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Historia 191773 — capítulo 16

Entre sangre y lágrimas

Un lazo fraterno fue amarrándonos a Sirius y a mí en los días posteriores a la navidad. Cuando no jugábamos ajedrez mágico y me vencía de una forma poco usual, conversábamos de diferentes temas. La mayor parte fue acerca de las bromas que le realizaban a sus compañeros de otras casas. Me había dicho que estaban planeando una para los Slytherin, pero que no me lo iba a decir que es. Que sería mejor si lo veía. Además de que soy prefecta y no debía meterme en problemas enterándome de que van a infringir la ley y no evitarlo.

Pero las vacaciones se terminaron y nuevamente el colegio se llenó del usual hablar de los alumnos, del sonido de los pasos corriendo por los pasillos y alguno que otro grito de parte de estudiantes que sufrían de terribles bombas de agua o alguna cosa desagradable lanzada muy amorosamente por Peeves.

No había tenido tiempo de una plática decente con mis amigas. Así que aprovechamos el tiempo libre del fin de semana para tomar un buen baño.

  • Hahhh- suspiramos Mary, Cherry y yo, al introducirnos en el agua caliente.

  • Ya me hacía falta uno de estos baños- murmuró Cherry mientras se hacía una coleta, para que su cabello no se mojara- ¿Estas segura que nadie vendrá?

  • No hay problema- respondí- puse un hechizo en la puerta y nadie entrara.

  • Mala niña- se rio Mary- dejando entrar a alumnos que no son prefectos a estos baños… mal, mal, mal.

Levante los hombros en señal de queme-importismo. Si bien yo era prefecta y tenía que preocuparme por el orden de los estudiantes y que no cometieran ninguna infracción. Eso no incluía dejar de ser una adolescente a la que de vez en cuando le gusta pasarse las reglas. Simplemente reí ante el comentario sarcástico de Mary y me zambullí en la gran bañera.

Luego de unas cuantas brazadas, mis amigas empezaron a relatar cómo habían pasado sus vacaciones.

  • Pues mi madre me dio la emocionante noticia de que está embarazada otra vez… saben que es lo peor, si es mujer piensa ponerle Eloy… eso jamás lo permitiré. Mi hermana se llamó así, y no quiero que nadie tome su lugar.

Eloy, la hermana de Mary había muerto en situaciones muy sospechosas junto con su padre. Ella le tenía una especie de rencor a su madre por ocultarle la verdad.

Nos quedamos sin hablar por un momento, solamente el pop de las pequeñas burbujas al reventarse rompía el silencio, hasta que Cherry intervino.  

  • Puag… ese matrimonio dio ganas de llorar- frunció el ceño- la novia en plena ceremonia le dio uno de esos malestares del embarazo al ver a una niñita que estaba comiendo disimuladamente… se vomitó encima del novio y salió corriendo… nadie sabía que es lo que pasaba, pensaron que mi prima huyo porque no quería casarse - me quedé sorprendida de la capacidad de mi amiga para cambiar los temas con tanta facilidad.

›› Al final todos se enteraron que SI estaba embarazada- pronunció el Si en señal de autosuficiencia- ya no hicieron un matrimonio y una gran fiesta como estaba planificado, fue muy sencilla. Lo bueno es que tuve tiempo para hacer la tarea, como ya no tuve que estar sonriendo todo el tiempo, me fui a mi habitación… y ¿Qué pasó con tus vacaciones Lily?

  • Bien… Sirius me agrada…mmm… trató de ligar conmigo.

  • ¡¿QUÉ!?- soltó Mary, abriendo los ojos y dejando la boca abierta.

  • Tranquila mujer… solo estoy de broma, deja los celos aun lado.

Cherry y yo empezamos a reírnos del cambio de color de mi amiga. De su normal tono moreno paso a casi, casi como mi cabello.

Enero se fue sin dar mucho que contar respecto a las diferentes clases, unas pociones por aquí, unos encantamientos por allá y ¡Un maldito cerdo que no se quería convertir en mesa para transformaciones! Esa materia sí que no se me daba.

Pero lo que verdaderamente llenaba de tensión el ambiente era el momento en que las lechuzas entraban al gran comendar a la hora del desayuno.

La mayor parte de los estudiantes tenían miedo de la información que traían en sus cartas. Temían que fuera anunciando la muerte o el accidente de alguno de sus familiares. Un gran suspiro de alivio llenaba el comedor cuando se daban cuenta que lo único que traían las lechuzas era: alguna ración de golosinas, algunos libros olvidados o simplemente cartas con un pequeño saludo.

No obstante tres estudiantes ya se habían enterado el fatal acontecimiento que había ocurrido en sus familias. Por lo consiguiente, ellos habían abandonado el colegio, para refugiarse con los pocos miembros de la familia que aún les quedaba.

No eran muchos los que recibían el diario el profeta todas las mañanas. Yo me había suscrito, para poder tener información de lo que ocurría fuera de los muros de colegio. Pero la información era tan poca que apenas se resumía a un "Muerte de tres muggles: caso a investigar".

