿Cómo? Bueno lo de tu padre si sabía pero y tu mamá…
-
Murió las pasadas vacaciones.
Un atormentador silencio se apoderó de la sala. Podía ver en su rostro la tensión de él. Se debatía entre si preguntar o dejarlo pasar.
- Si quieres hablarlo pues…
Me sentía mal, no había hablado con nadie acerca de lo ocurrido. Pero necesitaba contarlo a alguien. Quitarme un secreto de encima, así que reuní fuerzas y empecé.
- Estaba un poco enferma, bueno trastornada luego de la muerte de señor Evans. Una noche en uno de sus arranques de locura me gritó que yo tenía que hacer algo... que como era bruja podía devolverlo a la vida. Le dije que eso no se podía y se puso histérica... me golpeó y me lanzó por las escaleras. Se encerró en su habitación y empezó a gritar, teníamos miedo a que se haga daño. Y al día siguiente… la encontramos muerta en la bañera… Todo estaba lleno de sangre, de su sangre…
Callé un momento, mientras trataba de reprimir la sensación en mi garganta.
- Petunia me culpa de su muerte… luego del entierro dijo que no quería verme, que me fuera de la casa... por eso pasé las dos semanas en el caldero chorreante antes de clases.
Frías lágrimas empezaron a caer por mi rostro. Me dolía tanto el sentir tanta soledad. Sin nadie que se preocupe por mí, sin familia, sin nada.
Sirius se acercó a mí despacio, como esperando mi reacción. Luego me abrazo. Un abrazo tan cálido, un fuerte abrazo de amigos.
- ¿Hace cuánto no te desahogas, Lily?
No respondí. De vez en cuanto finas lágrimas se deslizaban por rostro. Pero aquella lágrimas solo conseguían aumentar la sensación punzante en mi pecho. Hace ya tantos años, que no dejaba de sentirme mal.
-
Disculpa Sirius… yo… no sé qué me pasó.
-
Siempre te vez tan fuerte, tan decidida a todo. Sin miedo de nada y de nadie. Todo eso es una máscara ¿Verdad?... bueno tenemos algo en común- lo miré esperando que continuara- no tenemos a nadie más que a nuestros amigos. Espero que yo sea un buen amigo.
-
Claro que eres un buen amigo. El mejor de todos Sirius.
-
¿Por qué estás tan segura?
No lo podía decir. Pero haberse jugado todo por James y por mí lo confirmaba. Ser capaz de enfrentar la muerte con tal de no delatarnos era la mejor prueba de amistad que alguien puede haber recibido.
-
Tus ojos lo delatan.
-
Ósea que ahora tú también eres como Cherry- bromeó- ahora divinas las emociones de la gente.
-
Muy gracioso Black. No te burles de mi amiga. Ella es solo… un poco rara.
-
See… claro como tú digas pelirroja.
Le lancé uno de los almohadones del sillón y el en un espectacular reflejo lo atrapó y me lo lanzó de nuevo. Lo esquive de una manera muy fabulosa y este cayó en el pilo de cajas de regalo vacías.
Me levanté para recoger y arreglar el desastre. Una a una fui separando las cajas de Sirius y las mías.
- A mira, seguro y esto es también es para ti, no lo habíamos visto- le entregue un pergamino enrollado sujeto con una cinta roja.
Él lo abrió y empezó a leerlo. Seguramente no tenía mucho porque enseguida me lo entregó.
- Es tuyo.
Lo tomé dudando. El pergamino solo tenía pocas palabras "Feliz Navidad, Lily" y tenía pegado al pergamino una fina pulsera plateada.
-
No tiene firma ni nada. ¿De quién podrá ser?
-
Adivina Evans.
Sentí como una sonrisa se ensanchaba en mi rostro. Y un latir fuerte en mi pecho. Además de una sensación de calor en mis mejillas.
-
Crees que fue… bueno… tu amigo…
-
Si Lily, esa es su letra. James te lo envió.
-
Bueno no es muy expresivo que se diga ¿no?
-
Entiéndelo está muy resentido contigo- sonrió de una manera muy significativa mientras se sentaba en el sillón.
-
Eso sigo sin entender ¿Podrías decírmelo?
Hizo una mueca. Pensando en si contármelo o no.
-
Bueno ahí va… pero no le digas que te lo conté.
-
Claro, no hay problema- me fui a sentar en el otro extremo del sillón.
-
Es que cuando habían estado en el caldero chorreante, dijo que te habías portado… como te explico… James sintió que algo había entre los dos. La forma en la que se miraban, las sonrisas, no sé muy bien. Cornamenta nunca ha podido expresar mucho sus sentimientos. Bueno el hecho es que te quiso cuidar cuando llegaron eso mortífagos. Y pues, viste tu reacción. Mi amigo tiene la tendencia de héroe y que tú te hayas portado tan valiente lo tomó por sorpresa.
-
Ósea que se enojó conmigo solo por su estúpido ego machista.
-
Déjame terminar Lily… no fue por eso. De hecho creo que le gusta que te sepas defender por ti misma.
-
¿Entonces?
-
Bueno… él estuvo cuidando tu espalda todo el tiempo… hasta cuando se lanzó para impedir que te golpeara el crucio.
-
¿Qué hizo qué?
-
No lo sabias… James te empujo para que no te golpee el maleficio, y lo pegó de lleno en su cuerpo.
-
Nunca me lo contó… ¿Por qué nadie lo hizo?
-
Porque él pidió que no lo hiciéramos.
-
Pero…
-
Eso no es lo importante. La cosa es que tú hablas cuando duermes, Lily. Ese fue el problema.