Después del inconveniente en el callejón Diagon, la seguridad se extendió. Pero no podían hacer mucho. Los aurores no se daban basto para poder atrapar a los mortífagos que se expandían por toda la Gran Bretaña. La guerra había comenzado y yo sabía que las matanzas a gente inocente no iba a cesar tan fácilmente.

  • No puedo creer que no haya ninguna información en el profeta de los ataques que hubo en el pueblo cerca de mi casa- masculló Remus, mientras bajaba el diario, se le veía débil, hace pocos días había pasado la luna llena- mi madre me envió la noticia en una carta.

  • Me imagino que no quieren aterrar a la gente- intervino Mary.

  • Bah…- James sopló fuerte- lo único que consiguen es que la gente deje de confiar en el ministerio.

  • La cosa se está poniendo cada vez más fea- miré fijamente mi desayuno.

Le di un mordisco a la tostada que tenía en mi mano, como un acto reflejo más que por tener hambre. Será que estoy haciendo bien las cosas, lancé en un pequeño resoplido casi inaudible

  • ¿Que dijiste Evans?- me interrogó James con sus ojos fijos en los míos.

  • No… nada.

  • Tu voz suena un poco extraña… ¿Te pasa algo?

  • ¡Te dije que nada! ¡Potter!

  • ¡Solo estaba preguntado!- dio un golpe en la mesa, haciendo saltar los trocitos de queso que Peter había cortado para comérselos.

  • ¡Pues metete en tus asuntos y no hagas preguntas! 

  • Que mal humor traes…

  • ¡Piérdete!

Agarró su mochila y salió del gran comedor sin dar la vuelta atrás. Siempre me dejaba con la última frase, pero era él quien se iba con su caminar arrogante.

  • ¡Definitivamente, a ustedes dos los voy a encerrar en un cuarto bajo mil encantamientos para que se descarguen y ya dejen de pelear!- intervino Mary- será que algún día tendremos paz.

  • Lily, creo que deberías ir a arreglar las cosas con James- dijo Sirius, utilizando un tacto muy suave- no sé, conversen… ya no queremos escucharlos pelear todo el tiempo. ¡Es estresante!

  • ¡Yo no voy a ir a buscar a ese orgulloso!

  • Mira quién habla de orgullo. A demás tú tienes cierta culpa en todo esto- Sirius me quedo mirando con autosuficiencia. Yo aún no había aclarado el problema con el nombre entre sueños, y la verdad no estaba segura en si quería corregirlo o no. Pero tenía un "gracias" que decirle.

  • Ahhjj… está bien, voy tras el chico presumido en este mismo momento- solté mientras tomaba un caramelo de limón de la mesa-pero no aseguro nada de eso de la paz.

Agarré mi mochila y el periódico y me apresuré en salir del comedor. No sabía hacia donde se había marchado, así que tome el camino hacia los jardines. A lo lejos vi un chico con andar desganado y cabello desordenado. Era James. No corrí, pero caminé lo más a prisa que podía, no tenía mucho tiempo, las clases comenzaban en 15 minutos.

Él empezó a perderse por los terrenos, únicamente su cabello se veía a la distancia. Pero una niña de cuarto año me detuvo para que le prestara el diario que tenía en mis manos, se lo di y empecé a correr en la dirección a la que había ido. Lo perdí de vista.

Los alumnos quedaron atrás, no había nadie cerca, ni rastros de James.

  • ¡Potter! ¿Dónde rayos estas? ¡Potter!

Hacia frío y no había traído mi bufanda, el viento golpeaba mi espalda y revoloteaba mi cabello lanzándolo contra mi cara.

  • ¡Assh! Bien merecido lo tengo por venir a buscar a un niño engreído como tú.

No sabía si me escuchaba o no. Si lo hacía, iba a responder, y si no, pues, nunca sabría que estaba hablando sola.

  • Mira Potter, tampoco estoy feliz de tener que hablar al viento esperando a que me escuches. Puedes aparecer… ¡¡WAAAA!!

Había caído dentro de un agujero muy, muy grande.

  • Pero qué diablos hace un hueco en el colegio- solté exasperada mientras me incorporaba y sacudía la tierra de mí uniforme, esto es lo último que me faltaba- ¡¡haaa!!

James apareció con aspecto fantasmal escondido entre la sombra del agujero, con la varita levantada y brillando con la poca luz que se salía de la punta.

  • No lo sé, tal vez adornar los jardines un poco no crees- soltó con sarcasmo puro.

  • Ja… muy chistosito Potter.

  • Para qué más crees que es… Hagrid me dijo que cavaria huecos para atrapar a un animal que se le escapó al profesor de cuidado de las criaturas mágicas.

  • Pues yo no lo sabía… de todos modos, parece que también sirve para atrapar a pobres estudiante que caminan por los jardines.

Por un momento vislumbre una torcida sonrisa en su rostro. Pero fue tan fugas que pareció que nunca había existido.

  • ¿Para qué me buscabas Evans?

  • Bueno… yo… hummm… quería agradecerte por lo que hiciste en el callejón Diagon hace tiempo.

  • ¿A qué te refieres?

  • Mira Potter no soy muy buena que se diga dando gracias a héroes frustrados- sus ojos mi miraban con incredulidad,creo que no empecé de la mejor manera- ¡hay! no quise decir eso. La cosa… es que… fue muy… agradable de tu parte el haberte puesto delante de mí y del crucio .

  • A eso, no importa… solo fue… ¡No se, no importa!

  • De todas maneras aunque no importe, creo que debería agradecerte…

Levantó la mano con un gesto de inconfundible de "me vale lo que tengas que decir" pero lo ignoré.

  • …y pedirte que no lo vuelvas a hacer.

  • ¿Qué?... ha sí… perdón, es que se me olvidaba que tú eres "Lily, no me importa que me maten pero quiero mantener mi orgullo intacto, Evans".

-¡Qué?! ¿Cómo que orgullo?

  • Si Evans, eso es lo que eres. Una orgullosa que no acepta ayuda. ¡¿Por qué diablos no te fuiste con Sirius como te lo había pedido?!

  • ¡Y huir mientras que te apuntan el trasero con la varita para matarte!

  • ¡¡Puedo cuidarme solo!!- lanzó un grito lleno de furia, sus ojos flamearon en mi dirección .

  • ¡Lo sé! ¡Solo que no iba a permitir que algo te pasara, mientras yo huyo del lugar!

Su semblante cambio. Me miró con ternura y de inmediato fijé mi vista en una pequeña roca que me pareció muy interesante.

Vi con el rabillo del ojo, como se debatía entre acercarse a mí o no.

Necesitaba un abrazo, pero no podía pedírselo a él. Tenía que encontrar una forma de salir de una vez y por todas de este agujero. No soportaría mucho tiempo estando junto a James en un lugar tan cerrado.

  • ¡Ayuda!- empecé a gritar con fuerza, esperando que alguien me escuchara y me sacara de este lugar - ¡Sáquenme de aquí!

Poco después, mi garganta empezó a lanzar graznidos poco audibles. Nadie se encontraba cerca y el agujero era muy hondo como para escalarlo.

  • ¿Por qué no dejaste que te cuide?- escuché decir muy suavemente a James, mientras este apuntaba con su varita la piedra y hacia que de vueltas- ¿Por qué te haces la dura conmigo todo el tiempo?

  • Yo no…

  • Si lo haces...- se acercó suavemente- te alejas de mí, huyes, te escondes, tratas de pasar el menor tiempo posible a solas conmigo. Ese día en el caldero chorreante fue uno de los escasos momentos en los que… por eso quise cuidarte ¡Maldita sea, ya no soporto esto!

  • Escúchame yo…

Quería abrazarlo, fundirme en sus brazos, quererlo, dejar que me cuide y cuidarlo. Quería amarlo. Pero una cantarina voz interrumpió lo que iba a decir.          

  • James… mi vida… ¿Dónde estás?... Ohhh.

Su rostro mostró sorpresa. Se quedó con los ojos como platos. Mientras alternaba su mirada de James a mí.

  • ¿Qué se supone que es esto?- espetó Isabel llena de furia.

No me había dado cuenta hasta ese momento la situación tan incómoda en la que nos encontrábamos James y yo. Él me tenía arrinconada contra el muro de tierra y sujetaba fuerte mis brazos. Estábamos muy cerca el uno del otro. Demasiado cerca. Cualquier persona en su sano juicio pensaría que no solo estábamos conversando. De hecho seguramente pensarían que era mucho más que besos y abrazos.

James aflojó sus manos alrededor de mis brazos pero no los retiró y  en un susurro me dijo: Actúa

¿Actúa? No entendí a qué se refería ¿Cómo que actúa?

  • Isabel… ayúdanos, nos caímos y Lily está teniendo un ataque de claustrofobia. Mírala.

Me miró directo a los ojos. Entendí su punto. Él quería que finja un ataque para disimular la cercanía de los dos. James no quería perder a Isabel por mi culpa. Yo no podía ser tan egoísta y decir la verdad ¿O sí?

Lo medité por un segundo. Y empecé a fingir que me ahogaba.

  • ¡No puedo respirar! ¡Ayuda! ¡Por favor!

Llevé mi mano a mi pecho y simulé que me desmayaba, agarré la túnica de James y me tumbe al piso, lastimosamente la jugada se fue de las manos y el cayó sobre mí.

  • ¡Pero qué haces Evans! ¡Aparate de mi novio!- escupió la chica histérica.

  • Isabel, no ves que se encuentra mal… ve por alguien.

  • Pero James…

  • ¡AHORA! Ve por alguien.