-
¡¡Hay!! Por las barbas de Merlín. ¿Qué dije?- una fría sensación de apodero de mi estómago, mientras veía la expresión en la cara de Sirius.
-
James te pasó cuidando todo el tiempo que pasaste inconsciente. Solo el primer día no estuvo completamente contigo, porque yo lo llevé fuera. Durmió en el sofá del cuarto, porque no quería desprenderse de ti. Por lo que él escuchó claramente cuando pronunciabas algunas cosas. A algunas personas.
››Te pasaste nombrando el nombre de un chico todo el tiempo. James lo oía y aun así siguió a tu lado. Cuando pronunciabas el nombre de aquel muchacho era con dulzura, con amor. La única vez que pronunciaste el nombre de James… bueno fue un grito de terror, ahí fue cuando despertaste .
Calló durante un largo minuto, espere, pero no tuve la suficiente fuerza.
-
Sirius, por favor… termina de contar todo… ¿A quién nombraba?
-
A un tal Harry.
¡¡¿¿QUÉ??!!
No puede ser, James me escuchó cuando nombraba en sueños a nuestro supuesto hijo. ¿James se puso celoso de su hijo?
Una risa nerviosa empezó a salir de mis labios.
-
No te burles de mi amigo… él te quiere de verdad, desde que lo conozco no ha querido a nadie más que a ti… bueno sé que no es tan santo, y ha estado con varias chicas, pero nunca por algo serio.
-
No me rio de eso… es que… si pudiera contarte la historia fuera más fácil de que lo entendieras… pero no preguntes, que eso sí que no lo puedo contar.
-
Bueno, ya lo sabes… él se sintió mal porque a pesar de escuchar que querías a otro te siguió cuidando…... ¡A cierto! Lo peor fue cuando ese amigo tuyo apareció en el colegio.
-
¿Aidan? Pero el que tiene que ver.
-
Hay, ¡Lily! Aidan, es Aidan Harry.
-
OOH…
¡¡Porque rayos se tenía que llamar Harry!!
Seguramente James intentó amarrar cabos por sí solo. Y naturalmente lo hizo mal. Pero y ahora como soluciono este problema. ¿Debería hacerlo? Es decir, si James piensa que quiero a otra persona, él se alejara de mí y así no nos casaremos, no tendremos un hijo, no morirá y no dejaremos un bebé de un año huérfano.
-
¿Lily?
-
mmm- mascullé mientras seguía con mis cavilaciones.
-
¿A ti te gusta James?
Mis ojos se abrieron como platos. La pregunta me tomó por sorpresa, por lo que empecé a ponerme nerviosa. No hable, porque si lo hacía, apuesto a que iba a empezar a tartamudear.
-
Bueno, solo es una pregunta- alzó los brazos a la defensiva- es que en la forma que lo miras y hablas de él. Además que es obvio que detestas verlo con "Isabelita"
-
Yo…no… para nada… tu amigo me parece un tonto descerebrado, egocentrista, narcisista, machista…eh… y todo lo que termina en ista.
-
Y entonces ¿Por qué aferras tanto esa pulsera?
Bajé la mirada y me di cuenta que sostenía el pergamino a la altura de mi pecho. Muy, muy fuerte.
La solté de inmediato, pero el rubor en mis mejillas no lo podía ocultar. Sirius se había dado cuenta.
-
No, no, no… no lo trates de ocultar… ¿Por qué no están juntos entonces? Bueno quiero decir… ambos se gustan, ambos se quieren. ¿Por qué tienes tanto empeño en alejarlo de ti?
-
Hay, Sirius- suspiré con resignación- traigo cargando en mis hombros una larga historia. Un peso que te juro que no quiero tenerlo- me miró con intriga- está bien, quieres saberlo. Me gusta James. Yo le quiero. Yo lo amo- susurré, él siguió prestando atención, sin hacer ningún comentario- ¡Pero no puedo estar con él!
-
¡¿Pero por qué?!
-
Porque es lo mejor para ambos… para muchos.
-
¿Desde cuando te gusta?
-
Desde el día en que lo conocí. Mucho antes creo. Han sido 6 años en los que intentado alejarme de él. Y no he podido.
-
La verdad, es que no lo entiendo.
-
No es necesario que lo entiendas Sirius. Simplemente que no lo digas. Prométeme que jamás le contaras a James lo que he dicho ahora.
Hizo un asentimiento de cabeza. Y eso fue suficiente para mí. Sirius era amigo de James, y siempre se contaban todo. Pero también era mi amigo, y yo confiaba en él.
-
¡Odio a mi familia!- pronunció muy fuerte después de unos minutos en silencio.
-
¡¿Cómo?!
-
Que los odio. No pienso volver a esa casa de locos. Me voy a escapar. El próximo verano no volveré.
El ceño fruncido que tenía en ese momento le hizo darse cuenta que no entendía muy bien las cosas.
-
Ayer. Tú me preguntaste, por qué no había ido a pasar las vacaciones con James. Y no te quiere responder. Él fue para pedirles que me dejen quedar ahí. Ojala y acepten.
-
¿Por qué me lo cuentas ahora?
-
Porque tú confías en mí, y yo confió en ti.
Esbocé una sonrisa. Y el también. Sus brillantes dientes relucieron. Sirius era un chico verdaderamente guapo, con su cabello negro y con sus ojos grises cautivaba a cualquiera. Pero su sonrisa no se comparaba con nada.
Me dio un ligero golpe amistoso en el hombro, y luego se lanzó hacia mis chocolates.