Sentí el peso de James todavía sobre mí. Abrí los ojos para encontrarme con su mirada. Era una situación verdaderamente incomoda. Me moría por darle un beso.

Paso sus dedos por mi rostro provocándome una sensación electrizante que recorrió por cada una de las partes de mí cuerpo. En ese momento me quedé sin respiración. Quería empujarlo, zafarme de él. Pero una fuerza mucho más grande me incitaba a querer besar su cuello, su mandíbula, su boca. Sentir el calor que emanaba su cuerpo sobre el mío, su respiración entrecortada, su olor... me descontroló. Acerqué mis manos temblorosas a su pecho y toqué con la punta de mi dedo el espacio que dejaba el botón suelto de su camisa, marcando una línea recta en su piel desnuda pasando por su cuello hasta su mentón y ligeramente su labio inferior. Tembló con mi fino roce y vi la misma lujuria que corría por mi cuerpo en sus ojos. Se acercó lo suficiente, su nariz acariciaba a la mía, su aliento frío acariciaba mis labios. Ladeé la cabeza. Iba a besarme. ¡Necesitaba ese beso con urgencia!   

  • ¡James! ¡Lily!…- alguien se acercaba gritando, era Hagrid... en el mismo momento en que la voz llegó a nuestros oídos James se levantó de un solo salto, dejándome petrificada en el suelo.

La cabeza empezó a darme vueltas, me temblaban las piernas y las manos, tenía dificultades para respirar ¡Malditas hormonas!

No fui consiente de levantarme hasta que vi el gran rostro de Hagrid asustado en el filo del agujero.

  • Niños por Merlín, son magos porque no hicieron algo con su varita para salir.

No sabía que responderle, al parecer el aliento de James se llevó mi voz.

  • ¿Y qué íbamos a hacer? Usar un hechizo levitador… somos muy pesados- respondió él con tono de voz demasiado normal.

  • Bueno, eso ya no importa. Tú novia me dijo que Lily estaba con un ataque.

  • ¡Así! Mira… ella estaba un poco mal… ¿Podrías sacarnos de aquí?

  • Claro, claro- se apresuró a soltar una larga escalera por la cual tendríamos que subir. Me levanté intentando no caerme. No dejaría que James, Hagrid e "Isabelita" me vieran en ese estado.

Subí rápidamente la escalera, sin importarme si James me veía las piernas o la ropa interior desde abajo.

Al parecer no todos los síntomas pude ocultar. Porque apenas salí, Hagrid me recibió con un: "Mira que pálida estas Lily. Ven, una buena taza de té te calmara los nervios".

Le insistí en que mi tono de piel era ese y que no se preocupara por mí. Pero me hizo prometer que ira donde la señora Pomfrey para que me diera algo para el estómago cuando vio que me dio nauseas. El problema es que no fue algo que haya comido, sino un exceso de dulce entre Isabel y James.

Ella le había recibido tan calurosa y apasionadamente. Y parecía que tenía la extremada necesidad de demostrar cuanto se querían.

Pero eso ya me lo había dejado bien claro él mismo…

Los posteriores días me lo pase tratando de ocupar todo mí tiempo libre para no tener que pensar en James. 

Me levantaba por la mañana con el tiempo justo para bañarme, cambiarme y bajar a desayunar. En clases las únicas personas que llamaban mi atención eran los profesores, hasta puede percátame de que el profesor Binns cada media hora soltaba un bufido al ver todas las cabezas a punto de colapsar sobre sus asientos y del pequeño lunar en la frente de la profesora Sprout. Estúpidamente en los almuerzos analizaba cada alimento que iba a comer. Los ratos libres pasaba metida en la biblioteca oculta bajo centenares de libros, no importaba el tema que fuera, con tal que contenga letras y un argumento lo leía.

Lastimosamente la biblioteca cerraba a las 8 y los alumnos se reunían en sus salas comunes o en algún lugar junto con sus amigos. Pero yo había decidido que tenía una cuantas libritas de más, y empecé a salir ilegalmente a correr por los jardines todas las noches hasta eso de las 12.

Corría por todos lados, corría hasta que me doliera el costado, corría hasta que ya no podía pensar, hasta que me mareaba de tanto cansancio, hasta que mi sudadera quedaba completamente empapada.

Corría para liberar todo el dolor que me causaba el ver a James con Isabel todos los días.

Él la quería a ella, y a mi… bueno a mí no me quería precisamente para algo digno de contar.

Sus ojos me lo dijeron, a ella la amaba y a mí me quería para meterme a la cama. Por eso había querido que fingiera un ataque, para no arruinar su relación con ella. ¡¡¿¿Por qué diablos lo hizo??!!¡No vio que duele!

  • ¡¡¡MALDITO POTTER!!!- golpeé mi puño contra un árbol, tratando de que todos las iras se me fueran con la sangre que empezó a brotar de los nudillos que me había lastimado al astillarme.

Me derrumbé... ya no podía más, las lágrimas empezaron a brotar por mis mejillas como si fuera una lluvia torrencial.

Traté de secarme con las manos, pero lo único que conseguí fue que la sangre me dejara pegajosa la cara.

Estupendo, ahora no solo estaba corriendo a la media noche por los jardines sino que además tenía la cara llena de sangre y lágrimas. ¡Que patética situación!

Empecé a correr nuevamente, la mano me palpitaba. Me acerqué al lago para lavarla, pero me quede a pocos pasos de distancia. La vista era maravillosa, pero ocultaba una terrorífica verdad. La verdad de uno de mis amigos. La luna llena brillaba dándole un tono azulado a la superficie del agua.

No me había dado cuenta que ya había pasado un mes desde que mi pena creció olímpicamente. El mes de febrero pasó junto con el ciclo lunar y ahora había un hombre lobo corriendo por los alrededores y oliendo sangre fresca.

Ahogué un grito cuando algo rozó mi espalda. Mi cuerpo entero se congeló, estaba un tanto lejos del castillo, no iba a poder correr, no iba a avanzar, el lobo me iba a morder.

Pero antes de que me desmayara del miedo, me empezaron a empujar en dirección del castillo.

Me giré para ver qué era lo que no me comía y si me empujaba. Era un ciervo. Un ciervo con ojos cafés claros y pelaje del color de la miel. Era James, el "animal" al que menos quería ver.

Sus ojos se abrieron asustados al verme a la cara, seguramente el rostro lleno de sangre no favorecía a mi aspecto.

Trató de empujarme con sus cornamentas, pero no quería que me toque. Alcé el brazo con una fuerza poco usual al mismo momento en el que empujaba sus afiladas cornamentas.

Fue un choque un poco… doloroso. Una de sus astas se clavó en mi brazo. Lancé un fuerte gemido de dolor. Más sangre de mi cuerpo empezó a derramarse mientras el ciervo-James intentaba quitar lo más despacio posible su asta clavada en mi brazo, pero no lo lograba y el dolor punzante aumentaba a cada momento.

Saqué la varita con mi otra mano que estaba lastimada por el puñetazo en el árbol y apunte a la intersección entre la piel y el asta.

  • Relashio- murmuré, y salió chispas empujando a James y una distancia de dos metros.

El brazo empezó a doler mucho más que antes y la sangre brotaba como mares, dejando un charco de sangre en el lugar en el que estaba parada.

Un pequeño ladrido sonó a la distancia y James se apresuró a empujarme esta vez con el costado. Le miré a los grandes ojos que tenía en ese momento y empecé a correr, Remus estaba cerca y olía la sangre.

No paré de correr hasta llegar a la sala común, la señora gorda me dejo pasar sin ni siquiera mirarme, sino hubiera hecho alguna clases de exclamación viendo las manchas que dejaba tras de mí.

Sostenía el brazo lo más fuerte que podía, no podía ir a la enfermería. ¿Cómo le explicaba a la enfermera que estaba a estas horas de la noche corriendo por los terrenos de colegio y que un ciervo intento hacer que entrara antes que un hombre lobo me matara?

No sé de donde saque las fuerzas para subir corriendo todas esas escaleras, pero al llegar frente de la chimenea me desplomé en el piso. Seguro y había perdido demasiada sangre, estaba mareada y los ojos se me cerraban de a poco.

  • ¡Lily! Despierta Lily- una voz lejana intentaba hacerse más fuerte cada vez- ¡LILY!

Abrí los ojos y vi a James junto a Sirius, todavía estaba en la sala común y era noche.

  • ¡Por Merlín! Has perdido mucha sangre, vamos a la enfermería- Sirius se apresuró a cargarme.

  • ¡No! Yo puedo curarme, solo estoy mareada, ya me pasara.

  • Lily, hemos seguido un rastro de sangre hasta aquí y mírate esta toda… roja.

  • Es solo mi cabello- intenté bromear sin éxito, mientras que sus caras mostraba mucha más preocupación que antes.

  • No insistas, te vamos a llevar a la enfermería quieras o no- espeto James.

  • ¡Tú y cuanto más!

  • Por favor, no hagas las cosas difíciles… Sirius y yo somos mucho más fuertes que tu… además mírate, estas tan débil que tus gritos suenan como susurros de gusarajo.

  • ¡Piérdete Potter!

  • Bahh… ni siquiera en estas condiciones dejan de pelear- Sirius me levantó de un solo tirón, procurando que el brazo que tenía tremendo agujero cerca del codo quedara sobre mi pecho- igual te llevo.

  • Abra problemas… la señora Pomfrey preguntará, y no quiero decir la verdad.

  • Ya inventares algo nosotros- dijo James mientras abría el retrato de una señora gorda muy enojada.

Me sentía mareada y débil, tenía sueño. Pero la señora Pomfrey no me dejo dormir hasta que me tome una poción color rojo obscuro para que me restableciera de la hemorragia. *Puag, parecía sangre y tenía un sabor saldo y metálico.*Por un momento pensé que en realidad me estaba haciendo tomar sangre, pero era demasiado liquida.

Me puso una pasta verde en la herida y de esta empezó a salir vapor. La limpió y curó muy rápido. Pero aun así me dijo que no utilizara el brazo para nada por lo menos hasta que esté bien curado. Me dijo que tenía que ponerme la misma pasta durante dos días, y que tenía que pasar esos dos días en la enfermería, cosa a la que me negué rotundamente.

Ya eran las cuatro de la mañana cuando me metí en la cama, pero no podía dormir, tenía punzadas en el brazo, y además con el cabestrillo que me puso, no podía moverme libremente.             

Digamos que el día siguiente no fue el mejor que haya tenido. Apenas me levanté, me dispuse a olvidar todo lo que había ocurrido la noche anterior. Hacer como que todo estaba normal y afirmar lo que había dicho Sirius acerca de mi gran desequilibrio que fue el que me hizo rodar las escaleras y clavarme el brazo en uno de las barandas. En un intento por pasar desapercibidos, me preguntaron qué fue lo que me paso, pero yo no les respondí. Me había podido librar de mis amigas diciéndoles que si me seguían molestando no les ayudaría con los exámenes.

Pero mis planes para realizar la rutina que ya había llevado por un mes se vio ofuscada con la primera persona que encontré al llegar a la sala común.

  • ¡Pero qué demonios!- chillé al ver cómo me arranchaba la maleta de mi hombro sano y se la cargaba él- mira Potter no estoy de ánimos para tener que aguantarte… ¡Dame mi maleta!

Pero él solo alzo los hombros y empezó a caminar hacia la salida.

Me quedé con la boca abierta. ¿Y ahora qué carajos quería?

Camine tras él, aun me sentía débil por lo que no le pude alcanzar hasta que llegue al gran comedor, en donde ya se había sentado alado de Sirius y Peter.

Me senté a unas cuantas bancas de distancia, el me miró con ira y camino hacia mí, me agarró del brazo sano y me llevo a trompicones hasta donde él había estado.

  • ¡Suéltame! ¡¿Qué, ahora tienes carácter de trol?!

Me miré, se sentó y nuevamente me ignoré. Resople con ira. ¿Es que alguien puede ser tan estúpido y troglodita como él? Primero me ignora, entra con otra, la besa en mi cara, no me habla y ahora me trata como a un saco de patatas.

  • Come- espetó con tono normal.

  • ¿Cómo?

  • ¡No dije "como", dije CO-ME!

Baje la mirada y vi un emparedado cortado en diferentes trocitos, al igual que una papaya, un vaso de leche y un brownie.

  • No me gusta la leche... y por si no te has dado cuenta Potter, yo puedo escoger perfectamente mi desayuno.

  • Mira Evans ¡Sé que no te gusta que te cuiden, pero no me pase cortando ese emparedado en pedazos pequeños para que no te los comieras! ¡Así que come de una vez por todas!

  • Puedes bajar la voz, todos están mirando el espectáculo que estás haciendo y bájale a ese tonito altanero, no seas atrevido.

Los estudiantes que se encontraban en el comedor no hicieron el más mínimo esfuerzo en disimular sus miradas indiscretas. Algunos veían con asombro el carácter de James, otros soltaban una risita al verme a mí. Pero Sirius y Peter se miraban entre sí y negaban con la cabeza.

  • No me importa, ¿Quiéres que te de comer en la boca… o prefieres hacerlo tu solita?

Me sentía humillada. Él se portaba así, no porque yo estaba herida, sino porque él había sido el culpable. Tenía remordimiento.

Agarré con la mano izquierda uno de los pedazos de la tostada y empecé a comer, mientras James lanzaba una sonrisa de autosuficiencia.

También me dolía la mano izquierda, en la noche solo había hecho que me curara el brazo, no me había acordado de los raspones que tenía en la mano.

Perfecto, que más podía pedir, el brazo derecho con un cabestrillo y la mano izquierda lastimada los nudillos.

  • ¿Qué te paso en la mano?

  • ¿Qué te importa?... Tengo que ir a clases, me podrías dar mi maleta de una vez por todas.

  • No, fíjate que no te la doy… vamos.

  • Potter… ya bastante he tenido con el papelón que acabas de hacer como para tener que aguantarte por más tiempo… me da urticaria tenerte tanto tiempo cerca.

  • Pues te aguantas la urticaria y dejas que te acompañe… o… nada, de todos modos te acompaño.

Le lancé una mirada de odio. Waaaaa… no lo soporto.

La mañana fue muy pero muy difícil. Había tenido que soportarlo durante Transformaciones, Encantamientos y Aritmancia sentado junto a mí. No le importaba la cara de indignación que tenía y abría sin permiso mi maleta y sacaba pluma y pergamino y empezaba a hacer apuntes.

Al cabo de unas horas empecé a darme por vencida, porque no le importaba nada de lo que decía y los profesores se veían encantados de que tenía un buen compañero que me ayudara.

En el almuerzo comí lo que había puesto frente a mí, sin hacer ninguna queja y sin mirarle la cara. No quería otro espectáculo como el de la mañana. Escasamente había colocado un bocado en mi boca, era muy difícil sostener el tenedor y cortar la carne, pero no quería que empiece a hacer trocitos. Así que apenas se puso a conversar con Sirius agarré la mochila y me escabullí del gran comedor.

Tenía mucho tiempo libre y no tenía que hacer. Así que me dirigí a la enfermería para ver cómo estaba Remus.

  • Hey, Lily ¿Cómo estas?

  • Bien… viniendo a ver como tu estas.

Alzo una ceja con incredulidad, si le sabía venir a ver, pero nunca a esta hora, siempre venia cuando ya pasaba la luna llena completamente.

  • ¿Segura?

  • La verdad, es que estoy escapando de tu amigo.

  • ¿De mi amigo?

  • Si… de James, es que esta todo el día persiguiéndome, cargando mi maleta, copiando mis apuntes, hah, solo le falta darme de comer en la boca.

  • ¿Y eso te molesta?

  • Si… bueno no y sí. Me agrada que se preocupe, y todo eso, pero no me gusta la actitud que tiene… no lo hace porque quiere sino porque se siete culpable.

  • Ehh… ¿Por qué piensas que se siente culpable?- empezó a titubear.

  • Bueno… porque, no se- traté de inventar algo- creo que es porque ayer fueron él junto con Sirius los que me encontraron… en la sala común… no sé, pero es tan autoritario y grosero, odio esa actitud de machito que utiliza.

  • Entiéndele Lily, deja que te cuide hasta que el brazo este totalmente curado…

Lo medité un rato y luego asentí, el acarició mi cara con su mano llena de pequeños cortes. Nunca le preguntaba porque estaba en la enfermería y Remus me lo agradecía con la mirada.

  • ¡Así que aquí estas!...- era la voz de James- ya decía yo que no podías mantenerte quieta, apenas viro la cara y ya desapareces.

Solté un bufido mientras escuchaba la réplica de James, Remus lanzó una sonrisa al ver mi cara y me apretó la mano mostrando claramente un "solo hasta que se cure tu brazo"

  • Tienes Runas, vamos te acompaño.

  • Tú tienes... alguna cosa que hacer por ahí, no se algún entrenamiento de Quidditch… puedo llegar sola.

  • Lily…- me regañó Remus.              

  • Esta bien, acompáñame, ojala que te atrases a tu entrenamiento y te echen del equipo.

  • Lily…- empezó nuevamente mi amigo licántropo.

  • Aish, está bien ya no digo nada- y le alcancé la pesada maleta a James para que se la cargara al hombro- nos vemos Remus.

Salí de la enfermería y escuche como Remus le decía a James que no me trata tan mal.

Fuimos caminando despacio hasta la clase de Runas, muy cerca pero sin decir ninguna palabra.

Entró en el aula y dejó mi maleta en una de las mesas del final y se limitó a decir solo una frase

  • Así no se dará cuenta de que no coges apuntes.

Y se fue.

Isabel que se sentaba hasta delante, me quedó viendo de tal manera que si las miradas mataras, yo ya habría sufrido cinco muertes seguidas.

Me empezaba a punzar nuevamente el brazo, pero no le hice caso al dolor. ¿Cómo pretendía James que me olvidara de él, si no se despegaba de mí? Por favor que se sane pronto mi maldito brazo.

Al final de la hora vi como Isabel salía corriendo hasta la puerta con una sonrisa de ojera a oreja y se abalanzaba encima de James para plantarle un sonoro beso.

  • ¡Amor que bueno que me viniste a ver! ¡Te adoro!

Puag… eso si era mucho peor que la poción para regenerar la sangre.

Hice una imitación de náuseas y James se soltó de Isabel para coger mi mochila.

  • James… ¡No me digas que no fue a mí a quien viniste a ver!

  • Isabel tranquila… solo es porque está herida el brazo y… McGonagall me pido que la cuidara por estos días.

¡¡¡¿Cómo que McGonagall?!!! No, no, no… James ya paso la raya de la idiotez.

  • Me voy a la biblioteca permiso- intenté pasar pero él se interpuso.

  • Voy a pasar todo el maldito día contigo así no quieras.

  • ¡Quítate Potter!

  • James deja que vaya y mejor ven y me comes la boca- murmuró melosamente la chica.

  • ¡NO! Yo, voy a la biblioteca con ella.

  • Voy contigo mi vida.

James lanzó un suspiro y luego asintió con la cabeza, mientras Isabel le daba besos por toda la cara.

Ya no me importó la mochila y empecé a caminar en sentido contrario a la biblioteca. Cuando James se dio cuenta yo ya estaba a mucha distancia de ellos.

  • ¡Evans! ¡Espera!- me alcanzó en unas cuantas zancadas, mientras Isabel todavía estaba lejos de nosotros- ¿Qué no escuchaste que iba a pasar todo el día contigo?

  • ¡Escúchame Potter!¡ ¿En realidad piensas que te voy a aguantar a ti y a tu estúpida novia toda la estúpida tarde en la estúpida biblioteca?- sentí los ojos arder "no voy a llorar, no voy a llorar" me repetí cada segundo- ¡Estas mal Potter si crees que eso va a ser posible! ¡Yo me largo!

  • ¿Qué pasa, vamos a la biblioteca?- se acercó Isabel abrazando a James y dándole un beso en el cuello.

  • Si.

  • NO- dijimos al mismo tiempo.

  • Mira Evans, tienes en un brazo sostenido con un cabestrillo, no puedes ni escribir… y la otra mano lastimada… bueno ahí sí o sé que te paso, pero ...

  • ¿Y tú si sabes que fue lo que me paso en el brazo Potter?- le interrumpí- ¿Por qué yo no te lo he dicho?- bingo, di en el clavo, James se quedó con a boca abierta y con ganas de responder, pero no le salían las palabras adecuadas.

  • No preocupes más por mí… ¡Pásalo bomba con tu novia!- empecé a caminar, pero me gire apenas había dado un paso- y no te preocupes por McGonagall, yo le digo que me cuidaste su-per-bien - mi voz salió con un tono amargo, pero trate de ignorarme a mi misma.

Llegue a la sala común un rato después y me senté frente a la chimenea para tratar de ponerme la pasta verde en el brazo y así librarme de ese estúpido cabestrillo de una vez por todas.

De mi habitación me habían echado Azul y Holly porque les daba asco ver la herida. Y al parecer en la sala común, tampoco querían que hiciera eso por las miradas que me lanzaban.

  • Iuugg Lily, eso se ve terrible- Sirius se sentó frente a mí.

  • Lo sé, y también duele horrible.

  • ¿Y porque no te vas poner eso en tu cuarto?

  • Mis lindas compañeritas me sacaron de la habitación, y no estoy de ánimos  para pelear con ellas ni tampoco ir a la enfermería.

Trataba de alcanzar la herida pero me era casi imposible, desistí el momento en que una porción de la pasta cayó en la alfombra.

Sirius agitó la varita y limpió la alfombra, luego cogió el frasco con la pasta y me miró.

  • ¿Quieres que te ayude?

  • Ehh… claro- suspiré.

  • Ven vamos a la habitación, aquí ya mismo vomitan.

Subí las escaleras que llevaban a su cuarto, el lugar era totalmente desordenado, pensé que tal vez el sitio donde Remus dormía podría estar algo arreglado, pero no. Era igual que el resto, los baúles estaban abiertos mostrando ropa arrugada, los libros estaban tumbados en el piso, la cama que supuse era de Peter tenia restos de galletas sobre la misma y pares de media estaban lanzados por todos lados.

Aun así, el olor no era desagradable, tenía una mezcla de olor a perfume y hombre.

  • ¿Cómo se supone que pueden vivir así?

  • Esa mi bella Lily es una gran pregunta- mostró su perlada sonrisa- ven siéntate aquí y te pongo la pasta.

  • Humhm- me senté junto a él y mostré mi brazo- ehh, no te da asco a ti también… es que de verdad se ve terrible.

  • No te preocupes, peor si mañana pasas un día como hoy ¿O si te gusto que James se pasara tras de ti?

La mirada que le eche fue suficiente respuesta. No quería volver a tener un día como hoy nunca más, especialmente la parte en la que apareció "Isabelita".

Lentamente fue poniendo la pasta en mi brazo y luego me ayudó a ponerme bien la túnica y el cabestrillo.

  • Creo que en la noche ya me voy a poder sacar el cabestrillo ¿No crees?

  • Si, la señora Pomfrey es espectacular, si no te hubiéramos llevado pronto para que te curara, quien sabe hasta cuándo tendrías que soportar esa herida ¿Por qué no fuiste directo donde ella?

  • Porque no quería dar explicaciones de cómo me lastime… gracias por decir que me caí, aunque eso de que soy patosa no fue muy agradable eh...

  • Oye y ¿cómo te hiciste ese raspón en la mano?

  • Ah eso… es que… abrí los brazos y ya pues… mi mano se chocó un poco fuerte con un árbol.

  • Hay Lily... apuesto a que podrías inventar algo mejor.

Desordenó mí ya despeinado cabello y me abrazó un poco y en eso entro James. Nos quedó viendo como si fuéramos dos especies de híbridos de monstruo.

  • ¿Puedo hablar contigo Evans?

  • ¡No!- espeté sin lugar a reclamos- gracias y hasta luego Sirius.

Cerré la puerta tras de mí. Respire hondo y me fui a mi habitación.